Viajar
a Pie |
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Pacific Crest Trail, 2006: Oregon
Sección 20: Shelter Cove - Big Lake |
Día 110: Shelter Cove - Brahma Lake (27.8 m. / 44.7 km.)
Hoy ya no puedo seguir pisando de medio lado, como estuve haciendo ayer tarde, así que tanteo el estado de los pies (del izquierdo, sobre todo, que es el que peor está) desde los primeros pasos. No está perfecto pero parece que algo mejor, sí. Las estrías siguen ahí, aún cubiertas por la ligera película de "pegamento" que apliqué anoche.
Sigue haciendo mucho frío. Recojo y acudo al almacén a por ese último desayuno. Y no pienso comerme otro perrito, no ya porque sea la hora del desayuno sino porque ayer me comí 4 ó 5. El menú es tan limitado como siempre y me tengo que apañar con poca variedad pero cantidad no falta. Me gustan mucho los cafés de sabores: guarrerías de estas que les gustan a los americanos y, algunas, a mí también.
Salgo relativamente pronto con un ojo puesto en ese pie. De momento, puedo caminar normal sin sentir mucho dolor. El dolor, de nuevo, es lo de menos, es soportable; importa más lo que significa, esa piel abierta en tan mal sitio pero ahora voy más tranquilo, con la segunda capa de pegamento recién aplicada. Yo no sé si funcionará o no pero, al menos, me hace sentirme más tranquilo.
El día comienza con el cruce de la carretera e, inmediatamente, un ascenso que lleva al PCT hasta unos bonitos lagos, desde donde se aprecia una buena vista de lo recorrido en los dos últimos días: una especie de ondulado manto verde con manchas azules aquí y allá. Eso es Oregón, bosque y lagos.

Epítome oregonio desde Pengra Pass
Tras coronar un collado con buenos panoramas, se acabó la visibilidad por hoy; el resto del día, consiste en caminar por el bosque, que no da tregua. No es el más estimulante de los entornos porque, además, el sendero se cruza aquí y allá con pistas transitables por vehículos; no veo más que uno pero sólo la posibilidad de que estén por ahí chafa bastante toda sensación especial por estar aquí.
Three Sisters Wilderness está cerca ya, a tan sólo unas horas de camino y allí, aunque más al norte, se supone, hay un incendio activo. Esto significa que es hora de empezar a preguntar a todo el que me encuentro de frente. Las informaciones son de dos tipos básicos: inexistentes (de quienes no han pasado por ahí) o confusas (de quienes sí). Habrá que esperar a llegar a la zona y ver por uno mismo, me temo.
El PCT pasa por una extensa zona quemada recientemente; un mundo de troncos pelados aún de pie, en el que la vegetación apenas ha empezado aún a recuperarse. Es uno de los pocos momentos del día en el que hay cierta visibilidad de lo que me rodea y, al principio, es casi hasta bienvenido pero caminar por una zona quemada, sobre todo cuando es tan extensa como esta, tiene un punto de angustioso que no me gusta y estoy deseando llegar de nuevo a bosque vivo. Mientras, al menos, me consuelo, no hay mosquitos... en ese momento, no sabía aún cuan significativo iba a ser esto.

Años después del incendio
A tenor de cómo va el día, fijo definitivamente mi destino en Brahma Lake, donde la guía anuncia buenos lugares para acampar. Y, una vez retomado el bosque y en esta zona llena de pequeñas lagunas, se desata el infierno insectil: hordas salvajes que buscan hasta el último milímetro de piel para hincar ahí el aguijón. Me tengo que cubrir del todo, a pesar del calor, y hasta guardar las manos en las mangas, aunque me resisto, esta vez, a vestir la red en la cabeza. Me digo a mí mismo que ya no queda nada y que mejor me aguanto.
Brahma Lake es otro bonito lago rodeado de bosque, un bucólico y solitario lugar donde pasaría una agradable velada de no ser por los millones de bichos zumbando a mi alrededor. Ni baño en el lago ni nada. De hecho, me tengo que armar de valor para siquiera lavarme los pies, algo especialmente imprescindible, dadas las circunstancias. Es en momentos como estos en los que se echa de menos un sistema de acampada completamente cerrado a prueba de mosquitos.
La nota dramático-graciosa ha venido cuando consultaba la guía para refrescar la memoria, a la hora de escribir estas líneas: en las páginas correspondientes, me he encontrado ¡un mosquito! aplastado y perfectamente plano, como Mortadelo y Filemón cuando les daban un portazo; pero con el cuerpo asombrosamente intacto donde puedo distinguir hasta lo que ha quedado del aguijón.
Preparar la cena y, especialmente, comérmela es todo un ejercicio de frustración. Intento comer tranquilo bajo la red pero siempre quedan huecos. Acabo por comer paseando de un lado a otro; así, en movimiento, mantengo a los mosquitos mínimamente a raya. Y sólo descanso cuando, por fin, me encierro en la funda de vivac que es mi exhiguo pero seguro refugio. Me duermo tranquilo, por fin, mientras oigo los zumbidos fuera. Ahora no me cogéis (mañana por la mañana tendréis otra ración...)
