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Refugio
Concepto
Hablo de “refugio” donde habitualmente se dice “tienda” (de campaña). Esta diferencia no es casual ni gratuita. Manejo el concepto amplio de “refugio” como el arreglo que nos permite pernoctar al abrigo de los elementos. Esto puede ser una tienda pero no exclusivamente.
Durante la noche somos especialmente vulnerables. No hay luz (mejor dicho, hay poca), con lo que nuestra mayor fuente de información sobre lo que nos rodea apenas funciona; las temperaturas bajan; y, encima, la naturaleza nos ha dictado un descanso periódico que no podemos posponer mucho más allá de un ciclo de día/noche. Esto es, por la noche, habitualmente, descansamos. Esto nos plantea un último e importante problema: nuestro cuerpo produce poco calor.
Durante el periodo de actividad física, podemos soportar temperaturas ambiente considerablemente más bajas que la de nuestro cuerpo sin sentirnos incómodos: nuestros músculos están generando calor. Cuando descansamos, esta “calefacción central” queda bajo mínimos. Si la temperatura ambiente nocturna no acompaña (y en nuestras latitudes no es habitual que lo haga), hace falta una protección adicional: aislamiento. Eso es lo que conseguimos con una manta, un edredón… o su equivalente campestre, un saco de dormir.
La temperatura no lo es todo. El viento puede hacer descender la sensación térmica de forma considerable y el agua es un auténtico pozo sin fondo a la hora de absorber calor. Más aún, obstaculiza y hasta inutiliza nuestro aislamiento adicional (el saco, para entendernos).
Ergo: especialmente durante la noche hay que protegerse de ciertos elementos: principalmente, viento y agua (en cualquiera de sus formas).
Un último factor básico que puede perturbar nuestro descanso son los insectos. Durante nuestro periodo de actividad pueden ser molestos y hasta insufribles pero durante el de descanso su efecto puede ser tan grave que nos impida descansar (y eso es un problema serio). Los insectos son casi los únicos depredadores de los que somos víctimas los humanos (salvo honrosas excepciones) y son, por tanto, prácticamente los únicos seres que vendrán a por nosotros. No nos van a matar pero pueden ser un problema.
Todo esto puede parecer muy obvio pero la automatización de conductas y la repetición de lo establecido hace que a veces perdamos un poco de perspectiva del porqué de las cosas; conviene recordarlo.

Tarptent Rainshadow
Contexto
Situaré está discusión en el marco general de todos los contenidos de este espacio: senderismo autónomo y el objetivo de simplificar la funcionalidad y minimizar el peso tanto como sea posible. No voy a hablar, por tanto, de tiendas de expedición para campo base ni de tiendas familiares vacacionales con dormitorio y sala de estar.
Materiales
Nylon, poliéster, poliuretano y silicona
Necesitamos algo que nos proteja de viento y lluvia. Cualquier material impermeable al viento lo va a ser también al agua; al revés, no necesariamente pero, para el caso, podemos asumir ambas características como sinónimas. Necesitaremos que sea resistente, tanto a la tracción como a la abrasión, duradero, ligero y plegable.
Una simple lámina de plástico de polietileno serviría (¿quién no se ha “fabricado” un refugio de fortuna con bolsas de basura o similares?), funciona y es insultantemente barato y sencillo pero para cumplir con las características de resistencia y durabilidad necesitaría ser, probablemente, más grueso de lo que el imperativo de ligereza puede admitir; más aún, el polietileno no se puede coser (al menos, no por métodos tradicionales), con lo que crear formas mínimamente complejas es prácticamente imposible.
El nylon y el poliéster son telas. Son sintéticas, esto es, las fibras no se obtienen a partir de un elemento natural pero, por lo demás, son telas con todas las de la ley. Las fibras se trenzan como se haría con algodón, seda o cualquier otro material y el resultado final es una lámina de tejido. Nylon y poliéster, en sus infinitas variedades, comparten características de resistencia y ligereza que les hacen idóneos para su aplicación en tiendas de campaña y similares.
La elección entre nylon y poliéster supone un compromiso. El nylon es más resistente, lo que redunda en un producto final más ligero, ya que se requeriría un tejido más grueso si la base fuera de poliéster para igualar las prestaciones; por otro lado, el nylon tiene más capacidad de absorción de agua, lo que provoca que una lona de nylon mojada incremente considerablemente su peso y presente cierta tendencia a dar de sí, lo que supone un problema en una aplicación en la que la tensión en la tela es importante. Con todo, el nylon es el material más utilizado para lonas de tiendas de campaña y similares.
