Glacier Peak desde Liberty Cap, Northern Cascades
Viajar a Pie

 

Decálogo de esenciales

La lista por excelencia. Esas cosas que nunca, jamás, en ningún caso debieran faltar.

Advertencia 1: no hay que ser demasiado cuadriculado de mente. Hay veces que, en verdad, podemos prescindir hasta de lo considerado como esencial, no hay que exagerar y llevarse el botiquín a un paseo por el parque. El sentido común debe guiar, al final, las decisiones.

Advertencia 2: los esenciales dependen absolutamente de la actividad que se va a realizar y de las condiciones posibles. Trabajaremos sobre un supuesto.

Advertencia 3: esto es sólo una guía. Es muy genérica. Cada uno debe adaptarlo a sus circunstancias.

Supuesto de trabajo: recorrido por terreno de montaña, siempre en senderos. Duración de varios días. Época: benigna (verano; o primavera/otoño suaves, lo que se suele denominar “3 estaciones”). Terreno total o parcialmente desconocido.

  1. Refugio
  2. Saco de dormir
  3. Comida y agua
  4. Hornillo y combustible
  5. Ropa
  6. Mapa
  7. Brújula
  8. Iluminación
  9. Botiquín

Comentarios:

  1. “Refugio” es un término genérico. Se refiere a algo que nos permita guarecernos de los elementos, si los hay, durante la noche (e incluso el día, llegado el caso). Puede ser tanto una tienda como una funda de vivac como una lona impermeable… puede ser simplemente una lámina de plástico o un poncho con puntos de anclaje. Incluso una manta de supervivencia podría considerarse dentro de esta categoría. La elección del más adecuado dependerá de circunstancias como:
    va a ser nuestro refugio principal o va a ser sólo de emergencia (esto es, pensamos pernoctar bajo techo, en circunstancias normales).
    uso pretendido: pensamos usarlo en zonas altas/expuestas o en zonas abrigadas.
    previsión del tiempo. Sólo útil a corto plazo y, en montaña, casi ni eso; conviene ir preparado para lo peor, a veces ocurre.
    características locales del terreno que se va a recorrer y de su clima según época del año.
  2. Hay que evaluar la temperatura media que se deberá poder soportar durante la noche, dependiendo de circunstancias (muy importante: dónde se piensa dormir) y prepararse para sorpresas. No necesariamente implica esto llevar un saco más grueso.
  3. Evaluar cuidadosamente las necesidades y llevar siempre algo extra. Podemos estar hasta días sin comer y no nos pasa nada grave pero no es agradable. El agua es mucho más crucial.
  4. Elegir el tipo de hornillo y combustible según el uso pretendido. Cuidar de que la cantidad de combustible sea lo más ajustada posible, con un margen. Se puede prescindir de estos elementos a base de elegir comidas que no requieran cocinar pero es muy discutible que esto redunde en ahorro de peso.
  5. Prever el peor tiempo razonablemente posible. Vestir en capas y considerar toda la ropa globalmente, como un sistema que funciona conjuntado, ninguna pieza tiene sentido por sí sola, sólo como parte de un conjunto. Deberemos prepararnos para combatir el calor, el frío, la lluvia y, en general, cualquier tipo de tiempo ya que a lo largo de varios días cualquier cosa puede suceder.
  6. Fundamental y a veces increíblemente ignorado. No importa cuánto se conozca el terreno.
  7. Tan fundamental como el mapa y más veces aún (y más increíblemente aún) ignorada. Atención: no basta con llevarla; hay que dominar su uso (para lo cual no basta con saber que apunta al norte).
  8. Puede ser muy simple si no pretendemos realizar actividad nocturna.
  9. Absolutamente imprescindible. Increíblemente relegado con demasiada y preocupante frecuencia. Fastidia llevar algo que “no vamos a usar” pero si alguna vez hace falta (y, tarde o temprano, pasa), lamentaremos no tenerlo. Atención: la decisión de qué llevar y en qué cantidades dentro de un botiquín es una extensa discusión que tendrá su lugar; no aquí. Eso sí, fundamental: hay que saber usar todo lo que se lleva. De nada sirve llevar algo que no se sabe cómo usar.

