Glacier Peak desde Liberty Cap, Northern Cascades
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Pacific Crest Trail, 2006: Washington

 

Sección 25: Stevens Pass - Stehekin

 

Día 135: (Skykomish ->) Stevens Pass - Pear Lake (17.9 m. / 28.8 km.)

Hoy, madrugo para coger la bici, ir al pueblo a desayunar y estar en la oficina de los Rangers a la hora de apertura, ni un minuto más tarde. Los Dinsmore no compartían mi entusiasmo por visitar a los Rangers... me decían que no iban a saber nada; y, efectivamente, no me dicen casi nada que no sepa ya. Cruzo dedos detrás del mostrador cuando les pregunto si tienen algún mapa topográfico de los senderos alternativos para llegar a Canadá... bingo, tienen uno. Mejor dicho, tienen ¡dos! ejemplares de un mapa que, irónicamente, es uno que ya tengo en casa, de viajes anteriores. Qué gracia, voy a tener un mapa repe de la otra esquina del mundo.

Con esto, salgo ya contento y sintiéndome autosuficiente; dame un mapa y un sendero y soy capaz de cualquier cosa. Lo del cruce fronterizo, ya veremos.

Intento salir pronto hacia Stevens Pass pero dependo de los Dinsmore para llevarme hasta allí y me encuentro con la encantadora parsimonia de Jerry, que se toma la vida con calma. Me parece muy bien pero, hoy, me acaba exasperando un poco. Aún así, mantengo la compostura. Jerry, tío, deja de rascarte la barriga y llévame ya al PCT.

Andrea & Jerry Dinsmore

Me despido de Andrea y voy para arriba. Las dos secciones que quedan son de lo más remoto y aislado de toda la ruta y, dado que ya es septiembre, es imprescindible conocer el pronóstico del tiempo. Yo ya no sé si preferir que sea bueno o malo... por un lado, sé lo fea que se puede poner la cosa en las Cascades y mi instinto me dice que "mejor bueno" pero, por otro... necesito mal tiempo. ¡Hay que salvar Stehekin! Y necesito, también, apagar los incendios en Pasayten Wilderness para poder llegar a Canadá como el dios de los senderistas manda, por el PCT. Necesito lluvia.

El pronóstico es 50/50... una perturbación menor a partir del jueves (hoy es lunes). Recuerdo lo que viene ahora y hago cuentas: en esta sección, está el tramo permanentemente cerrado desde los destrozos que causó el temporal de otoño de 2003, lo que causa un desvío, que ya utilicé en 2004, por senderos de menor calidad. Y que incluye, como opción, una espectacular travesía sin sendero por una zona de alta montaña por la que no debería pasar en caso de mal tiempo... conclusión: tengo que pasar por allí antes del jueves. Puedo hacerlo.

¿Servirá la escasa lluvia anunciada para salvar Stehekin? ¿Para reabrir Pasayten Wilderness? No sé. No creo. Pero no me queda más que tener fe. Esperar que haya un gran claro sobre mí y una gran nube sobre los incendios. Soñar no cuesta nada...

Salgo deseperantemente tarde y voy haciendo la cuenta de la vieja para ver si podré superar High Pass (la zona esa chunga de la que hablaba) antes de que lleguen las nubes. No me atrevería a ir por ahí sin visibilidad.

Nuevo episodio nostálgico al retomar el sendero en Stevens Pass; camino cabizbajo y pensativo por lo que, en 2004, fue nuestro pequeño paseo triunfal (otro más) hacia la civilización tras haber superado la alta montaña de Glacier Peak Wilderness, los senderos desaparecidos y los vadeos inciertos. Fue una pequeña aventurilla porque nadie había ido por ahí antes (se entiende... no en el mundo PCT) y no había mucha información sobre qué nos íbamos a encontrar. Luego, todo fue muy bien y fue muy bonito. Llegamos a Stevens Pass triunfantes y contentos, sin saber que lo más duro de aquel viaje estaba por llegar... pero eso es otra historia. Ahora, ya digo, camino bastante menos contento que por entonces. Necesito reconciliarme con el sendero y conmigo mismo.

Voy dejando atrás la carretera y subiendo hacia las mágicas montañas. Tardo más de lo esperado en llegar al que fue nuestro último campamento en esta sección, en el precioso lago Valhalla. Sigue igual de hermoso y hay bastantes grupos de excursionistas acampados, con sus niños, todo muy familiar. Ya me hubiera gustado a mí que me llevaran a acampar a un sitio tan bonito cuando era niño...

Lago Valhalla

Un poco más arriba, cambio de vertiente y bajada hacia otro valle, ya en zona Wilderness: Henry M. Jackson Wilderness, montañas verdes y perfiles relativamente amables, aún lejos del plato fuerte de esta sección, Glacier Peak Wilderness, uno de los lugares más hermosos de todo el PCT; pero me faltan aún un par de días para eso y a Henry M. Jackson le dedicaron un lugar muy bonito, también.

Me esfuerzo por progesar. Es lo que pasa cuando sales tarde. No dedico mucho tiempo a contemplar el lago Janus, donde empiezo a sentir la fuerte presencia de la soledad de estas montañas. Por supuesto, no hay nadie más alrededor; ni siquiera el inmenso grupo de miles de millones de pequeñas ranitas, recién nacidas, o transformadas, que encontramos en 2004 en el mismo desagüe del lago (fue todo un espectáculo). Supongo que septiembre ya no es época para ranas recién nacidas.

El sendero me empieza a llevar hacia arriba y me encuentro con una simpática pareja de lo más entusiasta. Ya no me siento tan solo, aunque sólo sea por los dos minutos de conversación. Subo a una hermosa cresta de impresionantes vistas, con mares de montañas en todas direcciones, una estimulante travesía que recuerdo muy bien. Lagos, abajo, en sus correspondientes pequeños circos glaciales y primeras y aún lejanas vistas del gigantesco Glacier Peak, allí, hacia el norte.

Colores otoñales en Henry M. Jackson Wilderness con Glacier Peak al fondo

La cresta es muy bonita, como muchos otros tramos en esta zona, con alternancia de bosque y prados y grandiosos panoramas. Todo eso acaba cuando bajo hacia Wenatchee Pass y el bosque me enguye. Una pequeña subida más y llego a Pear Lake, donde había fijado mi objetivo hoy. Un precioso lago en su circo, donde ya pasé una noche en 2004. La hora me viene perfecta para quedarme aquí. No hay nadie más y puedo elegir un sitio lejos del agua y entre los escasos árboles, perfecto para evitar la condensación en las frías noches que son ya la norma.

Es un doloroso placer volver a Pear Lake, muchos recuerdos de por medio, pero no podía pensar en un lugar mejor.

Pear Lake. Hoy toca vivac

 

Día 136: Pear Lake - Boulder Creek Trail Junction (26.7 m. / 43 km.)

Desde Pear Lake, continúa la tónica de tramos de cresta, espléndidos, con ocasionales bajadas a los collados que comunican los valles transversales. Sigue el buen tiempo aunque las temperaturas son frescas pero eso, en realidad, es lo mejor.

Si mencionaba que Alpine Lakes Wilderness, en la sección anterior, tenía ya ese sabor que yo recordaba de las Cascades del norte, la sensación se amplifica en Henry M. Jackson Wilderness: los grandes picos, que los hay, están un poco más apartados que durante la semana anterior pero la sensación de aislamiento es aún mayor. De aquí hacia el norte, esto son todo montañas; grandes montañas y enormes extensiones inhabitadas.

Glacier Peak se va acercando, aunque su cara sur, la menos glaciada, es también la menos espectacular, pero es una buena boya.

Valles a izquierda y derecha, bosques infinitos en ellos. En la cresta, exquisita mezcla de roca, praderas y bosque, según la altitud y exposición. Voy recordando los puntos reseñables según los cruzo: Saddle Gap, Cady Pass, los montes sin nombre (de los que hay muchos en esta zona) y también los que sí lo tienen, como el pico Skykomish, a cuya vera se encuentra el precioso lago Sally Ann, hoy vacío, en fuerte contraste con lo "poblado" que nos lo encontramos cuando pasamos por aquí en 2004. Muchos más recuerdos se agolpan.

Hago pausa para comer y descansar pero es necesariamente breve; continúo la travesía por la cresta, tan espectacular como la encontré la otra vez; más, si cabe, por el añadido de los incipientes tonos otoñales, que van añadiendo esa nota de color y dramatismo al paisaje. La estación avanza y eso es motivo de cierta urgencia (más psicológica que otra cosa... de momento) pero también trae panoramas nuevos y cambiantes. Y los colores del otoño siempre han sido un acontecimiento especial.

Tonos otoñales en la cresta, Henry M. Jackson Wilderness

Más y más inmensidad montañosa. Es abrumador; sobre todo, cuando piensas que todos esos valles siguen inhabitados y prácticamente vírgenes. Como mucho, algunos tienen un sendero; el resto, nada. Y ahí abajo, en esos valles, habitan tantos seres vivos... osos, ciervos, alces... yo qué sé, no me los sé todos, pero no puedo, ni quiero, evitar pensar en la inmensa biodiversidad y riqueza de la naturaleza... cuando la dejamos en paz. Espero que siga siendo así por mucho tiempo en las Cascades. Esto no es ya una reserva natural; es una reserva espiritual.

Llego al flanqueo de Kodak Peak y, con ello, a la puerta de Glacier Peak Wilderness. Pasado el contrafuerte de la montaña, ahí aparece una vista más del gran pico, ya más cerca y, un poco más allá, esa señal que tan bien recuerdo que anuncia la "frontera" entre ambas zonas Wilderness.

Después de tantos kilómetros por las alturas, viendo pasar los valles transversales, llega por fin el momento de bajar a uno de ellos. El PCT seguirá de frente por la cresta un buen rato más, hasta llegar a la base de Glacier Peak, pero esta es la zona afectada por el temporal de 2003 y cerrada desde entonces. Laderas enteras se vinieron abajo y desaparecieron todos los puentes sobre ríos que, según condiciones, pueden ser difíciles y hasta imposibles de vadear. El flanqueo de Glacier Peak se hace, ahora, por el este, utilizando senderos alternativos de calidad sensiblemente inferior al PCT pero con sólo un par de vadeos menores. La parte este de las montañas resultó mucho menos afectada por el temporal y los senderos se conservaron mejor.

Reconozco las laderas de Indian Peak, que flanquean el valle de Indian Creek, por donde tendré que bajar y es ya cuestión de minutos llegar al collado donde abandono el PCT. Como en 2004, hay una señal temporal que indica el desvío. Tardaré dos días en volver al PCT. Bueno... debería haber tardado dos días. Tal como salieron las cosas, fueron unos cuantos más...

Abandono el PCT en Indian Pass

El sendero del valle de Indian Creek es poco más que una tenue traza entre la vegetación. Así estaba en 2004 y así sigue en 2006 pero, si por entonces lo hicimos cuesta arriba sin mayor problema, no debería ser obstáculo ahora, cuesta abajo. Largo descenso por un valle relativamente amplio, flanqueado por grandes montañas, con algún pequeño grupo glaciar en sus alturas.

