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Yellowstone

Valle Hayden y río Yellowstone

El parque nacional de Yellowstone es un lugar muy especial. Fue, allá por el final del siglo XIX, el primer lugar del mundo que ostentó dicho título. En pleno corazón de las montañas Rocosas, su singularidad radicaba, por entonces, en esa bolsa de magma inusualmente próxima a la superficie que provocaba, al igual que lo sigue haciendo hoy en día, una de las mayores concentraciones de fenómemos geotérmicos de todo el planeta.

Esta declaración como zona protegida contribuyó a convertir Yellowstone en una isla de fauna donde búfalos, osos, grandes cérvidos y otros muchos animales tan amenazados por la presión humana se encuentran más o menos a salvo.

Estas dos circunstancias, fauna y actividad geotermal, han dado a Yellowstone fama mundial y han contribuído a convertirlo en destino turístico de primer orden, redondeando esa paradoja tan habitual en nuestro mundo civilizado según la que contribuímos a destruir aquello que queremos proteger. Yellowstone es parque nacional y es también, para mucha gente, parque temático, zoo al aire libre y centro comercial. Es, asímismo, la puerta a la naturaleza para tantos seres humanos tan urbanizados que han olvidado que este y otros sitios como este fueron una vez su hogar, aunque me temo que pueda más aquel sentimiento que este.

Nosotros llegamos a Yellowstone atraídos por sus singularidades, advertidos contra sus masificaciones y alentados por el hecho de que la inmensa mayoría de sus visitantes no se alejan más que unas decenas de metros de las carreteras y que, más allá, nos aguarda todo un mundo de nuevas experiencias. Por supuesto, a pie.

Búfalos en el valle Hayden

Logística en Yellowstone

Antes de nada, una serie de consideraciones importantes a la hora de planear una estancia en Yellowstone:

al más puro estilo americano, Yellowstone es gigantesco (para una escala europea). El parque está situado en pleno corazón de las Rocosas, aunque no en una zona particularmente escarpada o que cuente con picos notables. Su altitud media, eso sí, es muy elevada y los inviernos son muy duros y largos. No hay poblaciones en el interior del parque, aunque sí en la periferia y no hay ninguna ciudad importante que esté ni medio cerca.
La carretera que surca el parque forma una especie de 8 y es accesible desde los 4 puntos cardinales más un quinto al noreste.
Dentro del parque, existen unos cuantos centros neurálgicos que suelen consistir en un camping (estilo americano, por supuesto), una zona comercial con restaurantes, tiendas de recuerdos, de alimentación y/o de todo-un-poco, centro de visitantes y, posiblemente, gasolinera y algún que otro alojamiento tipo hotelero.

El acceso al parque es gratis para las personas pero no para sus coches, por los que se paga una cantidad fija por semana de estancia. No hay transporte público dentro del parque, ni gratuito ni de pago (al menos, no lo había en 2001).

Durante el verano, los alojamientos están muy solicitados, incluso los campings. Conviene reservar con antelación (de nuevo, situación en 2001), algo a lo que nosotros habíamos conscientemente renunciado para evitar encorsetar demasiado nuestro viaje. Ni siquiera sabíamos muy bien qué nos íbamos a encontrar, en realidad.

Yellowstone es famoso por las aglomeraciones de gente pero no es tan conocido el hecho de que la inmensa mayoría de esta gente apenas se separa de la carretera lo imprescindible para un pequeño paseo. Más allá de las carreteras, cientos de kms. de senderos pueden llegar a ofrecer lo que para el ojo europeo es soledad abrumadora.

Dado lo aislado del lugar (con respecto, al menos, a centros importantes de población), la ausencia de transporte público para llegar allí, la misma ausencia una vez dentro del parque y las enormes distancias (tanto para llegar como una vez allí), es complicado o, cuando menos, poco práctico no disponer de transporte propio.

El acceso a los senderos está regulado pero no en el propio sendero sino en la pernocta. No hay limitación para las excursiones de un día, salvo los cierres ocasionales por incendios o actividad de la vida salvaje, sucesos no del todo inhabituales, por otra parte. Para gente como nosotros, el gran atractivo de Yellowstone está en las rutas de varios días y todo lo que implican y ahí nos encontramos con las regulaciones: la pernocta sólo se puede realizar en las zonas de acampada designadas, con un cupo de gente establecido en cada zona; cuando se llena, no hay sitio para nadie más.

Lo de la zona de acampada no significa que haya ningún servicio; de hecho, no los hay, aparte de unos pocos detalles que comento más adelante. La medida es controvertida y discutida por muchos. Yo creo que, más que por especificar dónde hay que pernoctar, que no creo que sea tan importante, es más bien una forma de controlar el número de personas a las que se permite transitar por una determinada zona al tiempo.

Como el parque es muy grande y variado, no es difícil llegar allí y encontrar sitio en muchas de las rutas menos populares (que no necesariamente menos atractivas) pero sí es habitual encontrar cupos completos en las rutas / zonas de acampada más habituales. Es posible reservar espacio con antelación en algunas zonas (de nuevo, situación en 2001) pero no lo hicimos por lo ya comentado.

En Yelowstone, no hay ninguna ruta de largo recorrido establecida y señalizada como tal; los senderos están ahí y uno se monta su propia ruta, a lo largo de un solo sendero o combinando varios. La única condición es que la pernocta nocturna debe realizarse en uno de los puntos establecidos. A la hora de diseñar una ruta, es necesario obtener un permiso. El proceso consiste en acudir a los rangers, bien físicamente, al llegar al parque, o por cualquier medio remoto (teléfono, e-mail...) con antelación (máximo de 48 h.) para realizar la pertinente solicitud. Los rangers gestionan la disponibilidad de espacio en las zonas de acampada y, si lo hay, emiten el correspondiente permiso, en el que se especifica el recorrido solicitado y las zonas de acampada que van a ser utilizadas, con fechas concretas. Es imprescindible, a la hora de recorrer la ruta, ceñirse al plan. Al menos, en la teoría.

