Glacier Peak desde Liberty Cap, Northern Cascades
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Saco de dormir

Conceptos básicos

El saco de dormir es esa pieza aislante que utilizamos durante la noche para permanecer calientes mientras dormimos. Exactamente, la misma función que las mantas o edredones que usamos en casa. Veamos un poco de teoría sobre cómo funcionan estos elementos:

En contra de lo que pueda parecer, las mantas, edredones o sacos, lo mismo que la ropa de abrigo, no calientan. Lo que sí hacen es atrapar aire y mantenerlo ahí, quieto y estable, más o menos. Es nuestro propio calor corporal el que calienta ese aire. Como consecuencia, tenemos a nuestro alrededor una capa de aire caliente que es lo que nos mantiene a una temperatura agradable. Es por esto que una misma prenda no “calienta” igual a dos personas diferentes o incluso a una misma persona en circunstancias diferentes. Dormir caliente depende de muchos factores, no sólo del aislamiento que usemos, pero iré en más profundidad sobre este tema en otro momento.

En definitiva, el saco de dormir es nuestra “ropa de cama” e, insisto, dado que cumple la misma función que aquella, no debería ser muy diferente. Hay, sin embargo, algunas características específicas del saco de dormir que le diferencia de lo que usamos en casa:

Parece poca cosa pero es lo que hace que un saco de dormir sea lo que es y no usemos, por ejemplo, una manta (que pesaría demasiado).

La capacidad aislante de un material viene dada por su habilidad para atrapar aire. Entre los aislantes típicos utilizados, tanto para aire libre como para uso doméstico, encontramos la lana, la pluma, el forro polar y numerosas fibras sintéticas basadas comúnmente en poliéster. El uso de estos materiales viene dado por la capacidad de sus fibras para atrapar aire y la elección entre ellos vendrá dada por criterios tales como peso, precio, resistencia a la humedad o capacidad aislante en presencia de ésta.
En realidad, un saco de dormir no es muy diferente de un edredón de los que usamos en casa. Incluso, y dependiendo del diseño del saco, hay versiones que son muy parecidas a aquellos. Veamos por qué los sacos de dormir son como son:
El condicionante básico es el peso. Un saco de dormir es algo destinado a ser cargado a la espalda, con lo que no debe pesar mucho. Esto obliga a elegir un material aislante lo más ligero posible y un diseño eficiente que posibilite la creación de esa bolsa de aire caliente que necesitamos utilizando la menor cantidad de material al tiempo que se evita la entrada de corrientes.
Es por esto que los sacos de dormir tienen forma de saco. Se trata de envolver el cuerpo en el material aislante de elección, de forma similar a como sucede en una cama clásica pero independizando el aislamiento integral de la superficie sobre la que descansemos.

Como es habitual, tendremos que asumir compromisos, habida cuenta de que ciertas propiedades son mutuamente excluyentes.

Los sacos se suelen clasificar atendiendo a un par de criterios: diseño y material aislante utilizado.
Según el diseño, encontramos:

Según el material aislante, los tenemos de pluma, de fibras sintéticas o de forro polar. En realidad, el forro polar son también fibras sintéticas, pero se suelen considerar aparte porque no se trata de la clásica configuración de material aislante emparedado entre dos capas de otro material que lo recubre. No se usan mucho debido a su elevado volumen y peso.

Feathered Friends Murre

9 cm. de capacidad de hinchado en capa simple, 1300 gr. de peso total, 725 gr.de relleno en pluma de 800 cuin; interior en Pertex Quantum y exterior en Epic; cremallera larga. Modelo femenino

 

Marmot Hydrogen

5 cm. de capacidad de hinchado en capa simple, 588 gr. de peso total, relleno de pluma de 900 cuin (no especifica qué peso); interior y exterior en Pertex Quantum; media cremallera.

 

Nunatak Arc Special

5 cm. de capacidad de hinchado en capa simple, 430 gr. de peso total, 255 gr.de relleno en pluma de 800 cuin; interior en nylon antidesgarro ultraligero (30 gr/m2), exterior en Pertex Quantum; sin aislamiento en la parte inferior; sin capucha.

Los flujos de calor

Para un uso óptimo del saco de dormir, conviene tener presentes los entresijos de su funcionamiento, lo cual implica conocer algo sobre la dinámica de los flujos de calor: cómo se producen y cómo influyen en el funcionamiento del saco.

El calor se transmite de tres formas básicas: radiación, conducción y convección. En dos palabras, radiación es el flujo que emana desde un objeto caliente (por ejemplo, nuestro cuerpo) hacia el exterior del mismo y en todas direcciones; conducción es el flujo de calor análogo al de la electricidad por un cable, un intercambio de calor entre dos cuerpos en contacto físico a diferentes temperaturas; convección alude a las corrientes de aire (corrientes de convección) internas en una masa de aire que consumen energía y, por tanto, restan temperatura.

La radiación es un fenómeno intuitivo y fácil de entender: el calor del sol nos llega por radiación. Es quizá por esto que se le da una importancia que, en el asunto que nos ocupa, no tiene. O eso parece porque sobre esto no parece que haya un consenso claro. Hay voces supuestamente cualificadas que afirman que la pérdida de calor por radiación de parte de un cuerpo humano en el interior de un saco de domir es casi despreciable enfrente de las otras formas de pérdida de calor, mucho más importantes. El razonamiento es el siguiente: la tasa de radiación de calor por parte de un objeto depende de la diferencia de temperatura entre dicho objeto y el medio al que irradia. El sol es un objeto muy caliente respecto a lo que le rodea; una bombilla incandescente es un objeto muy caliente. El cuerpo humano, no demasiado. Podemos sentir el calor del sol o el de una bombilla sin tocarlos pero a duras penas sentiremos el calor irradiado por un cuerpo humano. Además, cuando el cuerpo está envuelto en una capa aislante (dentro de un saco de dormir), el calor irradiado está siendo acumulado en dicha capa aislante, con lo que no se pierde. Supongo que parte de este calor sí que resulta finalmente irradiado al exterior y perdido pero desconozco totalmente la importancia de este fenómeno.

Los partidarios de la radiación como fuente importante de pérdida de calor suelen aconsejar el uso de superficies aluminizadas como forma de reflejar el calor irradiado. Y suelen aportar el típico ejemplo de accidentados cubiertos por una manta de emergencia con dicho tipo de superficie, como forma de mantener la temperatura corporal de un cuerpo estático y, quizá, en situación precaria. Parece comprobada la utilidad de tales mantas en esos casos pero parece ser, también, que la propia presencia de un saco de dormir elimina su necesidad. Por mi parte, este es un asunto abierto sobre el que no tengo una opinión definitiva, aunque tiendo a pensar que, efectivamente, la radiación es un factor menor.

La transmisión de calor por conducción también es un concepto sencillo de comprender: cuando dos cuerpos están en contacto físico, hay un flujo de calor del más caliente al más frío. Este flujo es tanto mayor cuanto mayor sea la diferencia de temperatura pero hay otro factor clave: la conductividad de cada objeto. Un ejemplo muy bueno que ilustra esto: dentro de un horno, todo está a la misma temperatura; y dentro del horno hay, pongamos, una bandeja metálica, un pescado y... aire. Todo ello está a, pongamos, 200º C. Si metemos la mano sin tocar nada, en realidad, estaremos tocando algo: el aire. Notaremos el calor pero no se nos quema la mano. Si tocamos el pescado, notaremos un calor mucho más intenso pero, durante unos pocos segundos, lo podremos soportar sin quemarnos. Si tocamos la bandeja metálica, la sensación será de dolor intenso y más nos vale apartar la mano inmediatamente o conseguiremos una buena quemadura en la piel.

Todos los elementos tocados están a la misma temperatura pero el metal está en un extremo del espectro en cuanto a conductividad y el aire, en el opuesto: el aire es un aislante, conduce mal el calor. Un metal, al revés.

Supongo que, técnicamente, la radiación, comentada arriba, es una forma de conducción donde el contacto es con el aire. Me estoy metiendo en arenas movedizas...

En lo que nos ocupa, el cuerpo de una persona dentro de un saco de dormir está en contacto con las paredes del saco. Alrededor de todo esto hay, básicamente, dos cosas: aire y el suelo.

