Viajar
a Pie |
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Pacific Crest Trail, 2006: Oregon
Sección 19: Mazama Village - Shelter Cove |
Día 107: Mazama Village - Thielsen Creek (30.4 m. / 48.9 km.)
Salir desde civilización suele implicar no poder conseguir igualar los horarios habituales del sendero... que no es por no madrugar pero qué menos que un desayuno como el dios de los senderistas manda antes de salir... en el fondo, eso es combustible extra para el resto del día. El problema es que, hoy, la disponibilidad de agua dicta que hay que llevar una cantidad enorme o caminar 49 kms. En estas circunstancias, suelo elegir lo segundo y así lo decido también en esta ocasión. Pero hoy, además, está de por medio Crater Lake, un lugar por el que, definitivamente, no se puede pasar corriendo. Sería imperdonable.
Madrugo para desayunar a primera hora y allí me encuentro a dos senderistas que viajan de norte a sur; uno de ellos, incluso, es un thru-hiker, el primero que encuentro que esté haciendo el sendero de norte a sur (pocos lo intentan cada año). Ambos coinciden en preguntar algo que no me gusta mucho: "¿Qué tal los mosquitos más al sur...?" Bueno, qué pasa... no me iréis a decir que hacia el norte todavía quedan... Cuando les digo que no encontrarán muchos y hacen gesto victorioso, no me queda más que afrontar que el calvario insectil no se ha acabado aún. Ambos confirman que, efectivamente, hay muchos mosquitos aún al norte de aquí. Pues vaya... estamos a mediados de agosto, esto no debería ser así...
Me despido de todo el mundo y salgo sólo moderadamente tarde. Lo primero es subir lo que queda del monte Mazama para llegar al borde del cráter actual y, ya en esta subida, los mosquitos anunciados hacen su primera y fiera aparición.
Puedo imaginarme la emoción y, sobre todo, la sorpresa que sintieron los primeros exploradores que llegaron aquí. Crater Lake es invisible desde la distancia; no eres consciente de lo que hay ahí hasta que, prácticamente, llegas al último metro antes del borde del cráter. Yo juego con ventaja sobre aquellos porque sé lo que me espera pero, de verdad, ninguna foto te puede preparar para este sitio. Es demasiado espectacular.
No es ya la vistosidad paisajística, que también... es, sobre todo, contemplar este sitio y pensar en cómo se ha originado. Pensar que esa ladera que acabas de subir continuaba hasta más allá de 3000 metros, que ese enorme vacío que ahora tienes delante era el interior de una montaña. Que la isla en medio del lago es otro cono volcánico, con su propio cráter, perfectamente visible; casi como una copia en miniatura del monte que explotó y ya no está.
Las dimensiones resultan ciclópeas para la escala humana. Son visiones como estas las que contribuyen, creo, a ponernos en nuestro lugar en el mundo, a dejarnos claro que hay algo mucho más grande y poderoso que la raza humana, que está vivo, ahí, en el interior de nuestro planeta, aunque en nuestra limitadísima escala temporal no lleguemos apenas a percibirlo. Lugares como Crater Lake son como la página de un libro abierto donde leer la historia de la tierra.
El PCT, en su origen, no subía hasta el borde del cráter y rodeaba, en cambio, la base de la montaña, fuera de la vista del cráter y su lago. Tamaño despropósito era resuelto en la práctica por los senderistas que, por supuesto, no querían perderse esto y subían hasta aquí para enlazar con el sendero más adelante. Y fue más aún resuelto cuando se trazó un sendero alternativo que puede contarse, sin duda, como uno de los tramos más espectaculares de todo el PCT: durante unos 10 kms., el sendero bordea el cráter.
Es casi hasta difícil caminar por aquí. Es difícil continuar cuando todo lo que quieres es pararte y seguir parado, contemplando esta maravilla de sitio... pero hasta el avance progresivo añade atractivo, según las perspectivas cambian y se alcanza a percibir los detalles de las paredes del cráter, con sus vertiginosas laderas, aún con restos de nieve, y sus formas volcánicas imposibles.