Ahora bien, ni el nylon ni el poliéster son impermeables. Utilizando alta densidad de fibras en el tejido, se puede conseguir un producto final con resistencia a viento y agua (seguro que os suena Pertex; no es más que un nylon trenzado utilizando una elevada densidad de fibras muy finas, con lo que se consigue que, además, el tejido final no sea pesado ni voluminoso) pero esto no es suficiente para garantizar impermeabilidad a largo plazo (léase, horas bajo la lluvia). Para conseguir impermeabilidad, se impregna el tejido con una fina lámina de poliuretano, material sintético cuyas características y propiedades físicas se me escapan pero que, en definitiva, se aplica sobre una de las caras del tejido base, impregnando las fibras y formando una película que impide totalmente el paso del agua.
Como nada en esta vida resulta perfecto, el poliuretano tampoco. Resiste mal la abrasión y sufre mucho con la luz del sol; por ello, en todos los tejidos impregnados con poliuretano se coloca este en la que va a ser la cara interior, para que sea el nylon o poliéster quien se lleve los mamporros. Esto, obviamente, tampoco sale gratis, ya que es lo que posibilita que una lona de nylon pueda absorber y almacenar agua en su interior, pero es la única posibilidad de que el poliuretano pueda funcionar.
El milagroso silnylon
Además de la ropa o el material de acampada, hay otros campos en los que se utilizan tejidos impermeables, resistentes, ligeros… es justo lo que se necesita para fabricar velas, parapentes, alas delta, cometas o globos aerostáticos. Aplicaciones, todas ellas, muy serias y en las que, como es fácil imaginar, se han empleado muchos recursos para investigar y conseguir productos mejores. Es de aquí de donde surge el tejido mágico llamado silnylon.
En realidad, no hay nada de magia en el silnylon, sólo un conjunto de circunstancias que lo hacen casi perfecto para su uso como lonas de protección frente a los elementos. En esencia, no es más que un tejido de nylon impregnado con silicona. Sí, la misma cosa que se usa en cirugía o fontanería también sirve para el material de aire libre. La silicona es impermeable y el nylon sirve de base. Hasta aquí, nada extraordinario, sólo estamos poniendo silicona donde antes había poliuretano. Todo cambia cuando se realiza este proceso sobre un cierto tipo de nylon: un tejido muy ligero y fino que, por sí sólo, resultaría extremadamente frágil para la mayoría de aplicaciones pero que, precisamente por eso, permite que la silicona penetre entre las fibras, atravesando el material e impregnándolo por completo, de forma que no hay una cara interior y otra exterior. Esto no se conseguiría con un nylon más grueso. Las implicaciones de esta propiedad de esta precisa combinación de nylon y silicona son enormes: la silicona, al penetrar completamente, da al tejido resistencia adicional, con lo que se consigue un material que, siendo aún extremadamente ligero, es fuerte; por otro lado, la silicona es un material hidrófobo (es decir, que rechaza el agua) y, al impregnar el tejido, consigue que el agua no pueda ser absorbida por él. Una lona de silnylon no se empapa jamás, las gotas de agua siguen siendo gotas, manteniéndose en la superficie, no importa cuán pequeñas lleguen a ser al romperse. Tras una noche de lluvia continua, bastan unas buenas sacudidas para dejar una lona de silnylon prácticamente seca: ¡magia!
El silnylon es tan fino que permite incluso el paso de la luz, es decir, es translúcido, se puede ver a través de él. Es por eso que resulta casi increíble que sea tan resistente: magia, de nuevo.

Tarptent Rainshadow. Se transparenta el aislante a través del silnylon
El silnylon, en definitiva, es impermeable, hidrófobo y ligero y tiene una alta resistencia a la tracción. En el lado negativo, no es tan sólido frente a la abrasión y arde con facilidad. Con todo, resulta un material excepcional y permite construir refugios sólidos y fiables con un peso increíblemente bajo.
Lonas
La ortodoxia nos conduce directamente a la tienda de campaña cuando se trata de dormir en medio de la naturaleza. Como mucho, al vivac, con o sin funda, como alternativa válida en tiempo benigno o sólo para los más intrépidos. La tienda de campaña es una solución aceptable y, a veces, será la mejor, pero no siempre. Conviene recordar cuál es el objetivo que la tienda persigue, su razón de ser, para valorar en su justa medida qué tipo de tienda necesitamos... o si necesitamos tienda siquiera.
