Viajar
a Pie |
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Modularidad y multifunción
Dos aspectos fundamentales de la técnica del senderismo de largo recorrido (pero, como todo, aplicables siempre). Contar con elementos modulares y multifuncionales hará nuestro equipo más ligero y más simple; siempre, sin perder funcionalidad. Insisto: no vale reducir peso o complejidad a costa de perder funciones. Hay que rascar por otros sitios.
Aplicados a la ropa, estos conceptos constituyen el conocido caso de la vestimenta por capas. Esto ya lo conoce, acepta y, en buena medida, practica todo el mundo. Se trata, básicamente, de ir añadiendo o quitando capas de ropa según varían las condiciones (ambientales, nivel de actividad...), de forma que no tenemos una ropa para caminar y otra (diferente) para reposar; no hay un juego de ropa para tiempo cálido y otro para tiempo frío. Es siempre la misma ropa; simplemente, nos ponemos más o menos. Cuando las condiciones sean las peores esperables, deberíamos llevar puesto **todo** lo que tenemos y estar confortables. Si no lo estamos, nos falta algo. Si algo sobra, significa que debemos revisar nuestro planteamiento global.
Capas por todos los sitios
El planteamiento de las capas, como digo, está ya universalmente aceptado aunque hay voces que objetan contra él y tratan de evitarlo a causa de la incomodidad que supone tener que estar reajustando lo que se lleva puesto según varían las condiciones y el nivel de actividad. Muy loable pero no muy práctico salvo en situaciones muy concretas. Un poco más allá y estamos, probablemente, tentando a la suerte.
Es casi, y hago aquí una pequeña digresión, un tema más comercial que práctico: intentan vendernos nuevos productos apoyándose en el “vale para todo” cuando, hace dos días, se apoyaban en lo contrario para colarnos el tema de “las capas” y vendernos material especializado. Tan ridículo es pensar que ciertas prendas, por seguir con el ejemplo de la ropa, valen de verdad para todo (frío y calor; lluvia, nieve y sol...) y ya no vamos a tener que quitar y poner capas nunca más como lo es pensar que son un bodrio que no sirve para nada. Todo, o casi todo, tiene su sitio, su momento y sus puntos fuertes y débiles. Una prenda polivalente no va a sustituir a tres especializadas siempre pero a veces sí. Lo de que quien mucho abarca, poco aprieta, suele cumplirse pero para una salida corta con tiempo atmosférico predecible puede ser suficiente. Lo de quitar y poner capas puede ser muy útil pero es cierto que no deja de ser un engorro y, si se puede evitar, mejor. Como siempre, sin comprometer funcionalidad. Eso es lo más importante.
Hecha la
digresión, vuelvo a las capas. En una salida larga (días, semanas,
meses...) las capas son el camino. Es la mejor forma de estar preparado para
hacer frente a todas las condiciones posibles (y, en el transcurso de semanas
o meses, nos encontraremos con todas las condiciones posibles) con garantías
y manteniendo el peso a nuestra espalda en límites razonables. Ahora
bien, y retomo el hilo principal con el que iniciaba este apartado, las teoría
de capas va mucho más allá del conocido caso de la ropa con la
que cubrimos el tronco; tiene sentido para otros muchos elementos: protección
de manos, cabeza y pies; refugio; saco de dormir. O, casi mejor, hablamos de
un sistema integrado para pasar la noche confortablemente.
El caso de cabeza, manos y pies es bastante obvio y similar a la ropa del torso
o piernas: en lugar de llevar un único par de guantes gruesos y pesados,
aptos para las peores condiciones que pensamos encontrar (y, por tanto, teóricamente
necesarios) pero sobredimensionados para la mayor parte del tiempo, es más
lógico y funcional un pequeño sistema de capas para nuestras manos.
Dos o tres capas debieran servir para lo más crudo del invierno en nuestras
latitudes: un par de guantes ligeros y finos, casi una segunda piel; otro par
grueso, con alta capacidad aislante; y, por fin, una capa impermeable destinada
al exterior para combatir el viento y la humedad.
Similarmente,
para los pies se puede aplicar la misma idea, con unos calcetines finos que
se adapten al pie “como un guante”, valga la paradoja, y sirvan
para proporcionar aislamiento adicional y protección contra el roce de
unos calcetines húmedos y distendidos, situación habitual cuando
permanecen mojados durante días y que provoca en los calcetines mejor
ajustados arrugas que suelen acabar en rozaduras e incluso ampollas en los pies
más curtidos.
Quizá el aspecto más creativo y desconocido de la aplicación
del sistema de capas venga con el sistema integrado para acampar. Tiene mucho
sentido; al fin y al cabo, acampar y dormir (pasar la noche) suelen ser coetáneos
inseparables y tiene todo el sentido del mundo elegir las piezas de material
que constituyen nuestro refugio en función de las que constituyen nuestro
aislamiento nocturno, y viceversa. Es decir, elegiremos el saco de dormir en
función de la tienda, lona o funda de vivac que vayamos a utilizar, y,
de nuevo, viceversa. También la colchoneta aislante o grupo de ellas
condicionan el resto de elementos, así como si usamos o no un saco sábana
que, aparte de ayudarnos a mantener limpio y funcional el saco aislante, nos
aporta algún que otro grado adicional. Es decir, de nuevo, nuestro leit
motiv se repite: nada funciona (bien o mal) por sí solo y sólo
un planteamiento global nos dará como resultado un equipo que funciona
y que pesa y ocupa lo mínimo posible.