Viajar
a Pie |
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The West Coast Trail

La plataforma costera en Bonilla point
La costa oeste de la isla Vancouver, al suroeste de Canadá, presenta una de esas singularidades que hacen de un lugar algo único: un tramo de 75 kms. de costa prácticamente vírgen y prácticamente deshabitada donde casi la única infraestructura existente consiste en ¡un sendero! cuyo origen no tiene nada que ver con el uso que se le da hoy día pero que ha conseguido convertir las palabras "West Coast Trail" en una expresión ampliamente reconocida por los senderistas del mundo.
Puede parecer trivial pero no lo es. Puede parecer que 75 son muy pocos kms. pero bastaría pensar en cuántos tiene el mayor trozo de costa vírgen que nos queda en Europa o a dónde nos haría falta irnos para encontrar otros 75 kms. de costa vírgen para darnos cuenta del incalculable valor de este tramo que parece milagrosamente salvado del intrusismo de la civilización.
El West Coast Trail no es un sendero cualquiera. Todas las fuentes de información (y esta no va a ser menos) advierten de su dureza y de la necesaria adaptación mental de quien lo quiera completar, aún tratándose de (y quizá especialmente por eso) senderistas experimentados. Quien piense que aquí puede cumplir las medias habituales en senderos de montaña necesita, cuando menos, una cura de humildad que, por su propio bien, adquirirá durante el proceso de planificación; de otra manera, será el propio sendero quien se la dé.
Y ¿por qué? ¿qué tiene esta ruta de especial? pues, sencillamente, que... ¡esto es la jungla! Puede que nombres como cedro, abeto o pícea no suenen tan exóticos como pudiera parecer necesario pero aquí, en el noroeste del pacífico, las junglas son de coníferas. Por lo demás, nada que envidiar a lo que uno se imagina que debe ser una jungla: el ambiente oscuro, húmedo, casi tétrico; los gigantescos árboles y el caos de ramas, raíces, troncos caídos, agua, barro y plantas de todo tipo. La dificultad de caminar por un entorno así empieza a tener sentido cuando uno se da cuenta de la práctica ausencia de un concepto fundamental y aparentemente obvio: el suelo. ¿Dónde está el suelo? pues no es fácil de decir. Si los árboles son gigantescos, sus raíces también. Y lo son asímismo los troncos caídos tan propios y tan exclusivos de un bosque inexplotado. Troncos caídos allá donde pongas la vista, tan altos como una persona (atención: una vez caídos), o más, y que forman el sustrato sobre el que crece toda una suerte de vida vegetal. Al final, de entre todo lo que uno ve, sólo se atreve a llamar "suelo" a algún que otro charco fangoso donde es mejor ni pensar en posar el pie.

La selva de los cedros
Y esto no es todo. La combinación entre los vientos cargados de humedad provinientes del océano y las montañas costeras convierte a esta zona en una de las más húmedas del planeta (de ahí la selva) y hace que una travesía del West Coast Trail pueda convertirse en una constante lucha por mantener seco tu último par de calzoncillos. Así de crudo. Y quien no sepa lo que esperar se arriesga a vivir una experiencia bastante amarga.
En el fondo, esa es la clave: saber qué esperar y no sorprenderse de encontrar cinco días seguidos de lluvia constante o una progresión tan penosa que uno acaba el día extenuado tras haber recorrido unos aparentemente paupérrimos ocho kilómetros. Al final, esto no deja de ser un sendero provisto de numerosas infraestructuras que liman considerablemente las dificultades inherentes al entorno. Imagino que la calificación (que he llegado a ver en alguna fuente) de "el sendero más difícil de Norteamérica" haría sonreír con condescendencia a más de un avezado senderista que se haya pateado rutas realmente vírgenes y desprovistas de todas las infraestructuras que en el WCT se pueden encontrar pero no deja de ser significativo a modo de advertencia: este no es, en efecto, un sendero cualquiera.
Dicho esto, nuestra experiencia en el WCT nos ha dicho que no es tan fiero como lo pintan. Bien es verdad que la meteorología estuvo de nuestra parte para hacerlo más sencillo. Sobre si esto puede considerarse buena suerte o no, es difícil juzgar... quizá la sensación de logro que hubiéramos conseguido hubiera compensado con creces las penurias, quizá nos hubiéramos reído con ganas recordando cómo el otro metía su pierna hasta la ingle en una ciénaga justo antes de que el que tanto reía cayera de morros en otra... pero si bien tenemos claro que las dificultades que puedan crear las inclemencias meterológicas dependen mucho de con qué humor se las tome uno, somos conscientes de que el West Coast Trail que tuvimos la suerte o la desgracia de encontrarnos resultó mucho más sencillo de lo que presentan las crónicas más negras.