La designación de zonas de acampada no persigue el objetivo de ofrecer servicios a los campistas. En América, valga el inciso, la gente valora mucho el contacto con la naturaleza y se aprecia mucho el ser autosuficiente y portar todo lo que se necesite para el tiempo que uno se pase ahí fuera. Es, además, práctica muy habitual, a todos los niveles, desde el aguerrido senderista o montañero hasta la salida familiar. Prácticas casi inéditas para nosotros como hacer un fuego o pescar para la cena son allí algo de lo más normal. En este contexto, no tiene ningún sentido llenar el campo de infraestructuras, por básicas que sean.

Las zonas de acampada en Yellowstone se entienden más como una forma de limitar el acceso, sin restringirlo demasiado, de forma que los visitantes puedan seguir disfrutando del parque y de todo lo que fluye allí sin alterarlo o dañarlo. Parece un buen compromiso, aunque comprendo (y, en buena medida, comparto) el sentimiento restrictivo que esto causa en muchos. Estas zonas, no obstante, son muy abundantes, las hay cada pocos kms., a lo largo de los senderos, como forma de repartir a la gente y ofrecer amplias posibilidades a la hora de planificar rutas.

Otra de las razones de ser de las zonas de acampada es ofrecer ciertas facilidades para afrontar con más garantías la protección de la comida frente a los osos. Al igual que en la Sierra Nevada, estos maravillosos animales viven, y comen, en este entorno y la comida de los humanos les gusta mucho, con el agravante de que, en Yellowstone, hay también osos Grizzlies, o pardos, más grandes, agresivos e impredecibles que los de la variedad americana, también presentes.

En Yellowstone y, en general, en las Rocosas, donde los centros de población son mucho más lejanos y dispersos que en la Sierra californiana, la presencia humana es también menos intensa con lo que los osos no están tan habituados a los humanos (y su comida) y el problema no ha alcanzado las dimensiones que lo ha hecho en California; no obstante y, entre otras cosas, como medio de que esto no pase, sigue siendo clave proteger la comida de un posible robo. Como comento en el capítulo correspondiente al John Muir Trail, estamos realmente protegiendo a los propios osos.

Es aquí donde las zonas de acampada juegan un papel importante como medio de enfatizar unas normas que todo el mundo debiera seguir: separar la zona de pernocta de aquella donde preparamos y consumimos la comida, al menos 30 m., y colgar la comida durante la noche de una rama de árbol que permita al bulto estar a no menos de 3 m. de altura y alrededor de 2 m. del tronco. Si pensáis un poco en lo que suponen estas dimensiones, veréis que no es tan fácil encontrar un árbol y rama adecuados. Esto forma parte de la rutina habitual de campamento en territorio habitado por osos y no siempre se consigue un resultado del todo satisfactorio. Nosotros nunca hemos tenido encuentros nocturnos con osos ni hemos perdido comida en sus manos pero debo decir que no todos nuestros "cuelgues" de comida tenían pinta de ir a aguantar a un oso motivado. Es habitual, por esto, que donde hay zonas de acampada, se facilite esta tarea de alguna forma. En Yellowstone, lo más habitual es encontrar un larguero colocado a una buena altura (algo más de 3 m.) entre dos árboles o entre dos postes colocados al efecto, de forma que no hay que buscar más, esa es nuestra "rama" y de ahí es fácil colgar la comida. Tal que así:

Esto sí que es hacer el oso

La altura puede parecer exagerada pero un oso de pie es algo gigantesco. Son muy altos.

Aparte del larguero para colgar comida, las zonas de acampada suelen tener una pequeña zona despejada en el área "comedor", con algún tronco (o trozo de) dispuesto de forma que se pueda usar de asiento/mesa; más otra zona despejada de maleza en el área "dormitorio", para colocar la tienda. También suele haber (en Yellowstone, siempre la había) una letrina consistente en un simple, y gran, agujero en el suelo, coronado por una pequeña estructura de madera en forma de taza de water (para proveer una tapa y hacerlo parecerse un poco más a lo que estamos acostumbrados a usar). La razón básica es concentrar los desechos y concentrarlos bajo tierra, donde se descompondrán sin afectar a los cursos de agua. Al final de la temporada, los empleados del parque tapan el agujero y aquí no ha pasado nada. Abrirán otro al comienzo de la temporada siguiente.

Planificación

Como menciono arriba, en Yellowstone, la planificación de rutas senderistas de largo recorrido está restringida a la disponibilidad de espacio en las zonas de acampada delimitadas dado que está totalmente prohibida la acampada o pernocta fuera de ellas. Como es habitual, es una restricción que lamentamos, por una parte, pero aceptamos de buen grado, por otro. En general, y sin conocer la problemática del lugar, parece una normativa bastante razonable ya que permite, aún, disfrutar de este lugar al tiempo que, esperamos, lo preserva tal como es. Ese es el espíritu que debería guíar siempre la gestión de tráfico humano en estos lugares, espíritu tan obvio y tan malentendido y (¿malintencionadamente?) malinterpretado en tantas ocasiones. Demasiados "mal-" para cosa buena.

En su momento, decidimos que planificar ya desde casa y tiempo antes lo que iba a ser nuestra estancia en Yellowstone era demasiado arriesgado, más aún que dejarlo para el momento de nuestra llegada, con lo que nos limitamos a esbozar nuestra lista de intenciones e ideas, esperando poder llevarlas a cabo. Esto implicó un buen grado de tensión desde el momento en que cruzamos la puerta oeste del parque y nos detuvimos en la oficina de los Rangers hasta que, un buen rato y buen número de cábalas después, salimos de allí con nuestro reluciente permiso en la mano.