Ese es el valle por el que hay que bajar

Tengo que descender el valle completo, hasta su confluencia con otro más en el White River, y seguir descendiendo hasta un puente que permita cruzar dicho río para volver a subir. Ya se ha acabado la bucólica cresta, ahora hay que subir y bajar; una y otra vez. Valga decir que, en Glacier Peak, fue imposible trazar un sendero de altura que lo flanqueara cerca del límite del bosque (como en Adams, Hood o Jefferson), evitando así los inconvenientes inherentes a un sendero de baja altitud: grandes ríos, constantes subidas y bajadas. Glacier Peak, como todos los grandes picos de las Cascades septentrionales, recibe una cantidad brutal de nieve durante el invierno y eso hizo imposible una ruta elevada; habría aludes casi todo el año. Y, claro, luego llega un temporal como el del otoño de 2003 (de relevancia histórica) y los ríos se llevan por delante los puentes y hasta el propio sendero queda destruído por corrimientos de tierra. Eso es lo que le pasó al PCT en su recorrido por las laderas oeste de Glacier Peak, razón por la que la ruta se encuentra permanentemente desviada por el flanco este, donde la ruta es, si cabe, más tortuosa. No está claro siquiera que vayan a intentar reconstruir el PCT oficial; básicamente, piensan, y con razón, que puede volver a pasar. La naturaleza es aún poderosa en las Cascades.

El cambio de escenario a un sendero de peor calidad sienta mal, hay que readaptar la cabeza pero, sobre todo, hay que avanzar lo más posible para poder cruzar High Pass mañana, antes de que llegue el mal tiempo. Así, me esmero en el progreso y llego al final de Indian Creek a buena hora.

Indian Creek desagua sobre el White River, nombre apropiado a sus blanquecinas aguas de origen glacial. La siguiente subida comienza ahí enfrente, al otro lado del río, pero aquí no hay puente; el puente está un montón de kms. más abajo, kilómetros que hay que recorrer primero aguas abajo y, luego, arriba, por la orilla de enfrente. Vadear el río es tentador (ahorraría mucho camino) pero el White River es bastante grande y sus orillas son un caos de vegetación densa. Y no sé qué me causa más rechazo. Decido ir por lo fácil, río abajo hacia el puente, pero pienso echar un vistazo al cauce en la primera ocasión en que el sendero se acerque a él.

Así lo hago. Veo al White River considerablemente más bajo de caudal que en 2004, cosa normal porque entonces era mitad de agosto y ahora es ya septiembre y hace fresco. Parece vadeable. Pienso en todo lo que me ahorraría, veo el talud que tengo que salvar hasta el cauce y la vegetación de la otra orilla (y, claro, no veo el sendero al otro lado, que tendría que buscar...) y decido ir por ello.

Me doy una buena ostia bajando el talud pero el vadeo va sin problemas, muy fácil. Qué gracia, hacía mucho que no vadeaba ríos, qué tiempos, los de los pies mojados... cruzar la "selva" del otro lado es la parte peor pero, con un poco de paciencia y buscando los huecos, consigo progresar y, en pocos minutos, encuentro el sendero. Tuerzo a la izquierda y ya estoy a salvo.

White River, río glacial

Este sendero es el del White River. En esta parte baja, de calidad similar al PCT, es decir, muy bueno. Más arriba, según dicen, casi infranqueable, por la vegetación y escaso o nulo mantenimiento... no es una ruta muy frecuentada. Acaba llevando a la cresta y al PCT pero no fue usado para diseñar el desvío alrededor de Glacier Peak. Esta es la información que recopilé en su momento, en 2004, cuando el desvío aún no era oficial, y que me confirma una pareja con la que me encuentro de bajada: me dicen que han estado recorriendo este sendero hacia arriba y que es, efectivamente, casi intransitable.

Afortunadamente, para mí, yo sólo lo tengo que seguir hasta su confluencia con otro camino, el que sube a Boulder Pass. El propio cruce es el lugar que tengo como objetivo para hoy; si lo recuerdo bien, es un buen sitio para acampar. Y, efectivamente, recuerdo bien. Paramos aquí a comer tras el descenso de Boulder Pass hace dos años y era un sitio muy agradable. Hoy, lo sigue siendo, aunque el denso bosque deja las horas del atardecer un poco lúgubres y escasas de luz. Además, hay nubes. Llevo toda la tarde observando cómo me siguen pero ahora, aquí abajo, tengo poco cielo a la vista. Aún así, decido fiarme del pronóstico, que no da mal tiempo hasta pasado mañana, y no monto el tarp.

 

Día 137: Boulder Creek Trail Junction - Buck Creek Pass (22 m. / 35.4 km.)

Las nubes de anoche no tenían buena pinta y he dormido con la mosca tras la oreja. No ha llovido por la noche. Por la mañana, lo primero que hago es mirar al cielo y sigue parecido. Es después, tras desayunar, recoger y ponerme en marcha, cuando la cosa se empieza a poner peor. Según empiezo el ascenso hacia Boulder Pass, sigo enclaustrado en el estrecho valle y tapado por los árboles y no veo bien el cielo pero parece evidente el cambio. De hecho, no es ya sólo por las nubes: hace frío y esa típica brisa que huele a inestabilidad.

Esto no vale. Es miércoles y el mal tiempo no venía hasta el jueves. Y no me voy a asustar por el mal tiempo a estas alturas pero me pilla en el peor momento posible; vamos, que no había un día peor en todo el PCT (con excepción, quizá, de las dos semanas sobre la nieve en la Sierra Nevada) para que pasara esto: hoy es el día en que debería cruzar High Pass.

Y lo peor, en cierto modo, es que High Pass es una opción, lo que me obliga a una siempre difícil decisión; me explico: el desvío del PCT alrededor de Glacier Peak consiste en 3 largos descensos, seguidos de sus 3 largos ascensos, a y desde valles transversales, separados por altísimas crestas que los senderos deben superar. La opción consiste en evitar la última de estas grandes crestas y, en lugar de pasar por encima y volver a bajar por el otro lado, subir hacia la cabecera del anteúltimo valle y alcanzar la cresta en la divisoria principal, con dirección norte-sur (en lugar de transversal) y seguirla, evitando así la bajada a (y posterior subida desde) el último valle. Mucho más corto pero, sobre todo, mucho más espectacular. High Pass es el punto en el que se accede a la divisoria, justo por encima de los 2000 metros (que, aquí, en estas latitudes, es terreno de alta montaña) y, una vez allí arriba, te encuentras de frente con una de las visiones más conmovedoras de todo el PCT: la cara este de Glacier Peak, sus enormes glaciares, sus vertiginosos barrancos, el espectacular valle del alto Suiattle...

En 2004, esta ruta era una incógnita, sólo conocida por los montañeros locales y sin sendero en las partes más altas; aún así, nos atrevimos a ir por ahí (la ignorancia y su relación estrecha con el atrevimiento...) y no sólo nos salió muy bien sino que nos brindó algunos de los momentos más hermosos de nuestra historia senderista. Cuando decidí volver al PCT, y a pesar de que esta zona era casi el final del largo viaje, no pude evitar acordarme de High Pass, de esa cresta y de las ganas que tenía de volver ahí. Una conclusión que tuve clara, tras la travesía de hace dos años: High Pass no es un sitio en el que quieres estar en caso de mal tiempo. Muy expuesto, sin sendero, sin referencias claras. Necestias visibilidad y no quiero ni pensar en estar ahí arriba con esa peligrosa combinación de visibilidad nula, frío y viento: esto es muy remoto y no basta con bajar hacia cualquier lado en caso de dificultades; hay que acertar con la ruta o acabarías perdido en las Cascades.

Este año, ya sé cómo es el lugar pero cuento con el handicap de que las partes más delicadas las tendría que hacer cuesta arriba, que siempre es más complicado, tanto por la progresión como, sobre todo, por la orientación; hay que encontrar el paso bueno.

Todo esto voy pensando según subo hacia Boulder Pass, apenas una muesca en la primera de las mencionadas crestas transversales. Éste sí que hay que subirlo y bajarlo; la cresta que llevaría desde el paso a la divisoria principal es infranqueable (caminando, al menos): muy escarpada y coronada por glaciares.

El sendero de Boulder Pass, por este lado, es de buena calidad, aunque tiene que salvar mucho desnivel. Hacia la mitad de la subida, sustituye la ladera boscosa por un valle de altura con escaso arbolado y el escenario es ya grandioso y espectacular, rodeado de moles de roca. Desde aquí, tengo ya mejor visibilidad de la evolución del tiempo y las noticias no pueden ser peores: nubes altas que cubren ya totalmente el cielo y bloques de nubes oscuras, más gruesas y bajas, que se van acercando desde el oeste. Esto es un frente en toda regla.

Paso por el que fue uno de nuestros mejores campamentos, en 2004, en la cabecera del valle de Boulder Creek, en pleno circo, justo antes de iniciar la empinada subida final hacia el paso. La parada es obligada pero necesariamente breve, hace mucho frío.

El circo de Boulder Creek

Un rato más tarde, corono Boulder Pass. El panorama es tan espectacular como desolador; por un lado, el lugar es fantástico, con algunas de las vistas más celebradas, como esa del valle del Napeequa, uno de los lugares más remotos del PCT, con el río formando meandros allí abajo, en el suelo de su valle en forma de U; la vertiginosa ladera de enfrente, con Little Giant Pass; y los glaciares cercanos. La parte de la desolación viene porque el tiempo está muy malo: cada vez más nuboso y hace mucho, mucho frío; alrededor de 7 grados, con viento, y estoy congelado. Hacer la labor periodística en estas condiciones es muy duro; tendré que pedir honorarios extra a Shooter pero no podía dejar de plasmar momentos y lugares como este.

El valle glacial del Napeequa

Parte de lo peor de la situación es que, desde aquí, por fin tengo visibilidad hacia la parte alta del valle Napeequa y la zona de High Pass: nubes negro sólido parecen cubrir las crestas. Aquí, un poco más al este, en Boulder Pass, lo mismo que en Little Giant Pass, ahí enfrente, por donde va la alternativa oficial, las nubes bajas aún no han llegado; las propias montañas están haciendo de portero, pero High Pass está en plena divisoria y sólo cuenta con el propio Glacier Peak para protegerle del mal tiempo del oeste. Curiosamente, Glacier Peak no forma divisoria, a pesar de ser el punto más alto; el río Suiattle se las arregla para rodearlo y lleva hacia el pacífico las aguas de la vertiente este. La divisoria está en High Pass.

Ante esto, y habida cuenta de lo duro de las condiciones presentes, prácticamente decido renunciar al objetivo de High Pass. Me da mucha pena porque me hacía mucha ilusión volver ahí arriba pero creo que estas son, precisamente, las condiciones que tenía en mente cuando pensaba aquello de "no en High Pass...".

El descenso hacia el valle Napeequa es vía ladera muy empinada, al ser éste un valle glacial con forma de U. El sendero es de calidad regular pero transitable. Los panoramas del valle son espectaculares, qué lugar tan bonito.