No hay nada nuevo aquí pero conviene reiterar en la reflexión: la tienda está ahí para protegernos de la lluvia (granizo, nieve...), del viento y para, como mucho, proporcionarnos unos pocos grados más de temperatura. Eso, en el aspecto físico. En el psicológico, nos proporciona una cierta sensación de seguridad, un sitio al que llamar “casa” cuando estamos fuera de casa. Esto es únicamente psicológico porque una delgada pared de nylon ofrece protección nula ante cualquier agresión imaginable.
Esto no pasaría de la anécdota si no fuera por el hecho de que una tienda es, habitualmente, un elemento pesado y voluminoso que puede convertirse en una auténtica rémora en nuestra espalda durante las horas de camino. Es entonces cuando uno se puede empezar a preguntar si realmente merece la pena cargar con tanto bulto. La respuesta es: “a veces”.
Es decir, no siempre. Depende de muchos factores; principalmente, las condiciones ambientales en las que se espera pasar la noche, la experiencia con la que se cuenta y el resto del equipo. A veces, muchas veces, bastaría con simplemente echarse al suelo y dormir. Muchas otras, una estructura con doble techo, tres o cuatro varillas y múltiples anclajes resulta totalmente desproporcionada incluso para las peores condiciones esperables.
Es común que esa ortodoxia nos haga obviar otras opciones, mucho más ligeras y funcionales en según qué condiciones. Por ejemplo, durante un día lluvioso, una lona extendida entre unos árboles resulta un momentáneo pero bienvenido refugio donde descansar, comer... sin que el agua nos empape; sin embargo, no mucha gente se plantearía emplearlo durante la noche, para dormir a cubierto. Sin embargo, la lluvia es la misma.
En definitiva, conviene, una vez más, reflexionar y preguntarnos cuáles son nuestras necesidades, para luego identificar el material más adecuado para la tarea, sopesando pros y contras. Esta es una reflexión que poca gente hace.
Estructura
Una simple lona impermeable, sin más, puede ser todo lo que necesitemos para pasar una noche confortable. En su extrema simplicidad encontramos parte de sus ventajas pero también parte de sus limitaciones. La ausencia de una estructura puede parecer un defecto eliminatorio. No es así. Incluso en condiciones de lluvia y/o viento, una lona sin estructura alguna puede ofrecer una protección aceptable, si tiene el tamaño adecuado y se acierta a colocarla adecuadamente.
Una colocación adecuada implica la elección de un terreno bien drenado, protegido del viento o, en su defecto, con una orientación y perfil que permita a la lona capear el viento sin deformarse y ofrecernos un espacio seco lo suficientemente grande. La tensión en la tela es un factor importante y para conseguirla es muy útil contar con puntos de anclaje; al menos, uno en cada esquina y en el centro de cada lado. Elementos accesorios de anclaje como cuerda y piquetas facilitarán la tarea.
Atención: ¿estamos convirtiendo una lona en una tienda de campaña? En cierto modo, sí; pero, cuidado, estaremos aún a años luz de la complejidad (y peso) de la más simple de las tiendas.
Ante la colocación de una lona sin estructura, la consigna es “imaginación al poder”: tejado a un agua o a dos, perfil agresivo o discreto, paredes laterales, mayor o menor grado de ventilación... las condiciones dictarán. Esta es una gran ventaja de este tipo de refugio, su gran versatilidad. Con una tienda de geometría fija, no hay más opción que buscar un lugar más o menos protegido o ventilado; con una lona, podemos elegir entre un amplio abanico según el enemigo a batir sea la lluvia, el frío, el viento o la condensación.
Diseños
Voy a utilizar dos criterios básicos y una consdieración adicional para clasificar los diseños de refugios portables. Soy consciente de la generalización que esto supone pero cubren con amplitud la gama de refugios objeto de esta discusión. El primer criterio será la presencia o no de estructura rígida o armazón; el segundo, la utilización de pared doble o sencilla. Y, en todo caso, con o sin suelo. Vamos allá; atendiendo al posible armazón:
Más precisamente,
deberíamos hablar de diseños sin estructura fija pero que admiten
el montaje de un armazón de fortuna. Esto no debe interpretarse como
algo provisional, precario o para emergencias, más bien al contrario:
cuando necesitemos el armazón será habitualmente cuando las
condiciones sean malas, por lo que necesitaremos un montaje fiable, seguro
y rápido de implementar.
