Viajar
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Decálogo
de esenciales
La lista por excelencia.
Esas cosas que nunca, jamás, en ningún caso debieran faltar.
Advertencia 1: no hay
que ser demasiado cuadriculado de mente. Hay veces que, en verdad, podemos
prescindir hasta de lo considerado como esencial, no hay que exagerar y llevarse
el botiquín a un paseo por el parque. El sentido común debe
guiar, al final, las decisiones.
Advertencia 2: los esenciales
dependen absolutamente de la actividad que se va a realizar y de las condiciones
posibles. Trabajaremos sobre un supuesto.
Advertencia 3: esto es
sólo una guía. Es muy genérica. Cada uno debe adaptarlo
a sus circunstancias.
Supuesto de trabajo:
recorrido por terreno de montaña, siempre en senderos. Duración
de varios días. Época: benigna (verano; o primavera/otoño
suaves, lo que se suele denominar “3 estaciones”). Terreno total
o parcialmente desconocido.
-
“Refugio”
es un término genérico. Se refiere a algo que nos permita
guarecernos de los elementos, si los hay, durante la noche (e incluso el
día, llegado el caso). Puede ser tanto una tienda como una funda
de vivac como una lona impermeable… puede ser simplemente una lámina
de plástico o un poncho con puntos de anclaje. Incluso una manta
de supervivencia podría considerarse dentro de esta categoría.
La elección del más adecuado dependerá de circunstancias
como:
va a ser nuestro refugio principal o va a ser sólo de emergencia
(esto es, pensamos pernoctar bajo techo, en circunstancias normales).
uso pretendido: pensamos usarlo en zonas altas/expuestas o en zonas abrigadas.
previsión del tiempo. Sólo útil a corto plazo y, en
montaña, casi ni eso; conviene ir preparado para lo peor, a veces
ocurre.
características locales del terreno que se va a recorrer y de su
clima según época del año.
-
Hay
que evaluar la temperatura media que se deberá poder soportar durante
la noche, dependiendo de circunstancias (muy importante: dónde se
piensa dormir) y prepararse para sorpresas. No necesariamente implica esto
llevar un saco más grueso.
-
Evaluar
cuidadosamente las necesidades y llevar siempre algo extra. Podemos estar
hasta días sin comer y no nos pasa nada grave pero no es agradable.
El agua es mucho más crucial.
-
Elegir
el tipo de hornillo y combustible según el uso pretendido. Cuidar
de que la cantidad de combustible sea lo más ajustada posible, con
un margen. Se puede prescindir de estos elementos a base de elegir comidas
que no requieran cocinar pero es muy discutible que esto redunde en ahorro
de peso.
-
Prever
el peor tiempo razonablemente posible. Vestir en capas y considerar toda
la ropa globalmente, como un sistema que funciona conjuntado, ninguna pieza
tiene sentido por sí sola, sólo como parte de un conjunto.
Deberemos prepararnos para combatir el calor, el frío, la lluvia
y, en general, cualquier tipo de tiempo ya que a lo largo de varios días
cualquier cosa puede suceder.
-
Fundamental
y a veces increíblemente ignorado. No importa cuánto se conozca
el terreno.
-
Tan
fundamental como el mapa y más veces aún (y más increíblemente
aún) ignorada. Atención: no basta con llevarla; hay que dominar
su uso (para lo cual no basta con saber que apunta al norte).
-
Puede
ser muy simple si no pretendemos realizar actividad nocturna.
-
Absolutamente
imprescindible. Increíblemente relegado con demasiada y preocupante
frecuencia. Fastidia llevar algo que “no vamos a usar” pero
si alguna vez hace falta (y, tarde o temprano, pasa), lamentaremos no tenerlo.
Atención: la decisión de qué llevar y en qué
cantidades dentro de un botiquín es una extensa discusión
que tendrá su lugar; no aquí. Eso sí, fundamental:
hay que saber usar todo lo que se lleva. De nada sirve llevar algo que no
se sabe cómo usar.
- Ver punto 2.
-
Teléfono,
GPS y demás cacharros electrónicos pueden ser más o
menos útiles según circunstancias pero hay que tener mucho
cuidado con ellos: pueden producir una falsa sensación de seguridad.