Día 111: Brahma Lake - North Fork Mesa Creek (30.1 m. / 48.5 km.)
Esta noche, mi arrullo ha sido el zumbar de los insectos. Al amanecer, al tiempo que abro un ojo, abro también los oídos: ¿se les oye? Pues no mucho. Envalentonado, pero no demasiado, y con bastante mala gana, abro la funda de vivac para comprobar que esta no es su hora y hay bastante menos que al atardecer pero, en cuanto aparece carne fresca (yo), no tardan en empezar a incordiar. El desayuno es más bien apresurado, aunque nada como lo de anoche.
Mirando el mapa, esto dejaría pequeña la región de los mil lagos en Finlandia... aquí hay millones, y el PCT rodea un montón de ellos. Me temo lo peor, en el plano insectil, pero sea porque la peor hora está por llegar, el día transcurre más o menos tranquilo; al menos, mientras camino y estoy en movimiento, me mantengo más o menos a salvo.
Por lo demás, el día es más y más rutina: bosque, lagos, bosque, bosque y... más lagos. Todo muy bonito pero, de verdad, cansa un poco. Sé que me quejo de vicio, que esto es una maravilla pero es como estar viendo el mismo fotograma una y otra vez, un disco rallado. Supongo que haría falta pararse y descansar para empezar a ver toda la vida que hay aquí y a apreciar el valor y belleza de este lugar pero desde el punto de vista del thru-hiker con petardo en culo, esto es poco más que rutina.
Pero ¡no apurarse! tras una horrorosa travesía por una tórrida zona quemada, el ascenso que sigue me lleva no sólo a las alturas sino también a las puertas de las Three Sisters. Y esto ya es otra cosa.
Three Sisters son tres montañas, como el nombre indica, hermanas. Tres conos volcánicos poco más o menos espectaculares pero no es sólo los tres volcanes sino toda la zona que les rodea, donde el PCT se reencuentra de lleno, llenísimo, con los paisajes volcánicos que aquí, en Three Sisters Wilderness, tienen, quizá, su capítulo más espectacular.
Por el momento, el sendero llega a una planicie de altura adornada con los imprescindibles lagos pero aquí ya no es todo bosque; aún hay árboles pero casi ganan las praderas y aparece, por fin, la impresionante estampa de South Sister, apropriadamente apodado Red-Head:

South Sister, a la derecha; Middle Sister, al fondo
El mapa vuelve a mostrar esa quebrada representación de los campos de lava por los que el sendero empieza a transitar. Hacia el final del día, reencuentro a Smiley. Llevo horas viendo sus huellas. Esto es un hecho curioso que me recuerda aquellas pelis del oeste en las que los (allí denominados) indios eran capaces de seguir las huellas de quien fuera. Bueno, aquí no es tan épico, es tan simple como distinguir una consistente traza de un determinado dibujo de suela delante tuyo en el sendero y la de Smiley ya me la sé, lleva las mismas zapatillas que yo; así que, en cierto modo, esperaba encontrarle y le alcanzo cuando hace su parada vespertina para cenar, antes de continuar caminando hasta el anochecer. Cambiamos impresiones sobre el tema incendios, que nos espera al norte y cuya situación aún no conocemos a ciencia cierta.
Continúo hasta el siguiente arroyo, donde encuentro una agradable mancha de bosque protector. El entorno ha vuelto a levantar mi ánimo.
Día 112: North Fork Mesa Creek - Sisters (34 m. / 54.7 km.)
Los Three Sisters son tresmiles, algo muy serio en estas latitudes, y están rodeados de pequeños glaciares. Hay una ruta alternativa por las tres cumbres que más o menos evita todas las manchas de hielo pero el PCT discurre por cotas más bajas y rodea la base de las tres montañas en un entorno igualmente espectacular: primero, prados de altura, pequeños lagos y bosque intermitente, con hermosas vistas a las sucesivas tres cumbres, al este, y al infinito, hacia el oeste. Después, la mejor sorpresa: el paisaje lunar de los ingentes campos de lava, laderas de roca desmenuzada y conos volcánicos por todos lados.
Antes de eso, buenas y malas noticias: buenas porque siempre es un placer encontrar otros senderistas; primero, T-Bird y Twisted Sister (nada que ver con las Three Sisters...), que están recorriendo secciones, y me informan que la carretera que el PCT cruza más adelante, en McKenzie Pass, está cerrada hacia el este, a causa de un gran incendio. Y esto, claro, son noticias fidedignas porque ellas acaban de acceder al PCT por ahí. Más adelante, Squatch, que sigue cámara en mano con su proyecto de documental, me confirma lo mismo. Aún no sé qué sucederá al llegar a McKenzie Pass pero, por el momento, yo camino contento, estimulado por el bonito entorno, y así ha quedado inmortalizado, más o menos, en el corte final de Squatch.