Por lo que a la conducción hace referencia, no nos debemos preocupar mucho por el aire; ya está dicho que es un aislante. Vamos que, si fuera sólo por la conducción, podríamos dormir sin saco encima. El suelo, en cambio, es otra historia: el suelo está frío (o, al menos, notablemente más frío que el cuerpo humano) y, sin ser como un metal, es mucho mejor conductor que el aire. El suelo es un sumidero de calor y por ahí, por contacto y la conducción derivada, se nos va un montón de energía.

Esto quiere decir que, para dormir bien, es fundamental introducir algún aislante entre el cuerpo y el suelo. Nuestro aislante universal va a ser, de nuevo, el aire pero, ¿cómo introducir una capa de aire bajo el cuerpo? El saco de dormir, por desgracia, no puede hacer esta función porque no tiene la integridad estructural suficiente y se aplasta bajo el peso del cuerpo. Necesitamos algún elemento que no se aplaste.

Las soluciones típicas son las colchonetas de espuma de alta densidad o las hinchables. En las primeras, el material es hueco y está lleno de multitud de pequeñas celdas que alojan aire. El calificativo de "alta densidad" es lo que permite no aplastarse bajo el peso aplicado y mantener su estructura. Las celdas son estancas y muy pequeñas, de forma que evitan las corrientes internas de aire.

Las colchonetas hinchables se basan en la presión para mantener su estructura pero aún necesitan de un elemento interno para evitar las corrientes internas. Todo esto referente a las corrientes entra ya en el dominio del tercer (y segundo gran) factor:

La convección es quizá el proceso menos conocido de los tres mencionados, el de funcionamiento más esotérico y quizá, por ello, el más obviado. Y, sin embargo, es un factor clave.

Una masa de aire tiene corrientes internas. Parece ser que, aunque confinado el aire en un espacio pequeño, siguen produciéndose dichas corrientes. Estas corrientes significan movimiento y el movimiento requiere energía. Esta energía sale del propio aire que, como consecuencia, pierde temperatura.

He visto repetidamente el fenómeno de la convección confundido con el reemplazamiento de aire. Según numerosas fuentes supuestamente bien informadas, las corrientes de convección en un saco de dormir consistirían en que entre aire frío del exterior y reemplace al aire caliente del interior. Esto es, por supuesto, una forma de pérdida de calor en un sistema de descanso pero... esto no es convección.

Lo explico con un ejemplo muy gráfico: tenemos una taza de café caliente. Nos lo queremos beber pero está demasiado caliente. Tenemos que esperar a que se enfríe un poco y una de las tácticas que solemos emplear para acelerar un poco el proceso es darle vueltas con una cucharilla. Al hacer esto, estamos introduciendo un movimiento en el fluído. Como decía arriba, el movimiento requiere energía y la tomará de su entorno: en este caso, sobre todo, de nuestra propia energía, que usamos para mover la cucharilla pero la propia inercia del movimiento hará que algo de la energía contenida en el café se gaste en dicho movimiento; el café perderá un poco de temperatura.

Me temo que lo de las vueltas al café sirve más para entretener la espera que para que ésta sea más corta pero como ejemplo viene muy bien. De hecho, otra cosa que podemos hacer para bebernos el café es tirar el café caliente y rellenar la taza con otro café más frío. Hemos cambiado la temperatura del café contenido en la taza pero no la temperatura del café original que, esté donde esté, seguirá a la misma temperatura, más o menos. Esto es reemplazar café a una temperatura por café a otra; lo mismo que lo de la sustitución de aire caliente dentro del saco por aire frío proveniente de fuera. Esto no es convección.

Ignoro por qué se producen corrientes internas en las masas de aire pero lo que sí sé es que dichas corrientes se producen aunque la masa de aire sea muy pequeña y que consumen energía, que toman del propio aire que, como consecuencia, se enfría.

Es por esto que necesitamos que el aire que nos rodea y nos sirve de aislante esté contenido en espacios minúsculos. Es la única forma de minimizar las corrientes internas y las pérdidas de calor derivadas. En un saco de domir, esto se consigue gracias al material aislante contenido dentro del saco. Lo de "material aislante" es un abuso del lenguaje... en realidad, el aislante es el aire; lo único que hacen la pluma o las fibras sintéticas es confinarlo en espacios pequeños.

Alguien podría haberse preguntado: si el elemento aislante es el aire, ¿qué pintan aquí la pluma o las fibras sintéticas? ¿No basta con tener alrededor un colchón de aire? Podríamos, entonces, tener una especie de globo hinchable alrededor del cuerpo. Habría que tener cuidado de que no se pinchara pero, por lo demás, sería genial: un "saco de domir" auténticamente ultraligero.

La respuesta es que no, no basta con el aire y la razón son las corrientes de convección que provocarían pérdida de calor en ese aire. La misión de la pluma o las fibras sintéticas es acumular aire en espacios muy pequeños. De paso, y gracias a su estructura, pueden hacer esto sin que el aire tenga que estar contenido de ninguna forma, es decir, lo atrapan por sí solas: no hacen falta paredes estancas que se puedan pinchar.

Esto cambia, por cierto, en la parte que está debajo del cuerpo. Ahí, el peso aplicado es demasiado para la endeble estructura de la pluma o de las fibras sintéticas y hay que usar otra cosa: espuma de alta densidad (que tiene mayor integridad estructural) o el mencionado "globo" hinchable. Y aquí es donde se encuentra un buen ejemplo de la existencia de la convección: dentro de las colchonetas hinchables, a pesar de lo finas que son, el aire estaría sujeto a corrientes de convección. De hecho, existen colchonetas (usadas en camping semi-urbano) que, dentro, no tienen más que aire. Son muy cómodas y algo aíslan pero no son muy buenas como aislantes. Por eso sólo se usan en climas y temperaturas benignas. En montaña, todas las colchonetas hinchables llevan dentro algún material que les permite alojar el aire en celdas pequeñas para evitar las corrientes de convección. Suele ser, según creo, algún tipo de espuma aunque no de alta densidad, más bien algo tipo goma-espuma: la presión de hinchado de la colchoneta posibilita que con eso baste.

Curiosamente, es este relleno lo que provoca que las colchonetas se llenen de aire ellas solas, lo que les da su característica de auto-hinchables. Es curioso que esto sea sólo un efecto lateral de su construcción y luego se venda como una característica fundamental... no lo es. De hecho, dado lo finas que estas colchonetas suelen ser, necesitan poca cantidad de aire para llenarse y no sería difícil llenarlas a soplidos (aunque esto tiene la pega de estar introduciendo humedad en la colchoneta... pero ya me estoy liando demasiado).

En definitiva, y a la espera de ver qué deciden los dioses respecto a la radiación, la conducción y la convección son los dos grandes ladrones de nuestro calor corporal durante la noche. Dicho queda qué es lo que hacemos para evitarlas.

Y ¿para qué vale saber todo esto? Si yo no me voy a fabricar el saco, lo voy a comprar hecho... pues sirve, entre otras cosas, para poder evaluar los pros y contras de cada saco. Por ejemplo, es por todo lo dicho que los sacos son más eficaces cuanto más ceñidos: el aire que queda en el hueco entre nuestro cuerpo y la pared interna del saco ¡está sujeto a las malditas corrientes de convección! y el calor que gastamos en calentarlo es calor un tanto perdido porque se va a gastar en movimientos internos del propio aire. El asunto de la amplitud de los sacos es otro tema muy amplio en el que la eficiencia, tal cual recién explicada, es un factor importante pero no el único: hay otros que tiran de la cuerda hacia el otro lado, como la comodidad del usurio (factor bastante subjetivo) y la posibilidad de complementar la capacidad aislante del saco a base de vestir ropas en su interior, cosa que sólo se puede hacer si hay sitio. Nadie dijo que conseguir el saco ideal fuera fácil... de hecho, no hay saco ideal.

La pluma, origen y teoría

La pluma es el material aislante tradicional y por excelencia para su uso en sacos de dormir. Nada iguala su capacidad de hinchado y compresibilidad, ninguna de las fibras sintéticas fabricadas hasta la fecha han conseguido alcanzar sus prestaciones, a pesar de la publicidad en sentido contrario de algún que otro fabricante. Es cierto, no obstante, que las fibras sintéticas han evolucionado mucho y que se han acercado a las prestaciones de la pluma e incluso alcanzado las de una pluma de relativamente buena (pero no la mejor) calidad.