Un verano
mucho más seco de lo habitual y la ausencia casi total de lluvia durante
los siete días que empleamos (y esto sí que es inusual en el WCT)
hizo que el suelo pareciera sólido y el barro nunca nos llegara más
allá de los tobillos y que las tarde-noches en las zonas de acampada
pudieran ser dedicadas a nadar en el mar o en los ríos, pasear por la
playa en busca de restos de naufragios, fotografiar puestas de sol o cenar tranquilamente
junto al fuego y pasar un rato mirando las estrellas antes de irse a dormir
en lugar de recluírse en la tienda mientras el cielo vacía litros
sobre ti. A veces, intentábamos imaginarnos en la situación y
lugar presentes con un tiempo lluvioso y... uff, mejor no!
Descripción
Introducción
El West Coast Trail recorre los 75 kms. de costa entre las diminutas comunidades de Port Renfrew y Bamfield en el suroeste de la costa de la isla Vancouver. A pesar de que el clima de la zona es muy templado, la elevadísima pluviometría hace de esta costa un sitio un tanto incómodo donde vivir. De haberse tratado de un lugar similar en el "viejo mundo", probablemente hubiera sido colonizado y urbanizado hasta la extenuación y los viejos y selváticos bosques serían poco más que un recuerdo, pero esto es Canadá y aquí el hombre blanco llegó bastante más tarde. El carácter montañoso de la isla Vancouver ejerce de barrera para la humedad del océano y provoca unas condiciones mucho más agradables en la costa este de la isla, así como en la costa del continente, y es ahí donde se concentra la mayor parte de la población.
Todo esto ha contribuído a mantener la costa oeste considerablemente deshabitada y carente de infraestructuras y ha posibilitado que aún hoy la veamos, en cierta medida, como era originalmente, a pesar de los esfuerzos en sentido contrario de las compañías madereras.
Historia
Las razones históricas de la existencia del sendero propiamente dicho se remontan a las épocas en las que la navegación marítima era mucho más complicada de lo que lo es hoy día. Este trozo de costa fue bautizado como "el cementerio del pacífico" a causa de los numerosos y trágicos naufragios que aquí sucedieron. Numerosos por la combinación de un tráfico intenso con destino al estrecho de Juan de Fuca y unas condiciones climáticas habitualmente difíciles (en Galicia o Bretaña saben bastante de esto) y trágicos porque, en muchos casos, los náufragos murieron en masa a causa de la inaccesibilidad de la costa que no permitía acciones de salvamento desde tierra porque, simplemente, ¡no había forma de llegar allí!. De ahí la idea del sendero "salvavidas", como fue bautizado, y de la pareja de faros que aún hoy se encuentran activos.
Con el tiempo, los sistemas de navegación mejoraron y los naufragios disminuyeron hasta el punto de que el sendero cayó en deshuso y fue finalmente abandonado en los años 60. Fue poco después cuando surgió la idea de un aprovechamiento recreativo y así se creó el germen de lo que el West Coast Trail es hoy en día.
Dificultad
Recuerdo haber leído un simpático apunte de alguien que, tras haber recorrido el WCT comentó "no sé si conseguirían salvar a alguien", en atención a la dificultad del sendero. El terreno es muy irregular, el bosque, extraordinariamente denso y los ríos forman profundísimos cortados que es necesario salvar bajando varias decenas de metros... para, inmediatamente, volverlas a subir. Por otro lado, se han construído numerosas infraestructuras que alivian en buena medida las dificultades: kilómetros de pasarelas de madera que flotan sobre el fangoso terreno mucho mejor que los pies (caminar sobre ellas puede no ser el sueño de un senderista, sobre todo cuando están mojadas y resbaladizas, que es casi siempre, pero son sin duda mejores que lo que queda debajo); puentes para salvar las vaguadas pequeñas: hay tantas que, si no fuera por ellos, el WCT sería unos cuatrocientos kms. más largo en distancia real; interminables series de escaleras para descencer a las profundidades de las gargantas y volver a subir por el otro lado: uno puede llegar a odiarlas pero mejor no imaginar cómo sería un mundo sin ellas en el WCT.