Cruzo campos de obsidiana, esa piedra que tanto recuerdo de las rutas por Islandia y que me parece la roca más bonita del mundo. Mi roca favorita. Pétrea y pulida, densa y suave como el terciopelo. Preciosa:

Obsidiana
Más adelante, llegan los campos de lava, donde los árboles luchan por ir colonizando el terreno, en una sección absolutamente espectacular que me hace sentirme en otro mundo. Bueno, es que, de hecho, ¡estoy en otro mundo! Un poco más arriba, desaparece toda vegetación y me quedo solo con las rocas magmáticas y sus ángulos imposibles, a los pies de los conos volcánicos menores y bajo los glaciares de la cara norte de North Sister, mucho más grandes que los del otro lado.

Algunos árboles valientes empiezan a colonizar la tierra nueva
Entre tanto sueño imposible, cambio de vertiente y veo, por fin, el panorama: la estilizada figura del monte Washington, al fondo y, saliendo de los bosques que le preceden, enormes columnas de humo que llegan al cielo y hasta forman nubes (imagen en el diario). Ahí está el incendio. Mapa en mano, estudio la traza del PCT alrededor del cráter Belknap y concluyo que es muy posible que el sendero evite, siquiera por poco, el incendio y que el cierre pueda ser más bien preventivo... whisful thinking.
Unos minutos más allá, me encuentro con dos Rangers y a estos sí que les voy a sacar información de primera mano; me confirman las malas noticias: el incendio es gigantesco (eso ya lo veo) y el PCT está cerrado entre McKenzie Pass y Big Lake. Esta vez no se trata de un cierre preventivo-estúpido, como sucedió en el norte de California; el propio PCT está en llamas.
Los Rangers me ayudan a planear un posible desvío, carretera abajo (y luego arriba), para llegar a Santiam Pass, el siguiente cruce de carretera del PCT y, desde ahí, retroceder unos pocos kilómetros hasta Big Lake, donde me espera mi siguiente paquete postal; hasta me regalan su mapa. Son muy amables y salgo de allí con la tranquilidad de, por lo menos, saber ya a qué atenerme y tener un plan para evadir los problemas.
El plan consiste, ya digo, en abandonar el PCT en McKenzie Pass, descender hacia el este por la carretera, que está cerrada pero, por el momento, no amenazada por el fuego, y tomar una pequeña carretera forestal que me servirá de atajo para llegar a la carretera principal de la zona, la que sube a Santiam Pass. Desde ahí, retomo el PCT de nuevo. Puedo hacer todo ese trayecto en un día y estar mañana por la tarde en Big Lake, como tenía previsto.
Según me cuentan, el incendio es muy importante y hay un enorme despliegue de medios para intentar apagarlo o, al menos, contenerlo; el objetivo básico es que no llegue a la relativamente cercana población de Sisters y han cerrado la carretera de McKenzie Pass para facilitar las operaciones. Todo es grande en América, hasta los incedios.
Desciendo hacia McKenzie Pass mientras el terreno se vuelve un poco más mundano y el cansancio empieza a aparecer. Mi intención es bajar por la cerrada carretera para llegar hasta una zona de acampada, ya en el valle, justo donde tomaré mi atajo para enlazar con la otra carretera. Ambas se unen 6 kms. más allá, en Sisters, pero ni necesito ni quiero llegar a la población. Una vez fuera del PCT, todo se volverá confuso, al no tener guía que seguir y sólo el poco detallado mapa que me han regalado los Rangers: no sé dónde hay agua y es difícil identificar sitios para acampar, así que esa zona de acampada me vendrá perfecta; siempre hay algún arroyo o lago en las zonas de acampada.
Mientras bajo hacia McKenzie Pass, me pregunto dónde estará Smiley que debe ir muy cerca de mí pero no sé si delante o detrás. No le he visto en todo el día.
Caminar por una carretera no es lo más agradable del universo senderista pero si, al menos, la carretera está vacía, ni tan mal. Y, además, esta ruta recorre paisajes espectaculares, en su parte alta: está trazada justo al borde de una lengua de lava, de forma que, según desciendo, llevo el típico bosque a un lado y la roca negra y pelada al otro. Sigo viendo las enormes columnas de humo; ahora, un poco más cerca.