Finalmente, y dadas las dificultades logísticas, abandonamos nuestra intención de una larga ruta unidireccional y la cambiamos por una circular, pero también larga, en la zona que más nos había entusiasmado desde un principio, el cuadrante suroeste del parque. Esto era así atendiendo a que afrontábamos una ruta que aunaba prácticamente todos los atractivos singulares de Yellowstone. Contamos con la entusiasta colaboración de los Rangers, un peculiar cuerpo a medio camino entre policía, guardabosques, guías e intérpretes de naturaleza y, lo que es de agradecer, y siempre bajo nuestra limitada experiencia particular, siempre atentos y dispuestos a ayudar, con buen talante y comprensión. Concretamente, en el caso que nos ocupa, la persona que nos asistió en el diseño de nuestra ruta se implicó hasta el punto de pasarlo casi peor que nosotros a medida que descartábamos opciones por estar las zonas de acampada ya reservadas y nos ayudó mucho a la hora de sugerir alternativas. Al final, y ya con nuestra ruta diseñada y las reservas hechas, estaba casi tan feliz como nosotros y nos despidió con la cordialidad de un colega que acaba de servir de ayuda.

La historia, en breve, fue algo así: llegamos, por fin (dos días, con sus noches, de viaje ininterrumpido) a la puerta oeste de Yellowstone... somos conscientes de que venimos sin nada, sólo con una vaga idea de lo que queremos hacer. A los pocos metros, nos cruzamos con una casa de madera señalizada como puesto de rangers y no nos queda más remedio que admitir que ha llegado el temido momento de afrontar la obtención de un permiso para esa ruta perfecta que, por el momento, sólo es un deseo. Aparcamos y vamos para dentro.

Los rangers son, habitualmente, unos individuos joviales y amables, lo cual es de agradecer. Empezamos por poner ideas sobre la mesa delante del que nos atiende: ruta en el cuadrante sur-oeste... ¿lineal? tenéis que contratar un transporte que os devuelva al sitio de partida (nada obvio... desechamos esto, preferimos ser autónomos). Intentamos conjugar nuestra idea de un viaje largo, autónomo, con los atractivos que hacen de Yellowstone algo especial: actividad termal, fauna... adicionalmente, intentamos evitar las zonas quemadas en el 88. El cuadrante sur-oeste ofrece todo esto y más: uno de mayores lagos del parque, el de evocador nombre Shoshone y las espectaculares cascadas del río Bechler.

Tuvimos que dar muchas vueltas para encontrar un plan que cuadrara. Cuando ya parecía todo hecho, resultaba que la última noche era imposible porque la zona de acampada prevista estaba ocupada... así, tuvimos que dar bastantes "vueltas" (cambiar de sentido de marcha, empezar un día antes o después...) para encontrar, por fin, una combinación con luz verde, cosa que ¡conseguimos!. Al final, el plan quedó en una marcha lineo-circular, basada en una circunvalación del lago Shoshone y un recorrido lineal a lo largo del río Bechler.

El señor ranger, un anciano y canoso ranger que nos atendió en el proceso, se implicó tanto en el complejo proceso que acabó casi tan contento y aliviado como nosotros y nos dedicó un efusivo apretón de manos. Sólo le faltó darnos un abrazo (de oso). Era muy majo y nos cayó bien.

Ya tranquilos y con el permiso en la impresora, nos hizo sentarnos delante de una tele y nos pasó un vídeo qué-debo-y-qué-no-debo-hacer-cuando-camino-por-Yellowstone. La habitual dosis de moralina adoctrinante (es igual que el que nos mandaron a casa desde el Gran Cañón) mezclada con un par o tres de datos interesantes y bastante información útil, casi nada que no supiéramos ya, en realidad.

Contentos y aliviados, retomamos viaje para ahora enfrentarnos a la tarea de buscar sitio en algún camping... a ser posible, en el más cercano a la zona de nuestro interés, que esto es muy grande. Pasado mañana (tuvo que ser así), empezamos ruta.

La ruta: razonamiento

El cuadrante suroeste de Yellowstone comprende los perfiles suaves de las mesetas Madison y Pitchstone, como transición entre las cordilleras Galatin y Beartooth, al norte, en Montana, y la cordillera Teton, al sur, en territorio de Wyoming. El río Bechler discurre por una profunda muesca entre ambas mesetas para salir del parque en dirección a las llanuras de Idaho como parte de la gigantesca cuenca Sneak-Columbia.

¿Por qué una ruta que esquiva los relieves más extremos de Yellowstone? No es algo casual sino deliberado. Estamos acostumbrados a que naturaleza significa montañas pero en Norteamérica no es necesariamente así. Y los atractivos de un sitio como Yellowstone, esos que marcan la diferencia y que pueden justificar venir desde el otro lado del mundo, están en otros aspectos.

Buscamos una ruta que nos permita ser autónomos y permanecer fuera de contacto con la civilización, por supuesto (todo eso es fácil; inmediato, de hecho), pero que aúne, a su vez, ese valor añadido de este lugar: actividad termal, fauna... todo lo demás que podamos encontrar será un añadido bienvenido.

Nos acordamos de Islandia: presenciar fenómenos termales desde una pasarela de madera a 200 m. del autobús está muy bien, los geysers, las fumarolas o los charcos de barro hirviendo son iguales que en cualquier otro sitio pero, en la línea de cualquier otra cosa, en realidad (fauna, flora, rasgos geográficos...), no hay nada como encontrártelos en plena naturaleza, por casualidad o no, esperándolos de antemano o no, sabiendo qué vas a encontrar o... no. Disfrutarlos en soledad y sentirte un invitado de honor en el espectáculo de la naturaleza. En Yellowstone, no hace falta andar mucho para ver algunos de los fenómenos geotérmicos más espectaculares del planeta; de hecho, no hace falta andar nada; pero, a pesar de eso y de que nada de lo que veamos por ahí pueda, probablemente, igualar la magnitud de lo que ven todos los turistas, y porque nos acordamos de Islandia, elegimos una ruta donde podamos presenciar fenómenos termales. Sabemos que será especial.