The WET Coast Trail
La expresión no es mía; la he visto por ahí. Atinado juego de palabras para una de las zonas de mayor pluviometría de todo el planeta. Esto, como es de esperar, añade un factor de dificultad a una travesía autónoma, especialmente allí donde no hay más opción que hacerla autónoma. Es fundamental estar preparado para la lluvia, física y psicológicamente. Estar preparado para intentar no mojarse mucho pero, muy importante, estar preparado para mojarse... porque, al final, uno se moja. Preparado para embarrarse, también, y convertirse finalmente en una croqueta humana gracias a la arena playera.
Como de costumbre, parte de la clave está en saber qué esperar, tomarlo con buen ánimo y, si no llueve mucho, considerarlo un premio. Y, si no llueve nada, considerarlo un milagro.
Las escaleras
Tienen cierto status de celebridad. Constituyen, particularmente las series más largas, un acontecimiento a la vez temido y esperado por los que recorren el WCT. Uno no sabe del todo dónde se ha metido hasta que se enfrenta a los más de 200 escalones de Cullite Creek (sí, un edificio de quince pisos). Escalas de inclinaciones variadas pero que al más temeroso de las alturas le van a parecer verticales (¡o más!) y que, en cualquier caso, se suben y bajan con pies y manos. Un fino trabajo de rústica ingeniería, por otro lado, convertir los cedros (por madera no será, desde luego) en el conjunto de escalas y plataformas que ayudan a salvar las pendientes extremas donde un sendero hubiera sido inviable, ya que el primer corrimiento de tierra lo hubiera hecho desaparecer.
Las escaleras se encuentran apoyadas sobre el terreno y sobre estructuras fijas que incorporan una pequeña plataforma y que separan las escaleras en tramos. Las hay de inclinación variada pero las más inclinadas son casi verticales. Hay que subirlas con pies y manos. Mal momento para mantener las manos limpias.

Escaleras en Sandstone creek
Se hace mucha literatura sobre las escaleras del WCT pero tampoco son para tanto. Sí constituyen una de esas particularidades que hacen de este sendero una ruta tan especial y le dan ese tinte a aventurilla a lo Indiana Jones barato pero son fáciles. Quizá alguien con vértigo lo pueda pasar mal.
Infraestructuras particulares
Además de las series de escaleras, hay alguna estrategia más para salvar las profundas gargantas y los grandes ríos: por un lado, los puentes colgantes, como esos de las pelis de tarzán. Da más reparo verlos que cruzarlos, son muy seguros. En Logan creek, el puente más aéreo y espectacular de todos está directamente conectado al primer tramo de escalera que sube por la pared norte, de forma que puedes sentir el movimiento del puente (si estás en él) cuando alguien baja o sube dicho tramo de escalera. Curioso; suena más extremo de lo que en realidad es.

Puente sobre Logan creek
Una tercera opción, tanto para salvar vaguadas profundas como ríos grandes, son los carricoches colgantes. Se usan sobre todo cuando un río es demasiado caudaloso como para vadearlo. Son unos pequeños habitáculos metálicos que cuelgan de un cable, tendido entre ambas orillas. El apaño se termina con un segundo cable fijo que sirve para auto-remolcarse. La cosa funciona así: cuando llegas a uno de estos, te lo encuentras normalmente a mitad de camino, donde habrá llegado por gravedad, por la comba del cable. Hay que tirar del cacharro para traerlo al extremo donde estás. Asegurándolo para que no se mueva, te montas, metes las mochilas (hay sitio para dos y sus bultos) y sueltas. Por gravedad, llegarás hasta la mitad del recorrido. A partir de ahí, hay que tirar del cable fijo para recorrer el resto. Uno se siente a medio camino entre un Indiana Jones cutre y una tarde en el parque de atracciones. Es divertido.

Carricoche colgante. No se me ocurre un nombre mejor...
Las mareas
En un sendero costero, este es un asunto importante. En numerosas ocasiones, existe la posibilidad de abandonar el sendero propiamente dicho durante ciertos tramos en los que es posible transitar por la plataforma costera durante la marea baja. Esto suele resultar mucho más interesante (y, a veces, también más sencillo, a la hora de caminar) que el bosque pero es imprescindible conocer los horarios de las mareas y los puntos de acceso de vuelta al sendero y planificar con cuidado para no quedarse atrapado por la marea en un mal sitio; idealmente, tampoco en uno bueno.