McKenzie Pass - Santiam Pass, ese es el trozo de PCT en llamas... por el momento
De cuando en cuando, algún coche baja o sube por la carretera; son Rangers, bomberos, policías o algún elemento relacionado. No falla uno: todos paran y me preguntan si quiero que me lleven al pueblo. Se lo agradezco pero, ahora, esta carretera es parte de mi viaje y así se lo explico con una sonrisa, aunque me va costando más sonreír y me va costando más decir que no a las ofertas. El encuentro más "gracioso" y peliculero es con el Sheriff: este no sonríe ni ofrece nada; desde detrás de sus gafas de espejo y con voz de pocos amigos, me pregunta que qué hago en esa carretera, que está cerrada... yo le explico lo del PCT, de Méjico a Canadá, incendio feo, blah, blah, blah, y parece que la explicación le convence. Me anuncia con solemnidad que tenga cuidado, que habrá camiones circulando por la carretera esta... gracias, señor Sheriff.
En esto, llego a un mirador. El típico mirador de carretera y, como la vista es muy bonita, me paro... pues eso, a mirar. Allí hay un todoterreno de unos Rangers que, con un talante bastante más amistoso que el Sheriff, se interesan por mi viaje, me ofrecen llevarme a Sisters, me ofrecen bebidas frías (de esto sí que acepto...) y... malas noticias. De hecho, ya estaba notando yo una nueva y espectacular columna de humo, allí lejos, al norte, y el grupo este me anuncia que es un nuevo incendio, recién detectado, hoy mismo, en Mt. Jefferson Wilderness, al norte de Santiam Pass y del que aún no se sabe nada pero, sólo por el aspecto del humo, no tienen que decirme que es un incendio grave y tiene pinta de estar ardiendo en la zona por la que pasa el PCT. Uh, oh... yo esperaba retomar el PCT hacia el norte en Santiam Pass y, con esto, parece muy probable que, cuando salga de allí, pasado mañana, el sendero estará cerrado también. Esto no es aún una certitud pero esperar lo contrario sería mas wishful thinking... expresión que me gusta mucho y que encuentro difícil traducir al castellano pero tiene bastante que ver con el concepto de auto-engaño.
Esto cambia las reglas de juego; según retomo el camino, tras despedirme de los amables Rangers, que me desean suerte, voy pensando: ¿qué pasa, ahora, si llego a Santiam Pass y me encuentro el sendero cerrado ahí, como parece probable? Consulto mi mapa de carreteras, ese instrumento tan útil para planes de contingencia que siempre llevo conmigo en las rutas, y veo una carretera, otra más, que discurre, a grandes rasgos, paralela al PCT en esa zona pero fuera de las montañas; podría ser una alternativa, indeseable pero válida, si no hubiera más remedio. Aún así, veo una cosa clara: puedo necesitar mapas topográficos. Los que llevo son buenos pero dan una visión de túnel del corredor del PCT y el de carreteras me sirve sólo para las carreteras y para una visión de conjunto de la zona pero no para planificar rutas alternativas por senderos. Con esto, decido cambiar el plan alternativo: voy a bajar a Sisters. Allí, podré encontrar mapas, o eso espero, además de información sobre el nuevo incendio. Si no voy a Sisters, llegaré a Santiam Pass sin saber nada de nada de lo que está pasando; sin información y sin elementos de juicio sobre qué hacer y estaré a merced de un posible signo en el sendero diciendo que está cerrado... y me quedaré con cara de "ahora qué...". En Sisters, hay una estación de Rangers, teléfonos desde donde llamar (los del grupo de antes ya me han dado números) y, espero, tiendas donde comprar mapas.
Eso sí, tengo que llegar a Sisters andando, y eso añade unos cuantos kilómetros más a la ya de por sí larga jornada de hoy. Bajo a toda leche por una carretera, ahora sí, incómodamente transitada por los camiones que anunciaba el Sheriff, todos ellos relacionados con la extinción de incendios. El empleado que controla el cierre de la carretera me ofrece, también, bebidas frías, cuando paso. Da gusto cuando todo el mundo está dispuesto a ayudar.
Paso por el camping donde pensaba dormir; es el típico lugar básico, sin servicios, pero hay ambientillo, con un buen grupo de gente, ahora reunidos alrededor de algún evento que están celebrando; me da un poco de pena no quedarme pero, ahora sí, necesito bajar a Sisters.
A la entrada del pueblo, me encuentro con una estampa que acentúa una preocupación adicional que ya me rondaba la cabeza: se trata de un mega-campamento de emergencia, montado en los terrenos de un polideportivo, si no recuerdo mal, donde los bomberos han montado una pequeña mini-ciudad. Y recuerdo lo que pasaba en Etna: en aquel pueblecito perdido de las montañas del norte de California, me llamó la atención que el único motel del lugar estaba completo; no me afectó porque yo me alojé en el barracón para senderistas de Alderbrook Manor pero más tarde supe que el anómalo lleno era debido a los bomberos que estaban en la zona, a causa de los incendios en Marble Mountain Wilderness... Sisters es más grande que Etna (aunque no mucho) pero ¿estará todo lleno aquí también? Y, si lo está, ¿qué hago?
El caso es que aquí hay cientos de miles de bomberos acampados. Ya digo que todo es grande en América.