Los diseños sin estructura son los más ligeros y versátiles.
Por un lado, el prescindir de armazón conlleva una obvia y radical
reducción de peso. Por otro, este tipo de diseños suelen carecer
de una geometría fija, con lo que nos permiten montarlos de muy variadas
formas.
La reducción de peso es brutal: no sólo nos ahorramos llevar mástiles o varillas, tampoco es necesario ningún elemento de enganche entre armazón y lona, los habituales clips o fundas, ni ningún otro de los típicos accesorios para mantener el armazón en su sitio.
Ahora bien, ¿qué usamos entonces como armazón? Una primera e inmediata solución es no usar ninguno.
Ofrece excelente ventilación y no nos aísla visualmente del mundo alrededor, lo que puede ser una característica muy interesante si es eso lo que se busca. Por otro lado, dado que uno (o dos y hasta tres) de los lados permanecen abiertos, la protección frente a los elementos es limitada. Atención: "limitada" no significa necesariamente "insuficiente". Ante condiciones benignas (lluvia suave, ausencia de viento fuerte), puede servir. Es fácilmente implementable con un par de bastones (o, alternativamente, ramas; o, incluso, colgando los puntos de anclaje de un árbol o similar). Si el tamaño de la lona usada lo permite, conviene dotarle de paredes laterales, de forma que el refugio queda cerrado por tres lados.
El clásico tejado a dos aguas. Es una estructura sencilla y que ofrece buena cobertura lateral. La cobertura frontal y posterior dependerá de la adición de paneles extra o del sobredimensionado de la lona empleada. Esta estructura ha caído en cierto desuso con la aparición de formas curvas que aprovechan mejor el espacio pero tiene aún su hueco dado que permite prescindir totalmente de armazón, con lo que se convierte en la opción ultraligera por excelencia. La estructura se puede improvisar con una cuerda corriendo a lo largo y bajo el vértice del tejado pero es posible también, y muy funcional, prescindir totalmente de estructura: para ello, basta con tensionar los extremos del vértice del “tejado”, con lo que éste queda formado.
La pirámide, o cono, es otro sencillo diseño cuya mayor ventaja es la simplicidad y versatilidad. Necesita un único mástil como armazón y este puede ser improvisado con facilidad a partir de un bastón o incluso un tronco o rama. Se puede montar una pirámide incluso colgándola de cualquier elemento (árbol, por ej.) con la altura suficiente si se cuenta con el anclaje necesario, un simple lazo en el vértice de la pirámide. Parte de su versatilidad radica en su geometría variable, adaptable a las condiciones: más alta y espaciosa en buen tiempo, más baja y aerodinámica en presencia de viento; borde elevado sobre el suelo en mayor o menor medida según se necesite más o menos ventilación o se quiera aumentar la protección frente a la lluvia.
La pirámide ofrece un gran espacio vertical pero concentrado en un área pequeña. El ratio entre cantidad de material necesario (material para la fabricación de la pirámide, se entiende) y espacio interior ofrecido no es muy bueno ya que se “desperdicia” mucho espacio al ser parte de este difícilmente utilizable.
Entendemos por estructura un cierto armazón (típicamente, de varillas metálicas o de fibra de carbono) rígido que da forma al refugio. Debe ser plegable o desmontable para facilitar el transporte.
Obviamos aquí las opciones de estructuras rectilíneas ya que coinciden, prácticamente, con las descritas en el apartado de refugios sin estructura o con estructura de fortuna. Los armazones son elementos pesados y que conviene, por ello, evitar tener que transportar pero puede merecer la pena cuando aportan un valor añadido importante. Uno de tales valores es la posibilidad de crear formas curvas que aprovechan el espacio mucho mejor que las formas rectilíneas.
Un aspecto importante cuando se utiliza un armazón es la interfaz entre este y la lona, es decir, cómo se unen. Hay dos aspectos a considerar aquí: cómo se unen y dónde. El cómo se resuelve típicamente mediante clips, cuerdas o fundas. El dónde implica decidir entre colocar el armazón fuera o dentro de la lona.