Los rangers proporcionan una tabla de mareas actualizada en la obligatoria charla previa al inicio del sendero. Es tarea del senderista usarla bien.
Los canales de oleaje
La plataforma costera, que se puede recorrer durante la marea baja, toma, habitualmente, la forma de una auténtica plataforma rocosa, prácticamente plana. En ocasiones, está surcada, perpendicularmente a la línea de costa y al sentido de marcha, por profundas hendiduras. Ignoro qué proceso erosivo las ha causado pero, en definitiva, toman la forma de canales por los que, sucesivamente y con cada embate, entran las olas.
La ola, canalizada, penetra con energía en el canal, retirándose de la misma forma. Esto es lo que hace a estos canales dignos de mención, por el peligro que conllevan: se han convertido en la trampa mortal en la que numerosos senderistas han caído... para no volver.
Es importante tener en cuenta estos canales y conocer su problemática. Lo que en un momento es una inocente hendidura, fácil de cruzar a base de bajar y volver a subir por el otro lado, puede estar lleno de agua a toda velocidad en el instante siguiente. El flujo te arrastra canal arriba, el reflujo te succiona hacia el mar y eres historia. No meterse nunca en los canales de oleaje.
Uno puede pensar: pues se rodea y ya está... bueno, no es tan sencillo; no siempre es posible. Tierra adentro, el canal puede no interrumpirse en ningún momento, hasta llegar al límite de la plataforma y al bosque, donde nos podemos encontrar con un talud que nos impida pasar. La solución, en estos casos, pasa por buscar el punto más estrecho del canal y saltar... lo cual no suena muy bien, especialmente con un mochilón a la espalda. Ante la duda, lo mejor es darse media vuelta y buscar un acceso al bosque. Si el retorno se prolonga más de unas decenas de metros, probablemente merece la pena retroceder hasta el siguiente acceso marcado al sendero del bosque; ir bosque a través en esa selva no es nada aconsejable, salvo que sea sólo por un trozo muy corto o como reto personal.

Canal de oleaje. Este es de los fáciles
Los canales de oleaje (surge channels) están bien documentados tanto en la bibliografía del WCT como en los mapas, con indicaciones de cuáles son pasables, su nivel de dificultad y los puntos de retirada de y vuelta a la plataforma para los que se consideran impasables o no recomendables. Tienen nombre propio y, especialmente uno, Adrenaline Surge, es famoso por la dosis de adrenalina que requiere su travesía. Don't try this at home.
Las reservas indias
En esta región viven nativos americanos que, a diferencia de sus vecinos de las praderas más al sur, eran (y son) sedentarios, con lo que les ha sido más sencillo conservar sus territorios. A lo largo del WCT se atraviesan varios trozos de terreno considerados como reservas indias que, por lo que sé y a todos los efectos, son propiedad privada. Entiendo que sus dueños viven ahí aunque no sé mucho de su forma de vida actual.
Los “indios” son más correctamente denominados “nativos americanos”, que es la mejor interpretación que puedo encontrar para la expresión usada en inglés, “first nations”, en alusión a su lugar como primeros colonizadores de esta tierra y, al menos en la teoría, se les tiene bastante respeto en Canadá. Ignoro si esto se traduce en un respeto práctico. Durante los escasos contactos con alguna de las culturas o gentes nativas que pudimos tener, sí pudimos percibir un claro sentimiento de identidad que intentan preservar.
Los senderistas del WCT tienen permiso para pasar por las reservas pero no a acampar en ellas, aunque pueden pedir permiso para hacerlo (si encuentran a alguien a quien pedírselo). La mayoría de los terrenos considerados como reserva que atraviesa el WCT son naturaleza pura y dura salvo un par de enclaves en los que hay unas pocas casas. Uno de estos puntos está en la orilla sur de Nitinat Narrows donde los nativos regentan un servicio de transporte fundamental para los senderistas, a través del estrecho y profundo desagüe del lago Nitinat, que sólo se puede cruzar navegando. Allí tienen una pequeña barca con la que hacen, en unos pocos minutos, el viaje de un lado a otro, unas cuantas veces al día, según van apareciendo clientes. También te pueden llevar tierra adentro, a través del lago Nitinat, como forma de salir del sendero en este punto, ya que hay una carretera que comunica con la orilla opuesta del lago, pero ignoro en qué condiciones dan este servicio. Bajo demanda, supongo.