Llego al pueblo propiamente dicho muy tarde, ya en penumbras, cansado y sucio; y con dos prioridades: encontrar alojamiento y cenar. Supongo que lo segundo será más placentero una vez resuelto lo primero y voy por ello. Como ya es casi de noche y no se ve un carajo, pregunto al primer especimen que veo, un empleado de un restaurante que ha salido a echarse un cigarro y al que ya directamente pregunto si habla español, dado su obvio origen mejicano. Me indica los dos moteles del lugar que, por suerte, están ahí mismo. Voy para allá y, horror, ambos están completos. Y, visto los precios, no sé si darlo por bueno pero es de noche ya y esto no es el monte, donde todo es fácil; ahora, estoy en la civilización y tengo un pequeño problema.
Decido ir por el segundo objetivo, la cena, con la esperanza de que, a base de comentar la situación al personal, me puedan dar alguna solución. No puedo negarme a mí mismo que, acostumbrado ya a la amabilidad infinita y deseos de ayudar de todo el mundo, me encuentre con algo de trail magic improvisada como que alguien me invite a ir a su casa.
Entro en el restaurante que acababa de pasar, un poco avergonzado por mi delictiva pinta pero, como de costumbre, no hay ni una mala mirada ni un mal gesto y, al tiempo que pido una cerveza, comento el problema a la camarera que me atiende. Me habla de un tercer motel, más pequeño y, posiblemente, más barato y dejo ahí la mochila para ir a preguntar mientras me traen la cena. No hay suerte, está lleno también.
Mientras como, la camarera me pregunta: tú tienes equipo de acampada, ¿verdad? Pues, en ese caso, puedes dormir en el parque este que hay aquí al lado; hay lavabos públicos. Hmm... ¿seguro? ¿No vendrá el sheriff de las gafas de espejo de antes a echarme a gorrazos?
Me dice que, si sólo es dormir y me marcho por la mañana, no hay ningún problema. No es la solución más glamourosa pero me servirá y, ya más tranquilo, termino mi cena.
En esto, aparece el mejicano de antes. Es el cocinero. Me cuenta que la camarera ha estado preguntando al personal sobre mi caso y me ofrece pasar la noche en su casa. "Es una casa pequeña; todos hombres, todos mejicanos..."
No sé qué quiere decir con eso de "todos hombres" o por qué lo menciona pero no dudo de su honestidad y, tras hacerle asegurarme que no le supone ninguna molestia, acepto. No soy de los no puede pasarse un día sin ducha pero hoy estoy tan sucio que siento que lo necesito, siquiera por mis pies, que siguen con sus hendiduras a medio curar.
Matías me acompaña a su casa. Está bien esto de ver viviendas locales. No es muy comunicativo. Consigo sacarle que aquí, en Oregón, la vida es muy cara pero los salarios son mejores también. Sisters es un sitio bastante orientado al turismo y hay mucho trabajo. La casa es como todas las de aquí, una casita de madera con su jardín. Me presenta a sus co-inquilinos, que están congregados alrededor de la tele y me reciben con amabilidad y cierta indiferencia. Al rato, se marchan todos al centro comercial que, intuyo, es la forma local de salir a echar el rato; es sábado por la noche. Saturday night fever.
Tengo que comentar esto: en la tele, me dejan puesta una cadena mejicana con una apasionante retransmisión de un partido de campo quemado. Sí, el juego ese de pasar la pelota de un lado a otro, intentando eliminar contrarios a base de darles un pelotazo, al que solemos jugar de pequeños. Lo mejor es que no es que en Méjico haya una liga de campo quemado profesional, con pedazo de atletas estilo volley-ball... o a lo mejor la hay (no creo...) pero este partido es entre chavales de la escuela. En una cancha de parquet, con gradas y todo, sí, pero los que juegan los chavales, y chavalas, de 12 años, o menos, que ni siquiera juegan bien. Es como un partido del recreo pero con comentarista, repetición de las jugadas y análisis a cámara lenta de las más interesantes. Impagable.
Yo me acuesto en el sofá pero, justo antes, se abre la puerta y entran otros dos mejicanos que no conocía y que, lógicamente, se quedan con cara de "y tú quién eres..." Y yo: "esto... vosotros no estabais aquí antes, cuando he llegado, ¿no?" Pregunta no capciosa; como había tantos, ya no estoy seguro... y les explico que me ha traído aquí Matías; sendero por las montañas, incendio gordo, sendero cerrado, moteles llenos... toda la historia. Me desean buenas noches con una sonrisa y vuelven a salir. Y yo vuelvo a mi sofá, para poner punto final a la larga historia de un día muy largo.

La casa de Matías & co., a la luz de la mañana siguiente
Día 113: Sisters - Santiam Pass (19 m. / 30.6 km.)
Me levanto pronto cuando, aparentemente, todo el mundo duerme aún. Me sabe un poco mal marcharme sin despedirme pero tengo otro día difícil por delante, así que les dejo una nota agradeciéndoles la hospitalidad y salgo al mundo.
