Reinosa - Amieva: recorriendo la cordillera Cantábrica

Periodo interesante: en plena vorágine de evolución hacia el ultraligerismo, llega el otoño, los días se acortan, empieza a hacer frío y el buen tiempo ya no va a ser la norma sino más bien la excepción... sobre todo, en las montañas cantábricas donde, si no es por el norte, es por el sur o por generación espontánea pero parece que siempre hay nubes... veremos qué tal se portan los paradigmas UL durante cinco días donde se trata de llegar lo más lejos posible, de Cantabria a Asturias pasando por León.

Siltoldo en Polaciones

8 -.12 de octubre de 2005

Planteamiento: un paso ultraligero más

El reto, en esta ocasión, viene más de las circunstancias que de la elección de material. Octubre puede resultar un fantástico momento para caminar por las montañas de nuestras latitudes, cuando los bosques se empiezan a colorear y la atmósfera está más limpia que durante el verano... pero la inestabilidad empieza a ser más que probable y cinco días, si bien son bienvenidos por las enormes posibilidades que se abren en un periodo tan (relativamente hablando) amplio, son casi garantía de que, como poco, no va a hacer bueno todo el tiempo. Los días se acortan considerablemente, también, aunque eso no es un problema cuando el objetivo no es demasiado ambicioso.

Dicho esto, tenemos nuevos amiguitos de ruta: la ropa suplente se vuelve casi etérea, desde esas toscas mallas de polipropileno que harán el mejor pijama y serán el "pantalón largo" de fortuna hasta la elegancia oriental de una camiseta de seda que ha encontrado su destino en la mochila de un montañero, quién se lo iba a decir...

Y, por fin, ese tipo de artilugio que hasta no hace mucho era coto de gente muy rara (¿me habré vuelto muy raro? yo creo que no...): una mochila de escasos 200 gr. que llegó en un sobre de correos y no tuvo problema en tragarse los pertrechos para cinco días y cuatro noches.

Como siempre, autonomía 100%. Esta vez será más raro que nunca porque habrá pueblos hasta en la sopa pero, como siempre, miraré para otro lado. O, mejor, miraré bien por dónde paso porque la cordillera Cantábrica guarda algunas de las zonas rurales más auténticas y encantadoras de toda la península... pero no entraré en los bares. Es dura la vida del senderista ultraligero y autónomo en España...

Fanatic Fringe Alpine Trail, un saco de 195 gr. A la izquierda, a plena carga, nada más salir. A la derecha... ya sé, tengo el culo sucio

El suelo para el Siltoldo será esta vez la funda Vapr Bivy, más que nada para ver qué tal me siento durmiendo dentro de esa cosa durante varios días y convencerme de si va a sobrevivir en mi lista de 3 estaciones o no... el Siltoldo es lo suficientemente grande como para no necesitar funda de vivac pero, ya digo, esto es un test.

La última novedad, modesta pero importante, es que por fin tengo un sistema quemador de alcohol que me ofrece confianza y con el que me siento seguro. La diferencia la marca la última versión del soporte, más ancho y estable que el anterior. Tan convencido estoy con él que hasta he hecho el esfuerzo de lijar los bordes ásperos para no pinchotearme los dedos con metal herrumbroso. Esto sí que es confiar en el material (valga decir que, en mi línea desastrosa en lo que a hornillos se refiere, nunca lijaba los bordes de las latas recortadas y luego pasaba lo que pasaba...)

Siento la publicidad, no sé cómo quitarlo... (al menos, está rica)

La ruta

Como cinco son muchos días y dan mucho juego, parece que no tiene mucho sentido tener que volver al punto de partida así que la ruta será lineal. Un tren llega a Reinosa, pues de Reinosa se sale y... hacia el oeste, hasta donde llegue. No alcanzaré el jubileo (qué gracia me ha hecho siempre eso del "jubileo" asociado a algo tan serio y estirado...) pero llevo mapas para cruzarme media cordillera (en un alarde de optimismo pre-ruta, debo decir... los mapas son mi debilidad y la tumba de mis pretensiones ultraligeras...)

Día 1: Reinosa - Uznayo

Collado del Hitón, en la entrada al valle de Polaciones. Se supone que hay menhires aquí pero, por mucho que busqué, no los vi. A las vacas pregunté pero no sabían...

 

Día 2: Uznayo - Cahecho

El refugio de la majada del Prao, en la entrada a la Liébana y donde, hace justo un año, nos cayó una buena nevada. Hoy, en cambio, el tiempo es espléndido... aún

Día 3: Cahecho - Pedabejo

Esa noche el Siltoldo se quedó en la mochila y dormí plácidamente en la cabaña de Pedabejo mientras el viento aullaba fuera (qué miedo...!). Precioso lugar, por cierto.

Día 4: Pedabejo - Soto de Sajambre

No me digáis que no es una preciosidad de bicho... ¿salamandra o tritón? nunca me acuerdo de cuál es cuál pero me soplan al oído que el tritón vive en el agua... salamandra, entonces

 

No lo había dicho, pero el tiempo se torció a partir del tercer día y esta noche se la pasó lloviendo durante un buen rato. Dentro del hayedo, todo era plácido, el viento (que lo había), sólo movía las copas de esos mis árboles favoritos y me llenaba la lona de hojas secas pero pasé una noche muy agradable mientras la lluvia caía.

Día 5: Soto de Sajambre - Santillán (Amieva)

El sol sale un momento sobre las sierras astures más allá del desfiladero de los Bellos. ¿Puede haber unas montañas más bonitas??? Definitivamente, puede haber mejores fotos de unas montañas muy bonitas.

El objetivo, a estas alturas, era culminar ruta en Cangas de Onís pero, llegado a la carretera y ante la perspectiva de 11 kms. de asfalto, estrecho y sin arcén y con la que estaba cayendo... bueno, no me excuso más. Llegué al barrio de Santillán y allí unos simpáticos malagueños recogieron mis restos malolientes para llevarme al sitio ese del puente con la cruz colgante.

No puedo evitar colocar un "Continuará..." más, que no sé yo, pero sí al menos me gustaría hablar algo de lo que ha significado esta ruta. Preveo tiempos densos próximamente pero todo se andará, o se escribirá

 

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