El barquero nativo en Nitinat Narrows. Lleva una camiseta con la leyenda "First Nation"
Por último, y no por ello menos interesante, mientras esperas al siguiente viaje de la barca que cruza Nitinat Narrows, puedes comerte un pedazo de cangrejo gigante tamaño 20x20x20 (no sé cómo se llaman estos bichos, seguro que tienen un nombre en castellano) que los nativos pescan durante el día y tienen allí, y que cuecen al instante. Es en plan “¿quién quiere mega-cangrejo?” “uno, dos... ¡tres! Ok, allá van...” y los despedaza allí mismo, los echa en la olla y unos minutos después te lo comes. Pescado fresco.
La fauna
Hay un par de grandes animales a los que estar atento en la isla Vancouver y, por extensión, en el WCT: osos y pumas.
El tema de los osos es idéntico a las otras zonas donde los hay, con la atenuante de que en la isla sólo los hay de la variedad americana, es decir, no hay grizzlies. La precaución básica a tener en cuenta está en la protección de la comida durante el descanso nocturno y para ello se usan las estrategias habituales. En las zonas más frecuentadas para acampar, hay cajones metálicos.
Los pumas son un caso diferente. Estos animales son muy esquivos y es difícil ver uno. Son hábiles cazadores y se convertirían en un peligro mortal si decidieran cazar personas, cosa que, afortunadamente, no hacen. Como siempre con predadores salvajes, es conveniente ser cautos y no asumir que nunca van a atacar. Es algo extremadamente raro pero puede suceder. La actitud adecuada es similar a la que se toma ante los osos: procurar alertar de nuestra presencia durante el día y proteger la comida durante la noche, evitando dormir junto a ella. Si consigues ver un puma, date por afortunado.
Eso en cuanto a la fauna que, probablemente, no vamos a ver. Ahora, la que sí vamos a ver:

Estrella, en su hábitat

Los puntitos pequeños son caracoles (todos)
Estos son sólo dos pequeños ejemplos de la inmensa cantidad de bichejos de la zona intermareal. Un paseo por ella vale por toda una vida de fotos en los libros de la escuela, están todos allí: los de arriba más anémonas, tomates de mar, mejillones, percebes... y otros muchos que no conozco (que ya hace mucho de los libros de la escuela...). Toda una experiencia.
Sentido de marcha
Como todo sendero lineal, se puede empezar por uno u otro extremo y, en el WCT, esta elección determina fuertemente el carácter de la excursión: pasamos lo más difícil al principio o lo dejamos para el final: lo hacemos cuando estamos menos cansados, física y moralmente, con la fuerza moral que da saber que, después, todo va a ser más fácil... o lo dejamos para cuando nuestras mochilas pesen menos...
En nuestro caso, pensamos que el peso moral de saber que lo peor está aún por venir iba a ser mayor que el peso físico de toda la comida que necesitamos para siete días, así que decidimos empezar en Gordon River, el extremo sur. Los tres primeros días ofrecen todo lo que ha hecho famoso al WCT: el terreno más accidentado, el primero; la travesía costera más dura, el segundo; y las escaleras más largas, el tercero. Después, todo es más apacible: llegan las largas playas y el bosque pierde parte de su carácter selvático y hasta se tiene la sensación de que lo que se pisa es suelo de verdad. Por otra parte, a pesar de que 7 días (en realidad, 6 y medio) parece mucho para tan sólo 75 kms., las ridículas medias de los tres primeros días obligan a un sobreesfuerzo en los cuatro restantes pero, para entonces, esperamos poco menos que considerarlo ya como un pequeño paseo triunfal hasta Pachena Bay.
El parque nacional Pacific Rim
El West Coast Trail se encuentra situado íntegramente dentro de los límites del parque nacional Pacific Rim, que protege la costa suroeste de la isla Vancouver, tanto los ecosistemas marinos como los impresionantes bosques, que alojan algunos de los árboles más altos (y antiguos) del planeta. La explotación maderera, también aquí, es un cáncer que se come hectárea tras hectárea de estos bosques vírgenes (vírgenes hasta que llega la primera motosierra), símbolo de la pureza de la naturaleza en este rincón del mundo. Los 75 kms. de costa vírgen que recorre el WCT es otro de los tesoros mejor guardados del parque, así como su fauna, que incluye bichos tan magníficos como osos, pumas y una especie endémica de marmotas.