Otra de Crater Lake. Imposible cogerlo entero
La travesía del borde del cráter en Crater Lake es otro de esos momentos gloriosos que contribuyen a alimentar el espíritu y a reafirmar la fe en el viaje; otro de esos momentos en los que sientes que estás donde quieres estar, que estás en el mejor lugar posible del mundo y que no quisieras estar en ningún otro sitio. Otro de esos momentos que rememorar cuando lleguen tiempos peores y la moral flaquee... sabemos que hay momentos como estos que son capaces de dar sentido a casi cualquier penuria. Llegar aquí como parte de una aventura de varios meses sólo añade un cierto factor épico que realza el valor del lugar.
La bajada al mundo es brutal: nada más acabar la travesía del cráter, miro al frente y veo el aéreo perfil del monte Thielsen, a lo lejos... a lo muy lejos. De repente, me doy cuenta de todo lo que falta por hacer hoy aún. Miro la guía, que me dice que aún quedan 32 kms. y, miro, por fin, el reloj: son ¡las 2 de la tarde! y, ahora, tengo un problema... me quedan 5 horas para hacer 32 kms. y eso implica caminar muy deprisa y sin parar; y a ello me pongo.
Lo que sigue es una especie de maratón por terreno orográficamente fácil pero sendero polvoriento y seco. Desde el borde del cráter, es todo una suave cuesta abajo durante un buen rato; antes de empezar el descenso, estimulantes vistas de las planicies volcánicas, parcialmente despejadas de bosque, con la aguja de la cima del monte Thielsen al fondo, como promesa de que va a ser una tarde muy larga; una vez iniciado el descenso, el bosque engulle el sendero y se acabaron las vistas.

Monte Thielsen y llanuras volcánicas
El terreno me recuerda mucho a aquel de Old Station y Hat Creek: llano, seco y polvoriento pero siempre bajo el bosque. Una especie de "travesía del desierto", en esa acepción especial que del "desierto" se puede tener en Oregón, donde prácticamente todo está cubierto por bosque. Y, así, hasta llegar a las faldas del monte Thielsen y empezar a subir otra vez, de nuevo en zona Wilderness y de vuelta en terreno que es fuente constante de inspiración y bienestar espiritual... o algo así.
Thielsen es una impresionante montaña de aéreo acceso y relieves extraños, como ya he comentado muchas veces que se encuentra en las zonas volcánicas. Una mezcla de paredes de roca oscura de formas curiosas y laderas de grava desmenuzada. Cuando cruzo la loma sobre la arista cimera, siento dejar de lado esta ascensión pero, en mi situación, no es viable; no tengo agua suficiente para pasar la noche ni tiempo para subir, bajar y avanzar hasta el siguiente arroyo. De hecho, tengo el tiempo y, sobre todo, las fuerzas justas para llegar hasta Thielsen Creek, al otro lado de la montaña, donde podré encontrar agua y un sitio para dormir.
La ascensión de Thielsen es muy atractiva, con unos metros finales con pasos de tercer grado, si no recuerdo mal, y muy expuestos y aéreos; técnicamente fácil pero delicado. Y, como premio, las mejores vistas de 360 grados, o más, sobre Oregón y el mundo. Para otra vez...
Ya más relajado, con toda la cuesta subida, puedo bajar un poco el ritmo y disfrutar del descenso hasta Thielsen Creek, donde encuentro aún algún nevero y unas aguas horrorosamente frías... pero tenía que lavarme los pies:

Resultado de un largo día por polvoriento terreno volcánico
La jornada ha sido dura; entre otras cosas, porque no me he tomado ni un solo descanso, algo asumible, quizá, cuando sales de civilización con un par o tres de buenas comidas detrás pero no tanto desde el punto de vista de los pies que, como sé de sobra, necesitan parar y descansar (y ser aseados) cuanto más mejor. Hoy están, en apariencia, simplemente sucios pero a partir de mañana comprobaré que era algo más, y lo pagaré en su justo precio.
Thielsen Creek, ya digo, tiene un agua gélida; tan fría que, por mucho que agradezco meter los pies ahí, no puedo mantenerlos en el agua más de unos pocos segundos antes de que empiecen a doler. Y he probado agua fría muchas veces, en este y otros viajes, pero esto es algo más; retorno a mi vivac con pies y manos congelados, pero limpios.
Día 108: Thielsen Creek - Summit Lake Campground (34.8 m. / 56 km.)
Dejo atrás el monte Thielsen con espectaculares vistas a la torre de su cima que, desde el norte, aparece inexpugnable y camino con buen ánimo y de buena mañana por bonitas crestas que alternan bosque con pequeñas praderas. En una de estas, el PCT pasa junto a una señal que anuncia el punto más alto del sendero en los estados de Oregón y Washington: 2268 metros, nada más. Lejos quedan los días de la Alta Sierra en lo que lo habitual era no descender por debajo de los 3000 pero la alta montaña no ha acabado: según avanzo hacia el norte, el clima pone nuevos límites.

