Glacier Peak desde Liberty Cap, Northern Cascades
Viajar a Pie
Presentación
Filosofía
Ética
Historia
Técnica y Material
Ultraligero
Hazo tú mismo
Rutas
Proyectos
Artículos
Miscelanea
Referencias y enlaces
Contacto
ENGLISH

 

Pacific Crest Trail, 2006: Washington

 

Sección 24: Snoqualmie Pass - Stevens Pass

 

Día 131: Snoqualmie Pass - North Fork Lemah Creek (22.6 m. / 36.4 km.)

Hoy es el gran día. El primero de lo que va a ser la serie de grandes días en los que este humilde senderista tendrá el placer y el privilegio de volver a caminar por las Cascades Septentrionales.

Como ya escribo por otras esquinas de este mismo espacio web, estas montañas me sorprendieron y me tumbaron de espaldas la primera vez que pasé por aquí, por esta misma autovía desde la que hoy salgo, hace ya un montón de tiempo; y me dieron algunos de los momentos más hermosos de toda mi vida cuando vine a caminar por ellas hace ya no tanto. Salir desde Snoqualmie Pass es tanto un aliciente como un ejercicio de nostalgia de tiempos mejores... o no, que nunca se sabe.

El desayuno, ese momento sublime. Pancakes, esa delicatessen bastarda. Enfrentarse a un plato de los grandes con una buena pila de pancakes es ese placer prohibido que sólo sienta bien cuando lo que viene después es algo así como lo que voy a hacer yo: caminar. Necesito energías para mover mi cansado cuerpo y mi mochila UL pero necesitaré, sobre todo, energías para hacer frente al peso psicológico de volver a enfrentarme a lo mejor de las Cascades. Comer todo lo que quieras... no, mejor aún: comer todo lo que ¡puedas! Qué fuerte el contraste con la vida urbana, donde debes, por todos los medios, intentar comer lo menos que puedas. Viajar a pie tiene sus gajes pero, vive dios, tiene sus ventajas.

Y la mejor de esas ventajas es, y me repito a mí mismo, salir de aquí y adentrarse en un sitio tan maravilloso como Alpine Lakes Wilderness. De verdad, quedaos conmigo: lo que viene ahora, merece la pena. Intentaré esmerarme.

Tanto tiempo esperando llegar a este cartel: Alpine Lakes Wilderness

A lo largo del viaje y más aún según me acercaba a esta zona, iba repasando mentalmente la parte de sendero que ya conozco, agradablemente sorprendido por el nivel de detalle que mis neuronas todavía guardan. Recordando cada sitio en el que acampé, cada collado, cada cosa que me sorprendió. Y, concretamente, la travesía de Alpine Lakes Wilderness tiene un leit motiv en mi memoria: lluvia.

Fueron algunos de los días más duros de mi vida pero también, y valga la paradoja, algunos de los que me han dejado mejor recuerdo. Eso es lo que nos repetíamos, a uno mismo y al otro, durante aquella semana horribilis: ya verás cómo luego nos reímos de todo esto...

De momento, nada que haga pensar en algo así; hoy, el tiempo es plácido y espléndido, agradablemente caluroso. Eso sí, estamos ya en septiembre... a ver lo que dura.

Paso por el lugar donde recomienza el sendero y empiezo a desandar los pasos de lo que entonces fue el paseo final y triunfal tras la dura prueba. Es una sensación extraña. Ya la sentí en la Sierra Nevada, en aquel trozo del John Muir Trail, pero aquellos recuerdos eran más lejanos. Aquí, hace sólo dos años y parece que fue ayer. Es que fue ayer. Y no puedo olvidar que fueron esos recuerdos los principales responsables de esté yo hoy aquí y de que lleve 130 días caminando. Fue entonces cuando empecé de verdad a soñar con hacer esto y, por increíble que me parezca, estoy aquí.

La mente es como una cámara fotográfica de los cinco sentidos: retiene flashes, momentos... y reconstruye el resto a partir de ahí. Había una expresión matemática para eso...interpolar. Eso es lo que hacemos. Esos flashes me vienen a la cabeza según subo por los zigzags a través del bosque y casi me parece reconocer tal o cual árbol. No sé si la mente da para tanto. El marco, además, ha cambiado tanto... los árboles seguirán siendo los mismos pero hace dos años estaban chorreando, todo estaba húmedo; hoy, el ambiente es seco y hasta un poco tórrido.

Llego por fin a la cresta y me sorprendo de todas las vistas que ahora tengo: en la ocasión anterior, ¡nada de esto era visible! Y es difícil decir cómo resulta más bonito; aquellas nieblas perpetuas tenían su punto. No puedo evitar el breve desvío hacia el lugar donde plantamos aquel postrero campamento junto a Ridge Lake y aprovecho para llenar botellas de agua rica de las montañas.