Según bajo, me cruzo con una pareja ¡a caballo! que suben y me anuncian que va a hacer malo, que la cosa va en serio. Bye, bye, High Pass...

El caso es que, de alguna forma, algo dentro de mí se resiste a renunciar. Cuando ya estoy llegando abajo, me encuentro con otra pareja (esta vez, a pie) que me dicen que han pasado por allí (de bajada) y lo han encontrado asequible. Son dos chavales jóvenes, muy entusiastas, y algo de su entusiasmo me han debido contagiar... también me dicen que el vadeo del Napeequa ha sido muy fácil.

Eso lo compruebo en cuestión de minutos: dos años después, me reencuentro con el que por entonces era el temido vadeo del Napeequa: río glacial de aguas lechosas. Inmediatamente, compruebo que los chavales tenían razón y que hoy va a ser mucho más fácil que entonces: el caudal es mucho menor, lo compruebo a simple vista y, especialmente, cuando cruzo con el agua por la rodilla cuando en 2004 llegó casi a la ingle. Sin duda, el hecho de que sea septiembre y de que la temperatura sea tan baja tiene mucho que ver. La segunda rama del río está casi seca.

El río Napeequa; hoy, un vadeo fácil

Unos metros más allá, llego al punto de la gran decisión: a la derecha, valle abajo, el sendero que, al poco, empezará a subir hacia Little Giant Pass; a la izquierda, la leve traza que remonta el Napeequa en dirección a High Pass. A la derecha, la seguridad; a la izquierda, la incertidumbre. Al grito de "¡cagüendiós!", tuerzo a la izquierda.

Yo soy naturalmente cobarde y conservador con el tema de la seguridad y muy impresionable con esto de las montañas; sobre todo, cuando se trata de lugares tan salvajes y aislados como este (el valle del Napeequa no tiene sendero de salida valle abajo; sólo se puede salir de aquí vía alguno de los tres grandes pasos, y todos son muy altos) pero algo hay dentro de mí que me empuja a ir contra mí mismo a veces. Aún así, me digo a mí mismo, no me voy a meter en problemas: si veo la cosa fea, media vuelta. Claro, que... media vuelta ¿a dónde? a un valle sin salida... no es muy halagüeño. Me sentiría mucho más tranquilo subiendo Little Giant y bajando al valle contiguo, Chiwawa, donde hay una pista, y haciéndolo ahora; el propio Little Giant se puede poner muy feo si el tiempo empeora más. En fin...

Todo esto me hace progresar un tanto tenso, ansioso por llegar a High Pass y pasarlo cuanto antes o, en su defecto, darme cuenta de que no hay nada que hacer y darme la vuelta a tiempo de hacer Little Giant. Y el valle del Napeequa no es un sitio por el que caminar muy rápido; el sendero es muy malo y se pierde, a veces, y es necesario encontrarlo de nuevo porque la progresión fuera de sendero sería penosa, a causa de la densa vegetación.

Napeequa, valle arriba

Así, llego a la base del talud donde, según recuerdo, debo abandonar el valle principal y subirme a un valle colgado, que es el que me dará acceso a la cresta. Por fin, una buena noticia: las nubes negras y bajas quedan un poco más hacia el oeste y lo que yo había tomado como la zona de High Pass no es tal; aún hay esperanza de encontrármelo despejado.

El talud es extremadamente empinado, situación típica de la erosión glacial, y está cubierto de alisos (alder, en inglés; lo acabo de buscar en el diccionario) de tamaño arbustivo, vegetación típica de las zonas altas. Estos árboles son muy densos y están muy tumbados hacia la pendiente, a causa del peso de la nieve invernal. Recuerdo el alivio que sentimos aquí cuando, al bajar, en 2004, encontramos una leve traza entre los alisos. Fue sólo entonces cuando cantamos victoria.

Hoy, me esfuerzo en buscar la entrada a los alisos. Afortunadamente, alguien ha marcado el punto exacto con un cintajo de plástico, visión fea pero bienvenida, en estas circunstancias.

A pesar del frío, me gano una de las sudadas más gordas de todo el viaje subiendo por el talud. Es extraordinariamente empinado y piso es terroso, no rocoso, que lo haría mucho más fácil, y lo hago un tanto presionado por la situación tensa. Por lo menos, sé que no es muy largo. En 20 minutos, estoy arriba.

Recuerdo tan bien este lugar. A la hora de escribir esto, la foto que enviamos a Henry Shires de su (y nuestra) Tarptent Rainshadow en este mismo punto aún sigue en primer lugar de su galería de imágenes, lo cual nos llena de un cierto orgullo (que no vale para nada, pero bueno...), habida cuenta de lo antigua que es y todas las fotos que ha ido colocando desde entonces. No bromeaba cuando nos dijo que le había encantado la foto. Y es que el lugar es impresionante: una plataforma en el mismo borde del valle colgado, justo antes del talud y enfrente de los glaciares Clark y Richardson, en la cresta de Boulder Pass.

La vista de ensueño; las nubes de pesadilla

Me quedaría horas mirando esto pero, ahora, mi vista más deseada está hacia el otro lado: desde aquí, ya veo la zona de High Pass (que no el paso propiamente dicho, sólo visible prácticamente al llegar) y veo con alivio que no está cubierto. El cielo encima sí lo está (lleva así todo el día) pero las nubes bajas aún no han llegado. Veo también, con menos alivio, que sí cubren los picos que flanquan el paso (poco más altos que el propio paso), siquiera de forma intermitente, lo que indica que voy a estar ahí, ahí...

Esto me motiva para abandonar mis vistas y apresurarme valle arriba. Una vez aquí, según recuerdo, el sendero ya es testimonial... o no es. En los mapas, esta zona está marcada como sin sendero pero ya vimos en 2004 que hay algo, siquiera una leve traza, en casi todo el recorrido, pero que se pierde a veces. Cuesta abajo, no fue problema: es sencillo ver por dónde va la traza, cuando la hay, y reencontrarla cuando desaparecía; cuesta arriba, esto es más complicado. Además, para bajar, la ruta es clara: para abajo. Hacia arriba, hay que acertar con el paso, y no es sencillo: desde la cabecera del valle, hay varias posibilidades y High Pass es la menos obvia de todas. El propio paso es invisible hasta que estás allí mismo. Por suerte, ya he estado aquí una vez y ya sé todo esto, lo que me tranquiliza mucho. Sería mucho más difícil en caso contrario. Pero, eso sí, necesito visibilidad.

No llevo gps pero, tal como está el tiempo, esta es una de esas situaciones en que usar el cacharrito, si lo necesitas de verdad, es todo un reto, así que mejor poder hacerlo a ojo.

A veces, hay, simplemente, mala suerte. Llevo prácticamente todo el viaje sin usar la brújula. Hoy, la llevo en el bolsillo. Camino acordándome de la leche que me di en 2004 por aquí cerca, en un tramo empinado, al perder pie y caer arrastrando ladera abajo hasta que toqué fondo (un par de metros, nada más, pero no moló) y, en estas, repito jugada. No en el mismo sitio pero cerca y en similar situación, con la desgracia de que, en esta ocasión, echo mano al bolsillo y saco la brújula en cuatro cachos.

No puede ser... justo cuando la puedo tener que usar, y en serio, en un lugar clave... y me la cargo. La pobre brújula ya había sufrido un percance similar en la Alta Sierra y ya tenía un arreglo a base de cinta americana. Ahora, evalúo si es posible otro más. Hay más piezas que juntar y ensamblar. El limbo está intacto pero la base de plástico está rota en varios pedazos y ya no sujeta el conjunto.

Con las urgencias con las que voy, por llegar a High Pass antes de que se lo traguen las nubes, y ahora tengo que parar para intentar recomponer la brújula. Esto es, psicológicamente, muy duro. Tengo que contar hasta 10 y tranquilizarme y decirme que, si lo hago bien, es cuestión de unos minutos y me pongo a la tarea. Luego, además, hacer esto con las manos congeladas no es nada agradable pero me concentro en hacerlo bien y, efectivamente, en unos minutos vuelvo a tener una brújula operativa. Es un cuadro de brújula pero funciona. Aún la tengo, de recuerdo.

Con moral reafirmada, sigo para arriba. Pierdo la traza mucho más habitualmente y por periodos más largos de lo que recuerdo cuando lo hice cuesta abajo pero tampoco me importa: sé hacia dónde debo ir y aquí se camina relativamente bien monte a través porque ya hay muy poca vegetación. El senderito, de todas formas, cuando lo encuentro, es tan exhiguo que prácticamente da igual caminar por él o no; ayuda, más que nada, a la orientación.

Escalones superiores del valle vírgen

Avanzo todo lo rápido que razonablemente puedo para llegar al final del valle y empezar la última parte del ascenso. Aquí es donde ayuda saber dónde está High Pass. Lo recuerdo bien: a la derecha; justo donde no parece que haya un paso. Las nubes siguen sin taparlo.

Pierdo la trocha (o desaparece) en la última parte, donde recordaba que fue sencillo seguirla (y lo que me alegré, entonces, por encontrarla, no sabía que existía). Ya estoy en alta montaña y sólo queda roca, algún nevero, un minúsculo glaciar y un pequeño lago en una repisa. Las nubes cubren a ratos el pico que tengo encima pero, por el momento, no bajan más. Un último recodo y ya veo, por fin, la zona del paso. En dos minutos, estoy ahí.

High Pass, por fin, a la vista

Dos años y algunas semanas después, vuelvo a tener delante este panorama: Triad Lake, justo debajo; los glaciares, que casi toco con la mano, en la cresta que se dirige a Glacier Peak; y el propio Glacier Peak, hoy, si cabe, más dramático porque está cubierto de nubes y sólo asoma la parte baja de los glaciares que caen por sus laderas. El cielo, hacia el oeste, está negro oscuro y, probablemente, es la propia presencia del gran pico lo que hace que esta zona aún no esté cubierta.

Triad Lake

Glacier Peak apenas deja asomar el hielo

Hacia la derecha, identifico la hoya rocosa que me separa de la tranquilidad; al otro lado, distingo el inicio de la traza del senderito que me sacará de allí. Recuerdo ese sendero y, aunque es exiguo y muy expuesto, sé que es fácil de seguir. Ya sólo tengo que llegar allí.

No puedo disfrutar mucho del lugar. Hace viento y mucho frío, 3 ó 4 grados, y estoy congelado. No siento las manos y tengo que armarme de valor para conseguir sacar algunas fotos y algo de rodaje para Shooter. No podía dejar pasar la ocasión, el lugar lo merece.

High Pass, desde el otro lado; y ese techo, cada vez más bajo...

Salgo pitando. La hoya rocosa hay que hacerla con mucho cuidado (un accidente, aún uno leve, aquí y en estas condiciones, podría ser muy grave) pero no tiene mayor dificultad y llego al otro lado. Me agarro al senderito y lo sigo con la confianza de que me va a guiar bien por la cresta.