Espigado Mt. Thielsen
Llevo agua para todo el día, habida cuenta de que la siguiente fuente, Summit Lake, está allí donde espero llegar al final de jornada, muy lejos aún, y el resto de posibilidades implican un desvío que nunca apetece pero menos hoy; no puedo gastar tiempo en ir a por agua si quiero cubrir la distancia. La disyuntiva de siempre.
Como viene siendo habitual en Oregón y lo fue también en largas secciones del norte de California, el verano es seco y caluroso pero la relativa escasez de agua viene sobre todo del trazado, que trata de seguir las crestas. El agua está más abajo, en los valles.
Hoy va a ser, por tanto, otra jornada seca y polvorienta pero la consecuencia más grave no va a tener que ver con la sed sino con mis pies que, tras haber avisado en las semanas anteriores, hoy, por fin, dan la alarma: hacia mitad de día, vuelvo a notar esa molesta sensación en la planta, como si tuviera un par de pequeñas piedritas, sólo que no se trata de eso. En una necesariamente breve parada, hecho un vistazo mejor de los de ocasiones anteriores para descubrir la causa: unas pequeñas estrías en la piel, detrás de los dedos, justo ahí donde apoyamos la parte frontal del pie (¿tiene algún nombre específico esa zona???).
Apenas un par de milímetros de longitud cada una pero la piel está abierta. Y duele al pisar pero lo peor no es el dolor, que es soportable, sino la perspectiva de caminar todo el resto del día sin poderme asear los pies por estos senderos polvorientos y con un grupo de heridas abiertas.
He castigado mucho mis pies y la paliza de ayer ha terminado de crear el problema. Hoy, intentaré limpiármelos en lo posible pero, sin agua, me puedo olvidar de una mínima higiene y me tengo que contentar con aguantar las molestias y esperar que la situación no vaya a peor.
El resto del día es anodino, a través de bosque interminable, con bastantes insectos y, sobre todo, la preocupación creciente por mis pies. Será porque ahora ya he visto lo que les pasa pero parece que las heridas duelen más. Les pido perdón todo el rato por haber sido tan bruto y les prometo que les voy a cuidar mejor pero no me queda otra opción que demandarles un último esfuerzo para llegar a Summit Lake, hoy, y a Shelter Cove, mañana, donde espero poderles dar un pequeño descanso y algún cuidado específico.
Con todo esto, la jornada se hace eterna. Y es que, además, hoy completaré la que a la postre resultará la más larga de todo el viaje, para remate: 56 kms. hasta otro más de los típicos lagos de Oregón, una mancha azul rodeada del verde del bosque por todos lados. Muy bucólico pero poco estimulante, cuando llego allí casi más cansado que preocupado. Me lavo los pies, por fin, con una mano mientras espanto mosquitos con la otra y el cielo se empieza a cubrir de nubes oscuras que vienen del oeste. La temperatura baja mucho al anochecer y la condensación es brutal, todo está húmedo cerca de la orilla, pero unos pocos metros de distancia y de desnivel, sobre una pequeña colina, hacen toda la diferencia y puedo acampar confortablemente, por fin, tras uno de los días más duros que recuerdo de las últimas semanas.

Summit Lake
Día 109: Summit Lake Campground - Shelter Cove (18 m. / 29 km.)
Shelter Cove es el objetivo de hoy y el final de esta sección. Un pequeño establecimiento turístico a la orilla del lago Odell, aprovechando el acceso que brinda la cercana carretera 58 que cruza aquí las montañas en Willamette Pass. Shelter Cove no es más que un camping con una pequeña tienda donde poca cosa hay que comprar pero admiten paquetes postales y allí me espera uno con provisiones para los cuatro días que espero necesitar para la siguiente etapa.
Como vengo acostumbrando, no he programado descanso alguno en Shelter Cove pero he apretado el paso lo más posible en los días anteriores para acortar la distancia en esta última jornada y, así, tener algo de tiempo para hacer la colada, re-empaquetar la comida y descansar. Hoy, además, mi atención sigue puesta en esas pequeñas heridas de los pies, a las que dedico el máximo de atención. No han mejorado durante la noche y el dolor sigue ahí al pisar pero, por lo menos, no hay signos de infección, que es lo que más temo.
No ha llovido durante la noche pero la mañana se presenta gris. Hace frío y el lago presenta un fantasmagórico aspecto, con columnas de vapor levantándose desde la superficie:

Humeante Summit Lake
Emprendo camino con no muy buen ánimo pero resuelto a avanzar lo más deprisa posible para llegar a Shelter Cove cuanto antes. El PCT atraviesa una miriada de pequeñas lagunas, escondidas en el bosque y repletas de mosquitos, antes de empezar a subir por las faldas de Diamond Peak. De repente, se empiezan a abrir claros y aparece el cielo azul. En cuestión de minutos, el sendero me lleva por encima de las nubes y veo, por fin, el panorama: no se trata de un frente sino, bien al contrario, de una brutal inversión térmica que ha cubierto de niebla los valles. Desde aquí arriba, el panorama es espectacular, como no puede ser de otra forma cuando se contempla un mar de nubes, con la silueta inconfundible y puntiaguda del monte Thielsen, allí lejos, hacia el sur, emergiendo sobre la algodonosa planicie blanca.