Mi ritmo actual, el ritmo del thru-hiker, viene a ser el doble del que llevábamos por aquí hace un par de años y tengo esbozado un plan de viaje que viene a juntar dos de aquellas etapas en cada día; eso implica que hoy tengo pensado atravesar todas las alturas hasta el siguente gran valle, el de Lemah Creek, con un espectacular descenso final en un impresionante entorno de grandes picos y pequeños glaciares. Antes de todo eso, muchos kilómetros por la cresta, en una zona muy expuesta que resultó casi acongojante en medio de la niebla, el viento y el frío en aquella ocasión pero que hoy aparece muy diferente: adelante, veo el sendero evolucionar colgado de las vertiginosas laderas hasta perderse por aquel próximo collado. Una vez allí, reconozco aquel bonito lago, Joe Lake, y, nuevamente, veo mi porvenir, allá lejos, hasta un collado más. No puedo evitar repetir, porque no puedo evitar seguir pensándolo todo el tiempo: qué diferente con tiempo soleado.

Joe Lake y Mt. Thompson. El PCT viene de por allí

En nuestra conversación telefónica desde Snoqualmie Pass, Loren me comentaba que todo tenía buena pinta en el futuro inmediato: buena previsión de tiempo; y, consciente del infierno que los incendios habían supuesto esta temporada para los thru-hikers en Oregón, mencionó que no había ninguno entre yo y Canadá. Vamos, que iba a ser un paseo por las Cascades... es por esto que me sorprende casi tanto como me preocupa la **enorme** columna de humo que veo aparecer en el horizonte tras coronar Chikamin Pass. Es tan grande y densa que está a la altura (valga el doble sentido) de aquellas de hace un par de semanas. Oh, oh...

Un incendio de los grandes

Mis mapas son tan ajustados al sendero que no me permiten llegar tan lejos y es imposible juzgar si ese incendio está en mi camino o no, así que saco el de carreteras, que siempre llevo, junto con la brújula, para echar un vistazo e intentar autoconvencerme de que Loren no podía haberme dicho, ayer mismo, que todo ok con un incendio así de gordo por el camino... a muy grandes rasgos, puedo decir que está hacia el norte, que es a donde voy yo, pero es difícil decir si el PCT va a pasar exactamente por ahí. Calcular rumbos con un mapa de carreteras (sin cuadrícula, sin norte marcado...) y aplicando a ojo la declinación de los topográficos es una chapuza pero cuando levanto la brújula y la alineo al terreno veo con horror cómo la aguja apunta *directamente* hacia la maldita columna de humo. Al puto medio, y mira que el horizonte es amplio...

Calculo, a ojo, que el incendio puede estar cerca del lago Waptus, el mayor de la zona y que recuerdo muy bien. No voy a pasar por allí hasta mañana así que, por el momento, no puedo hacer nada al respecto salvo intentar olvidarme del asunto y esperar que, al final, no sea nada. Que el problema se resuelva solo, como suelen hacer los problemas, habitualmente.

Atravieso el último tramo de altura que me queda hoy, la preciosa zona de los Park Lakes, con sus praderas de altura rodeadas de majestuosos picos. Por aquí apareció un ciervo mojado (a ver...) mientras parábamos a descansar un poco en 2004. No le veo hoy...

Desde donde estoy, sólo me queda el mencionado descenso hacia el valle de Lemah Creek, donde el PCT empieza ya a tener un sabor ciertamente remoto: es un estrecho valle cubierto de bosque en su fondo y flanqueado por gigantescos y rocosos picos coronados por glaciares. La vista es espectacular y, aunque esté a sólo un día de la civilización, esto ya tiene el sabor grandioso de las Cascades que recordaba.

Llego abajo y hago un pequeño esfuerzo por encontrar el sitio exacto en el que acampamos hace dos años; cosas de la nostalgia. Lo recuerdo como un lugar precioso y muy agradable donde estuvimos muy a gusto, a pesar del tiempo horroroso, y lo recuerdo también como el primer sitio donde paró la lluvia, siquiera un rato, por primera vez en 48 horas. Una especie de isla de paz en aquel via crucis. Ahí lo encuentro, oculto entre el bosque, que tampoco da mucha más opción porque, cerca del río, en la única zona plana, el suelo está cubierto de matorrales densos. Hoy no va a llover pero el lugar y la época intimidan lo suficiente como para que no dude montar el tarp. Me doy la bienvenida, bien-retornada, a Lemah Creek.

Un claro en el bosque junto a Lemah Creek

 

Día 132: North Fork Lemah Creek - Two streams west of Mt. Daniel (26.8 m. / 43.1 km.)

Procuro no pensar demasiado en el incendio. Desde aquí abajo, en el fondo del estrecho valle, no veo nada. Sé que lo que me toca ahora es un largo ascenso para volver a las alturas y cambiar de valle; al otro lado está Waptus, el lugar donde especulé ayer como posible localización del fuego. Ya veremos...

En estas circunstancias, lo ideal sería cruzarme con alguien que venga en sentido contrario y preguntar pero, cuando mencionaba el aura remota de esta zona, incluía la soledad: no he visto a nadie desde ayer por la mañana y me siento como si fuera el único humano en el mundo. Ya, ya sé que no... es sólo una sensación.

La salida de Lemah Creek es vía ladera, con miles de zigzags, para llegar a las alturas otra vez, con increíbles panoramas de los picos de la zona y sus manchas de hielo perpetuo.