La pluma, por otro lado, resulta cara, tanto más cuanto mayor su calidad y presenta un inconveniente cuya importancia es tema de discusión permanente: es muy sensible a la humedad.

Ni la pluma ni las fibras sintéticas son mundos uniformes. Las hay, tanto unas como otras, de muchos tipos, con diferencias obvias en precio y prestaciones. La calidad de la pluma depende fundamentalmente de dos factores: el animal de origen y el proceso de selección. En lo que respecta al animal de origen, influye tanto la especie elegida como la edad del sujeto. Las especies más utilizadas son el pato y la oca. Para tranquilidad, relativa, de amigos de los animales, estos no se crían ni sacrifican para aprovechar su pluma sino para producción de alimento (lo cual no cambia mucho las cosas, probablemente). Personalmente, no veo contradicción entre respetar e incluso amar a los animales y aprovecharse de ellos de una forma razonable; a fin de cuentas, es así como funcionan las cosas en la naturaleza. Pienso que lo más importante es que estos animales tengan una vida y una muerte dignas pero espero tratar este tema en algún otro artículo específico. Por el momento, baste decir que la producción de pluma es un efecto lateral de la cría del animal. Esto tiene una consecuencia importante: la edad a la que se sacrifica a los animales no es la idónea para la producción de la mejor pluma. Es decir, estamos partiendo de un material no del todo óptimo, pero así son los caminos de la economía de mercado. Al parecer, la limitada demanda de pluma de la mejor calidad posible para su uso como aislante no justifica la cría específica. Recientemente, he tenido noticia de que también es posible, y se practica, la recogida periódica de pluma de animales vivos, al estilo de lo que se hace con la lana y las ovejas. Desconozco, por el momento, el efecto que esta práctica pueda tener sobre los individuos.

La pluma es un material de características impresionantes: multitud de minúsculos filamentos que se entrelazan y forman una maraña entre la que el aire queda atrapado. Es la razón por la cual los patos nadan tan contentos en el agua fría de los canales de Amsterdam o las gaviotas se posan sin más en el cantábrico en pleno invierno. Un momento: ¿no habíamos dicho que la pluma era muy sensible a la humedad? Una vez separada del animal, sí. Cuando el bicho en cuestión necesita moverse en el agua, sus plumas están protegidas por una capa grasa que las aísla de la humedad, pero esto no está presente en la pluma “muerta”.

La pluma de mejor calidad utilizada comercialmente es la de oca. La de pato es de una calidad inferior. Lo de “calidad” quiere decir que, para una misma cantidad de pluma, la de oca va a ser capaz de atrapar más volumen de aire que la de pato y, por tanto, va a proporcionar más calor. La pluma de pato suele ser, por otro lado, más barata (las razones ya se me escapan porque entramos ya en criterios comerciales que desconozco pero imagino que los patos abundan más que las ocas) y se encuentra comúnmente en los edredones domésticos. En estos, la calidad de la pluma utilizada no es tan importante como en un saco de dormir porque no hay que cargarlos encima; basta con poner más pluma para mejorar las prestaciones del producto. Es decir, si se quiere hacer el edredón más caliente, se le mete más pluma y listo. Esto no es tan inmediato para un saco de dormir porque estaríamos incrementando su peso.

Aparte del origen, la selección y proceso posterior juegan un papel fundamental en la calidad final. En un mismo animal, hay pluma de diferentes calidades: la de mayor calidad es el plumón, formado por finísimas hebras, casi etéreo. En comparación, las plumas tienen filamentos más gruesos y un tronco del que parten estos que, si bien es ligero, es un peso “muerto” puesto que no aporta capacidad para atrapar aire. En conclusión, la partida de pluma elegida será de tanta más calidad cuanto más porcentaje de plumón contenga (y menos de plumas).

La cantidad de plumón disponible es limitada; esto y el proceso de selección y separación necesario hacen que las partidas con alta proporción de plumón sean de alto precio.

Fibras sintéticas

Hay muchas, todas con nombres muy cantosos y muy anglosajones: Thinsulate, Qualofill, Primaloft, Polarguard… son algunas que encontramos habitualmente en etiquetas y literatura. Incluso, y esto es un dato curioso, se estilan diferentes tipos según el mercado; de entre las mencionadas, las dos primeras son habituales en el mercado europeo y las últimas en el americano… ¿cosas de la economía, otra vez?

Poco más sé de los rellenos sintéticos salvo que suelen estar fabricados a base de poliéster y tienen como fin último el mismo que la pluma, lo que ya hemos comentado que nos va a proporcionar calor: atrapar aire. Una cosa sí es clara: desconfiad absolutamente de las manidas reivindicaciones de fabricantes y/o comerciantes sobre la supuesta igualdad de prestaciones de tal fibra sintética y la pluma. Nada más lejos de la realidad. Esta es una de las más extendidas falacias del mundo del material de aire libre y denota una alarmante falta de honestidad o una mayúscula ignorancia, que no sé qué es peor. Si te encuentras con tal afirmación, huye. Personalmente, jamás compraré un producto que nace de una mentira, no me importa si a la postre es de buena calidad; es más, lo más probable es que no lo sea, ya que los productos realmente buenos no necesitan recurrir a ella.

Dicho esto, las fibras sintéticas tienen su sitio. Como de costumbre, es una cuestión de compromisos. Las ventajas históricamente citadas de los rellenos sintéticos son las prestaciones ante humedad y el precio. La verdad es que, aunque acabo de decir que las fibras sintéticas tienen su sitio, voy a dedicar los siguientes párrafos a desmontar, siquiera parcialmente, tal afirmación, basándome en rebatir esas dos supuestas ventajas (nota: hablo exclusivamente de sacos de dormir; para otro tipo de prendas, las circunstancias son diferentes).

Por un lado, es cierto que los sacos de relleno sintético cuestan menos. A igualdad de prestaciones, se entiende. Por otro, es también verdad que un saco de pluma bien cuidado dura mucho más. De hecho, esta es una parte de las prestaciones de la pluma que aún no ha conseguido ser igualada por las fibras sintéticas. Éstas, a consecuencia de las continuas compresiones a las que las sometemos al empaquetar el saco o al descansar sobre él, se apelmazan y pierden paulatinamente su poder de atrapar aire: pierden capacidad de hinchado. También sucede esto con la pluma pero en mucha menor medida: la pluma pierde capacidad de hinchado mucho más despacio y de forma mucho más lineal que las fibras sintéticas; éstas, por el contrario, sufren el fenómeno mucho antes y especialmente importante es una pronunciada caída en su capacidad para retener aire cuando el saco aún no tiene mucho tiempo de uso.

La consecuencia de esto es que, a la larga (y no necesita ser muy larga), un saco de pluma resulta más barato porque, para cuando lo tengamos que jubilar, habríamos pasado por varios ejemplares de su equivalente sintético. Esto no quita que la inversión inicial en un saco sintético es, obviamente, menor, lo cual puede aún ser interesante en según qué circunstancias.

Una vez más, no creáis afirmaciones de que tal o cual relleno sintético dura tanto como la pluma. Yo no voy a afirmar categóricamente lo contrario para siempre y en cualquier caso, sería mucho afirmar, pero no conozco aún ningún caso en el que una fibra sintética iguale en durabilidad a la pluma; y sí conozco casos de quien defiende tal cosa cuando es manifiestamente falso.

Sobre la humedad, se suele vocear mucho contra la pluma por su supuesta inoperancia cuando se moja; asímismo, se vocea mucho también sobre cuán mejor funciona entonces tal o cual relleno sintético. Algo de verdad hay en esto, aunque no uso el vocablo “vocear” de forma gratuita: en general, se trata de intentar colar los rellenos sintéticos como lo que no son.

Veamos qué pasa con los materiales aislantes y la humedad: si el aislamiento se consigue a base de atrapar aire, mal vamos si se acumula agua porque, entonces, no hay sitio para el aire. Consecuencia: una fibra aislante, sea sintética o natural, saturada de agua no aísla. Esto es poco más o menos un axioma. Ahora bien, como las diversas fibras son físicamente diferentes, se comportan de forma también diferente ante la presencia de agua. La pluma, aquí, presenta un problema particular: si un relleno de pluma se satura de agua, los racimos de plumón se apelmazan y agrupan en bolos. Aquí ya no hay fibras que se puedan hinchar y atrapar aire con lo que un relleno en estas condiciones está totalmente inutilizado y, lo que es peor, cuesta mucho arreglar esta situación. Una vez que los racimos de plumón se han apelmazado, se necesita tiempo, calor y un ambiente seco para que se vuelvan a separar y sean capaces de evacuar toda el agua que han tragado. Si hemos llegado a esta situación con un saco, tenemos un problema grave.