Concluyendo...
El WCT
tiene, en cualquier caso, su parte "difícil" y su parte "fácil".
No sé cuál de las dos expresiones necesita más comillas,
pero es universalmente aceptado que la mitad sur es la más complicada.
Es allí donde están las escaleras más largas, donde el
bosque es más selvático, el terreno más abrupto y donde,
por si fuera poco ya, la mayoría de senderistas optan casi siempre por
tentar a las mareas y a la integridad de sus huesos haciendo equilibrios sobre
resbaladizas rocas de más de dos metros de alto con una mochila a la
espalda en el trayecto entre Thraser Cove y Owen Point en lugar de un relajado
paseo por la selva. Pero ya que estamos allí...
Planificación
Si en toda ruta es importante, en el WCT lo es más. No ya por la orientación, que es muy sencilla (el mar es una referencia infalible) sino por las consecuencias de ser una ruta popular. El sistema de reserva es estricto: 52 personas por día, 26 en cada extremo, consiguen permiso para iniciar el sendero. El resto del plan es a gusto del consumidor. Para quien, como nosotros, no cuenta con flexibilidad alguna (disponemos de un sólo día de colchón al final de la ruta, por si algo va mal, antes de coger nuestro avión de vuelta a casa), es fundamental reservar con la mayor antelación posible, lo que implica, e implicó en nuestro caso, una hora de reloj de intentar comunicar con un teléfono siempre ocupado en el primer día, desde el primer minuto, hábil para hacer reservas de cara al mes de agosto. Al final, todo fue bien y conseguimos la reserva tal como la queríamos.
Se recomiendan no menos de cinco días para completar el WCT sin convertirlo en una carrera y no menos de siete para hacerlo con la holgura necesaria para tomarse el tiempo de disfrutar de él, además de padecerlo (que eso va implícito, en cualquier caso). Siete días encajan perfectamente en nuestra planificación global para el mes, así que tenemos claro que ese es nuestro objetivo, y con esa cifra nos casamos desde meses antes cuando reservamos nuestra plaza en el autobús de vuelta (imprescindible, también, si no quiere uno quedarse tirado en medio de la nada en el extremo del laberinto de carreteras de grava que llevan a Bamfield). Decidido esto, hay que ver cómo repartir el kilometraje. En el WCT no hay zonas de acampada oficiales por ley (en teoría, se puede acampar en cualquier sitio, salvo en las reservas indias), pero sí de facto, por una sencilla razón: en la selva no puedes ni soñar en encontrar un lugar donde plantar una tienda de campaña, por muy mínima que sea (recordar reiterados comentarios sobre el concepto de "suelo" en el bosque), así que sólo queda la opción de las playas. Estas son amplias y abundantes en la mitad norte del recorrido pero se reducen a unas pequeñas y esporádicas calas, a menudo de difícil acceso, en la mitad sur. Además, se cuenta con la limitación obvia de la disponibilidad de agua dulce, algo muy a tener en cuenta en una ruta en la que el 50% de tu horizonte está hecho de agua salada. El resultado es que, a lo largo de los años, se han popularizado varios puntos a lo largo de todo el recorrido, hasta el punto de que muchos de ellos cuentan incluso con wáteres químicos y contenedores para la comida (en la isla Vancouver también hay osos). Estos puntos definen los lugares más adecuados para pasar la noche y la mayoría de los senderistas se acogen a ellos (muy a menudo, no hay más remedio, en realidad).
La otra gran decisión, o conjunto de decisiones, consiste en tomar la ruta por el bosque o por la playa o plataforma costera, cuando es posible elegir. El sendero, como tal, discurre siempre por el bosque, salvo algún pequeño tramo donde las mareas, ni siquiera las más vivas, llegan nunca a interrumpir el paso por la playa. Pero, en muchos otros tramos, y contando con recorrerlos durante las horas de marea baja, se puede intentar pasar por las playas, donde las hay, o la plataforma costera. Esta suele ser la opción más popular, ya que el bosque, aún siendo espectacular, resulta más monótono y hay que cruzarlo en largos tramos, de cualquier forma, allá donde la costa forma acantilados infranqueables. La playa y especialmente la plataforma costera ofrecen un espectáculo mucho más variado que empieza por el horizonte infinito del mar y va hasta la exhuberancia de la zona intermareal, pasando por la visión, desde "fuera", del espeso bosque y la sensación de estar caminando en el borde, sobre la frontera entre dos mundos... como en realidad es.