Lemah Mountain y compañia

No puedo evitar la tensión durante la travesía de las zonas alpinas porque estoy deseando llegar al comienzo de la siguiente bajada: desde ese punto, tendré vistas del valle y, quizá, si calculé bien, de su incendio.

Así voy, inmerso en mis pensamientos, cuando me encuentro un par de figuras humanas, que es lo último que esperaba encontrar ahora. Obviamente, no tiene nada de raro, son un par de senderistas levantando campamento. Cuando llego a su altura, les comento el tema del humo que vi ayer pero no saben nada; van hacia el norte también y, de hecho, ellos no lo han visto siquiera. Bueno, yo sé que no me lo he imaginado, tengo una foto.

Llego por fin al borde del talud esperado. Veo el lago Waptus, ahí abajo. Veo neblina valle abajo pero nada parecido a la columna de humo sólido de ayer. Es posible que, efectivamente, el incendio esté por allí pero haya remitido durante la noche, debido a la naturaleza pulsante que mencioné en los capítulos de Oregón, a causa de las bajas temperaturas nocturnas; y ha hecho frío, esta noche. El PCT alcanza el fondo del valle en su cabecera pero luego, y ese es mi temor, lo sigue unos cuantos kilómetros, aguas abajo, antes de retomar el ascenso y la dirección norte por un valle lateral. ¿A tiempo de esquivar el peligro? Imposible decirlo, por el momento. Lo que sí puedo decir es que los panoramas, desde aquí arriba, son tan aplastantes como los del valle anterior: más picos vertiginosos, más glaciares.

Waptus Lake. La neblina de la derecha es el humo del incendio

La respuesta a la gran pregunta viene un poco más tarde, durante el descenso: me cruzo con una pareja que sube y les hago un placaje. Me tranquilizan con una sonrisa; hay, efectivamente, un gran incendio en la zona pero no afecta al PCT, está más abajo. De hecho, me comentan, todos los senderos del área están cerrados... ¡salvo el PCT! que es el único que no baja lo suficiente como para acercarse a la zona caliente. Pues menos mal. Sé que puede parecer un poco egoísta pensar en los incendios en estos términos: es decir, que mi preocupación no sea el incendio en sí sino si va a afectar a mi viaje. Debo decir, en mi descargo, que el infierno de Oregón fue tal que es imposible pensar en lo horrible que sería repetir algo así. Y, también, que los incendios forestales en estas tierras tienen un matiz muy diferente a Europa; aquí, hay tanto bosque que no tiene mayor importancia, desde el punto de vista medioambiental, que se queme algún trozo de cuando en cuando y, de hecho, los incendios forestales son parte del ciclo natural de un medio ambiente que aún funciona de forma más o menos natural... cosa que no podemos decir de prácticamente nada de lo que nos queda en Europa.

Ya más tranquilo, me resulta más fácil disfrutar del espectacular entorno. Recuerdo el valle pero no las montañas que lo circunvalan porque, en 2004, ¡no pude verlas! y me maravillo de su verticalidad, sus paredes de roca y sus coronas blancas.

Ya en el valle, paso por la que fue nuestra zona de acampada, en el bosque que, por aquel entonces, nos acogió protector en aquel mar de lágrimas. Recuerdo con cariño aquella batalla perdida contra la humedad infinita, a varios días, a nuestro ritmo de entonces, de todo sitio civilizado. Fue toda una experiencia.

Hoy celebro el encuentro con el río Waptus, cristalino y precioso, apenas maculado por mi refrescar los pies en él. Huelga decir que ya quedaron lejos las polvorientas jornadas de Oregón y el sur de Washington, pero a los pies siempre les sienta bien un bañito. No hay bemoles para que el baño sea integral, de todas formas... el río viene directamente de los glaciares esos de ahí arriba.

El río Waptus

Denso bosque en el fondo del valle. Se aprecia cierta neblina en el ambiente pero nada como lo que vi ayer. No sé si la columna de humo se ha reproducido y está más al este o si, simplemente, ha remitido pero me queda muy poco para empezar a alejarme de aquí. Al rato, llego al cruce donde el PCT toma una vaguada lateral y donde hay un cartel anunciando que el sendero que continua valle abajo está cerrado. "Si quieres salir de aquí", dice, "sigue el PCT". Genial, por el PCT voy yo.

La subida a Cathedral Pass me va llevando hacia las alturas otra vez. Estoy ansioso por llegar al anfiteatro de Deep Lake y contemplarlo desde la nueva perspectiva de un día soleado. Recuerdo lo que me impresionó ese lugar hace dos años: en medio del diluvio universal, cruzamos el desagüe de un casi invisible circo, con el lago, oscuro y místico, allí, al fondo, flanqueado por las verticales paredes de unos entonces invisibles picos. La visión era tan evocadora como diabólica, en la situación de entonces. Hoy va a ser diferente.