Yellowstone ardió por todos los costados en 1988. No hubo forma de pararlo y extensiones enormes se quemaron. Hubo muchas lecciones aprendidas de aquel suceso y una de ellas ha sido la sorprendente capacidad de la naturaleza para regenerarse cuando se la deja en paz y el ambiente es propicio: 13 años después, un minibosque de retoños cubre las zonas quemadas. A pesar de esto, procuramos evitar circular por ellas, sigue siendo menos agradable que un bosque centenario. El cuadrante suroeste fue el menos afectado por aquellos incendios y a lo largo de los 8 días de ruta sólo cruzaremos un corto trozo. Los troncos quemados aún están de pie.

Por fin, un último factor: en su trayecto desde las altas mesetas de Yellowstone, el río Bechler pierde un desnivel considerable y se ayuda para ello de un buen número de espectaculares cascadas. No son las más grandes, ni siquiera de Yellowstone, pero son muchas y serán todas para nosotros.
En definitiva, la ruta queda como un mix circular-lineal; rodearemos el lago Shoshone (3 días de viaje; el lago es grande) para luego hacer un ida-y-vuelta a lo largo del río.

La ruta: recorrido

Día 1 - lago Shoshone oeste: 8R5

Nos lleva un buen rato conducir desde Grant hasta el comienzo del sendero y conseguimos comenzar más tarde de lo debido pero no debería importar: hemos dimensionado todas las etapas para que sean cortas y sencillas.

Los primeros xxx kms. son por una pista prácticamente llana, hasta llegar al geyser Lone Star. Este es un paseo habitual para muchos de los que quieren ver fenómenos termales sin sentirse en medio de un centro comercial pero tampoco quieren meterse en grandes berenjenales. Cuando llegamos, hay un cierto número de gente congregada esperando a que el geyser haga algo. Este geyser tiene un gran bloque de materia precipitada, 2 ó más metros de altura, y “amenaza” constantemente con ruidos, fumarolas y algún chorro de agua pero no termina de dar el gran petardazo que todo el mundo espera. No sabemos si seguir esperando o qué, no queremos que se nos haga tarde. Al final, conseguimos aguantarnos hasta que hay una erupción más o menos presentable. Seguimos adelante.

Lone Star geyser

La ruta es ya un caminito. Cruzamos bosque, alguna pradera y pasamos junto al río Firehole que, aquí, aún no hace honor a su nombre (más adelante lo hace, podéis imaginar por qué). El paisaje nos recuerda mucho al de las películas del oeste (cuando salen zonas montañosas), tiene ese aura especial de grandeza y amplitud, especialmente en esas praderas rodeadas de bosque donde uno espera ver aparecer búfalos en cualquier momento (nota: hay muchos búfalos en Yellowstone pero no vimos ninguno en esta ruta; les gustan más los valles amplios).

Río Firehole

Esta segunda parte del trayecto del día tiene el atractivo adicional, simbólico pero significativo, de que el sendero nos hace cruzar en varias ocasiones la divisioria continental norteamericana, la que separa las cuencas atlántica y pacífica. Desde nuestra posición en medio de las Rocosas, resulta curioso pensar en divisorias de aguas y en ríos que desemboquen en mares tan inmensamente lejanos. En ningún sitio de Europa podríamos estar tan lejos del mar como lo estamos aquí.

Hacia el final de la tarde, llegamos por fin al lago Shoshone, gigantesco, para nuestros estándares. Allí encontramos nuestra primera zona de acampada, toda para nosotros, aunque hay sitio para un par de tiendas más, al menos. Estamos justo encima del lago, entre los árboles, y no cuesta nada bajar para darse un baño. El lago será también nuestra fuente de agua potable.

Primer campamento en Yellowstone

Filtrando agua del Shoshone. No sé si es muy ortodoxo hacerlo mientras remojo los pies...

Día 2 - lago Shoshone norte: 8S2

Uno de los grandes atractivos que le hemos encontrado a esta ruta está a sólo unos minutos de camino: la zona geotermal Shoshone, junto a esta misma esquina del lago donde estamos acampados. Ayer, preferimos relajarnos y montar campamento con tranquilidad. Hoy, desayunamos, colgamos de nuevo la comida y todo lo que sea susceptible de atraer a un oso y nos vamos con las manos en los bolsillos a darnos una vuelta.

Charcos de agua hirviendo, algunos humeantes, otros burbujeantes; mini-geysers, chorros de agua caliente por aquí y allá; barro hirviendo, fumarolas y la constante presencia del habitual olor a azufre al que uno se llega a acostumbrar hasta que ya casi parece que no huele tan mal. Lo mejor de todo es presenciar esto como si fuéramos los únicos (de hecho, no hay nadie más), como si nunca nadie lo hubiera visto antes. Es fácil imaginar algo así, no hay mucha huella humana por aquí. Sólo el senderito que recorre el lugar.

Que no sean todo palabras:

Agua hirviendo. El cono lo forman los minerales precipitados

Agujero al centro de la tierra, por lo menos. Agua hirviendo, también

Cono más colorista y con canalón de desagüe

Panorama general

Afrontamos 3 días de camino alrededor del lago. Éste está totalmente rodeado de bosque, salvo por las ocasionales praderas que se suelen encontrar en las zonas bajas y llanas, junto a la orilla. Nuestro sendero discurre por los suaves perfiles de las laderas de la orilla norte del Shoshone, siguiendo una línea recta que, por momentos, nos aleja de la orilla.