El próximo tramo es, sencillamente, glorioso, con vistas a Glacier Peak, al oeste, o al valle glacial de exquisita forma de U al que he evitado bajar, al este, según el sendero toma una u otra ladera, siempre muy cerca de la cresta. Paso por el pequeño desprendimiento que, dos años después, sigue ahí y, justo después, lo último que esperaba: me encuentro a alguien y, no sólo eso, sino que ¡nos conocemos! es Two Dog, que sigue con sus dos perrillos, que vienen también. Pero ¿tú no ibas hacia el norte?.

Kim, alias Two Dog, tan entusiasta como la recordaba, me cuenta que había saltado hasta Canadá y estaba haciendo el resto del sendero hacia el sur, no recuerdo por qué razón. En este momento, le admiro tanto como le compadezco por lo que le queda por delante (con lo aliviado que me siento yo de estar ya a salvo; a ella aún le queda lo peor) pero no parece preocupada y no me cabe duda de que saldrá adelante sin problemas. Es muy aguerrida. Le cuento cómo llegar a High Pass y le deseo suerte.

Esta cresta me lleva en descenso a Buck Creek Pass, donde intersectaré el desvío oficial y desde donde iniciaré el descenso al encuentro del PCT auténtico, pasada ya la zona cerrada alrededor de Glacier Peak. Buck Creek Pass es un lugar precioso, un alto collado con bosque (que aquí está cerca de su límite) y un manantial, por lo que es un popular campamento base para explorar la zona. Es por ello que, al rato, me cruzo con una pareja que camina sin mochila; están acampados allí y han salido a dar una vuelta. Me cuentan que la previsión es mala, que el tiempo va a empeorar y que se espera nieve mañana mismo. Pues vaya...

La cresta, camino de Buck Creek Pass

Llego a Buck Creek Pass y ahora viene mi duda: son las cinco, me quedan dos horas para caminar; ¿me da tiempo a bajar al valle? Allí, además de reencontrar el PCT, me consta, hay buenos sitios para acampar y estaré protegido por el bosque, en una zona mucho más baja y estaría en disposición de llegar a la carretera de Stehekin al día siguiente (aunque no sé si para algo...). Pero eso está lejos aún y, si no me diera tiempo a llegar, el único campamento decente que recuerdo en todo este tramo es en lo alto de una pequeña cresta, en Miners Ridge, donde ya pasamos la noche en 2004; decente en buen tiempo pero un tanto expuesto y sin agua.

Estoy muy justo para llegar al valle y, para quedarme en Miners Ridge, a donde no me sirve de mucho llegar, decido, tras mucha duda, que casi mejor me quedo aquí. El anuncio de empeoramiento también pesa: si la cosa se pone muy fea, desde Buck Creek Pass puedo seguir un sendero hacia el otro lado, este, por donde hubiera subido si hubiera evitado High Pass, como vía de escape.

Hay muchos sitios buenos para acampar y me paso un buen rato buscando el que me parece mejor, que esté bien protegido porque hace viento. Hay más tiendas repartidas por ahí pero no veo a nadie, todo el mundo está dentro, no me extraña. Monto el tarp a prueba de bombas y paso un frío del carajo hasta que me meto en el saco.

 

Día 138: Buck Creek Pass - Trinity (-> Leavenworth) (11.5 m. / 18.5 km.)

He notado la nieve caer durante la noche. A la mañana siguiente, el suelo está blanco, con una capa de unos 8 cms. (o eso me parecía entonces), y sigue nevando.

No sé qué hacer. El tiempo ha cambiado un poco, ahora está más tranquilo, menos violento, hace menos viento, pero Buck Creek Pass está envuelto en neblina y nieva. Mi opción base es seguir adelante pero soy consciente de lo que me espera si lo hago: Miners Ridge puede estar muy nevada pero casi me preocupa más que, después de retomar el PCT, hay que subir Suiattle Pass, que es bastante alto y, según recuerdo, de trazado un tanto tortuoso, no muy evidente si la nieve tapa el sendero y, además, hay niebla, como es el caso aquí.

Buck Creek Pass, ayer y hoy

La alternativa es la mencionada: bajar hacia el este. En menos de 20 kms., se alcanza un viejo poblado minero hasta donde llega una pista, una buena vía de escape.

¿Decía yo que soy cobarde y que me asusto enseguida? Pues lo decía de verdad. Mientras sigo viendo caer la nieve, me empiezo a imaginar la ruta de escape cubierta por la nieve, innavegable, en un entorno cubierto por la niebla donde cielo y suelo son un todo blanco. Creo que ayer, con la "hazaña" de High Pass, agoté mi reserva de valentía y confianza y hoy me acurruco en el saco, intentando mantener el calor mientras hago cuentas mentales de cuánta comida tengo y cuándos días podría aguantar aquí, y si serían suficientes para que mejorara el tiempo...

Así estamos de catastrofistas. Qué pensamientos tan ridículos. Parece mentira que lleve 4 meses y medio caminando por las montañas y esté con estas ideas... casi me da vergüenza escribirlo aquí pero lo tomo como una anécdota graciosa, en el fondo. El miedo es libre.

La nieve viene y va. Tras unas pocas horas, lleva un rato sin caer y parece que hasta se ha fundido un poco la que había, a pesar de que calor precisamente no hace. Me animo, por fin, a salir de mi agujero para ver el panorama (y porque alguna vez tenía que mear...) para ver que el espesor de la nieve era mucho menor de lo que parecía, con la limitada vista que tenía desde debajo del tarp. De hecho, efectivamente, se está fundiendo y ya se ven trozos de suelo limpio.

Me acerco al sendero para ver cómo está y parece que todos los inquilinos del lugar hemos tenido la misma iniciativa al mismo tiempo. Me encuentro con la pareja de ayer que, según me dicen, van a bajarse a Trinity (el antiguo poblado minero), donde tienen aparcado un coche, a pesar de que pensaban estarse unos días por aquí. El tiempo no está para bromas. Aparecen dos senderistas que suben desde el PCT, diciendo que también han acortado su viaje y bajan a Trinity. Les pregunto por las condiciones por ese lado y me cuentan que mucha nieve en Miners Ridge aunque el sendero es visible aún, y están sus huellas. También hay un cazador. Mientras los senderistas están de retirada, los cazadores, al revés, llegan ahora. Parece ser que se acaba de abrir la temporada de caza y el sendero desde Trinity es una ruta de acceso habitual; y Buck Creek Pass, un campamento base habitual.

No me gusta la caza ni entiendo el placer que se puede encontrar en matar animales por el puro gusto de hacerlo, utilizando armas ante las que los propios animales están indefensos y no tienen nada que hacer, pero debo admitir que la caza en estas montañas no tiene nada que ver con las dantescas escenas que tantas veces he visto en mi entorno de gordos urbanitas que llegan en coche, caminan 100 metros (si llega) y se sientan a esperar a que alguien les espante al bicho para que pase por delante y le puedan pegar un tiro y volverse a casa por la tarde para dormir en una cama, satisfechos de su sangrienta hazaña... aquí, los cazadores tienen mucho de montañeros/senderistas. Suelen usar caballos para transportar el equipo pero suben a la montaña, acampan allí y se pasan unos días. Caminan para buscar los animales y son autosuficientes. Ya digo, sigue sin gustarme la caza pero no puedo evitar sentir cierto respeto por alguien que, como este cazador que está aquí ahora, se acaba de subir a las montañas con el tiempo este. Obviamente, este hombre tendrá bastantes mejores pertrechos que yo y estará bastante más cómodo en estas condiciones pero aún así...

Decido recoger y caminar, dado que las condiciones no son tan apocalípticas como mi mente, ella sola, imaginaba; me queda ver hacia dónde y decido ser "valiente" una vez más y continuar mi camino hacia el PCT. Afronto un par de puntos críticos: Miners Ridge, que preveo sencillo, y Suiattle Pass, que puede ser difícil. Después, larguísimo descenso, todo cuesta abajo hasta el valle de Stehekin. Suiattle Pass es la clave y lo que me tiene más nervioso.

Si voy hacia Trinity, pienso, necesito transporte para salir de allí... la pista que sigue el valle Chiwawa es larguisíma; asfaltada a partir de cierto punto, pero costaría un día completo de camino, o más, llegar a un cruce con cualquier otra carretera. Tengo ya dos ofertas de los dos grupos en retirada (me lo han dicho explícitamente) para llevarme si decido ir por ahí, así que eso no sería problema.

Nieve recién caída en Buck Creek Pass

Hay nieve en el sendero pero el problema no es seguirlo sino evitar caerse; resbala mucho, tanto la nieve como el barrillo de debajo. Por momentos, el día parece que mejora; por otros momentos, empeora. Voy reflexionando según bajo: no sé cómo acabará esto; seguramente, no tendré problema para cruzar Suiattle Pass pero puede ser duro. Y, luego, vale, llego mañana al valle de Stehekin, ¿y qué...? Es muy posible que esta racha de mal tiempo esté salvando la situación allí, contribuyendo a apagar el incendio pero, si habían evacuado el lugar, ¿dará tiempo a que permitan volver a la gente antes de que llegue yo? Me temo que no... pero, entonces, y sabiendo que el mal tiempo va a continuar por, al menos, un par de días más, ¿qué pasa si tomo ahora la vía de escape y me tomo un descanso en civilización? Podría dejar pasar el mal tiempo (atmosférico) y dar tiempo (cronológico) a que los incendios, tanto el de Stehekin como el de Pasayten, se extingan y todo vuelva a la normalidad para poder tener alguna opción de encontrar Stehekin abierto y de poder acabar el PCT por su ruta oficial... y, así, con esas excusas perfectamente razonables, no quedaría ante mí mismo como cobarde por haber huído cuando la cosa se puso fea...

Me conozco y sé que, si hay algo más fuerte que mi innata cobardía y fácil amedrentamiento, es mi resistencia a alterar mis planes: yo quería ir por High Pass y fui, a pesar del miedo que me daba. Quería salir de aquí pero aquí estoy, avanzando en medio de este tiempo horroroso. Pienso de nuevo en la posibilidad de que los incendios se apaguen y en lo que eso significaría para mi viaje y decido que eso es más importante que la maldita disciplina de los planes. Paro y doy media vuelta. Me voy a Trinity.

Ahora, acelero para alcanzar a los dos grupos que me han ofrecido transporte; no sería muy agradable quedarme tirado en Trinity. Mi idea es irme a civilización y pasar ahí un día, esperando que lo peor pase para entonces y volver al sendero pasado mañana. Lo malo es que salir de Trinity puede ser complicado si no alcanzo a los de delante y, además, y dada la hora a la que voy a llegar, necesitaré también que me lleven a algún lugar civilizado... no pienso hacer auto-stop de noche.

Me apresuro, pues, de vuelta a través de Buck Creek Pass. Me siento contento de mi decisión, aunque un poco cobardica, pero me repito a mí mismo que la razón básica es lo del tema de los incendios, que tiene mucho sentido, por otra parte.

Y, debo decir, hay otra pequeña gran razón que también llevo en mente; esta, un poco menos práctica y bastante más sentimental pero no por ello menos significativa. A lo mejor, y precisamente por eso, más: estos dos días en blanco quizá me den opciones de que alguien me alcance.

