Viajar
a Pie |
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Pacific Crest Trail, 2006: Washington
Sección 23: White Pass - Snoqualmie Pass |
Día 127: White Pass - Dewey Lake (27.5 m. / 44.3 km.)
Sólo me queda una sección, cuatro míseros días, para volver a "casa" de verdad: desde Snoqualmie Pass, al final de esta etapa, y hacia el norte ya es todo terreno conocido. Me hará mucha, mucha ilusión volver a las Cascades Septentrionales, ese lugar maravilloso. Pero aún quedan cuatro días y muchas millas por delante para eso.
Como de costumbre en estos casos, intento salir pronto y sólo lo consigo a medias. Un desayuno de los grandes es condición indispensable para dar el primer paso. Me despido del resto de hiker-trash, que se lo toman con más calma, y vuelvo al sendero.
El tiempo se ha estabilizado otra vez y hace calor; a ratos, hasta incómodo. Es difícil encontrar término medio. Una de las circunstancias que más me molesta es el piso polvoriento, que no recuerdo de años atrás pero que, en esta zona, compruebo, es muy común y muy incómodo. Llego a la conclusión de que el auténtico uso útil de una membrana impermeable en el calzado sería detener toda esta suciedad que, en mi caso, se cuela no por el borde sino a través de la rejilla transpirable. Nada es perfecto. Es realmente molesto llevar los pies siempre llenos de tanta porquería.
Desde White Pass, el ascenso es testimonial y va seguido de una larga bajada que toca fondo en un bonito valle verde antes de volver a subir hacia la cresta. Hay muchas bayas y la tentación de parar a comer es fuerte. Me siento como en la típica escena epítome del bien y el mal, con un angelito sobre un hombro que me dice que tengo que continuar y que no me puedo estar parando en cada ocasión que veo bluberries y un diablillo encima del otro que me recuerda lo buenas que están y que no siempre van a estar ahí... es decir, tengo que elegir entre la disciplina del viaje, mis kilómetros, etc., y el placer de la fruta que, en este caso, no es nada prohibida. Al final, como de costumbre, se trata de encontrar un término medio: decir no a un montón de matas hasta que ya no puedes más y paras en esa, que parece que las tiene más gordas, y te pegas un buen atracón.
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Blueberries vs. Huckleberries; en su ambiente...

...y fuera de él
De vuelta a la cresta, vuelve a aparecer Rainier, ya muy cerca. Si la cara sur tenía enormes glaciares, la este, que es la que va apareciendo, los tiene aún más grandes. El día se va nublando pero, a diferencia de ocasiones anteriores, el tiempo está tranquilo.

El gigante Rainier
Tengo mi objetivo puesto en un el lago Dewey, que me viene perfecto de distancia. Dudo entre ese y uno anterior, al que llego ya un poco tarde, pero decido seguir hasta el otro. Me arrepiento un poco porque en este primero no había nadie y, en Dewey, hay miles de millones de campistas. ¿Por qué y por qué aquí? pues porque sigue siendo labor day weekend (mañana lunes es labor day, festivo) y este viene a ser el primer lugar idílico que se encuentran los que vienen por el PCT desde Chinook Pass, en la carretera que hay hacia el norte; y, claro, todos se van quedando aquí.
Me paso un buen rato recorriendo la orilla del lago en busca de algún sitio que no esté ocupado y sólo encuentro uno junto a una zona pantanosa donde me imagino que me van a acribillar los mosquitos. Al final, cansado y muy tarde ya, otro senderista acampado me ofrece, cuando paso por su lado, quedarme en la zona en la que está él. Hay sitio de sobra pero no es muy ético ponerte a acampar cerca de otra gente; a no ser, como en este caso, que te lo ofrezcan, cosa que acepto encantado. El señor este está solo y le apetece tener alrededor a gente que le pueda contar historias (y los thru-hikers siempre tenemos alguna... aunque sea siempre la misma, pero para gente nueva) y soy ya el segundo que "acoge". El otro es un south-bounder del que mejor no hablo mucho porque no me cayó nada bien. Menos mal que va para el otro lado y ya no le tendré que ver más...
Día 128: Dewey Lake - Government Meadows (25.5 m. / 41 km.)
Puse el tarp y hasta cayeron unas gotas pero, a lo largo de la mañana, se fue despejando. Salí pronto para llegar aún temprano a la carretera en Chinook Pass, a las puertas del parque nacional del Monte Rainier que, ahora sí, está a tiro de piedra. Tan cerca que las vistas ya no son tan espectaculares. Habrá que alejarse un poco hacia el norte para poder volver a apreciar la magnitud de esos glaciares.