Lo que nunca debe suceder es que estos elementos sustituyan a los esenciales.
Como mucho, los pueden complementar pero nunca sustituir. Un GPS no es sustituto
del mapa, jamás; ni siquiera de la brújula. El teléfono
puede sacarnos de un apuro pero no hay que olvidar que es muy posible que
no funcione en las montañas; es decir, no podemos basar nuestra seguridad
en él. En resumen: la electrónica y los gadgets están
muy bien pero jamás deben sustituir al sentido común. Y, estrictamente
hablando, no son esenciales.
-
Parece
muy obvio pero, insisto en lo de siempre: la falta de un análisis
detallado de lo que se lleva y del porqué de cada cosa provoca que,
quizá sin darnos cuenta, estemos llevando elementos redundantes.
Esto merece un desarrollo aparte que tendrá en su momento.
-
¿Otra
obviedad? Ni mucho menos. El inmovilismo y el pensar que “eso no pesa
nada” (ver punto 7) nos hace llevar ciertas cosas en sus envases originales
(ver punto 5 también) que, normalmente, contienen mucho más
de lo que vamos a necesitar. ¿Por qué llevar el tubo completo
de protección solar para un día? porque ¿no pesa nada?
insisto, ver punto 7. Hay multitud de elementos de los que podemos llevar
sólo una pequeña cantidad.
-
Íntimamente
relacionado con el punto anterior. A veces, un cierto tipo de embalaje tiene
sentido para que un producto llegue en buen estado al consumidor pero resulta
exagerado para llevar encima. De nuevo la filosofía del “para
qué lo voy a tocar si, total, eso no pesa nada”
hace estragos aquí. Mucha gente se sorprendería de lo que
se puede conseguir, a nivel de peso y volumen, suprimiendo envases y embalajes
superfluos.
-
Típica
actitud de la mamá que manda al hijo al monte y le llena la mochila
de “por-si-acasos”, actitud que muchas veces reproducimos en
nosotros mismos. El “por-si-acaso” irreflexivo suele no funcionar.
A veces, acertaremos y, a veces, no. Conviene dedicarle un rato a pesar
y hacer un análisis global de todo lo que llevamos y cómo
combina para ofrecer la máxima funcionalidad y no caer en el “lo
echo todo y ya está”.
-
El punto estrella, porque casi todos acaban referidos a él. Suelo
decir que una mochila pesada está llena de cosas que “no pesan
nada”, y es cierto. Por separado, nada parece pesar mucho (salvo elementos
inevitablemente pesados, pero que son los menos). Sin embargo, tras un llenado
irreflexivo, una mochila aparece inevitablemente sobrecargada. Muchas veces,
nos llevamos la desagradable sorpresa cuando la cogemos y pensamos “pero
¡si no he echado nada de más!”. Error. Si la mochila
pesa más de lo debido es, sin duda, porque hemos echado cosas de
más. Es muy importante considerar que *todo* pesa y todo suma; y
que la suma de muchas cosas pequeñas da una grande. Parece insultantemente
obvio pero es, casi siempre, la respuesta a esa pregunta de por qué
me pesa tanto la mochila “si no he echado nada…”
Consideraciones
finales
Esta discusión
pretende ser orientativa y en ningún caso un libro sagrado. Cada cual
debe adaptarla a su estilo, nivel y tipo de actividad y pretende mostrar más
una filosofía que una lista real. Quiero hacer hincapié en que
lo más importante, como en tantas cosas en la vida, es utilizar el
sentido común: pararse a pensar las cosas, analizar los problemas y
buscar soluciones. Eso y la experiencia que da hacerlo a lo largo del tiempo
es la clave para lograr una reducción de peso y volumen considerable
sin disminuir prestaciones, por un lado, y, por otro, más importante,
si cabe, asegurarnos de que llevaremos siempre lo que necesitamos (pero ¡sólo
lo que necesitamos!).
Por si alguien lo duda,
los efectos de aplicar esta filosofía son demoledores. No es ninguna
paja mental ni una obsesión tonta: funciona. Probadlo.