En una soleada mañana de domingo, Sisters aparece más acogedor que anoche. Tengo mucho que hacer pero, dado que a estas horas lo único abierto son los sitios para desayunar, la excusa es perfecta para empezar el día de la mejor forma posible. Tras un buen atracón, todo parece más fácil.
El pueblo está lleno de carteles de agradecimiento a los bomberos. Casi cada comercio tiene el suyo, en plan pancarta de manifestación, pintados por la gente, deseosa de que no pase desapercibida la apreciación por el trabajo que hacen. En Etna había alguno también. Esto es algo curioso y relativamente exclusivo de estas regiones; al menos, en Europa yo no lo había visto nunca. Aquí hay mucho bosque y los incendios forestales de la época estival son parte del ciclo natural. Los pueblos son prácticamente enteramente de madera y, normalmente, están rodeados de bosque por lo que, a veces, los incendios amenazan las viviendas. Todo el mundo tiembla cuando hay algún fuego en las montañas cercanas y los despliegues mastodónticos como el que hay aquí suelen estar enfocados no ya a apagar los incendios por salvar los árboles sino por salvar los propios pueblos. De ahí el sentimiento de la población hacia el trabajo de los bomberos.

Thank you fire fighters
Otra característica bastante exclusiva es que, dadas las dimensiones de estas montañas y sus bosques, los bomberos aparecen ciertamente lejos de la imagen urbana de monos ignífugos, mangeras y camiones rojos; estos, suben al monte con sus herramientas (o se las transportan en helicóptero, si es posible), acampan allí durante días y se dedican a intentar contener el fuego con el apoyo de los helicópteros, que son la única forma de llevar agua. Es un trabajo muy duro y los bomberos tienen más pinta de montañeros o, si me apuras, thru-hikers que otra cosa.
Llamo a los teléfonos que me dieron ayer los Rangers. El nuevo incendio al norte de Santiam Pass ya tiene nombre: Puzzle Fire, pero aún se sabe poco de él. Me dicen que el PCT ya está cerrado en esa zona. Mapa en mano, les planteo alternativas, usando los senderos que veo (con el poco detallado mapa que me regalaron ayer y que ya me había estudiado) y, al parecer, todas las posibles alternativas están ya cerradas. Va a ser inevitable utilizar la carretera pero aún está por ver durante cuánta longitud; según me dicen, el incendio es muy grande y la zona cerrada crece por momentos. Mal asunto...
Esto significa que, aparte del atracón de carretera que me tengo que dar hoy, con el que ya contaba, para subir a Santiam Pass, parece inevitable que, mañana, voy a tener que continuar por la misma carretera, bajando por la otra vertiente para tomar luego otra más que, en dirección norte, lleva la misma dirección del PCT pero, por supuesto, por los valles. Tendré que avanzar por esa carretera hasta dejar atrás Puzzle Fire y tomar algún sendero que suba hasta el PCT. Queda por ver dónde podré hacer esto último.
Me falta comprar mapas topográficos. No está muy claro hasta qué punto los voy a necesitar pero como hay más incertidumbre que otra cosa, prefiero aprovechar esta última oportunidad para hacerme con ellos e ir preparado para lo que venga. Sisters es muy pequeño pero está junto a las montañas y es de esperar que tengan mapas; en la tienda de deportes, no hay y, al final, los encuentro de milagro en una librería. Buenos mapas, eso sí.

Estampas de Sisters
Hoy es domingo y la oficina de los Rangers está cerrada; de todas formas, ya sé todo lo que me iban a decir. En una breve visita a un supermercado, un paisano me pregunta si soy thru-hiker... ¿cómo lo habrá sabido? ¿será por la mochila? Resulta que él es el padre de una tal Laura, thru-hiker este año también y a quien no conozco (aunque me la encontraré más tarde). Comparto con él el infierno de los incendios forestales.
Cuando ya, por fin, salgo hacia Santiam Pass, me cruzo con una de las Rangers de ayer, aunque yo no le recordaba pero ella a mí sí; me informa de la última hora del Puzzle Fire y me da un mapa recién salido del horno de la localización del incendio.
Hasta aquí, todo ha sido muy divertido: buen desayuno, ir de tiendas... la guía dice que hay 15 millas entre Sisters y Santiam Pass pero en el mapa parece más; las señales de carretera me confirman que van a ser más bien 20 pero, en cualquier caso, eso debería ser fácil; 20 millas en sendero supone un día medio/corto, a estas alturas y, aunque caminar por carretera sea desagradable, debería ser más fácil que en el PCT. Mi única preocupación, a estas alturas, es llegar a Big Lake a la hora de cenar que es nada menos que las 5 y media... pero incluso para eso no debería tener problema; y, si no llego a cenar, tampoco pasa nada grave (bueno... no sé yo... la comida es la comida...).