Acabamos el día descendiendo otra vez hasta casi el nivel del lago para encontrar nuestra zona de acampada, idéntica a la de ayer, en el bosque y casi al borde de otra playa de guijarros.

Día 3 - lago Shoshone sur: 8M1

El tiempo es espléndido, mañana fría y despejada que augura el agradable calor del mediodía; el lugar, precioso, con las luces de amanecer sobre el lago cubierto de fina bruma. Alguien más pensó que era una buena idea desayunar con vistas y colocó unos trozos de tronco a modo de sillas y mesa frente al lago. Nos habríamos colocado ahí, de todas formas. Son momentos de paz y felicidad que, simplemente, no existen en el mundo urbano.

A ratos, el sendero toma la “playa” (de guijarros) y caminamos junto al agua, viendo saltar a los peces. Cuando la costa se hace más escarpada, tenemos que subirnos por las paredes y recorrer trozos muy empinados. El lago Shoshone no desaparece nunca de la vista. Desde que salimos del geyser, anteayer, no nos hemos cruzado con nadie. Esto, definitivamente, es muy diferente del masificado Yellowstone.

Lago Shoshone, caminando junto a la orilla

Poco después, en la pradera que se forma en la desembocadura de De Lacy creek en el borde noreste del lago, nos encontramos con este señor:

Alce. Estaba cerca, a unos 30 m.

Señor o señora, que no sabemos, pero la experiencia resulta hermosa, de cualquier forma. El bicho no nos hizo mucho caso, siguió pastando para terminar retirándose tranquilamente. Nos sentimos respetados por el animal pero no especialmente temidos, lo que nos hace sentir bien. No es el primero que vemos en esta ruta, ni siquiera el que hemos visto más de cerca pero es un encuentro siempre especial y que da una dimensión nueva a estar caminando por aquí.

Pasamos por la zona quemada. Es un trozo no muy largo, una ladera elevada sobre el nivel del lago. El calor es un poco molesto, a estas horas y sin la sombra del bosque, pero nada serio. Por otro lado, las vistas son extensas sobre el lago y las mesetas del sureste de Yellowstone. Los pequeños retoños que ya han colonizado todo el lugar apenas llegan al metro y medio aún y conviven con los troncos aún en pie de los grandes árboles que se quemaron.

Nuevos retoños y antiguos troncos quemados conviven en la orilla este

El río Lewis es el desagüe natural del lago Shoshone y conecta este con otro lago, el Lewis. Aquí, encontramos nuestra primera compañía desde que empezamos la ruta, aunque no en el sendero: unos palistas conducen sus kayaks por el río, saliendo del Shoshone con destino al siguiente mencionado lago, cuya orilla oriental recorre la carretera del acceso sur del parque; la civilización no está lejos pero nosotros pasamos a alejarnos de ella aunque, antes, toca mojarse:

Cruzando el Lewis River, Southwest Yellowstone

Cruzando el río Lewis, Southwest Yellowstone

Pasamos a recorrer la orilla sur del Shoshone, en dirección oeste. Toda esta zona fue parcialmente afectada por los incendios masivos del 88 pero, como en muchas otras, la destrucción no fue total y los troncos quemados conviven, esta vez, con árboles maduros que resistieron al fuego. Superada una primera colina que nos ha cortado del lago, volvemos a verlo con el primer plano de una amplia y preciosa pradera:

Zonas pantanosas en las orillas bajas, lago Shoshone, sur

La ruta nos hace descender hacia la pradera y la rodea para, finalmente, separarnos ligeramente del lago y de su vista y llevarnos a acampar entre bosque sano (ya no veremos más rescoldos) junto a Moose creek.

Otro campamento en el bosque (no hay mucha más opción)

Día 4 - Cruce a la ruta del Bechler: 8G1

Hoy completamos la vuelta al lago Shoshone como colofón de esta primera parte de la ruta aunque, al principio, no somos muy conscientes de su presencia porque el sendero nos lleva lejos de su orilla sur. Hacia mediodía, bajamos un escalón para salir del bosque y acercarnos a la orilla. Aprovechamos para un último baño antes de decir adiós al lago que nos ha acompañado durante todos estos días.

El monstruo del lago Shoshone

Dejamos atrás el agua por fin y volvemos al bosque para pasar junto a la zona termal que visitamos al principio de la segunda jornada y esto ya sabe a retorno, no sin llevarnos alguna otra imagen curiosa:

Barro hirviendo

Completamos el bucle en el punto donde retomamos el sendero que nos trajo aquí y que deberemos remontar durante un rato para llegar a la zona de acampada situada justo en el cruce del camino que baja al río Bechler y que tomaremos mañana. Antes, verificamos las magníficas opciones que Yellowstone ofrece para avistar fauna, un compañero más en el sendero:

Elk, una especie de ciervo grandote

Sabemos positivamente que hay osos por aquí pero de esos aún no hemos visto ninguno. Estamos ya en esa fase del día en que dejamos de tener ganas de verles. Sumamos nuestro cuarto día sin encontrar ningún otro senderista.

Plácidas condiciones para nuestra casa y merecido descanso

Día 5 - Three River Junction: 9D1

Hoy ya, por fin, partimos hacia el río Bechler. Ascenso suave y continuado, siempre a través del onmipresente bosque, hasta llegar a las praderas al pie del prominente Douglas knob, una colina boscosa modesta pero de singular presencia.

Praderas junto a Douglas Knob, camino del Bechler

¿Dónde están los osos? Este sería un buen sitio para verles pero nos siguen siendo esquivos. Es lo habitual.