Llevo caminando solo desde Snoqualmie Pass, donde perdí a Adam Listo. No lo lamento en absoluto; de hecho, para mí era especialmente importante estar lo más solo posible en estas secciones, tan emotivas para mí. Quería disfrutarlas de la forma más íntima y personal posible, y así ha sido, de lo que me alegro. Pero ahora llega el final, el final del todo, y ese es un momento en el que no me gustaría estar solo. Es un momento en el que me alegraría tener a alguien cerca para compartir la experiencia y para sacar las fotos sin tener que buscar una piedra donde apoyar la cámara para usar el disparo automático...

...es broma, lo de las fotos. En serio, ya la estancia en Stehekin, si por fin fuera posible, es un momento que en mis sueños perfectos aparece como una especie de celebración en compañía. Sería tan genial encontrar allí gente conocida... o desconocida también, pero especialmente esa gente con la que ya has compartido experiencias, para poder contar batallitas con una cerveza en la mano, antes del empujón final...

Bueno, pues empiezo a preocuparme por esa posibilidad; al márgen del lío de Stehekin y su incendio, no tengo ni idea de quién viene detrás ni a qué distancia. Durante mi día de descanso en Skykomish, no apareció nadie. De seguir adelante, es perfectamente posible que no me encuentre con nadie más hasta el final del viaje; es decir, que no me encuentre a nadie más... nunca más.

No es que pase nada pero es un pensamiento un poco triste. Es por eso que tengo otra poderosa razón para estar de retirada ahora mismo: voy a "perder" dos días en los que espero dar tiempo a que alguien me alcance. A ver si hay suerte.

La ruta es muy bonita. Baja por ese valle en forma de U perfecta que veía desde la cresta entre High Pass y Buck Creek Pass, con el tinte dramático que dan los picos que lo flanquean, cubiertos por nubes que ocultan las cimas y dejan asomar el límite inferior de la nueva nieve caída. Aún nieva un poco, a ratos. Hace mucho frío pero caminando se está relativamente bien; sobre todo, caminando hacia la civilización.

Saliendo de las profundidades de las Cascades

Alcanzo a los dos veteranos, que van muy despacio. Sigo adelante y me cruzo con un Ranger que se está tomando un descanso; me dice sube ahora porque empieza la temporada de caza (eso ya lo veo; ya me he cruzado con varios grupos de cazadores) y que tiene ir a controlar que acampen en las zonas adecuadas y que se porten bien. Le comento que estoy de retirada y me confirma que el mal tiempo va a continuar. Pues espero que vayas bien preparado (no me cabe duda que lo va...) y le pregunto a dónde puedo ir, ya que este lado de las montañas estaba fuera de mis planes y aún no he echado un vistazo al mapa de carreteras... me recomienda Leavenworth, que es el pueblo que yo tenía en mente, así como un alojamiento asequible en el que es, al parecer, un sitio muy caro (turístico). También me dice que la pareja joven está cerca y, efectivamente, acabo alcanzándoles al rato. Les recuerdo su oferta; no me vayáis a decir que no ahora... es broma, son muy amables y se ofrecen a llevarme hasta Leavenworth. Les pilla de camino, de todas formas.

El camino es largo y parece que no acaba nunca. Me adelanto a los chavales, que van despacito, y me cruzo con un cazador que va solo y a pie, con su mochilón. Me dice que acaba de ver un oso en la ladera de enfrente y me lo señala: es sólo un puntito negro en la lejanía pero me presta sus prismáticos para que lo vea bien y me convenza de que es un oso. Sí, sí que lo es. El señor este es muy simpático y me cuenta cosas interesantes. Sigue sin gustarme la caza. Yo no mataría al osito ese, ni a ningún otro bicho, a no ser que lo necesitara para sobrevivir pero, ya digo, el ambiente en torno a la caza en estos lugares me parece mucho más sano y cercano al auténtico espíritu de la actividad que lo que estoy acostumbrado a ver.

Celebro mi llegada a Trinity metiendo el pie en un arroyo que había que cruzar unos minutos antes, por pisar en piedra resbaladiza. Así, con una pierna calada, monto en el coche que los chicos estos tienen aparcado aquí.

El viaje es muy largo y se hace de noche por el camino. Menos mal que me llevan hasta el mismo Leavenworh. Me cuentan que iban a pasar unos días de vacaciones por aquí y que es la segunda vez que les pasa que tienen que acortarlo por el mal tiempo. Se resignan sin traumas.

Una vez en Leavenworth, me llevan hasta el alojamiento que me había recomendado el Ranger y no se van hasta que confirmo que tengo habitación. Qué amables.

Leavenworth es, para los thru-hikers, la alternativa a Skykomish desde Stevens Pass. Skykomish está al oeste, menos lejos y tiene un nombre más bonito. Leavenworth está más lejos y es más grande, con más servicios, pero también más caro. Es un pueblo turístico. El centro urbano es una réplica de un pueblo bávaro: las casas guardan ese estilo, pero también los nombres de las calles, de los comercios... es muy gracioso. Estos yankees...

No esperaba venir aquí pero, ya que estoy, voy a intentar disfrutar de la estancia.

Cambiando las Cascades por los Alpes...

 

Día 139: Leavenworth (0 m. / 0 km.)

Shooter se ha pasado el verano siguiendo a sus senderistas. Trabaja durante la semana y los viernes acostumbra a viajar allí donde pueda encontrarse con alguno. De esta forma, complementa el necesariamente cutre metraje que le podamos aportar con algo más profesional y de contenido diferente. En estas últimas semanas, está intentando seguirme a mí, supongo que porque de los demás ya tiene mucho más material. Yo soy nuevo en el grupo.

Hablé con Shooter desde Skykomish. Hoy es viernes, el día en que tenía pensado llegar a Stehekin, si es que había algún Stehekin al que llegar, y Shooter quería encontrarme ahí, así que le llamo para avisar del cambio de planes y localización. Ya estaba de camino. Aparecerá esta noche por aquí.

Leavenworth es muy agradable; aparte del pegote caricaturesco del rollo bávaro, es un pueblo compacto, se puede ir andando a los sitios, y tiene de todo. Puede parecer una cosa tonta pero en toda la ruta no hay muchos pueblos así. Aprovecho la estancia para intentar cubrir un par de carencias que me tienen un poco preocupado. Por un lado, busco zapatillas nuevas; las que llevo están no ya en las últimas... las últimas las pasaron hace tiempo ya... no tienen ningún roto pero la suela está tan desgastada que ya aparece la siguiente capa en algunos puntos. A estas alturas, me hace cierta ilusión (tonta, pero ilusión) terminar el sendero con ellas porque queda muy poco y, si lo hago, habría completado el PCT con sólo dos pares. No sé si debería pasar a la historia por esto (yo creo que sí...) pero es como una especie de reto cutre, me apetece ver si es posible y quiero intentar hacerlo. Pero, por muy poco que quede, de verdad tengo miedo de que no lleguen al final. Pensaba aprovechar la visita a Seattle desde Snoqualmie Pass para comprar unas nuevas pero como, al final, esa visita no sucedió, no hubo lugar. Ahora, aprovecho la visita no programada pero que sí ha sucedido para comprar zapatillas nuevas. Esto no quiere decir que renuncie a mi record histórico, no, no... he decidido llevarme las nuevas en la mochila, por si acaso. Toma ya... tanto rollo con el ultraligerismo, tanta cuenta para reducir gramos y, ahora, me cargo con cerca de un kilo extra por la razón menos práctica imaginable. El ser humano es así, qué le vamos a hacer.

El otro hueco que intento llenar supone otra pequeña traición a mi filosofía y es que busco unos pantalones impermeables. Durante estos días, he visto las limitaciones de mi equipo anti-agua; no es ya el agua el problema sino el frío asociado y el hecho de que ya es septiembre y, en estas montañas, cuando hace malo en septiembre, hace ya mucho frío. Me he visto un tanto desamparado y, si bien las piernas son menos importantes que el resto y sé que puedo salir adelante con el pantalón todoterreno, me da miedo sólo de mirar para arriba y ver los montes de alrededor cubiertos de nubes que dejan asomar un faldón de nieve reciente. Queda poco pero me sentiré más seguro con una capa adicional. Huelga decir que la minifalda está muy bien, funciona y está, además, probada en las propias Cascades (¡en esta misma zona!) pero en agosto. Estas condiciones están más allá de su límite de utilidad y ni pienso sacarla.

Busco un pantalón impermeable pero no uno transpirable, de algún x-tex, sino algo mucho más sencillo: un simple cachoplástico no transpirable, lo más austero posible, para que pese poco. Y el problema es que en las tiendas de montaña (hay dos) sólo tienen de los técnicos. Me indican que vaya al almacén de ferreteria/bricolage y, ahí, efectivamente, tienen unos estupendos trajes de vinilo pero deben ser para jugadores de baloncesto porque, a pesar de que me compro la talla S (la más pequeña que hay), me sobran 15 cm. de pernera y la entrepierna me llega cerca de las rodillas. A la mierda... sobreviviré con lo que hay.

Las zapatillas sí que las encuentro. No las mismas que llevo pero sí un modelo similar de otra marca.

Aquí también hay oficina de Rangers y me paso a hacerles una visita. No hay noticias nuevas de los incendios en marcha pero, tras haberme estudiado los mapas, he identificado alguna alternativa para llegar a Hozomeen (asumiendo que Pasayten Wilderness siga cerrada) que me parece mejor que lo que había sugerido el servicio forestal y les pregunto que qué tal por ahí... empiezan a la defensiva, diciendo que si la alternativa "oficial" va por allá, será por algo pero les "obligo" a decirme por qué no vale la mía y acaban reconociendo que no hay ninguna contraindicación aparente. Es una ruta mucho más directa que la sugerida por el servicio forestal y, además, y sobre el mapa, más atractiva, porque enlaza el PCT con las orillas del lago Ross a lo largo de una alta cresta. Ni idea de en qué estado están esos senderos pero ahí sí que me ayudan, facilitándome fotocopias de una guía y buscándome información en internet. The Devil's Backbone se llama la ruta en cuestión y ya tengo claro que, si el PCT sigue cerrado, iré por ahí.

Otra cosa que me aportan los Rangers es el pronóstico del tiempo, y no es muy bueno: ración variada de nubosidad, precipitación y algún claro, siempre con temperaturas bajas. De todas formas, tengo claro que voy a salir mañana; es uno de los días con el simbolito del sol asomando asustado detrás de una nube gorda.

Leavenworth es muy gracioso: con su par de calles "bávaras" y el resto es estilo americano; pero parece que les va bien. A mí, lo que me importa ahora es que hay numerosos sitios para una buena cena. Bávara o no, eso ya me da lo mismo; cerveza, van a tener igual...

Muy bávaro todo...

Por la noche, llega Shooter. Es gracioso, esto, porque él no me puede llamar a mí (no tengo teléfono) así que tiene que esperar que le llame yo o adivinar... y lo curioso es que es bastante bueno adivinando. Hoy tenemos sesión de grabación urbana. Ahora sí que ya me siento estrella de las pelis, con glamour y todo... no sé cuánto de esto irá al corte final, si va algo... yo me limito a contar mi rollo, con ese acento tan depurado que gasto...