En las fibras sintéticas no se suele producir este fenómeno. Digo “suele” porque no las conozco todas y, como “avanzan” tanto, cualquier día aparece una que emula a la pluma mucho mejor que las actuales (hasta en sus defectos). Pero, en general, aceptemos que en una fibra sintética la estructura no queda alterada por la presencia de agua. Esto implica que, si hay una situación de saturación de agua, siempre podemos escurrir. Con ello, parte del agua saldrá y la prenda podrá volver a atrapar algo de aire. No será una gran noche de descanso si esto le pasa a nuestro saco pero algo es algo. Más aún, el secado en profundidad no será tan tedioso como con la pluma.

Consideraciones adicionales

Algunas valoraciones menos importantes pero dignas de mención:

Conclusión

En resumen, pluma vs. sintéticos: la pluma proporciona más aislamiento, es más compresible y duradera pero, si se satura de agua, queda prácticamente inutilizada y cuesta recuperarla.

Estos son, más o menos, los hechos, tal como yo los conozco. La conclusión que me permito sacar: en el mundo de los sacos de dormir, encuentro pocas situaciones en las que las fibras sintéticas sean más indicadas que la pluma y, dado que no me suelo encontrar en ninguna, es pluma todo lo que uso. Superado el trauma de la inversión inicial, seguro ya de que esto era lo mío y de que le iba a sacar partido, me hice con mi primer saco de pluma y nunca he vuelto al mundo sintético. Durante todo este tiempo, he pasado por circunstancias de las que aún se citan en los libros como vetadas al saco de pluma (tal como seis días seis seguidos de lluvia intensa) y sólo mi propia incompetencia hizo que una noche se me humedeciera el saco; siguió funcionando bien, a pesar de todo, y pasé cinco noches confortables mientras a mi alrededor caía el diluvio universal. Quiero decir con esto que, salvo circunstancias muy concretas, mantener seco un saco de dormir es una tarea relativamente sencilla, con un poco de experiencia y sentido común. Mientras siga lloviendo en las montañas, o donde sea, los sacos se le seguirán mojando a más de uno pero será, prácticamente siempre, error humano y, por tanto, subsanable. A veces será una mala previsión, tal como no llevar el sistema de acampada adecuado; a veces, un mal emplazamiento o un mal almacenamiento durante el día. Nadie está libre de ello pero debemos aprender de los errores para no volverlos a cometer. Hay quienes evitan los sacos de pluma como forma de evitar los errores; me parece correcto pero, en mi opinión, demasiado radical renunciar a la enorme diferencia en prestaciones sólo por sentirse más tranquilo. Llevar un saco de pluma supone asumir un riesgo, sí; cada uno debe valorar dicho riesgo y obrar en consecuencia.

A todo esto ayuda, como siempre, la experiencia. Insisto, aprender de los errores; pero, también, obrar con sentido común y con conocimiento de causa para evitar cometerlos, en primer lugar.

Categorización de los sacos de dormir

Este es un tema complejo: ¿cómo expresar las prestaciones de un saco? Hay muchas formas pero, ¿cómo hacerlo de la más objetiva e inequívoca posible?

En Europa, lo más habitual es expresar una temperatura o un rango de temperaturas para las que el saco se considera indicado. No es mal dato pero, considerado aisladamente, es un dato muy pobre y, en mi opinión, absolutamente insuficiente para describir las prestaciones de un saco. La temperatura óptima para un saco es algo muy variable, depende de la persona que lo use y de las condiciones en que se encuentre dicha persona. No olvidemos que el saco sólo atrapa aire, la función de calentar ese aire la realiza el usuario. Diferentes personas producen más o menos calor e, incluso, una misma persona produce más o menos según se encuentre: alguien cansado y mal alimentado o hidratado producirá mucho menos calor (pista: descansa, come y bebe abundantemente; dormirás mucho mejor).

Lamentablemente, la temperatura o rango suele ser casi el único dato disponible. Como mucho, se suele ofrecer el peso (el total y el del relleno). No suele haber información sobre dimensiones, tipo de construcción, materiales utilizados...

La capacidad de hinchado

En mi opinión, hay un dato absolutamente fundamental, y que rarísimas veces se ofrece, que define de la forma más objetiva posible las prestaciones de un saco: la capacidad de hinchado.

Pero no la capacidad de hinchado de la fibra aislante (los famosos cuins) sino la capacidad de hinchado **del saco**. Este dato dependerá de la capacidad de hinchado del material aislante (los cuins esos) y de la cantidad de dicho material aislante incluida en el saco. Esto es, de poco sirve poner pluma (por ejemplo) de la mejor calidad si pongo muy poca.

Hemos repetido hasta el aburrimiento que un saco simplemente atrapa aire. Se hincha como un globo (este efecto lo producen los sacos **muy** buenos) y eso nos posibilita estar calientes. Pues, sencillo: cuanto más aire sea capaz de atrapar un saco, más cálido será; cuanto menos, menos.

Me permito un inciso para comentar las unidades de medida: “cuin” deriva de Cubic Inch, esto es, pulgadas cúbicas. Una pulgada equivale a 2.54 cm. y se define 1 cuin como una relación de la cantidad de material aislante necesaria para, permitiéndole expandirse libremente, llegar a ocupar el espacio de una pulgada cúbica (es decir, un cubo de 2.54 cm. de lado). La relación exacta no la conozco (es algo arbitrario, en cualquier caso) pero, en definitiva, cuanto mayor sea la calidad del material aislante, menor será la cantidad del mismo necesaria para llenar esa pulgada cúbica y mayor será su valoración en cuins.

La capacidad de hinchado de un saco se mide dejándolo reposar sobre una superficie plana y rígida, dándole tiempo para alcanzar su máximo hinchado y, simplemente, midiendo la altura que ha alcanzado sobre la superficie base. Este es un dato absolutamente objetivo: a efectos de temperatura, me da igual de qué esté relleno el saco; si se hincha 5 cm., habrá atrapado una cierta cantidad de aire aislante; y me da igual que el relleno sea pluma, poliéster o pedacitos de papel (si es que el papel desmenuzado tiene alguna capacidad de atrapar aire, que alguna tendrá...). El tipo de relleno influirá en el peso final del saco (conseguir 5 cm. de hinchado a base de pedacitos de papel debe requerir un peso enorme de papel; por eso son mejores la pluma o el poliéster) pero lo que sí es cierto es que podemos esperar que dos sacos con la misma capacidad de hinchado calienten igual. Este sí que es un dato objetivo.

Las dimensiones

Otro grupo de datos fundamental para expresar las prestaciones de un saco es el correspondiente a sus dimensiones y, al igual que con la capacidad de hinchado, raramente proporcionados. Un saco debe ser lo más ajustado posible que las circunstancias permitan, simplemente por el hecho de que el espacio sobrante es aire que hay que calentar pero no nos va a proporcionar mucho aislamiento. Esto es así porque este aire tiene cierta libertad de movimiento y está sujeto a pérdidas de calor por corrientes de convección. Las mencionadas “circunstancias” incluyen factores subjetivos como la comodidad u objetivos como el uso previsto.

En cuanto a la comodidad, en general, se acepta que un saco más amplio es más cómodo, dentro de un orden, pero esto depende bastante del usuario, de su tolerancia a espacios cerrados e incluso de su postura al dormir: alguien que duerma en postura estática tienes más posibilidades de estar cómodo con un saco ceñido que alguien que dé vueltas; de entre los que damos vueltas, quien las dé con el saco (persona y saco a la vez) tiene también más papeletas para estar bien en espacios ajustados que quien prefiera girar dentro del saco (manteniendo éste estático).

De nuevo, conviene elegir el saco más ceñido con el que uno se sienta confortable. Cuanto más ceñido, más eficiente, pero no hay que perder de vista el hecho de que de poco vale que un saco sea muy eficiente si nos resulta incómodo y no conseguimos dormir bien.