Unos metros más de ascenso e iniciamos la bajada hacia el río de las cascadas. Hoy apenas le alcanzaremos, dado que nuestra zona de acampada está situada metros antes de la confluencia de los tres arroyos que dan lugar al río Bechler propiamente dicho. El atractivo del día vuelve a ser de origien termal: ya en el valle, un corto desvío a la izquierda nos lleva al que se conoce como el único lugar de Yellowstone donde uno se puede bañar en aguas termales en plena naturaleza. No es que en el resto de lugares esté prohibido; más bien es que el agua hirviendo no nos sienta nada bien. Aquí, llegamos a una surgencia termal que vierte directamente a un río que pasa por ahí y, claro, en la zona donde las aguas caliente y fría se mezclan se da una temperatura por momentos ideal. Nos damos todo un lujo de baño caliente en plena naturaleza. Dudo fuertemente que cualquier terma del mundo (de las de pago) pueda proporcinar sensaciones siquiera lejanamente parecidas. Recordamos aquel baño caliente en las tierras altas de Islandia, con los neveros de las montañas rodeándonos... aquí, el panorama no es tan espectacular pero el lugar es todo para nosotros.

La surgencia termal, por cierto, es espectacular, con la cubeta humeante de la surgencia y una pared (por la que discurre el agua caliente) cubierta de las habituales precipitaciones minerales:

Las pozas inferiores son las piscinas calientes

He aquí la surgencia. El río está debajo

Y esto no fue todo. La zona de acampada a la que nos dirigimos es, supuestamente, famosa y solicitada por su emplazamiento, junto a numerosas surgencias termales que aquí se aprecian en forma de fumarolas, aún lejanas, en esta vista del incipiente cañón del Bechler:

En la segunda curva del río, nubes de vapor

Las surgencias brotan aquí y allá con vapor, agua caliente y todos los fenómenos asociados; como esta pared llena de plantas que crecen al calor del agua:

A pocos metros de campamento

El flujo de agua caliente no era suficiente como para crear las condiciones de baño tibio pero sí como para que el aseo de esa noche fuera bastante más llevadero que de costumbre.

Día 6 - El cañón del Bechler: 9B9

El día 6 va a ser un tanto atípico: llegaremos todo lo lejos que podamos, río abajo, para volver atrás y pernoctar en una zona de acampada cercana a la de la noche anterior. Por esto, nos detenedremos en esta, al pasar, para montar campamento a media mañana y hacer, básicamente, una excursión de día, sin grandes mochilas, que nos dé acceso y vistas a las grandes cascadas del Bechler.

Empezamos con un error de bulto: nos confundimos de zona de acampada. Todo tiene su razón de ser: algunas de las zonas son específicas para grupos en caballos, dado que estos tienen sus especificidades y se intenta no mezclarlos con los senderistas de a pie para la pernocta. Mientras caminamos, nos encontramos con el desvío a la zona de acampada que esperamos, tenemos que vadear el río (quitar calzado y volver a poner al otro lado), llegamos allí, montamos la tienda, cargamos una de las mochilas con lo que necesitamos para el día y colgamos la otra con todo lo demás. Hemos notado (es obvio, aunque sólo sea por el olor) que es una zona de acampada para grupos en caballo pero suponemos que será compartida, coincide con la localización que esperábamos. Volvemos al sendero, para lo cual necesitamos un segundo vadeo (quitar y poner calzado). Seguimos la marcha y, pocos minutos después, nos encontramos con el desvío (indicado) a la zona de acampada que buscábamos. Sólo entonces nos damos cuenta del error, pero esto nos obliga a desandar y hacer un par de vadeos más para desmontar campamento, descolgar la mochila, llevar todo a la zona correcta y volver a montar todo el tinglado. En el breve desvío hacia la zona de acampada, nos encontramos (¡por fin!) con un grupo que sale de allí y nos dicen sobre la marcha que el lugar es precioso. Lamentablemente, nuestro humor no está para muchos trotes, después de todo el tiempo que hemos perdido a lo tonto, y contestamos con cara y voz de circunstancias.

El lugar, no obstante, es ciertamente precioso, con una gran cascada que cae por la pared próxima.

Con la hora muy avanzada y el ánimo un poco tenso, comenzamos a caminar río abajo. El Bechler es ya un señor río, aunque los dos vadeos que tenemos que hacer son facilitos.

Río Bechler, con islita y todo

Llegamos por fin a la sucesión de cascadas por las que es relativamente famoso el lugar. Por momentos, las aguas oscuras del Bechler se tornan blancas, tanto en los rápidos como en los saltos grandes:

Las primeras de la serie

Iris falls

Colonnade falls

Nos hubiera gustado llegar al Bechler Meadows, la gran pradera donde el valle se abre y el río se suaviza, como colofón a la excursión y para haber tenido la sensación de haber llegado a algún sitio; y esa era la idea inicial pero, con el tiempo que perdimos por la mañana, se nos ha hecho demasiado tarde para ir tan lejos y nos tenemos que dar la vuelta tras Colonnade falls. Al mirar aguas arriba, el escalonado río nos ofrece algún panorama que no habíamos apreciado al ir cuesta abajo:

Escalones sucesivos en el Bechler

Volvemos, por fin, a nuestro ya montado campamento para comprobar que nuestra segunda mochila sigue allí, colgada del poste de la comida y, esta vez ya sí, disfrutamos de la que, efectivamente, es una magnífica localización

Lo blanco de la pared de enfrente es la cascada; creérselo, un acto de fe, lo sé

Día 7 - De vuelta al cruce: 8G1

Ya sólo nos queda la vuelta, que aún nos costará dos jornadas. No podemos evitar que esto se convierta en algo así como un punto bajo porque ya no nos queda nada nuevo que ver en la ruta, todo va a ser repetido pero, por otro lado, estamos felices de lo bien que está yendo todo, el buen tiempo que estamos teniendo, la cantidad de cosas sorprendentes y bonitas que estamos viendo y la sensación general de estar en un sitio modestamente remoto, donde hemos encontrado muy poca, poquísima gente, con la sensación de logro nuevo que nos da el haber sido autónomos durante 8 jornadas (vamos con la séptima) de una forma tan natural y sencilla, sin traumas, como si lo hubiéramos estado haciendo toda la vida, como si hubiéramos nacido para esto.