Todo esto está muy bien pero, a veces, es tanto o más ilustrativo comentar lo que no es imprescindible llevar. Omito lo obvio y procuro señalar aquellas cosas/conceptos que se tienen por cuasi-esenciales cuando, en realidad, no lo son:

  1. Teléfono.
  2. GPS.
  3. Elementos repetidos.
  4. Cantidades superiores a lo que se va a usar (más el margen de seguridad).
  5. Envases, embalajes y envoltorios superfluos.
  6. El “por si acaso”.
  7. El “porque no pesa nada”.

Comentarios:

  1. Ver punto 2.
  2. Teléfono, GPS y demás cacharros electrónicos pueden ser más o menos útiles según circunstancias pero hay que tener mucho cuidado con ellos: pueden producir una falsa sensación de seguridad. Lo que nunca debe suceder es que estos elementos sustituyan a los esenciales. Como mucho, los pueden complementar pero nunca sustituir. Un GPS no es sustituto del mapa, jamás; ni siquiera de la brújula. El teléfono puede sacarnos de un apuro pero no hay que olvidar que es muy posible que no funcione en las montañas; es decir, no podemos basar nuestra seguridad en él. En resumen: la electrónica y los gadgets están muy bien pero jamás deben sustituir al sentido común. Y, estrictamente hablando, no son esenciales.
  3. Parece muy obvio pero, insisto en lo de siempre: la falta de un análisis detallado de lo que se lleva y del porqué de cada cosa provoca que, quizá sin darnos cuenta, estemos llevando elementos redundantes. Esto merece un desarrollo aparte que tendrá en su momento.
  4. ¿Otra obviedad? Ni mucho menos. El inmovilismo y el pensar que “eso no pesa nada” (ver punto 7) nos hace llevar ciertas cosas en sus envases originales (ver punto 5 también) que, normalmente, contienen mucho más de lo que vamos a necesitar. ¿Por qué llevar el tubo completo de protección solar para un día? porque ¿no pesa nada? insisto, ver punto 7. Hay multitud de elementos de los que podemos llevar sólo una pequeña cantidad.
  5. Íntimamente relacionado con el punto anterior. A veces, un cierto tipo de embalaje tiene sentido para que un producto llegue en buen estado al consumidor pero resulta exagerado para llevar encima. De nuevo la filosofía del “para qué lo voy a tocar si, total, eso no pesa nada” hace estragos aquí. Mucha gente se sorprendería de lo que se puede conseguir, a nivel de peso y volumen, suprimiendo envases y embalajes superfluos.
  6. Típica actitud de la mamá que manda al hijo al monte y le llena la mochila de “por-si-acasos”, actitud que muchas veces reproducimos en nosotros mismos. El “por-si-acaso” irreflexivo suele no funcionar. A veces, acertaremos y, a veces, no. Conviene dedicarle un rato a pesar y hacer un análisis global de todo lo que llevamos y cómo combina para ofrecer la máxima funcionalidad y no caer en el “lo echo todo y ya está”.
  7. El punto estrella, porque casi todos acaban referidos a él. Suelo decir que una mochila pesada está llena de cosas que “no pesan nada”, y es cierto. Por separado, nada parece pesar mucho (salvo elementos inevitablemente pesados, pero que son los menos). Sin embargo, tras un llenado irreflexivo, una mochila aparece inevitablemente sobrecargada. Muchas veces, nos llevamos la desagradable sorpresa cuando la cogemos y pensamos “pero ¡si no he echado nada de más!”. Error. Si la mochila pesa más de lo debido es, sin duda, porque hemos echado cosas de más. Es muy importante considerar que *todo* pesa y todo suma; y que la suma de muchas cosas pequeñas da una grande. Parece insultantemente obvio pero es, casi siempre, la respuesta a esa pregunta de por qué me pesa tanto la mochila “si no he echado nada…”

Consideraciones finales

Esta discusión pretende ser orientativa y en ningún caso un libro sagrado. Cada cual debe adaptarla a su estilo, nivel y tipo de actividad y pretende mostrar más una filosofía que una lista real. Quiero hacer hincapié en que lo más importante, como en tantas cosas en la vida, es utilizar el sentido común: pararse a pensar las cosas, analizar los problemas y buscar soluciones. Eso y la experiencia que da hacerlo a lo largo del tiempo es la clave para lograr una reducción de peso y volumen considerable sin disminuir prestaciones, por un lado, y, por otro, más importante, si cabe, asegurarnos de que llevaremos siempre lo que necesitamos (pero ¡sólo lo que necesitamos!).

Por si alguien lo duda, los efectos de aplicar esta filosofía son demoledores. No es ninguna paja mental ni una obsesión tonta: funciona. Probadlo.