El caso es que salgo de Sisters dispuesto a tragarme un desagradable día pero sin que se me llegue a indigestar. Por desgracia, no va a ser tan fácil.
Yo no sé por qué pero caminar por esta carretera me está destrozando, física y psicológicamente. En la parte física, hace mucho calor y hay mucho tráfico; hay arcén pero no muy grande. En la parte psicológica, las larguísimas rectas de varios kilómetros no ayudan a apreciar progreso. Tengo que pararme a descansar más a menudo de lo que lo suelo hacer en el propio sendero y, a pesar de que intento caminar todo lo deprisa que razonablemente puedo, el progreso no es demasiado bueno. He caminado por carreteras muchas veces y creo que nunca se me ha hecho tan cuesta arriba, a pesar de que aún no he empezado a subir siquiera.
Llega un momento en que ya no puedo más con la situación. Camino cabizbajo y moralmente aplastado. Pienso en lo curioso de las circunstancias: estoy rodeado de gente pero jamás me había sentido tan solo. En el sendero, me paso solo todo el día pero, cuando me encuentro a alguien, es un encuentro humano y agradable. Aquí, hay mucha gente alrededor, sí, pero van dentro de sus vehículos y, por lo que a mí respecta, no son gente; son cajones con ruedas que pasan a centímetros de mi oreja. Voy cansado pero la sensación desagradable es casi lo peor.
Paso lo que considero, sin duda, los peores momentos de todo el viaje, después de aquel día horrible con la semi-gripe; camino diciéndome a mí mismo que esto no puede estar pasando, que no estoy aquí... y con la única moral que me da saber que esta noche estaré a salvo en Big Lake.
En esto, y en uno de esos curiosos giros imprevistos que tiene la vida a veces, sucede algo que contribuye a aliviar la situación y a rellenar ese saco vacío de buenas vibraciones: un coche para en el arcén al otro lado y me hace señas. De él salen Mike y Naomi.
La última vez que vi a Mike y Naomi fue en Ashland, de donde Mike esperaba salir un día más tarde de lo que lo hice yo. Mike es uno de los thru-hikers más agradables y que mejor me ha caído de todos los que me he encontrado en este viaje y Naomi, su mujer, que le visita en ciertos puntos del sendero, lo mismo, y no puedo estar más contento de encontrármeles aquí. Habían acordado encontrarse en Sisters y Naomi había alquilado el coche que ahora conducen.
No sólo eso. Según cruzo la carretera y me acerco, Mike me dice: "Nos hemos cruzado contigo hace un rato. Sabíamos que no querrías que te lleváramos hasta el puerto pero seguro que aceptas esto...". Y me empiezan a sacar bebidas frías, helados y chucherías varias. Después de verme caminando en la carretera, se fueron hasta la tienda más cercana para comprarme esas cosas y volvieron a mi encuentro.
Esto me hace sentirme bien. En un día horrible en el que lo más horrible de todo era lo inhumano de la situación, me encuentro con esta muestra de cariño y calor que, ahora mismo, es lo que más aprecio en el mundo. Declaro solemnemente a Mike y Naomi mis trail angels favoritos.
Me preguntan si pueden hacer algo más por mí. Pues... odio pedirles esto pero... el caso es que mi PCT, ahora, es esta carretera hasta el collado en Santiam Pass y, después, o bien el sendero hacia el norte o bien la misma carretera, puerto abajo por la otra vertiente; pero esta noche dormiré en Big Lake, que está varios kms. de pista al sur de Santiam Pass. Big Lake es una muy buena parada porque el PCT pasa casi al lado pero ahora esa sección de sendero está cerrada; de hecho, está cerrado justo al sur de Big Lake. Pues bien: ese tramo entre Santiam Pass y Big Lake ya no es parte de mi PCT y, aquí sí, aceptaría que alguien me llevara; especialmente, visto lo cansado que voy y lo tarde que se me está haciendo.
Mi plan era hacer auto-stop ahí y esperar tener suerte. No me cabe duda de que el primer coche que pasara, pararía pero necesitaría la suerte para que ¡pasara alguno! ya que es una carretera cuaternaria que desemboca en una pista que, a la postre, es un callejón sin salida; muere en Big Lake. Así que, Mike & Naomi, ¿me esperaríais en Santiam Pass para llevarme hasta Big Lake?
Me da reparo pedirles esto porque sé que tendrán muchas cosas mejores que hacer que esperar a que el pesado este que soy yo llegue al maldito collado (Mike aún no se ha duchado, según veo) pero se lo pido porque realmente lo necesito y porque sé que la oferta de ayuda era sincera. Y, por supuesto, no dudan en acceder. Son mis héroes.
Me he encontrado con ellos justo en el sitio en el que la carretera empieza a subir hacia el puerto. Ahora, sigo igual de cansado pero, al menos, tengo un buen motivo para caminar con todas mis fuerzas: hacerles esperar lo menos posible. Así, al menos, marcho motivado.