En cuanto a longitud, no hay duda: que podamos estirar completamente el cuerpo, pies incluidos, sin presionar las paredes interiores. Ni un centímetro más, que no serviría para nada más que desperdiciar espacio. En cuanto a amplitud, se suele medir en tres puntos clave: hombros (máxima), cadera y pies. Debe quedar espacio extra entre la pared interior del saco y nuestro cuerpo/ropa, y aquí es donde entra en juego la siguiente consideración:

Uso previsto. si queremos aumentar la versatilidad del saco (poderlo utilizar en un amplio rango de temperaturas), una estrategia aceptable es usar un saco más amplio y menos grueso de lo estrictamente necesario y complementarlo con ropa aislante en las noches frías. Esta es una práctica interesante y acorde con los objetivos de modularidad y multifunción del material pero es importante considerar que sólo podremos vestirnos hasta donde el espacio interior permita; más allá y estaríamos comprimiendo el aislamiento (tanto el de la ropa como el del saco), anulando así el efecto de aislamiento extra. Como siempre, se trata de compromisos: un saco más eficiente será menos versátil y viceversa.

Otra dimensión importante, sólo aplicable a los sacos de pluma, es el tamaño de los compartimentos internos. Cuanto más grandes, menos material extra y menos costuras, lo cual redunda en un menor peso; pero también menor control sobre la pluma. Se suele considerar alrededor de 12 centímetros de anchura (o altura, según se mire; tanto da…) como un compromiso aceptable.

También la forma de estos compartimentos es un aspecto en el que se intenta trabajar para reducir la posibilidad de movimiento de la pluma, utilizando compartimentos de sección trapezoidal, en lugar de rectangular, aunque no conozco las razones en las que esto puede influir. Intuyo que es un factor menor.

Finalmente, apuntar que, en ambientes muy fríos, se considera razonable tender a un saco más amplio, no sólo para permitir utilizar ropa adicional sino también para poder traernos dentro del saco otros elementos que queramos preservar del frío intenso: desde una botella de agua hasta las botas, pasando por ropa varia; todo lo que no queramos encontrar congelado y rígido como una piedra a la mañana siguiente. También se suele utilizar esta estrategia para complementar la capacidad del saco, a base de calentar agua y llevárnosla embotellada al interior del saco al comienzo de la noche. Sí, como se hacía antiguamente en casa.

El material textil

Si bien el relleno aislante es el corazón operativo de un saco de dormir, no podemos obviar la importancia del material textil utilizado para emparedar el aislamiento. Este material conforma el saco y aloja y protege las fibras aislantes. Algunas de las prestaciones necesarias son muy obvias, otras no tanto; incluyo, a continuación, un comentario al respecto.

Resistencia a la abrasión y al desgarro

El recubrimiento textil es lo único que mantiene las fibras aislantes en su lugar, particularmente en el caso de materiales no continuos como la pluma. Especialmente en la cara exterior, el saco sufrirá con el uso, por mucho que lo cuidemos, y necesita una “piel” capaz de aguantar los maltratos.

A prueba de plumas

Esto, obviamente, sólo aplica a los sacos de pluma. El tejido debe ser lo suficientemente denso como para evitar que las plumas lo atraviesen. Puede parecer imposible que algo tan “grande” como una pluma o un racimo de plumón atraviesen un tejido pero así de sorprendente es este material. Cualquiera que haya usado sacos de pluma sabrá de la increíble facilidad que tienen las plumas para colarse por donde los huecos ni siquiera se ven. Esto es un fenómeno casi inevitable y asumible mientras sea en cantidades pequeñas pero es necesario que la tela sea tal que minimice la posibilidad de que suceda.

Ligero

El material exclusivamente no aislante suele comprender alrededor de la mitad del peso de un saco de dormir. Esto, a efectos de aislamiento, es peso muerto, no aporta nada y tanto mejor cuanto menor sea. Esto es, si a un saco le añadimos 100 gr. de material aislante, será más caliente pero si los 100 gr. se van en cualquier otra cosa, el saco no va a calentar más, simplemente pesará más. E, insisto, el peso del tejido (más cremalleras, cierres, ajustes, hilo...) no es en absoluto despreciable. Conviene elegir el material más ligero posible aunque, por supuesto, y como siempre, todo es cuestión de compromisos.

Más aún, la ligereza aquí no es una opción de obsesos por el peso sino una necesidad funcional: el material textil debe ser lo suficientemente liviano como para no aplastar las fibras aislantes y permitirles hincharse y, de nuevo, tanto mejor cuanto más ligero.

Transpirable

Esto es una obviedad pero conviene recalcar la importancia de que el saco permita el tránsito adecuado de la humedad. Cualquier otra situación contribuirá a la acumulación progresiva de dicha humedad en las fibras aislantes, con resultados nefastos para el funcionamiento del saco. Los tejidos de transpirabilidad limitada no suelen ser una buena idea como recubrimiento de sacos de dormir.

Resistente a la humedad

En aparente contradicción con lo anterior, la resistencia a la humedad del material exterior (no del interior) es una propiedad deseable. La contradicción es sólo aparente: la resistencia a la humedad debe ser siempre un criterio secundario tras la transpirabilidad. Se trata de elegir tejidos que, transpirando de forma óptima, presenten un cierto grado de repelencia a la humedad “gorda”, que es la que va a venir del exterior, en forma de gotas de agua (de lluvia, salpicaduras, condensación...). Los materiales modernos consiguen vencer esta aparente contradicción.

El material textil utilizado en la actualidad es casi siempre alguna variedad de nylon o poliéster. Recientemente, el Pertex, del fabricante británico Perseverance Mills, se ha convertido en un estándar de facto, debido a su idoneidad para el uso en sacos de dormir, atendiendo a las características antes expuestas.

No es casual. Perseverance Mills nació de la iniciativa de Harnish Hamilton, un montañero con interés en encontrar un tejido tenaz y ligero para su uso en material de aire libre. Usando nylon como material base, aplicó la estrategia de utilizar hebras muy finas y trenzarlas con alta densidad y así nació la primera versión de Pertex. Desde entonces, esta gente ha seguido investigando y desarrollando nuevas versiones, incidiendo en las características apuntadas y consiguiendo prestaciones cada vez mejores. Microlight, Quantum y Endurance son las tres variedades de Pertex más utilizadas actualmente por los fabricantes de alta gama, donde el Quantum es el más liviano y el Endurance incluye un fino laminado que lo hace altamente resistente a la humedad.

Epic, un producto de la compañía Nextec, representa un enfoque diferente pero de resultados interesantes: tomando como base fibras de poliéster, estas son encapsuladas en silicona (material hidrófobo) y después trenzadas para conformar el tejido, que resulta, a causa de dicha encapsulación, altamente resistente al agua pero adecuadamente transpirable ya que no se trata de un laminado o una impregnación del tejido final sino de las fibras individuales.

Consideraciones de diseño

El diseño de un saco es un factor importante que condiciona el funcionamiento y prestaciones. Es, además, un aspecto muy poco cuidado por parte de los consumidores que, habitualmente, dejan el trabajo a los fabricantes. No es descabellado, el fabricante sabe mucho de sacos, para eso es fabricante; pero hay aspectos y decisiones que conciernen al usuario y es conveniente tener en cuenta.

Diseño básico

Los sacos se suelen presentar en forma rectangular o adaptada, en mayor o menor medida, al cuerpo humano. Los sacos rectangulares son los más sencillos y emulan la ropa de cama, tanto en disposición física como en funcionamiento. Son amplios y, por ello, cómodos pero son menos eficientes que un saco mejor adaptado a la anatomía: la mayor amplitud produce un mayor espacio lleno de aire que calentar. Esto provoca que, a igualdad de prestaciones, un saco rectangular sea considerablemente más pesado que su equivalente anatómico. Es por ello que sólo se suelen usar en aplicaciones en las que el peso no es importante, tal como camping (o “coching”, quizá, más propiamente hablando, y si se me permite el palabro); en general, cuando no haya que cargar con el saco a la espalda.