Antes de salir, estuvimos jugueteando un poco con objetos abandonados. El gesto de esfuerzo de ella no es porque tenga poca fuerza sino porque esa cosa (un cuerno de alce) pesa una tonelada. Yo estoy más contento, con mi hueso:

A ver quién es el guapo que se pone eso en la cabeza para hacer la foto graciosa (se intentó...)

Hoy hace bastante calor, entre esto, la cuesta arriba y la sensación de procesión de retirada, marchamos un poco cabizbajos. En esto, nos sucede lo más sorprendente y especial de todo el viaje: el encuentro más directo, cercano y emocionante con un gran animal que hayamos tenido nunca.

Pasábamos junto a un pequeño arroyo y decidimos parar a coger agua; la rutina del filtrado por bombeo lleva su rato (unos minutos), así que aprovechamos para quitarnos las mochilas y descansar a la sombra. En esto, oímos ruidos de pasos y aparecen por allí, en el claro del bosque junto al arroyo, mamá alce y su cría.

Simplemente, pasaban por allí, siguiendo su rutina de comer hierba y, en este caso, acercarse al arroyo a beber. Nosotros permanecimos quietos pero no inmóviles, expectantes, esperando que, cuando nos vieran, saldrían corriendo, especialmente teniendo en cuenta que había un pequeño alce de por medio. El alce adulto nos vio, se detuvo y se pasó unos segundos observando, probablemente tratando de decidir qué éramos y si suponíamos una amenaza o no... el veredicto debió ser que no porque siguió sus movimientos parsimoniosos como si nada y, desde ese momento, ya no nos hizo más caso. La cría, obediente, hizo lo propio.

Esto incluye que, por supuesto, no salieron huyendo, ni siquiera en retirada prudente. Siguieron por allí y, de hecho, se nos acercaron más, hasta a poco más de 5 metros. Yo dejé lo que tenía entre manos (el filtro) y eché mano de la cámara para plasmar el momento:

Mamá alce e hijo

Más cerca, aunque se vea peor

Lo mejor de todo, y esa sensación especial que aún hoy nos emociona al recordarlo, es que, a diferencia de otros muchos encuentros con fauna, esta vez no fuimos nosotros quienes nos cruzamos en el camino de los animales sino que fue ¡al revés!. Ellos se cruzaron con nosotros. Y, de hecho, eso (quiero pensar que fue eso) marcó una diferencia importante: los alces no se asustaron, no huyeron, no nos percibieron como un peligro. En ese momento, nosotros, en el fondo, no éramos nada más que otros animales que, como ellos, habíamos bajado al arroyo para beber y me gusta pensar que así se lo tomó mamá alce. Creo que nunca más que en ese simbólico momento me he sentido tan integrado en la naturaleza. Por una vez, éramos uno más, no unos intrusos que causan recelo y desentonan allá por donde van sino una parte más de todo el proceso, de toda la escena. Por eso fue genial.

Los alces siguieron su lento deambular hasta que, varios minutos después, terminaron saliendo del claro y perdiéndose entre los árboles.

El día nos guardaba aún una última sorpresa: al llegar a la zona de acampada, la misma de hace 3 días y la única que repetíamos, nos encontramos allí a una pareja que esperaban sentados a la sombra. Resultaron ser padre e hijo, de ruta por allí, y nos preguntaron si no nos importaba que se quedaran allí esa noche. No tenían permiso o, mejor dicho, habían modificado su viaje sobre la marcha de forma que se habían adelantado un día a lo previsto y su permiso no correspondía con el lugar. Nosotros éramos los titulares de permiso vigente para aquella zona ese día así que supongo que eso nos daba la "autoridad" para decidir si ellos se quedaban también o no. Por supuesto que no había problema. De hecho, fue agradable compartir esa última noche en el sendero con alguien más. Hasta entonces, habíamos estado solos todas las noches y es algo que habíamos apreciado también, había resultado una ruta extremadamente solitaria, en lo que a humanos se refiere, y eso nos había gustado, pero agradecimos poder compartir algo de todo aquello con alguien más y, además, con gente de la zona con quienes pudimos mantener conversaciones muy interesantes y de las que aprendimos muchas cosas. Ellos eran de Boise, Idaho, y caminaban habitualmente por Yellowstone. Nos contaron muchas cosas sobre el lugar, los osos y qué se yo... fue agradable.

La ya clásica foto que no me resisto a dejar atrás. Última noche

Día 8 - Out

El último día era poco menos que un pequeño paseo hasta la carretera. Volvimos a cruzar divisorias continentales y a pasar junto a pequeñas manifestaciones termales hasta llegar al río Firehole y, por fin, al reencuentro con la civilización: el geyser Lone Star.

Cuenta la bibliografía que su nombre no tiene nada que ver con Tejas (the lone star state) sino que se le ha llamado así porque está aislado de otros geysers y no hay otros indicios termales alrededor. Esta vez, hicimos coincidir nuestra llegada con la hora del descanso y la comida, de forma que no nos importara parar y esperar a que el geyser hiciera sus cosas: cada 2 ó 3 horas, supuestamente, tiene una gran erupción.

Había bastante gente allí, algo que nos parecía totalmente marciano, después de tantos días sin casi ver a nadie. Algunos portaban grandes mochilas y estaban en su fase de ida. Nos causó cierto orgullo que vinieran a preguntarnos cosas sobre la ruta y que les pudiéramos informar, no en vano somos aún novatos jugando "fuera".