 

Día 140: (Leavenworth ->) Trinity - Miner's Creek (15 m. / 24.1 km.)

Una de las cosas que me daba mal rollo de venir a Leavenworth es que, ahora, tengo que volver a Trinity... y eso es una tarea de dificultad aleatoria. Lo mismo me cuesta hora y media, que me paso el día entero o que no llego. Tengo que salir de Leavenworth por una carretera más o menos principal, cambiar a otra no tan principal y, por fin, cambiar otra vez para, desde ésta, tomar la carreterilla de Trinity, la que se transforma en pista para morir allí, con lo que puedo esperar necesitar tres transportes diferentes y, con suerte, encontrarlos rápido. El primer trayecto no me preocupa, será fácil; el segundo ya puede costar y para el tercero tendré que cruzar los dedos y esperar que haya *alguien* circulando por ahí; si bien estoy prácticamente seguro de que el primero que pasara me recogería.

Cuando Shooter me dijo ayer, por teléfono, que venía hacia aquí con un coche de alquiler pensé "de puta madre, Shooter me lleva a Trinity, problema resuelto...". Pues no. Mi rollo en un pozo. Resulta que el colega quiere plasmar en imágenes todo lo que supone recorrer el PCT (ok, eso ya lo sabía) y ello incluye el episodio propio de la vida del thru-hiker acerca de... volver al sendero desde la civilización.

Huelga decir que, en estos lugares, ni oír hablar de transporte público.. hay que hacer auto-stop, y Shooter quiere filmar eso. Es más, en un esfuerzo loable, y que aprecio, por dotar al documental de autenticidad, quiere que lo hagamos como si él no estuviera ahí. Vamos, que no vale sacar el dedo, esperar 3/4 de hora y, tras ver que no para ni dios, pedir ayuda al de la cámara. No, no... tiene que ser auténtico y quiere filmar cómo me recogen... o cómo *no* me recogen. Si ya digo yo que es duro esto de ser estrella de las pelis...

Quedamos para desayunar y yo como el cuádruple que él. Y no, no me siento panzón. Come todo lo que puedas: esa es la única regla en este viaje.

Salimos del local y, aparte de frío, ¡hace sol! aunque las montañas no están del todo despejadas pero la mejoría es evidente. A ver lo que dura. Camino hasta la salida del pueblo para comenzar la operación.

De vuelta a las montañas

Empezamos bien: en menos de cinco minutos, para uno. Son una pareja de mejicanos que van al trabajo, muy majos. No les veo muy conectados con el senderismo y las montañas y la historia esta de caminar por el PCT les suena a música celestial pero la reacción viene a ser la misma curiosa reacción que he observado una y otra vez: quieren ayudar. De momento, ya me están ayudando, llevándome, pero como parece que no les es suficiente, uno intenta regalarme sus gafas de sol. "Necesitarás gafas de sol en el monte, ¿no?" Pues sí, pero ya tengo... ¡pero gracias! Aprecio la buena intención aunque no me hubiera sentido muy a gusto con las gafas estas de DJ que me quería dar.

Sólo consigo hacer el primer tramo ya que ellos siguen adelante en mi cruce. Me bajo y les agradezco el viaje.

Shooter nos ha seguido; aparca y se baja para seguir el trabajo. Me hace mucha gracia, esto...

... no tanta cuando, media hora después, o más, sigo ahí, viendo pasar coches (pocos) y no viendo parar a ninguno. Vamos, tíos, ¡soy un senderista con prisa! ¿No va a parar nadie? ¿Hago gestos obscenos a la cámara para entretenerme?

Por fin, alguien se apiada; era sencillo: un empleado forestal con una gorra con el emblema del PCT. Me dice que tiene que, aunque no iba a ir allí, me puede llevar hasta Trinity (¡¡sí!!!) pero que antes tiene que ir a echar un vistazo a su cuadrilla de trabajo (hacen mantenimiento de senderos). Vale, no hay problema.

Vigilo a Shooter y veo que viene detrás, no se le escapa una. Llegamos al lugar donde mi conductor a quedado con sus compis. Le comento la jugada a Shooter y me dice que, si ya tengo transporte asegurado, no necesita filmar más y que ahora ya puede llevarme él (y así evitamos que el hombre este que me traía tenga que subir hasta Trinity pa ná...). Este Shooter es más purista que yo... Así que, ya sabéis, si alguna vez veis su documental, podéis contar con que es totalmente auténtico, no está apañado ni nada (pocos documentales habrá así... hoy en día, ¡ni las noticias son así!).

Así que nos despedimos de los simpáticos forestales y vamos hacia Trinity. Está lejos, el condenado sitio... llegamos bien tarde pero ya me esperaba algo así... era difícil que saliera mejor.

Saco la mochila del coche de Shooter para encontrarme un siete (más bien un uno) de 10 ó 15 cms. en la pared principal... y me viene a la mente inmediatamente el estrecho hueco donde la coloqué en el coche del forestal, así como el tirón que di para sacarla... caguentó... la mochila, tan contenta por los montes, y las dos averías que tiene se las ha hecho en civilización... para que luego digan de los peligros de la montaña...

Da igual, para lo que queda... le pongo un buen parche y así doy un poco de uso a los 3 kms. de cinta de nylon que compré en LA.

Shooter se viene conmigo un rato para rodaje en sendero y duda entre quedarse a pasar la noche o no. El sol de esta mañana se ha ido oscureciendo y, a estas horas y alturas, ya es todo nube gris y no sé si eso será lo que le disuade (no creo...) pero decide hacer sólo ida y vuelta.

Como de costumbre, el rato de grabación estática me deja congelado. Que sepáis que esas tomas costaron su esfuerzo. Como decía la profesora de baile, cuyo nombre no recuerdo, la fama cuesta... y aquí (toques de bastón en el suelo) es donde vais a empezar a pagar... con sudor. Yo pago con tiritona, que creo que es peor.

Me despido de Shooter, no sin antes compartir planes. Espera estar allí cuando llegue (yo) a Canadá pero, claro, a estas alturas, aún no sabemos siquiera no ya cuándo sino dónde será eso... de momento, Hozomeen; si el mal tiempo sigue, quizá (cruzo dedos, brazos y piernas) Manning.

Vuelve a hacer muy malo y, según subo, peor. Es psicológicamente duro desandar el camino de anteayer pero no hay más remedio. Y es físicamente duro también porque se ha hecho muy tarde y mi objetivo es, ahora, un poco ambicioso: quiero llegar al valle de Stehekin mañana a tiempo de coger el autobús que lleva... bueno, no sé muy bien a dónde. Normalmente, al embarcadero, que es donde están los escasos servicios del lugar, pero es, también, la zona amenazada por el fuego y, si nada ha cambiado, evacuada. Según he sabido, las casas que están valle arriba están, de momento, a salvo y, de hecho, el correo de los thru-hikers (que, como no hará falta explicar, ¡no puede esperar!) está siendo gestionado desde la panadería. Por cierto: el tema de la panadería de Stehekin merece su comentario personal; ya se lo dedicaré.

El PCT emerge en la carretera/pista del valle de Stehekin a pocos metros de donde para y da la vuelta el bus. Es un autobús que, prácticamente, sólo sirve para acercar allí a los excursionistas. Hay sólo unos pocos al día y mi objetivo es intentar coger el último. Para ello, calculo, hoy tengo que llegar a Miner's Creek. Eso supone subir a Buck Creek Pass, donde dormí hace dos días, pasar Miner's Ridge y bajar al valle. Miner's Creek es una zona relativamente baja y con bosque denso donde estaré lo más protegido que puedo estar. Tengo que conseguir llegar allí.

El valle Chiwawa, por el que subo, es de una espectacularidad casi realzada por las nubes que tapan las cumbres. Las infranqueables paredes que llevo a la izquierda son las que me separan del valle Napeequa, por el que subía hace tres días. Llego a Buck Creek Pass con las nubes casi rozándole y un tiempo casi tan malo como el que dejé aquí anteayer. Hay algo menos de nieve por el suelo, está casi toda fundida.

Empinado descenso a una vaguada para volver a subir otra vez hasta coronar Miner's Ridge, a, más o menos, la misma altura que Buck Creek Pass. Allí, echo un rápido vistazo al lugar donde acampamos en 2004; muy acogedor, aquel día, no tanto hoy, con la niebla casi rozando la cresta y todo mojado.

Comienzo el descenso definitivo hacia Miner's Creek y el PCT, de cuya traza oficial llevo separado más de cuatro jornadas. ¡Ha costado! pero ya casi estoy ahí.

Allí abajo reencontraré el PCT, si no se lo traga la nube...

Encuentro algunos buenos campamentos potenciales durante el descenso pero ya he decidido llegar abajo y, aunque muy justo de tiempo, lo lograré. Tampoco es que sea tan tarde pero el día está tan oscuro que, una vez que abandono la zona alpina y me meto en el bosque, es como si se hiciera de noche, está muy oscuro.

Por fin, llego al cruce donde me reencuentro con el PCT. Por hoy, ya está casi todo el trabajo hecho. Sólo tengo que avanzar unos minutos más, hasta llegar al puente donde el sendero cruza Miner's Creek y donde encuentro un estupendo campamento, estupendamente empapado. *Todo* está chorreando agua por todos los sitios: suelo, árboles, senderistas... y eso que hoy apenas ha llovido pero la humedad ambiental es enorme y el frío hace que condense por todos los sitios.

Acampar en estas condiciones no es de lo más agradable; entre otras cosas, porque, en el momento en que te paras, te congelas. Hace frío, ya, pero es que, además, la humedad es esta de la que se te mete hasta el alma. Se trata, por tanto, de hacer las tareas de campamento lo más rápido posible y meterse al saco con toda la ropa seca disponible puesta. Monto el tarp lo más ventilado posible, habida cuenta de que no hace ni gota de viento e, incluso, si la hiciera, aquí estoy bien resguardado por el bosque denso. Aún así, es cuestión de minutos (y casi le quito la "s") que la lona esté empapada también. Frío y humedad, tiempo de hipotermia. Condiciones duras.

Día 141: Miner's Creek - High Bridge (-> Stehekin) (20 m. / 32.2 km.)

Paso una buena noche, duermo bien y no paso frío. Me quedaría dentro del saco sin salir hasta que llegara el verano otra vez pero, muy al contrario, tengo que madrugar y darme prisa en volver a salir al infierno húmedo.

Por lo menos, el tiempo ha mejorado sensiblemente: hay muchos claros en el cielo, aunque duran poco pero las nubes que quedan no son tan negras como las de días anteriores. Eso está bien porque aún queda un obstáculo importante entre Stehekin y yo: Suiattle Pass, que es lo que viene ahora, así que me apresuro, antes de que el tiempo se ponga peor otra vez.

La subida es tranquila y muy bonita, con esos panoramas tan alpinos de las montañas de alrededor que tanto nos sorprendieron y gustaron hace un par de años y, ahora, casi más, con el marco de las nubes, las nieblas y las nieves para darle más dramatismo a la cosa. Por suerte, el tiempo aguanta, más o menos.