Bailando entre dos mundos y llenando nuestros sentidos de lo que ambos nos ofrecen, pinceladas de realidad en nuestro mundo de plástico y cemento. Lo que sigue es el relato de lo que fue nuestra travesía del WCT.
Fuentes de información
Bibliografía
El consenso general señala a Blisters and Bliss, A trekkers guide to the West Coast Trail, Foster, Aitken, Dewy, B & B publishing, ISBN 0-938567-27-6 como el libro que todo el mundo debe tener.
El título (Ampollas y felicidad), ya da una idea del talante: es, probablemente, la guía más divertida y desenfadada que haya usado nunca pero los autores se las arreglan para hacer su libro a la vez conciso, informativo y realmente divertido. El único "pero" que le podemos poner (y que nos afectaba directamente) es que está escrito en una dirección (norte a sur), sin mucho soporte para los que caminábamos de sur a norte pero, con un poco de esfuerzo, esto no tiene demasiada importancia. El libro es excepcional, tiene toda la información que necesitas para recorrer el sendero y nada que no necesites, es compacto y ligero, perfecto para llevar encima, sólo un par de secciones son prescindibles durante la ruta (la típica pero no menos imprescindible información pre-ruta) y siempre se puede destripar pero es dudoso que merezca la pena. Aún recordamos con cariño muchos de sus chistes y las fantásticas ilustraciones de Nelson Dewey, que son lo más salado de todo. Absolutamente recomendable.

Desde la misma portada, no tiene desperdicio
Me cuenta un pajarito, además, que en la nueva edición (5ª, 2003), Foster y Aitken incluyen descripción de la ruta en ambas direcciones. Pesará más, me temo...
Hiking on the Edge; Ian Gill, David Nunuk (fotos), Raincoast Books, third edition, 2002 describe el sendero de sur a norte pero es otro tipo de libro: menos informativo, más poético. En lugar de ilustraciones, tiene fotos de calidad. Es más grande y pesa más. No es un libro para llevar encima en el sendero aunque sí un buen recuerdo o una buena fuente de motivación para salir ahí fuera y recorrer el WCT.
Mapas
En esta ruta, la orientación no es problema: el sendero es inequívoco y el mar es una referencia casi constante. Un mapa topográfico típico, si bien siempre es útil, no es fundamental. La importancia de un mapa está en otros aspectos; necesitamos un mapa especializado que nos indique los datos que nos afectan: accesos a la costa, acantilados impasables, canales de oleaje...
No hay que comerse mucho la cabeza: el servicio de parques proporciona un mapa con cada permiso extendido, que se recoge durante la charla aleccionadora pre-ruta. Es un mapa específico para el WCT, muestra sólo la franja de terreno de interés e indica datos clave que no veríamos en un mapa genérico: además de los ya citados, detalles como restos de naufragios, puntos de evacuación de emergencia (vía marina), posibles zonas de acampada, reservas indias, existencia de largas escaleras o carricoches colgantes o la altura máxima de la marea con la que es posible pasar por las zonas de plataforma costera.

hey, esa foto también la tengo yo
Web
No busques más, este es el sitio: www.i-needtoknow.com/wct/
Fantástico espacio web para los viajeros independientes que quieran recorrer el WCT. De hecho, si lees inglés, no volverás a pisar mi, en comparación, pobre reseña del sendero. Aquí está todo: descripción pormenorizada, herramienta de planificación de ruta, consejos, detalles, fuentes de información, una organización excelente y fotos, preciosas fotos que te harán querer recorrer el WCT, empezando mañana.
Nuestra experiencia en el WCT
día 0: Banff - Calgary - Vancouver - Victoria
día 1: Victoria - Port Renfrew; Gordon River - Thraser Cove
día 2: Thaser Cove - Camper Bay
día 3: Camper Bay - Walbran Creek
día 4: Walbran Creek - Cribs Creek
día 5: Cribs Creek - Tsuiat Falls
día 6: Tsusiat Falls - Michigan Creek