Antes de eso, tengo un encuentro muy especial: a la vuelta de un recodo, oigo movimiento de matorrales y giro la cabeza justo a tiempo de ver huír a esa cosa peluda que tengo tiempo de identificar: mi segundo oso de este viaje. Este es de color oscuro y no tan grande como la preciosa osa canela con la que me encontré en el norte de California pero me hace igualmente feliz. Tampoco pude disfrutar de su vista mucho tiempo, apenas unos segundos hasta que despareció entre el bosque, pero es lo que hay; yo no le iba a hacer nada malo pero él no lo sabe, y no tiene por qué. Siento haberte asustado, hermano oso. Y me alegro de haberte visto.

Un rato más y llego a Deep Lake. Hoy sí veo el cromo completo y, debo decir, impresionaba más con el telón bajado pero, qué narices, esto es precioso de cualquier forma. En principio, paso de largo, habida cuenta de que, como de costumbre, se me hace tarde, tengo aún varios miles de kms. por recorrer, etc., etc... pero, afortunadamente, dos segundos más allá, rectifico y me doy una imprescindible vuelta para recorrer los cinco minutos de pradera que me separan de la orilla del lago, que tiene el dudoso honor de recibir también a mis recalentados pies. Tentado estoy de acampar aquí: muy buenos sitios cerca de la orilla, absolutamente nadie más... pero eso ya sería un quebranto algo mayor a mis planes, que van algo más allá de esta próxima noche: quiero llegar mañana a Stevens Pass para tomarme un día de descanso, completo esta vez, en Skykomish.

Cathedral Rock; debajo, apenas visible, Deep Lake

Así que digo adiós con lagrimilla caída a Deep Lake y prosigo el ascenso, muchos zigzags más, hasta Cathedral Pass, en la base del espectacular pico del mismo nombre. Vistas grandiosas hacia los glaciares, grandotes ya, del monte Daniel. ¡Tantas montañas por explorar! Mar de montañas por todos los sitios. Dan ganas de mandar todo a paseo y venirse a vivir a Washington. Esto es un paraíso.

Para hoy por la tarde estaba previsto un ligero empeoramiento del tiempo, con algo de lluvia y, desde el paso y hacia el norte, efectivamente, veo juntarse algunas nubes sobre el valle de Cle Elum. Estoy muy alto y hace frío, así que me apresuro en el avance.

Lo que sigue es un largusímo flanqueo de las laderas del mencionado valle, bajo Cathedral Rock y el monte Daniel, hasta que llego a una de las pocas zonas planas de toda esta travesía, junto a la supuesta confluencia de dos arroyos, donde hay un par de buenos sitios para acampar.

Digo "supuesta" porque, a pesar de que tanto la guía menciona como el mapa dibuja los dos arroyos pero ya acampamos aquí en 2004 y yo sólo vi uno (y bien que lo recuerdo, vive dios...), lo mismo que ahora. Dudaría, como dudé en su momento, si es el sitio que se supone que es pero, ahora, conociendo ya el recorrido y habiendo controlado mi progreso, tengo claro que el otro arroyo es una entelequia; es que no hay ni cauce. Bueno, con uno basta.

Pues decía lo de lo bien que lo recordaba de hace dos años porque aquí fue donde comenzó el diluvio universal. Después de mucha lluvia y una aparente mejoría, durante la noche se desató ese infierno que duraría, ininterrumpido, 48 horas de reloj, más lo que siguió después. Tuvimos la poca precaución de plantar la tarptent en una minúscula depresión para tener que moverla a mitad de noche porque el suelo de silnylon no funciona bien como cama de agua. Y, por desgracia, el campamento estaba a la orilla norte del "arroyo" que, de poderse cruzar sin mojarse ni los pies, a la mañana siguiente se había transformado en un torrente rugiente que hubo que atravesar, iniciando un periodo de cuatro días con los pies mojados. Hoy, como voy al revés, si sucede eso, por lo menos me pillará ya cruzado. Aún así, nostálgico como soy, no se me ocurre otra cosa que resbalar en una piedra y caerme en pleno arroyo, para acabar con medio cuerpo mojado, cual barón Ashler cutre.

Esta noche no va a llover tanto pero, por si acaso, esta vez pongo el tarp en el lomito al que tuvimos que trasladarnos. Alguna vez, hasta el hombre evita tropezar en la misma piedra.

 

Día 133: Two streams west of Mt. Daniel - Stevens Pass (-> Skykomish) (25.2 m. / 40.6 km.)

Hoy se ha invertido la situación de la ocasión anterior. Si, por entonces, como mencionaba, el arroyo creció durante la noche, hoy a decrecido... hasta ¡desaparecer! Sí, sí, desaparecer. Me acerco al cauce y está seco, completamente seco, ni una gota de agua corriendo por donde ayer bajaba un buen caudal. Nuevamente, no me lo he podido haber imaginado, si me caí dentro y todo... y llené botellas que, por cierto, menos mal que no lo dejé para la mañana.

El arroyo, por la tarde (izq.) y su cauce seco, por la mañana. Cosas de las montañas...

Supongo que este arroyo viene de alguno de los glaciares del monte Daniel y durante la noche ha bajado la intensidad del deshielo. Es normal que baje el caudal pero que llegue a cero... en fin, me deja extrañado pero, por lo demás, no me afecta.