Cuando ya me falta poco, otro coche para a mi lado. Me ofrecen llevarme, cosa que, en este momento, no me cuesta mucho rechazar. El conductor resulta ser Reality, un senderista que, además, es el personaje detrás de Practical Backpacking, un interesante espacio web. Curioso encuentro.
Llego, por fin, a Santiam Pass y allí me esperan Mike y Naomi. Montamos en el coche y, en poco rato, llegamos a las puertas de Big Lake.
Big Lake es un lugar curioso: un campamento para jóvenes, regentado por no sé qué iglesia adventista. A mí, los rollos estos religiosos siempre me dan un poco de grima y bastante repelús pero todo el mundo dice que Big Lake es un lugar muy agradable donde se recibe muy bien a los thru-hikers y, dado lo idóneo de su emplazamiento, para mí no hubo duda a la hora de incluírlo en mi programa. Ahora, se ha convertido en un handicap tener que venir hasta aquí pero ya tenía mi caja de reaprovisionamiento esperando; probablemente, también la cámara de Shooter. El caso es que llego allí sin saber muy bien qué esperar.
Me despido de Mike y Naomi agradeciéndoles infinito todo lo que me han ayudado y me dirijo hacia los edificios. El lugar está aparentemente desierto, cosa extraña. El caso es que veo por ahí una figura humana y hacia ella me dirijo. Según me acerco, nos miramos con sensación de habernos visto antes:
- Tom, ¿qué haces aquí???!!
- ¡Esperarte!
Este Tom, siempre tan original. Tom es ese señor tan agradable con el que compartí buenos momentos en Truckee y, más tarde, en Old Station. Abandonó su thru-hike por fallecimiento de un familiar y ahora está empleando la temporada en hacer secciones según le va apeteciendo. Según me cuenta, lleva varios días aquí, esperando encontrarse con su amiga Heike. Se muestra muy contento de verme y yo obtengo otra dosis de caso del bueno. Me dice algo así como "tú no te preocupes de nada; ahora, te digo dónde está la ducha, ponemos una colada y vamos a cenar..." En ese orden. Esto sí que es atención específica al senderista.
En Big Lake, nos acogen por nada. Tom está colaborando con tareas cotidianas, a cuenta de que lleva ya unos cuantos días y porque él es así, le encanta ayudar. Me cuenta que el último turno de inquilinos del campamento marchó hace unos días; ahora no hay casi nadie aquí y el lugar está muy tranquilo. Big Lake es muy agradable: un conjunto de cabinas de madera, entre el bosque y junto al lago. Me puedo imaginar el bullicio con varias docenas de chavales por todos lados pero ahora es una balsa de aceite; el lugar perfecto para el mejor final de mi día más amargo.

Chalets en Big Lake. Austeros por dentro, preciosos por fuera
Recojo mi caja pero, de nuevo, sólo mi caja; la cámara que Shooter me iba a enviar no aparece. En Big Lake no hay teléfono pero sí hay la amabilidad de la gente del lugar y no tengo ni que preguntar para que alguien me deje su móvil, con instrucciones de por dónde colocarme para tener recepción. Shooter me dice que, esta vez, sí la ha enviado y que debería estar al llegar. Big Lake está un poco apartado del mundo y está tardando más de lo que debiera. Yo tengo que salir mañana, habida cuenta de lo incierto de la evolución del incendio al norte, en Mt. Jefferson Wilderness, y así se lo hago saber a Shooter, pero le garantizo que algo haré al respecto. Ese algo me lo arregla Tom, que se ofrece a reenviarme el paquete a mi próxima estación, Cascade Locks, en cuanto llegue aquí. Qué lío...
El resto de la tarde-noche en Big Lake es, simplemente, perfecto. Tengo tiempo de compartir algún rato con Tom y alguna de la poquísima gente que queda por aquí, y tiempo de estar a mis anchas, re-empaquetar la comida... tengo un chalecito de madera todo para mí (están casi todos vacíos). El vuelco ha sido brutal: un día tan duro que puso a prueba mi fe en el viaje ha acabado de la mejor forma posible gracias a la amabilidad de la gente. Primero, Mike y Naomi; después, Tom y el resto de gente de Big Lake. Si no había dicho ya alguna vez que este viaje, en realidad, va sobre la gente, lo digo ahora. Son este tipo de encuentros lo que marca la diferencia y hace de la experiencia algo tan estimulante y tan hermoso. La naturaleza, las montañas, el entorno... es la otra parte; es el marco, incomparable. Pero lo que de verdad hace de este viaje algo tan especial es que, de repente, la raza humana muestra su cara más amable: gente que te encuentras y que no te conoce pero hace lo posible por ayudar, sin esperar nada a cambio, y lo hace de la forma más cariñosa posible. Y no puedo dejar de preguntarme: ¿por qué no somos así siempre? El mundo sería un lugar mucho mejor...