Como de costumbre, toda opción cuenta con ventajas y pegas y hay que llegar a un compromiso aceptable. Cuando se utilizan clips o líneas de cuerda, el mástil se iza, en primer lugar, y luego la lona se cuelga del mismo mediante los clips o los trozos de cuerda. Estos estarán cosidos a la lona. Esta opción implica que el armazón esté en el exterior (no me imagino un diseño con clips con el armazón en el interior). Las fundas son tubos de tela donde se inserta el mástil para posteriormente pasar a izarlo. Al izar el mástil, la lona va con él ya que forman un conjunto único. La funda va típicamente cosida a la lona y puede estar en el exterior o interior. Si está en el exterior, la lona quedaría colgada del mástil; si está en el interior, quedará apoyada en él.
Denominación popular de las formas en cúpula y derivaciones de dicha forma. Se consigue con un mínimo de un par de mástiles curvos cruzados en un ángulo de típicamente 90º en la vista en planta. Este es un diseño que ofrece un ratio óptimo entre material empleado para la construcción y espacio útil ofrecido. Las paredes son casi verticales en las zonas inferiores, cerca del suelo, con lo que dichas áreas son perfectamente utilizables, en contraste con diseños de líneas rectas como, por ejemplo, el tejado a dos aguas o la pirámide, en las que la periferia ofrece muy poco espacio vertical al estar la pared inclinada con un cierto ángulo; cuanto mayor (más vertical) este ángulo, más espacio se desaprovecha en la zona central, como se describe en la pirámide. En una cúpula, prácticamente todo el espacio interior es utilizable.
Este diseño tiene una cierta limitación de tamaño porque hacerlo más grande implica hacer los mástiles más grandes. Esto tendría un par de inconvenientes: por un lado, la estructura sería más frágil y vulnerable al viento, al tener mástiles muy largos; por otro, el armazón pesaría demasiado. En mi opinión, los iglús son óptimos para dos o tres personas. Para una sola persona, es demasiada estructura para el poco espacio requerido; para más de tres, aplica el problema recién descrito.
Nombre común de los diseños en forma de bóveda de cañón (la del románico) o arco de medio punto. Se consigue con los mismos dos mástiles del iglú colocados de otra forma: en lugar de cruzados, se disponen paralelos con una cierta distancia entre ambos. Esta distancia definirá la longitud de la bóveda. Resulta inmediato comparar túnel e iglú ya que son básicamente dos refugios hechos con los mismos mimbres pero de apariencia bien distinta. El túnel, al igual que el iglú, ofrece un ratio muy bueno de aprovechamiento de espacio, por las mismas razones, ya que las paredes llegan al suelo con un ángulo casi recto. El túnel es menos sólido, particularmente a medida que se hace más largo, ya que toda la lona que queda entre los dos mástiles carece de soporte (al contrario que en el iglú, en el que los mástiles soportan la lona integralmente); por otro lado, el túnel se puede hacer más grande (en este caso, largo) sin ninguna estructura adicional, basta con una lona más larga. El precio que se paga, obviamente, es en solidez, menor a medida que la longitud de lona no soportada crece. Eso sí, se pueden crear túneles más largos sin problema de falta de solidez a base de añadir más mástiles intermedios. Finalmente, el túnel es estructuralmente más frágil que el iglú porque cada mástil trabaja por separado en su labor de soportar el conjunto, mientras que en el iglú ambos mástiles forman un conjunto unido y más fuerte ante los elementos, principalmente el viento.
Otra ventaja del túnel con respecto al iglú es que resulta
inmediato añadir vestíbulos (dos; uno en cada extremo del túnel)
sin ninguna estructura adicional, basta un trozo de lona; en el iglú,
esto se puede hacer pero el resultado es mucho más pobre a no ser que
se añada algún mástil, curvo o recto, que soporte la
parte de lona que funcionará como vestíbulo. Esto es así
porque el iglú no tiene ninguna pared vertical, todas van disminuyendo
en ángulo hasta alcanzar la horizontalidad en el centro de la cúpula,
mientras el túnel sí cuenta con dos paredes verticales, una
en cada uno de sus extremos.
El minimalismo tiene en el túnel un buen aliado ya que es un diseño que admite modificaciones sencillas que permiten un buen ahorro de peso. Una muy habitual es el túnel asimétrico, en el que los arcos (pongamos, dos) que forman el túnel son de tamaño diferente. Esto responde al propio diseño del cuerpo humano, que es más ancho en los hombros y menos en los pies, con lo que se intenta ahorrar peso a base de quitar espacio donde menos se necesita.