Algo ha llegado a llover pero casi testimonial. Eso sí, se nota el cambio de tiempo: está parcialmente nublado y hace frío, se nota la inestabilidad. Hoy, de todas formas, todo me da igual; si todo va bien, alcanzaré Stevens Pass por la tarde.

Un poco más alante, aún en el mismo flanqueo, hay que cruzar otro de los torrentes que bajan a toda leche por la ladera, procedente de los glaciares de arriba. Este es el que está indicado como potencialmente peligroso en la guía, en caso de lluvia, y que vivió su metamorfosis particular en 2004: nosotros lo cruzamos por la tarde sin casi mojar las suelas, saltando de piedra a piedra. A la mañana siguiente, y mientras seguíamos en campamento, sin atrevernos a salir, con la que estaba cayendo, un grupo paso en dirección norte para, al rato, volver atrás y acercarse a nuestra puerta para advertirnos que, si íbamos para allí, nos olvidáramos, era infranqueable. No me extrañó, cuando vi lo que le había pasado al de al lado nuestro.

Hoy no ha desaparecido, como el otro, pero vuelve a ser fácil de cruzar. Es fácil imaginar, de todas formas, cómo se puede poner esto cuando baje mucha agua: el cauce es muy amplio, dividido en varias ramas en el punto en que se cruza con el sendero, aprovechando una pequeña repisa. Si todo eso está lleno, olvídate. El agua lleva mucha fuerza. Hoy, vuelvo a cruzar sin mojarme las suelas.

Completo el flanqueo sobre el hermoso valle de Cle Elum llegando a su cabecera en Deception Pass para retomar la misma tónica: el sendero no baja hacia el siguiente valle sino que se mantiene en la ladera. El día ha comenzado a mitad de camino entre el buen y el mal tiempo pero, según avanzo, voy dejando atrás los claros y me acerco a las nubes. Hace frío.

El valle de Cle Elum, parcialmente soleado

Los panoramas desde este flanqueo sí que los recuerdo de la ocasión anterior; fue el único rato de tregua que nos dio el mal tiempo. Destaca la figura del monte Daniel, ahora ya hacia el sur, gran montaña con glaciares de tamaño notable.

Una breve subida me deposita en los lagos Deception que, a pesar del nombre, son muy bonitos. Aquí paramos a descansar en 2004 y, sea por nostalgia o porque ya toca, aquí me paro. Y, como aquella vez, me encuentro gente. En este caso, son dos senderistas que están pasando unos días caminando por la zona. Lo de siempre: "¿de Méjico a Canadá??? ala, cómo mola...". Y yo, acordándome de Scott Williamson, "que va, si esto esta chupado... si vosotros supierais...".

Más flanqueo y, por fin, ladera arriba, a través de estrechos zigzags, para coronar Pieper Pass, mientras el tiempo se pone cada vez más feo aunque, por el momento, no llueve.

Recuerdo perfectamente lo que viene ahora, cómo olvidarlo: una isla de granito en medio de las volcánicas Cascades. No se encuentra mucho granito en estas montañas pero es que este, además, es de un blanco inmaculado, precioso. Los roquedos son lugar favorito para marmotas y pikas, esos simpáticos ratoncillos de grandes orejas redondas y de inconfundible grito agudo: les oyes mucho antes de verles pero, infaliblemente, allí hacia donde suena su llamada, echas la vista y aparece alguno. Marmotas también hay, en su típico puesto vigilante sobre alguna roca, hasta que deciden que ya estás demasiado cerca y desaparecen en su madriguera.

Surprise Gap, interludio granítico

Nuevo ascenso zigzagueante hacia Trap Pass. Los collados por los que han llevado al PCT en esta zona son casi más crestas que collados propiamente dichos. Un último cambio de valle antes de emprender una larga travesía hacia Stevens Pass.

Desde Trap Pass, veo Trap Lake, ahí abajo, en su circo, y sé que esto es, más o menos, la mitad de mi jornada de hoy; ahí acampamos hace dos años. El tiempo está cada vez más nublado y el propio paso escapa por metros a la niebla.

Trap Lake y su sombrero de niebla

La memoria es selectiva y yo recordaba todo lo que me queda como un ascenso continuado y suave que hoy, por tanto, en sentido contrario, debía ser un sencillo y agradable descenso... pero quedan muchos kilómetros aún y es casi utópico pensar en no encontrar alguna cuesta arriba en todo este tiempo. El sendero sigue sin bajar a los valles, continúa con los flanqueos y es inevitable tener que superar resaltes. Sea por cansancio físico o por necesidad psicológica de llegar, se me hace muy largo, especialmente cuando tengo que subir alguna que otra cuesta. La neblina recrea muy bien el ambiente gris que recordaba de la ocasión anterior, aunque hoy apenas llueve pero, por contra, hace más frío. Recorro la sucesión de pequeños lagos que en su momento tomé como parte del origen del nombre de la zona... seguro que es así.

Ya, por fin, veo signos de civilización. Feos como ellos solos pero paradójicamente bienvenidos en un día que se me está haciendo más largo de lo previsto. Una línea de alta tensión, una pista... y, finalmente, los primeros remontes de la pequeña estación de esquí de Stevens Pass. Sólo me queda una subida más (esta sí la recordaba) y ya todo es bajar.