Cerca del collado, comienza a haber nieve, aunque la capa es fina pero suficiente como para dejar bien marcada una huella que conozco bien: ¡es la mía! Esto es, es la misma suela que la de mis zapatillas... bueno, un poco más nueva; la mía ya casi no deja huella, ji, ji...

Y ¿quién más lleva unas Vasque Velocity que yo conozca y que sepa que puede estar por aquí? Pues... Smiley, claro. De alguna forma, me convenzo de que va a tratarse de él. Desde luego, sea quien sea, no está lejos, ha pasado por aquí esta misma mañana. Y ahí tengo a la gente que esperaba que tuviera tiempo de alcanzarme. Por lo menos, ¡uno!

Ya prácticamente en el paso, veo otras huellas en la nieve, tan recientes como las de las Velocity pero de otro bicho distinto:

Huellas de oso recién puestas

Esta vez no veo al oso pero supone una sensación muy especial y muy bonita saber que ese animal está por aquí; saber que animales como ese están por aquí y que yo soy un invitado en su casa. Me siento muy afortunado por eso.

Un poco más adelante, el PCT llega a un cruce múltiple que recuerdo bien: sé que, de seguir directo valle abajo (la antigua ruta del PCT), consigo enlazar con la traza oficial más abajo y me ahorro algo de distancia y recuerdo que ese sendero alternativo está en muy buenas condiciones... es el que usamos para subir en 2004. No sé por qué han trazado una ruta nueva que va rodeando vaguadas por la ladera en lugar de bajar directo pero me siento más cerca de mi objetivo yendo por el lado más corto, así que abandono las huellas, que se han ido por el otro. De todas formas, la nieve ya desparece pronto.

El tiempo se mantiene relativamente estable; no hace tanto frío, no llueve y el cielo se mantiene con un nublado de pronóstico reservado. Estoy enfilando ya el inicio del larguísimo descenso que, a lo largo del valle de Agnes Creek, me llevará a desembocar directamente en el río Stehekin: final de trayecto para hoy. Ya sólo queda bajar por Agnes Creek.

Recuerdo perfectamente este valle, cuando lo subimos en 2004 en una calurosa tarde/mañana de agosto. Tardamos dos medios días en llegar a Suiattle Pass. Hoy, es otra historia y otro ritmo: necesito estar en el valle de Stehekin alrededor de las cinco.

La cabecera del valle de Agnes Creek es un lugar sublime, rodeado de grandes picos. Al poco de empezar a descender, entro en el bosque y, a partir de ahí, las vistas son intermitentes y la belleza del lugar se concentra en el propio bosque y en el curso de Agnes Creek, a la que vas viendo crecer poco a poco.

Valles remotos de las Cascades. Por ese hay que bajar, esta vez

Llego a la confluencia con el PCT oficial en un sitio que recuerdo bien: aquí acampamos, en su día. Qué lugar tan agradable, bosque denso pero espacioso, a la vez... ¿cómo es eso? Pues es muy común en los bosques de América: los árboles son tan grandes que forman una relativamente densa cubierta vegetal ahí arriba pero, en el suelo, el espacio entre los troncos es enorme y, como tampoco llega mucha luz, libre de arbustos, con lo que forma campamentos absolutamente perfectos: protegidos de los elementos, si los hay; amplios y espaciosos y, en este caso, con el arroyo al lado. Dado que voy bien de tiempo, me regalo un descanso aquí mismo y cojo agua en el mismo sitio de la otra vez. El agua más rica posible.

Sólo parada para comer hoy en Hemlock Camp; es el mismo sitio

Ya sólo queda descender y descender durante horas. El tiempo se mantiene semi-estable y se nota el aumento de temperatura según pierdo altitud. Me gustó mucho la travesía por este valle y me vuelve a gustar: el bosque es precioso, muy evocador, amplio y acogedor y, de cuando en cuando, hay fantásticas vistas de las ocasionalmente rocosas paredes que flanquean la ruta.

Agnes Creek confluye con otro valle lateral y hace un gran recodo, el primero y el último. A partir de aquí, la ruta se complica un poco porque el río (ya es un río) se encaja en un estrecho cañón y el sendero tiene que subirse por las paredes. Nada del otro jueves pero cuesta un poco según uno va estando más cansado.

Ya casi veo la salida del valle, donde Agnes Creek desaguará en el río Stehekin y, justo cuando comienzo el último descenso, aparece un trío que sube... las primeras personas que veo desde que dejé atrás a los cazadores en Buck Creek Pass. Y, casi antes de decir hola, y aún a riesgo de parecer tosco:

- "¿Venís de Stehekin? ¿sí? entonces, ¿cómo está el lugar???"

- Completamente operativo

Y esto sí que no me lo puedo creer. Son las mejores noticias que he escuchado en mucho tiempo. Se me dibuja una sonrisa que me da la vuelta a la cabeza, salto, bailo y abrazo a mis colegas senderistas. Bueno, casi...

Me cuentan que, efectivamente, las lluvias han apagado el incendio. Justo a tiempo: había llegado a pocos metros de la zona del embarcadero. Y que, pasado el peligro ya, han permitido que la gente vuelva.

La jugada de la huída a Leavenworth me ha salido redonda. No podía haber salido mejor y no puedo estar más y más y más feliz. Stehekin se ha salvado y yo voy a poder estar ahí para contarlo y disfrutarlo. Stehekin es un lugar muy especial. Intentaré, en las líneas que siguen, transmitir por qué pero creo que hay que estar allí para verlo. Y me siento tan feliz de volver a tener esa ocasión.

Me despido de los tres, que están encantados de verme tan contento. Bueno, creo que lo entienden. Bajo los últimos metros y llego a la carretera (pista levemente asfaltada, más bien) del valle de Stehekin. Unos pocos metros más allá, al puente sobre el impresionante río Stehekin (el mismo que se cargó la carretera en otoño de 2003) y, por fin, la estación de Rangers (ahora vacía) y la parada del bus. Victoria. Ya sólo queda esperar.

No hay nadie en el lugar. Es hasta difícil imaginar que sea cierto que, dentro de una hora, vendrá un autobús por aquí; no es este el típico lugar por el que pasa un autobús, y mucho menos en USA... esto es una pista en medio de las montañas. Por lo demás, disfruto de mi momento de gloria: ya he hecho el trabajo, ya estoy a salvo y, sobre todo, Stehekin está a salvo y yo tendré el placer de pasar un día allí.

Stehekin es un valle en la vertiente este de las Cascades. Durante más de 50 kms. de su longitud, está ocupado por el lago Chelan, que resulta ser uno de los lagos más profundos de todo EE.UU. Esto provoca, entre otras cosas, que el tramo medio del valle de Stehekin, que es donde están los asentamientos, esté aislado del mundo motorizado. No hay carretera para llegar a Stehekin. Supongo que, de no haber habido lago, hubieran construído una carretera... dicho de otra forma, los asentamientos surgen de la existencia de vías de comunicación: originalmente, si se trata de historia antigua, caminos; luego, pistas, carreteras... autovías... pero eso es otra (triste) historia... aquí, la vía de comunicación con el mundo fue el propio lago Chelan y lo particular es que ¡lo sigue siendo! Nadie se ha molestado en construir una carretera para llegar a Stehekin. Las implicaciones de esto son demoledoras.

Pero he mencionado antes "la carretera del valle de Stehekin"... sí, hay una carretera/pista (asfaltada hacia el final) pero es una carretera aislada del mundo de las carreteras. Empieza en el embarcadero, al final del lago, donde está el hotel, la tienda, la oficina postal, la de los Rangers... y ¡poco más! y continúa valle arriba, pasando por alguna que otra casa, la panadería y, por fin, el rancho de la familia Courtney; y sigue hasta el lugar donde yo espero ahora. Hasta otoño de 2003, continuaba unos kms. más pero el río se llevó un cacho y no parece que la vayan a reconstruir.

Chispea mientras espero pero ni siquiera me hace falta buscar refugio en el porche de la cabaña de los Rangers. A la hora esperada, aparece el bus amarillo: ¿será el mismo simpático conductor de 2004? Pues no, es otro... este tiene una barba blanca como la del abuelito de Heidi:

Stehekin shuttle

no sé si es más o menos simpático pero es aún más entrañable. Alton es un señor campechano y agradable. Es la mejor bienvenida a la estación más especial de todo el PCT.

Viene solo; no hay senderistas saliendo ahora, cosa comprensible; las cosas aún distan de haber vuelto a la normalidad en Stehekin. Las noticias que me trae son algo menos buenas que las últimas que acababa de oír: en el hotel del embarcadero aún hay muchos bomberos alojados y el restaurante no está funcionando aún... alimentan a los bomberos pero es difícil decir si se le puede considerar abierto al público. Es que no hay público.

Me recomienda quedarme en el rancho de los Courtney. A todo esto, no he mencionado que el rancho, aparte de ser, pues eso, un rancho, funciona como alojamiento también. Tampoco están "abiertos" del todo pero me asegura que ahí tendré lugar donde dormir y cena. Bueno... yo quería ir al embarcadero. Es ese lugar con el que llevo soñando todos estos meses pero hay muchos kms. entre embarcadero y rancho y, si me decido por uno, deberé quedarme ahí. No tendré posibilidad de alcanzar el otro.

Alton me anuncia que en el rancho hay otro thru-hiker y eso es lo que, definitivamente, inclina la balanza. Imagino que es el dueño de las huellas que he visto esta mañana y espero encontrar allí a Smiley. Hoy pasaré la noche en el rancho y mañana podré, por fin, acercarme al embarcadero. Y pienso que me gusta el plan.

El tiempo sigue malo, maloso... gris, oscuro, lluvioso, húmedo... llegar a las construcciones de madera del rancho de los Courtney sabe a llegar a casa, ese lugar cálido y agradable donde cobijarte cuando fuera no estás a gusto. Alton entra conmigo para anunciar que ha recogido un descarriado más. El ambiente es extraño. Esta parte alta del valle no había sido desalojada ni había estado nunca en peligro pero los Courtney se habían quedado sin clientes y el lugar, en su vertiente de alojamiento, estaba algo así como medio-abierto, nada más. Aún así, la gente que lleva este lugar es súper-amable y me indican que la cena está en marcha. Ahí, atendiendo a los thru-hikers donde más les "duele".

A los caballos del rancho les da igual si llueve o no...

Y ¿dónde está mi presunto compi? No por allí en ese momento pero, al rato, aparece y, efectivamente, es Smiley. No le veía desde Cascade Locks pero sabía que no podía andar lejos. Le cuento lo de las huellas y que esperaba encontrarle aquí.

La cena se sirve en un gigantesco comedor, todo de madera, con mesas corridas, también de madera, y suelo de tierra y virutas de madera, a pesar de que está dentro del edificio; y, lo mejor de todo, a estas alturas, una enorme chimenea encendida con más madera. ¿Decía yo lo de lugar cálido y agradable?