Hay otras muchas formas, tanto en las versiones con armazón rígido como en las que prescinden de él. En estos, la casuística es casi tan grande como la imaginación de cada uno y el tamaño de la lona usada y me he limitado a exponer los casos más habituales. Personalmente, pienso que con esos hay más que suficiente. En el caso de los refugios con armazón, he limitado la discusión a aquellos con un número limitado de mástiles, no más de dos, lo suficiente para crear una cúpula o una bóveda. Con más mástiles, se pueden crear estructuras muy complejas que optimicen según qué propiedad: tamaño, espacio útil, resistencia al viento, a la carga de nieve... pero son refugios demasiado pesados y/o grandes como para figurar aquí.
Atendiendo al otro criterio clasificatorio enunciado, la utilización de pared sencilla o doble, la casuística es bastante obvia; me limitaré a discutir las propiedades, con sus pros y contras, de ambas opciones.
Los diseños en pared única son, obviamente, más ligeros. Si, además, optamos por materiales ligeros y prescindimos de armazón, nuestro refugio queda convertido en una simple lona de peso ridículo pero, aún sin acudir a estos extremos, la pared única va a significar, sean cuales sean el resto de opciones de diseño, un producto final más liviano que su correspondiente en doble pared. Esa es su ventaja fundamental. Adicionalmente, resultan más sencillos de montar y desmontar. Estos son sus pros.
Los contras se pueden resumir en uno grande del que derivan todos los demás: la condensación. La teoría completa de la condensación es algo muy complejo en el que entran en juego múltiples factores, algunos incluso de forma contradictoria y merece un tratamiento aparte. Por el momento, baste decir que, como consecuencia de la saturación de humedad en el aire, fenómeno típicamente nocturno a causa de la bajada de temperatura, dicha humedad tiende a abandonar su estado de vapor disuelto en el aire y a condensarse cuando encuentra una superficie sobre la que hacerlo: típicamente, el suelo, las plantas... o las tiendas de campaña. Cuando esta condensación se produce en la pared interior de nuestro refugio, corremos el riesgo, si es muy seria, de que empiece a caer sobre nosotros y nuestro saco y, en casos menos graves, nos obliga a evitar tocar las paredes si no queremos empapar todo aquello que entre en contacto con ellas.
La condensación es más o menos difícilmente evitable según las circunstancias, ya digo que la casuística es extremadamente compleja y da para una disertación propia muy extensa pero, a grandes rasgos, el remedio típico que se suele aplicar es la ventilación. La teoría tras esto es que el aire nuevo proveniente del exterior estará menos cargado de humedad que del interior, que nosotros mismos, con nuestra respiración y transpiración, habremos contribuído a saturar de humedad. La ventilación es una de las armas de los refugios de pared única contra la condensación pero tiene la pega de que, al haber un único espacio interior, toda ventilación va a tener que cruzarlo; en una palabra, tendremos la corriente de aire danzando entre nuestros sacos. Como consecuencia, los refugios de pared única que acuden a la ventilación, suelen resultar menos "calientes". Es muy importante la colocación de los orificios de ventilación y esto depende del uso esperado del refugio. En un diseño para ambientes cálidos y/o protegidos (bosque, por ejemplo), se puede maximizar la superficie abierta para ventilación y extenderla a, por ejemplo, todo el perímetro. En refugios pensados para ambientes más exigentes (frío intenso, zonas expuestas), los orificios de ventilación tendrán que ser más pequeños y protegidos; típicamente, se intenta favorecer el efecto chimenea que el propio aire crea dada su propiedad de que el aire caliente pesa menos que el aire frío, colocando los orificios de forma que se posibilite la renovación progresiva y no traumática de aire interior, cálido (al menos, en relación al de fuera) y saturado de humedad por aire proveniente del exterior, más frío y seco. Insisto en que esto es un tema muy complicado (que aplica también a los diseños en doble pared), ya que el aire frío podrá estar más seco pero también admite menos humedad (esta es otra propiedad del aire: cuanto más caliente está, más humedad disuelta admite sin condensar), con lo cual el efecto de renovación del aire es, en parte, contraproducente, pero suele merecer la pena dada la gran cantidad de humedad que emana nuestro cuerpo (se suele hablar de casi medio litro por noche).