Y nada más empezar a bajar alcanzo a una pareja con perro que desciende también y no tengo ni que preguntar: "¿eres un thru-hiker? ¿Necesitas transporte?" Pues... ¡sí y sí! y ya tengo el viaje arreglado hasta Skykomish.

Skykomish está a más de 20 kms. carretera abajo y aunque no debería ser demasiado difícil hacer auto-stop (esto es: tener éxito con ello; hacerlo es muy fácil...), me alegro de ahorrarme el trámite, máxime cuando voy un poco justo de tiempo para llegar a cenar a Cascadia Inn y luego buscar a los Dinsmore.

Está bien esto de saber ya a qué atenerte cuando llegas a civilización. Recuerdo bien Skykomish y llevo ya varias horas soñando con esa cena homenaje que me voy a dar en el agradable comedor de Cascadia Inn, donde nos alojamos, y comimos (mucho; como está mandado) en 2004. Esta vez repetiré sólo la parte de comer porque el alojamiento correrá a cargo de los Dinsmore, los trail angels del norte: viven junto al río, a unos pocos kms. del pueblo, y espero llamarles después de haber cenado. Lo primero es lo primero.

Mis amables conductores me llevan sin más novedad hasta Skykomish, ese pueblito con nombre de tribu india que consta de unas pocas casas alrededor de una estación de tren. Skykomish está en medio de las Cascades pero en el valle, a una altitud aún modesta, y es la última parada posible para los trenes que cruzan las montañas. El tren es su razón de ser. Aquí, no hay agricultura, no hay ganadería.

Rocky sigue dando la bienvenida a Skykomish

Qué ilusión, de vuelta en Skykomish. Fue muy agradable pasar un día y medio de descanso aquí. Como este ya me lo sé, voy directo a Cascadia Inn, ya sé dónde está. Según llego a la puerta, mi apariencia me delata (y quizá mi olor también, no sé...) y una pareja que sale me aborda:

- ¿eres un thru-hiker? (cuántas veces me habrán hecho esta pregunta...)
- sí
- y ¿dónde piensas pasar la noche?
- esto... con los Dinsmore, que viven aquí cerca....
- ya, ya sé. Somos nosotros.

Este que hablaba era el orondo Jerry Dinsmore. A su lado, Andrea, sonrisa en mano. Así que ya decía yo que me sonaban sus caretos... claro, les había visto en los dvds de Squatch.

Les cuento que, dada la hora, había pensado venir primero a cenar y luego ya buscarles. Jerry se ofrece a venir a recogerme cuando acabe. Quedamos a las ocho y, así de contento, cruzo, dos años después, las puertas del paraíso que supone para un cansado senderista el acogedor comedor de Cascadia Inn.

Me pongo las botas, como está mandado. Cascadia Inn es un sitio muy agradable, un pequeño hotel donde nos trataron muy bien en 2004. El edificio de madera supo especialmente cálido mientra llovía fuera. Hoy, no llueve pero hace fresco, tirando a frío, y cenar aquí me sienta igual de bien.

Cascadia Inn (foto de "mañana"; por eso está tan azul el cielo)

A la hora acordada, aparece Jerry. Los Dinsmore viven en una casita de madera, en una especie de mini-urbanización, totalmente desprovista aquí del carácter elitista que estas cosas suelen tener en este entorno desde el que ahora escribo, a un par de kms. del pueblo. Esta noche, soy el único invitado.

La casa de los Dinsmore

Y estoy feliz de estar aquí... pero también estoy preocupado. La razón no es gratuíta y sale del resto de esa conversación inicial con los Dinsmore a la puerta de Cascadia Inn que antes he omitido. Continúo aquí porque la cosa tuvo su gracia:

(sí, soy thru-hiker, los Dinsmore, mi cena, blah, blah, blah...)... al habla, Jerry Dinsmore:

- ya, ya sé. Somos nosotros. Stehekin ha sido evacuado y el acceso a Canadá está cerrado en el PCT.

Y doy fe que fue así la frase. Vamos, que, donde uno normalmente hubiera dicho "hola, bienvenido...", Jerry me soltó una buena ostia en forma de noticias condensadas sobre la actualidad de los incendios en las Cascades de Washington. Y la cosa no podía ser peor...

Dos grandes incendios: el primero, en las cercanías de Stehekin, ese lugar maravilloso a las orillas del lago Chelan. Stehekin es, para mí, la mejor estación de todo el PCT, así de rotundo y sin atisbo de duda. Desde que decidí volver a las Cascades, soñaba con el momento de volver este lugar y especialmente en las circunstancias presentes: a sólo unos pocos días de completar el gran viaje, el thru-hiker se encuentra con este minúsculo y precioso enclave donde sentarse con uno mismo y, a ser posible, con otros thru-hikers, a descansar y reflexionar sobre todo lo pasado. Bueno, pues resulta que un incendio que se declaró en la zona hace ya varias semanas se ha ido propagando lentamente y, sin que nadie lo pudiera evitar, aparentemente, ha llegado a las puertas, literalmente, de los edificios. Y, al parecer, el lugar ha sido evacuado. No me puedo creer que Stehekin se queme. No puede ser. No doy crédito... pero las noticias son contundentes.