Mar de nubes, Thielsen al fondo
El cambio de escenario me anima sobremanera. El PCT afronta ahora una larga travesía bajo Diamond Peak, justo por encima del bosque, con lo que la visibilidad es excelente y los paisajes, preciosos. Numerosos arroyos bajan de los neveros que aún quedan en las laderas y no puedo evitar pensar lo bonito que hubiera sido acampar aquí arriba, en lugar de en la reclusión del valle, pero el día fue ya lo suficientemente largo ayer.
Me lavo los pies casi en cada ocasión. Más vale tarde que nunca. Ahí delante, se aprecia el valle donde están la carretera y el lago Odell, ambos invisibles aún, a pesar del tamaño del último. El mar de nubes también está presente ahí abajo pero parece retirarse ligeramente hacia el oeste. El sendero, por fin, empieza a descender y se sumerge en el bosque para, a lo largo de más y más pequeños lagos, alcanzar la pista que, en unos minutos, desemboca en la pequeña carretera que lleva a la orilla del lago y el camping en Shelter Cove.
El lugar es el típico camping americano, con su propio embarcadero en el lago y especialmente enfocado a estancias vacacionales con pesca incluída. Lo bueno de estos sitios es que nunca falta una mini-lavandería y, por supuesto, una ducha. En Shelter Cove, además, tienen un sitio específico para que acampen los senderistas que es, probablemente, el menos acogedor de todo el lugar pero no tenemos que pagar la tarifa completa por uno de los mastodónticos sitios normales, desproporcionados para tan sólo montar un triste tarp. El único punto flaco de Shelter Cove es que, en la tienda, la única comida caliente son los perritos idem; esta vez, el banquete será austero, pero será.

Adorable Shelter Cove, en Odell Lake
En el agradable porche de la tienda me encuentro a Smiley que, fiel a su austera filosofía, está aquí sólo de paso, para recoger su paquete y poco más. Ni se me pasaría a mí por la cabeza salir de aquí esta tarde pero supongo que todo depende de las expectativas y planes de cada uno. El colega no sólo no se queda aquí esta noche sino que hasta se cocina lo que va a comer. Smiley, tío... yo sé que los perritos no son nada mejor pero, aunque sólo sea por cambiar... yo entro y me pido dos, para empezar. Con eso y unas patatas fritas, ya tengo mi banquete.
Recojo mi caja pero no encuentro la de Shooter, que acordó mandarme aquí la cámara de vídeo. Le llamo y me dice que aún no me la ha podido mandar. Acordamos que la espero en Big Lake, próxima parada.
Hoy, la ducha tiene un sabor especial: por fin puedo lavar mis pies con jabón. Las mini-heridas siguen ahí pero no tienen mala pinta. Tampoco sangran, lo que no sé si es bueno o malo; claramente, son hendiduras superficiales. Por hoy, están a salvo pero mañana hay que seguir adelante y no van a estar curadas para entonces. Aún así, procuro darles el mayor descanso posible y me paso la tarde caminando con el otro costado del pie.
Shelter Cove es muy agradable: el lago rodeado de bosque, el embarcadero, el edificio de madera de la tienda, el simpático personal que, como de costumbre, se muestra interesado y curioso por esto del thru-hiking y el PCT. Ven muchos senderistas a lo largo de la temporada. Hoy, estoy solo yo, una vez que se marcha Smiley; por una parte, es agradable y bienvenido coincidir con otros thru-hikers pero, por otra, estar solo promueve el contacto con otra gente. Voy por mi segunda ronda de perritos calientes.
El último ya me cuesta tragármelo. Creo que no voy a poder comer salchichas en mucho tiempo pero es lo que había. El día acaba alrededor de la fogata comunal donde, poco a poco, se va acercando gente. Hace frío, inusual para estas fechas pero, según dicen, las temperaturas van a subir. Yo, lo que necesito es que mis pies se arreglen.

Ni idea de qué son los port-a-potties
Respecto a los pies, por cierto, intento buscar soluciones en el almacén; mi idea era comprar algún antiséptico y material para vendajes, con la intención de mantener la zona lo más limpia posible, pero no encuentro nada parecido. Tras repasar por quinta vez el trozo de estantería de las medicinas, veo que, quizá, al final, no era tan estúpido volver a mirar porque reparo en una cosa que no conocía: un tubito con spray que aparece etiquetado como "second skin": antiséptico, transpirable, indicado para rozaduras o daños traumáticos en la piel, no aplicar sobre heridas abiertas... por las barbas del profeta, ¡esto es lo que necesito! Al calor de la hoguera, me hago una primera aplicación. Esta cosa huele a pegamento y, una vez seco, parece pegamento. Si no me sirve para proteger las heridas, siempre puedo usarlo para coger un colocón.