El cuerpo humano presenta la mayor anchura a la altura de los hombros. La anchura disminuye hacia las caderas y es considerablemente menor en cabeza y pies. Es, por tanto, lógico que un saco que pretenda ser eficiente se adapte a estas diferentes dimensiones. Recordemos: será nuestro cuerpo el que tenga que calentar el aire atrapado; cuanto más aire que calentar, más cuesta (en tiempo y calorías) hacerlo y más cuesta también mantenerlo. Ese aire atrapado lo está no sólo dentro del saco, entre las fibras, sino también en el espacio que queda entre la pared interior del saco y nuestro cuerpo. Este último aire contribuye de forma muy marginal al aislamiento porque está sujeto a pérdidas de calor por convección luego, obviamente, cuanto menor este espacio, más eficiente el saco, más partido le sacaremos a la cantidad de material aislante disponible. Más aún, un saco más amplio es más grande y, por tanto, más pesado.

Pues, entonces, ya está: hacemos los sacos lo más ceñidos posible y ¡listo! Pues no; no es tan fácil. Por un lado, un saco ceñido resulta menos confortable, aunque este es un factor con alto grado de subjetividad; hay quien no soporta un saco ceñido y quien sí lo hace. Por otro lado, si el saco está demasiado justo, corremos el riesgo de comprimir la fibra aislante, con lo que le impedimos funcionar correctamente. Proteger la capacidad de hinchado de la fibra aislante debe ser la consideración primordial en el diseño y uso de un saco de dormir. Conclusión: hace falta cierta holgura; pero ¿cuánta?

No hay respuesta categórica. Depende de lo que se persiga con el diseño y uso del saco. Partiendo de que es fundamental permitir el hinchado pleno del saco, disminuir la holgura hará al saco más eficiente pero menos versátil. Me explico en lo de la versatilidad: si la holgura es amplia, podremos vestirnos dentro del saco sin comprometer el hinchado pleno. Eso puede resultar interesante porque, de esa forma, podemos ampliar, suplementando, la capacidad del saco. Si el saco es ceñido, no podremos vestirnos mucho dentro de él sin comprimir tanto el aislamiento del saco como el de la propia ropa que añadamos; simplemente, no hay espacio para tanto.

Conclusión de conclusiones: hay que llegar a un compromiso, como de costumbre. Se suele tender a sobredimensionar los sacos para climas fríos dado que, en esas condiciones, es de esperar que el usuario disponga también de ropa aislante gruesa que utiliza durante el día y a la que puede dar doble uso. Además, en ambientes fríos, la humedad ambiental es escasa, con lo que se mitiga el riesgo de comprometer el aislamiento del saco metiendo dentro prendas húmedas. Pero, cuidado: si las temperaturas son muy bajas, corremos el riesgo de que toda humedad que transite por el interior del saco se congele antes de evaporarse al entorno. Todo esto forma parte de una teoría bastante compleja que no voy a tratar aquí en toda su amplitud. Tampoco cuento con experiencia directa del uso de sacos en temperaturas extremas.

Los sacos más livianos, por el contrario, suelen ser más ajustados.

A estas alturas, quizá alguien se haya preguntado ya si es correcto que los sacos sean unisex; y, en caso de que no lo sea, si los hay específicos para cada sexo. Las respuestas respectivas son “no” y “casi nunca” (por desgracia). Nuevamente, el sentido común se topa con la economía de mercado que, en este caso, obliga casi de facto a las mujeres a utilizar prendas que no han sido diseñadas para ellas. El cuerpo de la mujer, en general, es más estrecho que el del hombre a la altura de los hombros y más ancho en las caderas. Hay pocas marcas que diseñen para las mujeres pero os animo, chicas, a que las busquéis y, si procede, las compréis. Vuestro saco funcionará mucho mejor.

En cualquier caso, y retomando el argumento inicial, es bueno que el usuario tenga en cuenta estas cosas a la hora de comprar y utilizar un saco. A veces, el fabricante ofrece opciones (un buen fabricante debería hacerlo, a mi modo de ver) en forma de diferentes modelos. En el mundo de los sacos de dormir no funciona nada bien el piñón fijo.

Por desgracia, una vez más (y van demasiadas desgracias ya), abundan los fabricantes de sacos “a bulto”: unisex, uni-talla y uni-todo. Demasiados “uni” para cosa buena. Insisto: un saco de dormir es algo cuyo buen funcionamiento depende de demasiados factores como para aplicar el “me vale cualquier cosa”.

Cremalleras, cierres y ajustes

Nuevamente, hablaremos de compromisos entre funcionalidad y peso. ¿El peso de la cremallera? ¿Es eso tan importante? Me remito a las discusiones sobre el peso justo; y la respuesta, por supuesto, es sí, claro que importa. No sólo la cremallera, también el resto de ajustes que los sacos suelen presentar. Recordemos: una cosa pesada está compuesta por muchas cosas que “no pesan nada”.

La cremallera es un elemento mucho más gravoso, en cuestión de peso, de lo que parece en un principio porque no se trata sólo de la propia cremallera; a todo lo largo de ella se suele colocar una funda rellena de material aislante para evitar fugas de calor. Esto añade complejidad y peso pero no hacerlo sería peor.

Es por ello que los sacos diseñados para ser lo más ligeros posible suelen optar por recortar la cremallera o, incluso, prescindir de ella totalmente.

Un saco sin cremallera presenta una pega obvia: es más difícil entrar y salir; pero, a cambio, se optimiza al máximo el rendimiento. Una cremallera que llegue sólo hasta la mitad de la longitud del saco facilita la entrada/salida de forma más que suficiente; la desventaja principal es que resulta más difícil acomodar el saco a temperaturas más cálidas de aquellas para las que está diseñado (cosa que se consigue habitualmente abriendo parcial o totalmente la cremallera) y no se puede abrir totalmente para utilizar el saco como un edredón. Tampoco resulta muy factible unir dos sacos.

En mi opinión, la cremallera de media longitud es más que suficiente para ofrecer una cierta versatilidad y si, aún así, el saco nos resulta demasiado caliente en según qué circunstancias, probablemente significa que no debiéramos estar usando un saco tan grueso (sobre todo, teniendo en cuenta que eso no sale gratis: estaremos cargando con un peso mucho mayor para, probablemente, nada).

Casi todos los sacos con capucha cuentan con un ajuste de la misma, similar al ajuste de la capucha de una chaqueta, es decir, un cordón que discurre por un carril y que puede ser ajustado a mayor o menor longitud. Este ajuste es importante y prácticamente imprescindible.

Un segundo ajuste presente en algunos sacos se encuentra a la altura de los hombros-cuello, donde muchos sacos, especialmente los destinados a temperaturas bajas, suelen tener una funda extra rellena de material aislante. El objeto de ambos, funda y ajuste de cierre, es evitar fugas de calor. De ahí para arriba, está la cabeza y ahí es necesario tener una apertura para poder respirar. Es por ello que el cierre se haga en ese punto.

Accesorios: El saco sábana

Continuando con la analogía de la ropa de cama, el saco sábana cumple las mismas funciones que las sábanas que usamos en casa: proteger la capa aislante de la suciedad y proporcionar un poco de aislamiento adicional.

En casa, proteger la capa aislante (la manta o edredón) de la suciedad tiene una misión evidente y obvia: evitar lavados continuos. Lavar una manta (y secarla después) es una tarea dura y engorrosa mientras que lavar y secar una sábana es mucho más fácil.
Ahí fuera, la importancia de estos argumentos se multiplica. Lavar un saco de dormir es complicado y no del todo inocuo y, a lo largo de un viaje largo, podemos no tener siquiera la posibilidad de hacerlo.

Olvidémonos aquí de condicionantes urbanos como el aspecto o incluso el olor. Lo importante de un saco sucio (realmente sucio; no necesariamente suciedad visible) es que no va a aislar bien y eso sí que nos importa. Este es el criterio básico que nos puede aconsejar utilizar un saco sábana.

Adicionalmente, y al igual que en casa, el saco sábana nos va a proporcionar aislamiento adicional, aunque esto depende del material utilizado y es necesario apuntar que no conviene delegar el aislamiento, o parte de él, en el saco sábana, para eso está el saco principal.

Diseños y materiales

En cuanto al diseño, los hay, básicamente, rectangulares y momias. Lo suyo es usar uno del mismo diseño que el saco principal. En cuanto al material utilizado, hay más opciones: la mayoría van a ser una simple capa de tejido liso, literalmente como las sábanas de casa, pero los hay también de forro polar. Estos tienen la ventaja de que aíslan pero, claro, pesan y abultan. Los menciono porque existen y, casi, para desaconsejar absolutamente su uso. El forro polar es un mal aislante en relación aislamiento/peso.