Entre el cielo y el suelo camino de Chinook Pass
Subida a una cresta más, otro paseo por las alturas, muy bonito en cuanto a vistas pero un poco emponzoñado por lo que creo que acabaría convirténdose en el día más polvoriento de todo el viaje. Uno casi desearía que lloviera un poco para asentar el polvo pero, no, está perfectamente despejado y estable.
Un día muy seco, también, en cuanto a agua de la de beber. No es que no haya agua en estas montañas; es que, como en otras ocasiones, el sendero se mantiene en las alturas, cerca de la cresta, y ahí dependes del ocasional manantial. Si lo hay, bien; si no, tienes que caminar cargando un montón mientras ves los ríos y arroyos correr por los valles anejos. En fin... c'est la vie, c'est la randonée...
Es un día de estos en que no puedes decir que nada vaya objetivamente mal ni que el paisaje sea feo (al contrario; es muy bonito) pero que, de alguna forma, sabe a rutina y sólo quieres llegar al final y descansar. Quizá es que, después de meses y tantos kilómetros se agota un poco la capacidad de sorpresa y ya hasta el senderismo es rutina (no, no como la de la vida urbana; aún hay clases...)

Atravesando Norse Peak Wilderness. Ya digo que era bonito
Una de esas clases está en la poderosa presencia de la cara norte de Rainier. Esto ya sí que son palabras mayores: es la misma enorme mole de siempre, presidiendo todo lo que le rodea pero, en este caso, la práctica totalidad de la superficie visible está cubierta de hielo. Y no, no se trata de nieve, ni reciente ni antigua; son todo glaciares. Impresionante montaña, de verdad.
Hoy, ese esperado final viene con un cierto lujo oriental, ya que he pensado parar en Government Meadows, donde hay un hermoso refugio libre. Una gran cabaña de madera, de las de troncos gordos, al borde de un precioso prado. Al llegar, me encuentro con una pareja de alemanes que están haciendo una sección. En nuestra conversación, y dado que vienen del norte, les pregunto si el sendero que han recorrido es muy polvoriento... me anima mucho cuando ponen cara de extrañeza, en plan "¿polvoriento? no, ¿por qué lo preguntas?". Pues por lo que os espera mañana, colegas... ya les aviso que se lo tomen con filosofía.
Junto a la cabaña, hay un bonito arroyo (agua rica) y bosque acogedor donde se podría acampar cómodamente pero me doy el capricho de dormir dentro. Un día es un día.
Día 129: Government Meadows - Stampede Pass (27.2 m. / 43.8 km.)
El terreno que queda hasta Snoqualmie Pass es famoso (más bien, infame) en la comunidad PCT por las explotaciones forestales. Es un área de montañas de altitud modesta y, como en otras zonas del norte de California o de Oregón, relativamente accesible y cubierta de bosque infinito, de ahí el auge de la industria de la madera. Para la explotación, se trazan pistas y se pelan cuadrados enteros de bosque (que aquí llaman clearcuts) para luego replantarlos. Supongo que no es muy diferente de como se hace en Europa, con el matiz de que, aquí, en América... a ver, adivinad: sí, todo es más grande. Los bosques son más grandes, los árboles, normalmente, también y las explotaciones, aún siendo tan grandes o más, sólo afectan a una parte relativamente pequeña del total.
Yo no sé qué pensarían los americanos si vieran Europa y, muy particularmente, la península ibérica... se les caería el alma a los pies... el caso es que, aquí, los clearcuts son denostados como algo horrible, ajeno e impropio de las montañas. Y tienen razón, debo decir.
En lo que queda de esta sección, habrá que cruzar muchos clearcuts, en los que faltará la sombra de los árboles que ya no están y que los recién plantados aún no pueden proporcionar.
Y no sé si influenciado por ese "pasemos este tramo cuanto antes, que es feo..." que se barrunta en el ambiente o si por ganas de llegar a las zonas remotas de las Cascades del norte... o quizá por puro y simple cansancio, físico y psicológico, que sería normal, a estas alturas, pero el caso es que, efectivamente, eso es lo que siento: ganas de llegar cuanto antes a Snoqualmie Pass. No por el lugar en sí sino por lo que viene después: el final perfecto e impresionante al viaje más largo.
Eso es lo que tengo en mente mientras me despido de la pareja alemana y comienzo, nada más salir, a enfrentarme al panorama de pistas forestales y todo eso mencionado. En Europa, no dejaría de ser algo relativamente normal pero aquí, de verdad, llama la atención, para mal.
Una de las ventajas, por encontrar algo positivo, de los clearcuts es que, donde aún no han crecido los árboles, crecen los arbustos; y estos tienen ¡bayas! Es decir, hoy hay ración extra de blueberries y huckleberries. Por si no eran pocas ya.
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Si una imagen más de 1000 palabras, dos... más de 2000
Por lo demás, efectivamente, más de lo ya vivido en otras ocasiones: terreno nada especial; montes y montes, más y más bosque pero ningún elemento destacado en el paisaje. Con esto, y la ausencia de fuentes de agua, el momento esperado es el breve desvío que, hacia el final del día, lleva, en una pista, hasta una estación meteorológica donde, se supone, hay un grifo accesible. Bueno, pues no sólo eso: en el cruce del PCT con la pista, hay este cartel:

Trail magic
Papa Bear es un trail angel. Uno de los mejores, si se me permite hablar en estos términos de mejor y más mejor aún para esta especie tan apreciada como son los trail angels. Se ha venido en coche por la pista hasta la estación meteorológica y ha acampado aquí para esperar a los senderistas que pasen. Por supuesto, en el coche se ha traído algunos regalitos.
Papa Bear es un encanto. Pienso en él según escribo esto y se me dibuja una sonrisa. Una simpática combinación de pragmatismo, amabilidad y una cierta gracia innata especial. Es mi héroe.
La estación meteorológica es un conjunto de edificios en varios estados de decrepitud. Está claro que ha vivido mejores tiempos. Ahora, sigue funcionando, al parecer, pero ya no vive nadie aquí, funciona sola. Y, efectivamente, tiene un grifo accesible. Cuando llego, con Papa Bear está Groom's Man, que viaja hacia el sur. No pensaba quedarme aquí sino junto a un lago, un poco más allá pero, dadas las inesperadas circunstancias, está claro que este es el lugar.
Más tade, llegan Adam Listo y Dirt, a quien no conocía y que nunca me quedó claro si era thru-hiker o estaba recorriendo alguna sección. Bueno, da igual; lo pasamos muy bien. Debo confesar que ayudaron las cervezas, las patatas fritas o la fruta fresca pero lo principal, sin duda, fue la compañía.

Posando para la posteridad: Groom's Man, Adam Listo, Dirt, Rainskirt
Día 130: Stampede Pass - Snoqualmie Pass (19.5 m. / 31.4 km.)
Fría noche y fría mañana, como viene siendo habitual últimamente, en fuerte contraste con el calor del día. Salgo detrás de Adam y delante de Dirt. Nos despedimos de Papa Bear, que nos anuncia que estará unos días acampado, de la misma guisa, en Rainy Pass, última carretera antes de Canadá. Espero encontrarle allí.
El PCT me recibe con una zona sorprendentemente bonita, a cuenta de cómo venía siendo, con montañas notables, bosque no explotado y algún lago azul. Este es uno de esos días que va a ser "corto", de los de llegar pronto a destino; y el caso es que son casi 20 millas, que es un pedazo de distancia. Es significativo que, a estas alturas de viaje, lo que al principio se hubiera considerado un día más o menos estándar ahora es un día "corto".
Me encuentro con Dirt y luego con Adam, según unos y otros paramos para descansar. Comienza, por fin, el largo descenso hacia Snoqualmie Pass. Ya desde hace tiempo, durante los últimos dos días, venía viendo grandes y rocosos picos en el horizonte septentrional y sentía aproximarse el gran momento de entrar en las áreas wilderness de las Cascades que tanto recuerdo. Ahora, esas montañas están ya muy cerca. Ahí enfrente, al otro lado de la autopista que ya veo serpentear por el fondo del valle.

Snoqualmie Pass está por ahí abajo
En Snoqualmie Pass hay una pequeña estación de esquí y la última parte de la bajada es por las pistas y entre los remontes. Ya estoy en terreno conocido. Esta ladera es lo que veía desde ahí abajo, hace un par de años; y esas montañas de enfrente son las mismas por las que bajé, las mismas que vi, por primera vez, envueltas en niebla, hace unos cuantos más.
Llego al collado y me aproximo al área de servicios, que dispone de una gasolinera, un par de tiendas, un restaurante y un motel. Entro en el mismo hall y agarro el mismo teléfono que utilicé en aquella ocasión para llamar a Loren y Becky, los que desde entonces han sido mis amiguetes en Seattle... y marco el mismo número.
Snoqualmie Pass es el punto de las Cascades más cercano a Seattle. Había acordado llamarles desde aquí para celebrar la proximidad y, quizá, acercarme a hacerles una visita... bueno, dejarme acercar, más bien, porque vendrían a buscarme y me devolverían pasado mañana tras un día de descanso en la gran urbe. Loren, al otro lado, tan jovial como siempre, me sigue felicitando por lo conseguido hasta ahora pero me anuncia que tienen visita familiar y la casa un poco llena, así que dejamos el reencuentro para cuando estaba previsto que, en el fondo, es el mejor momento, cuando ya haya acabado del todo. La alternativa es clara: el motel en Snoqualmie Pass.
Snoqualmie Pass es como White Pass pero en grande: en lugar de una carretera, hay una autovía; en lugar de una pequeña tienda, hay dos y son grandes. El motel también es más grande y hay también un restaurante. Nunca pensé en mandar una caja con provisiones aquí, aun sin la perspectiva de visitar Seattle. En el motel, nos hacen descuento a los thru-hikers. Supongo que saben que no tenemos mucha pasta y es su forma de intentar fomentar que nos quedemos. A Adam no le ha fallado su contacto en la ciudad y no va a pasar la noche aquí y a Dirt le he perdido la pista así que no puedo compartir habitación y gastos con nadie. Bueno, da igual; ya queda poco.
El lugar no es muy idílico, con tanto asfalto, pero me trae muy buenos recuerdos y la promesa de lo que está por llegar, que ya vislumbro, ahí detrás. El resto de la tarde es de relax y mucha comida, como de costumbre, esta vez con el plus de que el restaurante está muy bien y tiene un nombre (The Family Pancake House) que me motiva mucho. Espero ansioso el desayuno de mañana.

The Family Pancake House, un trozo del paraíso en Snoqualmie Pass