La otra parte es un gran incendio en Pasayten Wilderness, la que es, probablemente, el área más remota de todo el PCT: un mundo de picos, glaciares, bosques y valles en forma de U, alejado de toda traza de civilización y donde, dicen, parecen estar retornando los desaparecidos osos Grizzlies. No está muy claro si el fuego afecta directamente al sendero pero lo que sí es fidedigno es que el servicio forestal ha cerrado toda el área wilderness. Consecuencia: no se puede llegar a Canadá.

2006 empezó siendo un año muy duro para los thru-hikers por toda la nieve extra en California; a la postre, está resultando un año especialmente duro a causa del infierno de los incendios que se están cebando sobre el PCT. Les esquivé in-extremis en California pero me cogieron de lleno en Oregón; y, ahora, cuando ya cantaba victoria, me encuentro sus útlimos coletazos de la forma más cruel: Stehekin y Canadá.

Jerry y Andrea tienen una pequeña caravana que, esta noche, es toda para mí (tampoco cabe mucho más...), aparte de que la comparto con todos los paquetes que los Dinsmore guardan para los senderistas; entre ellos, el mío (en Skykomish hay oficina postal pero los Dinsmore están "abiertos" siempre). Como digo, estoy preocupado pero también demasiado cansado como para que eso me quite el sueño. Mañana veremos.

Los Dinsmore nos guardan los envíos postales

 

Día 134: Skykomish (0 m. / 0 km.)

Hoy es día de descanso pero es, también, día de trabajo. Tengo que hacer lo posible por informarme y, al igual que en Sisters, Oregón, recopilar mapas, intentar trazar planes alternativos... pero ¡no antes de desayunar! Jerry me lleva de vuelta a Cascadia Inn para mi ración de pancakes.

Los Dinsmore también (al igual que otros trail angels) tienen ese magnífico instrumento que es la bici comunitaria, con lo que, a pesar de la distancia, soy libre de acercarme al pueblo cuando quiera. Una de las cosas que me tiene más tenso es que, al ser hoy domingo, mis fuentes de posible información forestal están cerradas. Hay una oficina de Rangers aquí mismo pero no podré visitarla hasta mañana; y los teléfonos tampoco contestan. Andrea se solidariza con mis agonías y hace lo que puede para buscarme respuestas pero internet es, como siempre, fuente con alto grado de incertidumbre. Parece ser que, en Stehekin, el PCT no está afectado, sólo la población; y, en Pasayten Wilderness, hay ya una ruta alternativa recomendada sobre otros senderos que permite llegar a Canadá... sólo que ¡no en Manning!

Todo esto descabala mis planes y añade un montón de incertidumbre a mi futuro. ¿Podré reaprovisionarme en Stehekin? Todo parece indicar que no... ¿dónde, entonces? ¿Llevo comida hasta Canadá? Pero, si el acceso al Canadá por el PCT está cerrado y tengo que ir por otra ruta, ¿cuánto tiempo me va a llevar eso? ¿Cuánta comida llevo? Hay un cruce de carretera un día después del acceso a Stehekin pero ninguna población cercana.

No sé nada y soy un mar de dudas. Al final, decido cargar con un montón de comida extra. Llevaré más peso pero, al menos, seré independiente y podré irme adaptando a las circunstancias según me las vaya encontrando. Intento, así, reducir factores de incertidumbre: que la disponibilidad de comida no sea uno más. Eso sí, desde aquí hasta Canadá son, mínimo, 8 días; desvío incluído, le echo 10. Voy a ir muy cargado.

Y luego está, para colmo, el tema, aún no resuelto, de mi visado. Recapitulo: el PCT acaba, oficialmente, en la frontera EE.UU. - Canadá pero eso está en medio de las montañas, en medio de la nada; y la carretera más cercana está en territorio canadiense, con lo que los canucks tuvieron el detalle de prolongar el sendero hasta allí. Esto es: hay que acabar viaje en territorio canadiense. Para un canadiense, esto significaría estar ya en casa. Para los estadounidenses, implica tener que volver a su país. Para los que no somos ni lo uno, ni lo otro... nos deja la opción de volver a casa desde uno u otro. Para los que tenemos amigos que visitar en Seattle, nos obliga a cruzar fronteras otra vez. Para los que han tenido la mala pata de ser "agraciados" con un visado para una sola entrada en USA, significa un problema...

Para estancias de más de 3 meses en USA, es necesario visado. El trámite es farragoso pero sencillo, a no ser que seas nacional de un país del segundo/tercer/cuarto mundo, en cuyo caso lo llevas crudo... aún así, la burocracia relacionada es extremadamente árida y, me permito añadir, borde. Es decir, poco amable. Salí casi resoplando aliviado de la embajada americana con mi visado concedido, tras demostrar mis vínculos ibéricos y hasta llevarles un folleto del PCT, para que vieran cómo era eso de 5 meses sin residencia fija ni teléfono de contacto. En ese momento, aún no era consciente del desastre.