El salón más acogedor del mundo

Smiley y yo compartimos uno de los bungalows (de madera, por supuesto) y un montón de historias mientras, afuera, vuelve a llover. Ahora, y por un día más, da igual.

 

Día 142: Stehekin (0 m. / 0 km.)

Por la mañana, la cosa sigue igual, o peor: llueve intenso, aunque no de continuo. En el fondo, esto es lo mejor: ¡aún nos queda un incendio que apagar! y hoy no nos vamos a mojar.

El desayuno es, al igual que lo fue la cena, barra libre y eso significa un pedazo de paraíso para el thru-hiker, aunque yo procuro no cebarme (valga el doble sentido) demasiado con los Courtney, no les quiero arruinar, bastante tienen ya con haber perdido parte de la temporada. Es sólo comida, pero me da cosa. Son una gente muy amable y se está muy a gusto aquí. Es lo que siempre había oído pero, desde que lo visité, en similares circunstancias, en 2004, para mí, el Shangri-La senderista del norte de Washington estaba en la zona del embarcadero, y allí he querido ir siempre. Y allí voy ahora, en cuanto aparezca Alton con el bus amarillo, aunque ahora me alegro de haber tenido la ocasión de quedarme aquí esta noche. Tendré lo mejor de los dos mundos.

Al márgen de la situación actual, con el tema del incendio, la evacuación y tal, Stehekin es un sitio de lo más peculiar y lleno de cosas peculiares. Una de ellas es la que tienen los Courtney a la entrada: un pequeño barracón con material de montaña y senderismo. Es muy curioso: debieron tener algún acuerdo puntual con Golite porque la mayoría de lo que tienen es de esa marca y, casi todo, muy antiguo; es decir, modelos de hace unos años. Muchos, ya descatalogados. El caso es que se me ocurre que, aunque sólo sea por los pocos días que quedan, podía cometer una pequeña traicioncita a mi filosofía, así, sin decírselo a nadie y sin que cuente para los anales. He pasado frío estos días y, si la cosa sigue así (y, de momento, no parece tener intención de cambiar), puedo pasar bastante más en lo que queda.

Por las pintas del lugar, han querido montar un mini-almacén de lo ultra-ligero-pero-no-demasiado, a pesar de lo cual, parece, no han tenido demasiado éxito, habida cuenta de la antigüedad de los modelos. Lo bueno, en este caso, es que los tienen muy rebajados, los precios son de risa. No tienen un pantanlón impermeable como el que buscaba en Leavenworth pero sí hay uno de esos finos de nylon que formó parte del catálogo inaugural de Golite (las cosas aquellas del Ray-way) y decido quedarme con uno, más por consumismo tonto (está casi regalado) que porque piense necesitarlo pero, imagino, si me mojo mucho, tener otro pantalón ayudará a conservar temperatura corporal, aunque tampoco sea impermeable. Y de la pieza de la que sí me alegro quedarme es otro de aquellos modelos pretéritos pero aún muy actual: una chaqueta aislante, similar a la que ya llevo pero más gorda. Pesa más que mi saco de dormir pero, con esto, sé que no voy a pasar frío por las noches. Esta sí que la voy a usar.

Stehekin está raro. Alton no nos puede asegurar que tengamos alojamiento en el hotel (parece que nadie lo sabe... ni los del hotel) o comida en el restaurante pero es que el rancho cierra ahora hasta dentro de unos días y tampoco nos podemos quedar aquí... aunque yo estoy seguro que, si lo pedimos con tacto, seguro que nos dejan quedarnos... y siempre podemos pinchar el tarp en cualquier esquina... lo único que sí es seguro es que la tiendilla junto al embarcadero está abierta y la panadería, cerrada hasta el martes.

Ya decía que la panadería merecía su capítulo aparte: un edificio aislado, en medio del bosque, junto a la carretera (que, a esas alturas, ya se puede llamar carretera porque ya tiene asfalto y todo), todo de madera (eso no es novedad). Qué coño pinta una panadería en medio del valle de Stehekin es algo que nadie se explica pero lo cierto es que existe y que, para los thru-hikers, es otro trozo de paraíso. Valga decir que lo de "panadería" lo saco de la traducción directa del inglés "bakery" pero que en el lugar no se limitan a hacer pan: hacen bollos de todo tipo, pasteles, pizza... en fin, todo lo que se hace a base de harina y se mete en horno.

Tan singular es el lugar que el bus, por supuesto, tiene una parada allí, con tiempo para comprar caprichos. La verdad es que eso no es ninguna cosa rara; el bus, en realidad, para donde le pidas a Alton que te pare. No hay un gran horario que cumplir.

Hoy, por desgracia, no habrá tal parada. La Bakery también ha sido afectada por el desajuste local y ahora está cerrada. En cualquier caso, Smiley y yo salimos, por fin, hacia el lago. Qué ganas de llegar allí; y a ver qué nos encontramos...

El embarcadero está casi al final (viniendo desde valle arriba, al comienzo) del alargado y larguísimo lago Chelan. Allí llegan, en verano, hasta 3 barcos al día y allí se disponen, casi en fila, casi todos los servicios del lugar: el hotel-tienda-restaurante, la oficina postal y la de los Rangers. También hay una ducha pública y una "lavandería" que consiste en un pequeño barracón con una máquina para lavar y otra para secar (lo habitual en sitios minúsculos como este, en este caso). También hay una pequeña zona de acampada, gratuíta, pero esa sí que nos han advertido que está cerrada, a causa del ya extinto incendio que, al parecer, ardía justo encima y ha dejado la ladera un tanto inestable. Ah, y un teléfono... esto no es tan obvio como pueda parecer: ¡no hay cable telefónico hasta Stehekin! y el único teléfono del lugar es vía satélite. Por lo demás, es una tronco-cabina de teléfono de lo más rústico. Si el satélite supiera desde donde le están llegando las ondas...

Pasamos primero por la felizmente reabierta oficina postal, donde tenemos ocasión de sumergirnos en la pila de cajas para buscar las nuestras. Todo en orden, ahí aparecen. La tienda en Stehekin es demasiado exigua para un reaprovisionamiento en condiciones, el correo es fundamental aquí.

La oficina postal. Smiley, dispuesto a bucear en el montón de cajas

Lo siguiente es inmediato: preguntar en el hotel si nos alojan o qué... parece ser que hoy se marcha un buen grupo de bomberos y no sabemos si eso es bueno o es malo... por un lado, dejan sitio; por otro, dejan el lugar tan desangelado que parece que ni los que lo llevan tienen claro si va a seguir abierto... pero nos dicen que sí, que podemos quedarnos. No tenemos ni que poner carilla desamparada. Compartiré con Smiley. Por el momento, no hay más senderistas por aquí.

Metidos ya de lleno en la bola de civilización, que supone lo de siempre: comer, desinfección, comer, colada, comer... con la diferencia de que, esta vez, el marco es más inmejorable, si cabe, que nunca.

En Stehekin también han pintado un cartel de agradecimiento a los bomberos aunque, aquí, habrán tenido que buscar bien para encontrar al niño que pinte el helicóptero ese... aunque, pensándolo mejor, quizá lo haya dibujado un adulto que no sepa dibujar... o sea, como yo; no sé si a mí me hubiera salido tan "bien"...

Al loro con los helicópteros de abajo a la derecha...

El día transcurre tranquilo, entre chaparrón y chaparrón. La llegada del catamarán (el más rápido y sideral de los tres barcos del horario de verano) es una especie de acontecimiento local y todo el mundo deja lo que está haciendo para pararse a ver. Bueno, por lo menos, los thru-hikers, que no tenemos gran cosa que hacer... qué gracia, esto es como en los tiempos antiguos, aquellos en los que la gente del pueblo salía a ver llegar el tren, el autobús o lo que fuera.

Uno de los barcos de línea de Stehekin

El catamarán trae un grupo de turistas que se reparten por el muelle, la tienda y el edificio de los Rangers, tampoco hay mucho más. Con los turistas aquí, ahora sí que somos fauna local.

En el viaje de mediodía, Alton nos trae más compis: Flow Easy, Puff Puff y Snappy, a los que llevo cruzándome ya unas semanas, así como Mama & Chia que, más o menos, lo mismo. Ya vamos haciendo ambientillo. Más aún cuando, en la ronda de tarde, aparecen aún más: Giddy-up, a quien hacía muchísimo que no veía (norte de California) y unos cuantos más que no conocía, aunque ya iré teniendo ocasión. El porche, sus sillas, sus mesas y unas cervezas, por ejemplo, hacen una perfecta ocasión.

El porche en Stehekin. Heaven on earth

Y ha llegado la hora de que nos contesten de una vez: ¿nos dais de cenar o no? Pues la respuesta es de lo más curioso: primero, cenan los bomberos y, cuando acaben *y si sobra algo*, nos lo sirven. Pero nos lo dicen con sonrisa y no nos cabe duda de que "algo" sobrará. Y, así, a una hora casi castellana, por lo tarde, el pelotón thru-hiker se reparte por las mesas del agradable comedor para cumplir lo que casi es un ritual. Y, como no podía ser de otra forma, no hay escasez ninguna en la barra del buffet; nada especialmente exquisito pero todo exquisitamente delicioso cuando eres un thru-hiker y comer va más allá del placer: es una obligación.

Así, fue pasando ese día tan especial de reflexión-celebración que había de ser la estancia en Stehekin. Los dioses del sendero se aunaron para apagar ese incendio justo a tiempo y la jugada de la huída a Leavenworth me salió perfecta; pude disfrutar de Stehekin y de una maravillosa compañía. Es casi la imagen perfecta que tenía fabricada en mi mente desde mucho antes de salir de casa, siquiera, y que se ha hecho algo así como realidad. Era así de fácil; sólo había que caminar 4000 y pico kms. para llegar aquí y dar sentido a todo esto.

Siento, en parte, el extraño impass que reina en Stehekin en estos días pero eso no ha conseguido estropear un momento perfecto. Aún quedan bomberos por aquí y apenas hay turistas o excursionistas, sólo unos pocos thru-hikers que están aquí porque no tenían mucha más opción y porque nadie quería perderse esto, porque Stehekin es ese lugar especial para, más o menos, todos nosotros.

Recuerdo, ahora, ese día de descanso que pasamos, entonces como hoy, hace dos años en este mismo lugar. Me recuerdo a mí mismo hojeando las páginas del registro del PCT en la oficina postal, ese mismo registro que acabo de firmar yo mismo. Recuerdo las emocionadas palabras contenidas allí, de parte de los thru-hikers de años anteriores, y cómo aquello fue parte importante del germen de mi sueño de viajar en el PCT... ¡yo tenía que hacer esto! Y tenía que llegar a Stehekin con casi cinco meses a las espaldas y a sólo unos pocos días de Canadá. Y entonces sería yo quien escribiría algunas emocionadas palabras en el dicho registro.

A estas alturas, ya no me acuerdo de lo que escribí. Cuando, algún día, vuelva allí, buscaré las páginas de 2006 y veré. A lo mejor me pilló en mal momento y es un "fistro"... pero seguro que es sentido.

El muelle de Stehekin y el omnipresente bus amarillo