Otra estrategia contra la condensación es la utilización de materiales impermeable-transpirables para la pared única. Esto ayuda a disipar la humedad interior gracias al efecto chimenea mencionado en el caso de la ventilación, sólo que ahora, aparte de (o además de) un orificio situado en alto que posibilite la escapa del aire caliente ascendente, dicho aire puede también atravesar el material. Obviamente, dicho material debe seguir siendo impermeable para protegernos de la humedad que venga del exterior.
Finalmente, queda la estrategia del sobredimensionamiento: hacer los refugios de pared única más grandes. Esto ayuda a evitar la condensación ya que, cuanto mayor sea el espacio interior, más cantidad de aire queda atrapada en su interior y más cantidad de aire habrá, por tanto, para acoger la humedad que generemos; y ayuda, también, a que podamos movernos dentro del refugio sin tocar las paredes, de forma que si se produce una consensación moderada (que no precipite y se mantenga en la lona en forma de delgada película), esto no suponga un gran problema. La sobredimensión tiene dos efectos laterales; uno, positivo: tenemos más espacio, lo cual resulta cómodo. otro, negativo: más material, más peso, lo cual enjuaga parcialmente la ventaja de ligereza de estos refugios.
Los refugios de pared única se utilizan tanto para situaciones benignas como extremas. En circunstancias exigentes, suelen ser refugios con armazón, completamente cerrados salvo por alguna apertura para ventilación, ajustados en espacio y, habitualmente, con un material impermeable y transpirable. Para condiciones menos difíciles, la táctica suele ser la contraria: una simple lona impermeable no transpirable, sin armazón, sobredimensionada y con ventilación generalizada. Muchas veces, incluso, sin suelo.
Las más clásicas configuraciones de tiendas de campaña suelen tener una doble pared: una lona exterior, impermeable y no transpirable, destinada a protegernos de los elementos (lluvia, viento...); y una pared interior, justo al revés, transpirable y no impermeable, cuya misión es servir de separación física con respecto a la lona y aislarnos de ella y su posible condensación.
En los refugios de doble pared, la posibilidad de condensación en la parte interior de la lona impermeable está tan presente como si el refugio fuera de pared única, con la diferencia de que ahora no la vamos a percibir desde dentro de la pared interior. Las estrategias para evitarla son las mismas que las expuestas arriba para los refugios de pared única pero con un matiz importante: la ventilación, sea vía flujos de aire exteriores o efecto chimenea, no tiene por qué entrar en nuestro espacio habitable. Un buen diseño de tienda de doble pared debe promover dicha ventilación en el espacio entre las dos paredes, de forma que se mitiga la condensación sin someter al ocupante a corrientes de aire frío. Como consecuencia, las tiendas de doble pared suelen ser más "calientes" que sus equivalentes mono-pared.
Como es de esperar, no son todo ventajas: los refugios de doble pared, para empezar, pesan más y son más complicados de montar y desmontar (aunque un buen diseño puede mitigar esto último). Además, ofrecen menos espacio útil que los de pared única y deben hilar muy fino en este aspecto ya que un intento de aprovechar al máximo el espacio, reduciendo el hueco entre las dos paredes, limita la posibilidad de ventilación y provoca el riesgo de contacto entre ambas paredes en condiciones de viento o carga de nieve.
Por último, un pequeño detalle de consecuencias importantes: la presencia o no de un suelo.
¿Una tienda sin suelo? parece un poco marciano, ¿verdad?. No se trata, en realidad, de prescindir necesariamente de un suelo sino de independizar este del resto del conjunto. Esto no tiene mucho sentido en refugios de geometría fija, que sólo se pueden montar de una cierta forma, pero es un arma clave para los diseños de geometría variable. De hecho, es fundamental: la forma de hacer la geometría variable es pudiendo variar el área del refugio, para lo que se necesita que el suelo, si existe, esté separado de las paredes.
La geometría variable se aplica básicamente en los refugios sin armazón fijo y es una de sus bazas para hacer frente a las circunstancias difíciles. Como ya se apuntaba en el apartado específico de descripción de este tipo de refugios, se trata de montar el refugio según los elementos a batir: si hace viento, se coloca con un perfil bajo; si llueve sin viento, se monta de forma que ocupe la mayor área posible y se eleva sobre el suelo para admitir ventilación y evitar condensación; si llueve con viento, se ajusta al suelo en uno, dos o hasta tres lados, dejando abierta la zona de sotavento para ventilar; si no hay espacio suficiente, se puede alojar dentro del refugio plantas o rocas circundantes... las posibilidades son variadas.
