GR74

Dada la época (finales de octubre - principios de noviembre), pensé que sería buena idea dejarme de complicaciones y recorrer un senderito bien marcado por zonas bajas donde no me fuera a nevar mucho por muy malo que hiciera... bueno, hay veces que, simplemente, no hay manera. El senderito en cuestión es el peor marcado que he recorrido nunca hasta el punto de que ya dejé de preocuparme de si había marcas o a dónde apuntaban y me dediqué a seguir mi propio camino. El tiempo me regaló un temporal de viento con alerta civil y todo y nubes gordas, negras de las que asustan. Ultraligereando en condiciones de pronóstico, por lo menos, reservado...

En el parque natural Collados del Asón

29 de octubre a 1 de noviembre de 2005

Planteamiento: ultraligero en condiciones climatológicas adversas

Resulta inmediato correlar esta ruta con la recientemente realizada en esta misma zona, en época similar y con un planteamiento parecido. Las únicas concesiones será cambiar el pantalón corto por uno largo (sigo pendiente de reparar el desmontable... o comprarme otro) y cambiar también el paraguas por uno más robusto y más grande también; siempre me había dicho que había comprado ese paraguas (Golite Dome) para cuando supiera que iba a llover, más allá del típico por-si-acaso...

Bueno, pues esta vez iba a llover; y no sólo llover, lo peor del pronóstico, para los cuatro días, era el viento huracanado. Afortunadamente, y para mi tranquilidad psicológica, la ruta discurre por zonas rurales donde no esperaba tener problemas para encontrar refugio cobarde en caso de problemas y para allí salgo, consciente del doble filo de la constante cercanía de la civilización: retirada fácil y... constante tentación de retirada. Intentaré ser fuerte.

Una de las razones de ser de todo esto es sacar a pasear, por primera vez, mi último trasto, el Silsuelo. No es que haya mucho que probar, es demasiado simple para eso, pero hace ilusión estrenarlo. Esto y el Siltoldo y ya casi puedo decir que me he hecho una tienda de campaña. Tentado estuve de dejar en casa el Siltoldo y llevarme la Cave 2 pero, al grito de "la aventura es la aventura", me contuve. Si no lo pruebo en ocasiones como estas, ¡nunca sabré hasta qué punto es una chapuza o no!

El resto de elementos serán básicamente los mismos. La funda de vivac se queda en casa y el gorro para el sol, también.

La ruta

Esta vez son sólo cuatro días y, si bien el inicio vuelve a ser Reinosa (ya tengo abono en el tren este nocturno), ahora el sentido de marcha será hacia el este y la vuelta desde Santander, a donde llegaré de alguna manera indeterminada.

Día 1: Reinosa - Sel del Hoyo

Mi ya querido saco con hombreras en su segundo viaje. Aquí, en la cima del somo Marojo, sobre el valle de Luena. No parece que haga malo ni nada pero alguna ráfaga que me pilló desprevenido casi me tira

 

Primera noche en un prado junto a la aldea de Sel del Hoyo, buscando parapeto en los árboles. Me temo que, en esta ruta, el Siltoldo no se va a poder levantar mucho del suelo. Aquí, tenso y preparado para lo que le caiga.

 

Día 2: Sel del Hoyo - Vega de Pas

El sendero es claro y precioso, dentro del hayedo, camino de la majada de Tejeda, sólo que ni siquiera sé si esto es parte del GR o no... yo avanzo...

 

Hasta este momento, no habían caído más que gotas sueltas pero para cuando terminé de montar campamento estaba ya lloviendo de verdad. Vega de Pas está ahí abajo, a escasa media hora de camino. Fue difícil decidir quedarme en este, por otra parte, bonito prado y renunciar a una buena cena y confortable cama, con la que se venía encima... había mucho viento también pero hice algo de "trampa" y parapeté el siltoldo detrás de una cabaña de pastores que he omitido en la foto. Dormí muy bien y, a la postre, me alegré de haberme quedado aquí.

 

Condiciones difíciles para un hornillo de alcohol, sobre todo para uno tan cutre como el mío; aprovechando, aquí, los parapetos "naturales" (el muro de la cabaña) para conseguir hacerlo funcionar a pesar del vendaval.

 

Día 3: Vega de Pas - San Roque de Riomiera

Vega de Pas. El tiempo se había mantenido cubierto y lluvioso hasta el amanecer pero, milagrosamente, se despejó y la mañana ofreció luces preciosas, con el sol filtrándose entre las nubes.

 

El Valle de Carriedo es la zona más abierta, menos encajonada entre montañas y más llena de colinas y prados siempre verdes de toda la ruta. El día se mantuvo soleado y escasamente ventoso, dando un ambiente casi bucólico que contrastaba con la angustia de los días anteriores. Bueno, no duraría mucho; por la tarde, empezaron a aparecer más nubarrones sólidos por el sur.

 

La guía decía que en San Roque de Riomiera había un camping y, según bajaba hacia el fondo del estrecho valle, pensaba que no cabía un camping ahí... pero sí, era uno pequeñito y, debo decir, muy agradable. Esta es la portada:

 

Siltoldo en configuración "estoy-en-un-camping-a-ver-cómo-hago-que-esto-parezca-una-tienda", aprovechando el seto como parapeto visual; aquí estoy en el mismísimo fondo del valle de Riomiera, muy profundo y estrecho, y no hace ni gota de viento; eso sí, acaba lloviendo, como ya se intuía por las nubes que venían. Me tomé mi rato para colocar el Silsuelo como se supone que debe colocarse, en lugar de los engendros que había montado en noches anteriores.

 

Día 4: San Roque de Riomiera - Arredondo

Las montañas más grandes, para el último día. Prados verdes en la majada de Sota y, el resto, a más de 1000 m. de altitud, ese paisaje pardo que tanto me recuerda a las tierras altas de Escocia (algo deben tener que ver).

 

Precioso hayedo en Montecrespo. Parece que hace bueno y todo pero el sol salía tímido sólo a ratos entre las consabidas nubes negroscuras, que seguían ahí. La bajada hacia el valle de Soba es, probablemente, lo más bonito y "montañoso" de toda la ruta, a través del parque natural Collados del Asón.

 

Increíble, a estas alturas y, casi, irónico: después de jornadas de abandono, sin señales o con señales incluso mal colocadas y equívocas, me encuentro con este lujoso cartel. A buenas horas... El sitio era muy bonito, una cubeta de origen glacial, el hoyo de Bernavinto.

 

Llegado al Collado del Asón, renuncio a completar el recorrido (me dejo una etapa), ya que debo ocuparme de llegar a Santander esta misma noche y caminar más hacia el este significaría alejarme, a medida que se me hace tarde... decido bajar por la carretera hacia Arredondo y, por el camino, capto la conocida imagen de la cascada que da nacimiento al río Asón. La de las postales está más surtida de agua pero cuando yo pasé por aquí estaba bastante famélica. El lugar es espectacular, de todas formas. Lástima de carretera. A quién se le ocurre hacer carreteras en estos sitios tan bonitos...

Alguna reflexión más, en preparación...

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