Allí nos sentamos y sacamos toda la comida que nos quedaba, que no era mucha pero sí suficiente para darnos un buen atracón, antes del definitivo, que sería esa noche y sentados a una mesa. Comprobamos con agrado que toda nuestra basura cabía en una minúscula bolsa, señal de que habíamos apurado al máximo la cantidad de embalajes y cosas innecesarias.

El tiempo estaba nublado por primera vez en toda nuestra estancia en Yellowstone pero ya nos daba igual. Tampoco llegó a llover. Al rato de repetir una y otra vez su coro de ruidos y amenazas, el geyser, por fin, se puso serio y envió un montón de metros para arriba una gran columna de agua que permaneció durante varios minutos. Quedamos contentos con el espectáculo.

Deja vu, Lone Star geyser

Tras esto, sólo nos quedaba el pequeño paseo de 4 kms. por la pista que daba acceso a la carretera. Foto finish:

Sucios pero contentos

Epílogo

Recogimos el coche para conducir de vuelta, aunque no a Grant, donde habíamos pasado las dos noches previas a nuestra ruta, sino que volvemos a intentar establecer base en Canyon, más cercano a los lugares que más nos interesan para esos paseos a los que pensamos dedicar los dos días que aún nos quedan en el parque. Ya lo habíamos intentado al llegar pero en Canyon el camping estaba completo. Tampoco lo lamentamos mucho, Grant fue muy agradable y hasta tuvimos un búfalo merodeando por el lugar pero acabamos un poco cansados de conducir arriba y abajo del valle Hayden.

Esta vez sí hubo más suerte y encontramos espacio en Canyon. Allí estaríamos un par de noches antes de dejar Yellowstone.

La ruta en el cuadrante suroeste de Yellowstone fue lo que habíamos esperado de ella: no la más espectacular que habíamos hecho hasta la fecha pero sí la más larga en autonomía y con el atractivo habitual y que totalmente refrendó nuestras expectativas de la abundante presencia de fauna y los fenómenos geotermales. Resultó más solitaria de lo que hubiéramos esperado. Le faltó, en relación, sobre todo, a la semana mágica que pasamos en el John Muir Trail, la sensación de viaje que da el caminar sin retorno, no fue el caso en Yellowstone, pero fue una pérdida asumida de antemano, a cambio de facilitarnos una planificación que no tuvimos valor de complicar. Hubiera sido relativamente sencillo seguir Bechler abajo y girar al este para llegar a la carretera del acceso sur vía la meseta Pitchstone; además de un viaje lineal, hubiera sido aún más variado y espectacular, pero la longitud y dificultad de esta opción nos hicieron aparcarla. Con la experiencia necesaria, no obstante, hubiera sido la opción mejor.

El tiempo fue espléndido y casi perfecto durante toda la ruta. Días calurosos pero no agobiantes (el ambiente es seco en medio de las rocosas), mañanas y noches frías pero no gélidas, ni una gota de lluvia y abundante bosque para protegernos del sol durante las horas de camino. Resultó muy sencillo, incluso para nuestra por entonces limitada experiencia en el largo recorrido.

Al igual que en la Sierra Nevada, nuestra impresión fue de que todo fluyó por si solo con tanta facilidad que resultó fácil y agradable; más, si cabe, que en el JMT, donde pasamos algún que otro apurillo al final; en Yellowstone, todo fue plácido y relajado. Tanto que, a pesar de haber hecho la, hasta la fecha, ruta autónoma más larga, no nos quedó una sensación de logro: había sido casi demasiado fácil.

Nos sentimos muy bien, muy a gusto, con el entorno y con nosotros mismos y esa fue quizá la sensación más positiva y la lectura más importante. En definitiva, Yellowstone fue un paso más, muy importante, en nuestro camino y guardamos un hermoso recuerdo de nuestro viaje allí.

Fuentes de información

Web

La web del servicio de parques nacionales es siempre un punto de entrada básico a cualquiera de ellos: http://www.nps.gov/yell/

Casi que me excuso de proveer ningún enlace más. Yellowstone es tan popular que hay muchísimos. Lo peor, en este caso, es que internet evoluciona muy rápido y han pasado muchos años ya, muchísimas webs han surgido en este tiempo e, incluso, la que más usé yo ha desaparecido. C'est la vie en internet.

Bibliografía

Yellowstone es popular en todo el mundo, lo cual significa que uno puede acercarse a su librería especializada más próxima y esperar encontrar material bibliográfico específico, si no en castellano sí al menos en inglés. Tras hojear las guías que pudimos encontrar localmente, nos decidimos por la siguiente: Hiking Yellowstone National Park, 1997 by Falcon Publishing, Inc., por Bill Schneider. Falcon están radicados en Montana así que algo deberán saber de lo que están hablando. Guía en mano, nos pareció la más completa descripción, tanto de los senderos y las rutas como de lo que significa caminar en Yellowstone y sus particularidades.

Mapas

Utilizamos los mapas recreativos de la serie Trails Illustrated, publicados por National Geographic: http://maps.nationalgeographic.com/trails/

Al igual que la bibliografía, la popularidad de Yellowstone los hace posibles de encontrar localmente. Para Yellowstone, la serie incluye un mapa general a escala 1:168.500, muy útil para planificación, y cuatro mapas más detallados, uno por cuadrante, a escala 1:83.333. En estos mapas, la representación cartográfica es clara, detallada y de calidad y, además, como mapas recreativos que son, incluyen la información útil específicamente al senderista: senderos, zonas de acampada, vadeos de ríos, zonas de bosque quemado... Están imprimidos en papel resistente a la humedad.

Las escalas tan particulares vienen, probablemente, del la traducción al sistema decimal de las medidas imperiales, aunque no he echado la cuenta para verificarlo.

Mapa general (izq.) y del cuadrante suroeste (dcha.)