Conclusiones
La ortodoxia nos dirige a las tiendas de doble pared con diseño en cúpula. Es, con mucho, lo más popular y habitual. No es una mala opción: contando con que el diseño sea bueno, ofrecen aceptable espacio interior en relación a su peso, buena protección ante la lluvia y excelente estabilidad ante el viento, es un diseño muy sólido en el que las dos varillas de rigor se soportan mútuamente y trabajan juntas para formar un conjunto sólido. Pero, personalmente, encuentro que aún son excesivamente pesadas para el uso que pretendo darles en la mayoría de las ocasiones y eso me ha hecho probar otras posibilidades.
Acutalmente, utilizo una lona simple sin armazón y sin suelo. Está fabricada en silnylon con lo que resulta muy ligera, casi etérea, pero es resistente y antidesgarro, amén de perfectamente impermeable. Empleo los bastones para sostenerla, si los llevo o, en su defecto, ramas caídas o el propio troncon de algún árbol. La lona está convenientemente sobredimensionada de forma que resulta un palacio para una sola persona, aloja con solvencia a dos y, en una emergencia, a tres y hasta cuatro personas (aunque esto depende bastante de las condiciones; si éstas dictan un perfil bajo o un área reducia, pueden no caber más de dos con garantías).
Resulta raro, al principio, lanzarse ahí fuera con ese pequeño paquetito como toda protección ante lo que pueda caer pero tras unos cuantos episodios de tiempo realmente malo no puedo estar más convencido de su eficacia y casi puedo afirmar que jamás me sentí más seguro. Como aquella noche en que el viento empezó a soplar; acorté la longitud de los bastones, reajusté la tensión y me volví a dormir mientras el viento se deslizaba por encima de mi lona casi sin tocarla.
El suelo va aparte. Utilizo, habitualmente, una simple lámina de plástico: es ligera, perfectamente impermeable, escandalosamente barata y la puedo cortar al tamaño que me plazca.
Una de las limitaciones de este tipo de refugio es que cobra importancia la localización y orientación. Esto no es del todo malo: en cierto modo, nos hace ser más conscientes de lo que nos rodea y de las condiciones a las que nos enfrentamos. Ya no se trata de levantar el búnker, meterse dentro y olvidarse de lo que quede fuera, hay que considerar hacia dónde sopla el viento o si el terreno del emplazamiento está bien drenado. Este último es un aspecto interesante: uno estaría tentado de pensar que, si llueve, en un refugio de este tipo acabaríamos con un río corriendo bajo el saco; no es así... si lo hacemos bien. Se trata, simplemente, de elegir un emplazamiento donde el agua no se pueda acumular (prohibido cubetas) y donde se filtre convenientemente (huír de terrenos compactados). El sobredimensionamiento de la lona da cuenta de las posibles salpicaduras. Así, he visto caer a mi alrededor unos cuantos pequeños diluvios sin que una sola gota se me acerque y, lo que es más, dejando, a la mañana siguiente, un espacio seco donde mi lona estaba cubriendo.
Finalmente, y en un plano más psicológico que funcional pero no por ello menos importante, ya no me siento necesariamente desconectado del mundo exterior, de ese medio ambiente que he ido a visitar, cuando llega la noche. Puedo estar bajo un refugio que me protege de lluvia, frío (un poco) o viento pero no dejo de percibir lo que me rodea. Si abro los ojos, me siento envuelto en las penumbras de la noche (que no necesariamente en la oscuridad) y, si alargo un poco el cuello, veo las estrellas, la luna o las nubes que haya, según corresponda. Es decir, mi refugio me protege pero me permite aún sentir esa conexión con el mundo natural que tan especial resulta y ya me siento un poco menos un extraño y un poco más un ser más de los que en ese momento descansan mientras otros muchos están activos. Esto da a la noche una dimensión completamente nueva y especial.
Epílogo
Como es habitual, no hay herramienta perfecta, cada situación se cubre mejor con una u otra y suele ser necesario asumir compromisos. Cuando menos, me gustaría llamar a la reflexión, también en el campo de los refugios portables y haber contribuído a desmontar algunos tópicos.