Los sacos sábana típicos suelen ser de algodón, nylon, seda... el algodón cuenta con su típico y conocido inconveniente de pobre manejo de la humedad pero dado que es para dormir (transpiramos y trasegamos humedad pero no debiéramos estar sudando; si lo estamos, es señal de otro problema), puede servir. El algodón cuenta con la ventaja de que es muy barato Aún así, no se usa mucho porque pesa bastante.

El nylon es barato, ligero y se las lleva bien con la humedad, con lo que resulta muy adecuado. Se pueden conseguir prestaciones muy buenas con nylon de alta calidad (algún tipo de Pertex, por ejemplo) pero el precio sube mucho.

La seda es relativamente cara pero sus prestaciones para esta aplicación son excelentes: ligera, cálida y agradable al contacto con la piel y con buena transpirabilidad, además de fácil de lavar. Es, probablemente, el material más popular para los sacos sábana de alta gama. Un saco sábana de seda tipo momia puede pesar poco más de 100 gr.

Diseños particulares

Una variedad interesante la constituyen los sacos abiertos tipo edredón. Los hay de características diferentes pero, en general, vienen a ser como un híbrido saco-edredón: son un saco en la zona de los pies y están abiertos, sin cremallera o cierre alguno, en el resto de su longitud. Habitualmente, no tienen capucha y se utilizan como una manta, colocados sobre el cuerpo.

El saco sin fondo: Nunatak Arc Special

Puede parecer que suponen una involución en el concepto del saco de dormir y que ofrecen unas prestaciones menores pero, bien utilizados (y construidos), puede ser justo al contrario. Veamos la teoría que hay detrás:

Aislamiento superior, capa simple

Cuando descansamos en el saco, comprimimos, con nuestro propio peso, el aislamiento que queda bajo el cuerpo. Este aislamiento, por tanto, no va a poder almacenar aire alguno y no va a aislar. Estos sacos, directamente, prescinden de dicho aislamiento. De esta forma, se consigue una importante reducción de peso sin, teóricamente, reducir prestaciones.

Sin capucha

Dada la gran cantidad de humedad, perjudicial para la fibra aislante, que exhalamos al respirar, la cara debe mantenerse fuera del saco. La capucha cubrirá la cabeza e, idealmente, deberá poder ser ajustada de forma ceñida sobre la cara para evitar la entrada de corrientes frías. Como no somos muñecos petrificados y durante la noche nos movemos, un sellado de garantías es prácticamente imposible en esta zona por lo que suele haber un sellado adicional a la altura del cuello. Entonces, ¿por qué no “terminar” el saco en el cuello?. Con un buen sellado anti-corrientes pero... ¿dejando la cabeza desprotegida? Es bien sabido que por la cabeza perdemos una gran parte del calor corporal, luego esto no es una opción. Se trata, en realidad, de que nuestra capucha (o lo que usemos para cubrir la cabeza) sea una pieza independiente del saco. De esta manera, no corremos riesgo de acabar respirando dentro del saco y abrimos una nueva puerta a la siempre deseable multifunción: para cubrir la cabeza podemos usar una prenda de la que ya dispongamos para el periodo diurno (y que llevaremos de todas formas).

El uso de estos sacos-edredones implica que, si se gira durante el sueño, se haga independientemente del saco, con lo que pueden resultar una opción interesante para quienes lo hagan así de forma natural. Es más, el saco momia tradicional no admite esto, obliga a girar con el saco, dado que tenemos que mantener la abertura de la cara en su sitio.

Amplitud de la superficie con aislamiento

Este apartado alude, dicho de otra forma, a la parte del saco que carece de aislamiento. Si imaginamos el saco completo como un cilindro, ¿qué parte de ese cilindro se queda vacía? Esta es una cuestión importante: hay casos de este tipo de sacos que escatiman demasiado en la amplitud aislada, es decir, hacen el hueco demasiado grande, olvidando que no basta que el aislamiento cubra al cuerpo por encima: los lados también son importantes.

Nunatak es uno de los fabricantes que tiene bien resuelta esta cuestión. En la primera de las imágenes de arriba (el saco con el fondo expuesto), se puede apreciar cómo los laterales del saco abrazarían al hipotético durmiente, envolviéndole completamente por arriba y los lados y dejando expuesta sólamente la parte inferior. Pongamos un durmiente y ordenémosle que se siente:

Sintiendo el abrazo de la pluma

El saco abraza y se acomoda al cuerpo, de forma que el sellado contra corrientes de aire es prácticamente total, sin perder la sensación de estar durmiento bajo una manta, con relativa libertad de movimientos.

Uso

El éxito con estos modelos pasa por un uso correcto. No hay nada de complicado en ello pero no es tan inmediato como con un saco tradicional.

El peligro latente está en la posibilidad de corrientes de aire. Es necesario adoptar un estilo de descanso que las evite, si no se practica ya. Estos sacos-edredón admiten perfectamente durmientes inquietos pero hay que cuidar de moverse siempre dentro del saco, sin desplazar este.

Según la temperatura ambiente, se pueden adoptar diferentes configuraciones. En tiempo cálido, basta con acostarse sobre el colchón aislante de elección y colocar el edredón encima. Cuando el tiempo sea más frío, conviene reducir el espacio vacío, ajustando los bordes del saco bajo el colchón aislante o, incluso, para mayor estanqueidad, bajo nuestro cuerpo. Algunos modelos de sacos-edredón disponen de un mecanismo de ajuste que permite asegurar este cierre parcial.

A la izquierda, el saco abierto, dispuesto como una tradicional manta, configuración adecuada para temperaturas benignas. Cuando hace frío, todo bien cerrado y sellado a la altura del cuello, como se ve a la derecha.

Variedades

El diseño básico de los sacos-edredón consiste, como describía más arriba, en una forma de tubo (esto es, saco tradicional) en la parte inferior, cubriendo los pies algo más allá de los tobillos, y una manta abierta por su parte inferior en el resto de su longitud.
Existen variaciones sobre este modelo básico que aportan cierto valor añadido. Comento las que me parecen más interesantes:

Cierre-ajuste mediante cinta plana y hebillas. Permite cerrar el edredón completamente hasta darle configuración de saco aunque, en realidad, nunca vamos a llegar a ese extremo porque el edredón no debiera tener tanta amplitud como para permitirlo; pervertiría la idea básica del diseño. El objetivo es ajustar los bordes del edredón, bajo el cuerpo o bajo el colchón, manteniendo una cierta abertura, mayor o menor, a elección y según circunstancias, pero asegurando que el conjunto sea estable y no se mueva con facilidad.

Cobertura inferior. Una opción interesante es construir el conjunto como un auténtico saco, cerrado totalmente, pero sin aislamiento (pluma o lo que sea) en la parte inferior, donde sólo hay una lámina de la tela de elección. Esto ayuda a evitar corrientes y a mantener todo en su lugar y contribuye también a llenar el vacío que necesiten salvar quienes no estén psicológicamente preparados para un “saco sin fondo” pero limita la posibilidad de ampliar o reducir el espacio interior.

Funda para colchón. Una variante de la opción anterior consiste en colocar no una sino dos capas de tela, de forma que el colchón (del tipo que sea; hinchable o de espuma de alta densidad) se pueda introducir ahí. Esta es otra estrategia para hacer el conjunto más integrado y comulga bastante bien con la concepción del material para dormir como un equipo pero, de nuevo, y al igual que con una sola capa de tela, limita un poco la versatilidad.

Ventajas

La más obvia y ya citada es una reducción de peso considerable sin disminución de prestaciones. Esto es, el paradigma del ultraligerismo. Ahora bien, hay que tener en cuenta que la no reducción de funcionalidad depende de un correcto uso.

Otro factor importante es que, al no aplastar el aislamiento, no lo dañamos, cosa que sí sucede en los sacos tradicionales.

Un aspecto muy interesante es la enorme versatilidad: a causa de su diseño y uso, son sacos de amplitud variable. Mientras un saco tradicional tiene una amplitud dada, un saco-edredón acomoda un rango de amplitudes enorme. Esto nos posibilita, entre otras cosas, vestir abundante ropa adicional sin comprometer el hinchado pleno del aislamiento del saco. Esto es lo que hace que estos modelos sean tan versátiles y, de nuevo, perfectos aliados de la polivalencia. Como por arte de magia, ya no necesitamos un saco monstruoso para hacer frente a temperaturas bajas y, encima, cocernos cuando no lo son tanto.