Sólo lo fui mucho tiempo después, ya en California, cuando alguien comentó la diferencia entre visados "single-entry" o "multiple-entry"... joder, pues yo no sé cómo es el mío... espera, que echo un vistazo...

Single-entry. Me dieron un visado para 6 meses, single-entry. Esto quiere decir que puedo entrar en los EE.UU. y estar ahí 6 meses pero no puedo salir; y, si lo hago, no puedo volver a entrar. Aplicado a mi caso, puedo entrar en Canadá vía PCT (para lo cual tengo el permiso correspondiente) pero luego no podría volver a los EE.UU.

A lo largo de estos meses, y desde que fui consciente de esto, me he acordado mil y una veces de la burocracia yankee, de sus funcionarios y de sus familiares, y no en muy buenos términos. He intentado solucionar el asunto vía telefónica, hablando con embajadas y organizaciones gubernamentales varias, donde me han tratado con indiferencia, a veces, con comprensión y amabilidad, otras, y hasta con cruel desprecio, algunas más. Según me cuentan, la policía de fronteras (protagonistas de la parte del cruel desprecio) son así de bordes con todo el mundo. Y lo peor es, al parecer, que estoy a su merced; son ellos los que tienen la última palabra.

Mis opciones son varias: volver a Europa desde Canadá... que no me gusta, ¡mi viaje acaba en Seattle!; intentar volver a EE.UU., bien de forma legal y lloriqueando al funcionario de turno, bien de forma clandestina, no sé muy bien cuál... ninguna de las cuales me gusta. La clandestina la descarto del todo, no quiero problemas. O, una última que, a estas alturas, era la que más opciones tenía: volver a EE.UU. vía PCT.

En realidad, esto es tan clandestino como ir escondido en el maletero de un coche (bien lo sé, por mi experiencia anterior de 2004) pero, como nadie lo iba a saber, era seguro. No hay policía de fronteras en el cruce fronterizo del PCT.

Pues bien: todos esos "era" aparecen ahora porque, con la nueva situación, no sé cómo lo voy a hacer. El nuevo e improvisado punto final del PCT alcanza la frontera canadiense a orillas de lago Ross, en el puesto fronterizo de Hozomeen. Un lugar muy curioso: en medio de las montañas, la carretera más cercana del lado estadounidense está a casi 50 kms. Del lado canadiense, hay una pista que llega hasta allí mismo. Similar a la situación del PCT oficial pero con la diferencia de que, aquí, sí que hay un puesto fronterizo aunque, al parecer, sólo es un puesto de Rangers, no de policía. ¿Me dejarían los Rangers cruzar a Canadá y luego volver a entrar por aquí? Los Rangers son bastante más amables que la policía de fronteras... pero ¿para qué entrar a Canadá y volver por aquí? Si yo lo que quiero, en todo caso, es llegar a Manning, echar una lagrimilla y volverme a Seattle... y Manning está a tomar por saco de Hozomeen.

A estas alturas, soy todo incertidumbre y sólo sé que no sé nada. Por eso, decido cargarme de comida y, al menos, eliminar eso como factor. Ser independiente e ir viendo qué va pasando. Uno siempre guarda la esperanza oculta de que, para cuando llegue allí, los incendios estén controlados y el PCT abierto pero sé que eso suena más bien a wishful thinking...

Skykomish: las vías de tren, las montañas y poco más...

Andrea me pasa el teléfono: hay una thru-hiker al aparato que me puede informar. Resulta ser Cadence, a quien nunca conocí en persona pero sí a través de sus entradas en los registros. Siempre se mantuvo por delante de mí. Ahora, acaba de llegar a Hozomeen y llamaba a los Dinsmore para dar noticias del sendero alternativo que había tomado y que los que veníamos por detrás estuviéramos informados. Hablo con ella un rato y aprovecho para felicitarle por haber llegado al final, fuera cual fuera este.

Más tarde, Andrea vuelve otra vez con el teléfono en la mano: esta vez es Jennie, con quien coincidí durante los primeros días de viaje y a quien nunca volví a ver. Ambos estamos sorprendidos y encantados de tener una ocasión de encontrarnos otra vez, aunque sea por teléfono. "Hey, no me puedo creer que seas tú... ¿cómo te va?" es la frase que pronunciamos casi a la vez. Es una de las cosas sorprendentes y geniales que tiene este viaje, reencontrar gente que tenías casi olvidada pero que tuvo su hueco en momentos pasados. Jennie está en Snoqualmie Pass, ha oído noticias de los nuevos incendios y llama a los Dinsmore para conseguir info actualizada. Andrea le ha contado lo que sabe, yo le cuento lo que sé y le deseo buena suerte para lo que queda. El deseo es mutuo.

Estampas de Skykomish: la tienda Deli y la oficina postal; y la bici comunitaria de los Dinsmore

Poco más puedo hacer hoy, al ser domingo, y decido tomarlo con calma, relajarme y esperar que los problemas, de nuevo, se solucionen solos. Invito a Jerry y Andrea a cenar en, cómo no, Cascadia Inn (tampoco hay más) y eso será casi todo por hoy. Cruzar dedos es lo que me queda.