Conclusiones

Estos sacos-edredón no son, probablemente, para todo el mundo, pero ofrecen amplias ventajas a quien se vea capaz de sentirse cómodo y seguro utilizándolos. Probablemente, la barrera más importante es la psicológica, condicionados como estamos por una ortodoxia en la que protección equivale a cierre completo. Sus usuarios potenciales están entre aquellos que, habiendo recurrido ya a todo lo disponible en el mundo de los sacos tradicionales, necesiten dar un paso más. Sus características de ahorro de peso y aumento de polivalencia y versatilidad constituyen una combinación muy interesante, especialmente para aquellos que realicen rutas lo suficientemente largas y/o por terrenos lo suficientemente variados como para tener que enfrentarse a condiciones muy diferentes.

Compra de un saco de dormir

El mercado de los sacos de dormir padece de la típica doble inercia: por un lado, lo que los fabricantes están dispuestos a fabricar; por otro, lo que los distribuidores están dispuestos a distribuir. Todo ello, alimentado por la escasez de demanda especializada y la abundancia, por el contrario, del “me trago lo que me den”, en la creencia de que si eso es lo que fabricantes y distribuidores eligen, será lo bueno.

Escasez de oferta

En España y, en general, Europa, ésta está motivada, en el fondo, y en pura ortodoxia mercantil, por la escasez de demanda. La posibilidad de albergue guarecido de los elementos (refugios, pueblos…) es tan abundante que incluso cuando los montañeros visitan las zonas más remotas tienen la posibilidad de dormir bajo techo. Sólo quedan quienes prefieren dormir al aire libre por elección (como norma u ocasionalmente) o circunstancias particulares en las que un techo no está disponible o no es práctico. Pero estos casos son demasiado escasos como para crear un mercado amplio de sacos de dormir.

Bajo techo, las condiciones son lo suficientemente poco exigentes como para no requerir grandes prestaciones de parte del saco. Esto provoca que no haya una demanda importante de sacos de calidad en el rango de temperaturas suaves (por encima del punto de congelación, aproximadamente). Es, hasta cierto punto, lógico: nadie se va a gastar un dineral en un saco técnico y especializado para usarlo una y otra vez en un refugio.

Para las grandes empresas sí se demandan sacos técnicos y se paga de buen grado el buen dinero que cuestan porque, de nuevo con buen criterio, se considera necesario. Esto hace que en la gama de sacos más “abrigones” haya una oferta mayor y mejor. También la “calidad” del comprador suele ser mayor, en el sentido de que suele ser un comprador más informado sobre lo que busca y cómo obtenerlo.

He experimentado personalmente cómo, a la hora de buscar un saco adecuado a lo que necesito (senderismo, tres estaciones, durmiendo al aire libre), sólo encontraba productos de gama baja. Y no quiero decir que fueran malos sino que eran básicamente sacos “baratos”, sintéticos o de pluma de calidad media-baja y que pesaban una tonelada o dos más de lo que yo aspiraba a conseguir. Y he obtenido miradas un tanto incrédulas de dependientes que no comprendían para qué necesitaba un saco de pluma de la mejor calidad (que cuesta mucho dinero) para tres estaciones. La respuesta es clara: porque pesa muy poco. Lo cual nos lleva al tema, recurrente también, de cómo optimizar el peso de nuestro material sin disminuir prestaciones: uno de los caminos es ir a por la mejor calidad: el problema es cuando ¡no se encuentra!

Problemas de la economía de mercado y el modelo oferta-demanda, que no siempre cubre bien las necesidades. Desarrollando este problema llegamos a situaciones más extremas (pero nada inhabituales) en las que la oferta acaba dirigiendo la demanda… acabamos comprándonos material insatisfactorio porque es lo que hay.

Nota: acabé encargando mi saco en América. No es que allí sean más listos; simplemente, existe la demanda para ese tipo de saco a causa de las diferentes circunstancias que se viven allí.

Escasez de información

Información escasa y de mala calidad son constantes en el mercado de los sacos de dormir. En muchas ocasiones, los únicos y paupérrimos datos que tenemos para valorar un saco son el rango de temperaturas expresado por el fabricante y el tipo de relleno. ¿Ya??? pues sí; muchas veces, no hay más. Como mucho, y preguntando, podemos conseguir saber el material textil utilizado, el peso, la longitud y, si hay suerte, ver un ejemplar en directo (a veces, hay que conformarse con la foto del catálogo).

Las fuentes de información extraoficiales a veces funcionan bien: un vendedor de confianza y conocedor del producto, por ejemplo; amigos, etc. (sí, también páginas web de dudosa credibilidad, como ésta). Pero esto no son formas. De hecho, este tipo de flujos de información son fuente de numerosos equívocos, sea por desconocimiento o incluso por mala fe, que de todo hay.

En definitiva, sería deseable que existieran criterios lo más objetivos posibles para valorar un saco antes de comprarlo y, cuando menos, que se proporcionaran, por parte de los fabricantes, todo un juego de datos descriptivos de lo que puede y lo que no puede hacer el saco. En la situación actual, el comprador está abocado a tener que creerse un par de fríos numeritos que da el fabricante. Mucho cuidado con esto: yo no he probado, obviamente, todos los sacos del mercado pero cada vez que ojeo un catálogo me encuentro con cifras irreales y me pregunto qué le puede pasar a quien se compre **eso** asumiendo como cierto lo que dice su publicidad.

Como suele ser habitual en nuestro modelo económico, la publicidad es necesariamente engañosa. Ahora bien, suele ser cierto que es tanto más engañosa cuanto peor es el producto. Un buen producto necesita menos de engaños y equívocos. Es por esto que, habitualmente, serán los mejores sacos los que dispongan de más y más precisos datos (cuidado con esto; tampoco es una regla absoluta).

Frecuentemente, la calidad de la información presentada es extrañamente pobre. Digo lo de extrañamente porque se omiten (¿desconocen?) datos bastante obvios. Por ejemplo, no es raro encontrar especificaciones como “tejido exterior en Pertex”. Es como decir “relleno de pluma”. ¿Y? Hay muchas variedades de Pertex, como hay muchas variedades de pluma. Desconozco si el la responsabilidad de estas omisiones está en el fabricante, en el distribuidor o en el detallista pero me parece igualmente lamentable. Más aún, cuando resulta altamente complicado (por no decir imposible) conseguir estos datos.

Me permito dibujar algo parecido a lo que creo que debería ser la situación normal en el mercado de los sacos de dormir:

Por parte del fabricante

Un buen fabricante de sacos de dormir debería ofrecer, como mínimo, tallas diferentes, dos o tres por modelo, donde varíen, proporcionalmente, tanto la longitud como la amplitud. Debería, también, proporcionar datos detallados sobre medidas, materiales utilizados y capacidad de hinchado del saco y peso, desglosado en sus componentes. Orientativamente, está bien expresar rangos de temperatura esperados, acotando las condiciones en las que se han medido.

Existen fabricantes que permiten al cliente elegir las características del saco de entre un juego de posibilidades en cuanto a tipo y cantidad de relleno, material exterior e interior, dimensiones, colores y hasta, en algunos casos, todo tipo de detalles accesorios. Esto supone un servicio impagable para el usuario que tenga claro lo que quiere.

El minorista

Debe almacenar los sacos sin comprimir, en una bolsa protectora, amplia y transpirable (los buenos fabricantes suelen servirlos así). Debe contar con una exposición representativa y con personal con experiencia y conocimiento en la materia. Debe permitir que los clientes prueben los sacos in-situ y asesorarles sobre el ajuste más idóneo a sus características físicas y uso previsto.

El cliente

Debe ser exigente y crítico y, sobre todo, jamás debe comprar un saco de dormir sin haberlo probado antes. Sea en la propia tienda (algo marciano en este país, lo sé...) o en casa (en ese caso, se entiende, sin compromiso; otra situación marciana...). No se deberían comprar sacos de dormir sin haberlos probado, al menos para chequear las dimensiones y comodidad (o falta de), lo mismo que con el calzado.

Uso y cuidado del saco de dormir

Sea del tipo que sea, tanto en lo que respecta a diseño como a materiales, es conveniente seguir este pequeño decálogo:

Publicado originalmente el 19/11/2005