Glacier Peak desde Liberty Cap, Northern Cascades
Viajar a Pie
Presentación
Filosofía
Ética
Historia
Técnica y Material
Ultraligero
Hazo tú mismo
Rutas
Proyectos
Artículos
Miscelanea
Referencias y enlaces
Contacto
ENGLISH

 

Pacific Crest Trail, 2006: Norte de California

 

Sección 17: Seiad Valley - Ashland

 

Día 99: Seiad Valley - Lowdens Cabin site (20.4 m. / 32.8 km.)

Seiad Valley, pequeño como es, tiene cierta fama en el PCT y hasta en las guías de viajes por ser hogar del "Pancake Challenge". Esto consiste en una tradición del bareto según la que, quien acepte el reto, tiene que conseguir comerse cinco pancakes; si lo consigue, le salen gratis.

Parecería fácil; sobre todo, para un thru-hiker y, más aún, para un thru-hiker entusiasta de los pancakes (¡yo!!!) pero el truco es que los pancakes estos son de medio kilo cada uno. Tengo claro que prefiero disfrutar del desayuno que padecerlo, es un tema demasiado importante para andar jugando. Pido pancakes pero sólo dos... más huevos, hash browns y todo el acompañamiento habitual; pero sin retos. Me lo como todo, eso sí.

Mike sale enseguida; Smiley se toma la mañana de descanso y Blue Suit necesita esperar a mañana para que abra la oficina postal (hoy es domingo). Yo salgo tarde pero sin pausa.

Como no podía ser de otra manera, después de tanto bajar, ahora hay que subir, y mucho: desde los 400 m. de Seiad hasta unos 1800 pero, como suele ser en el PCT, nada traumático: muchos zigzags y poco a poco. La subida no es vía valle largo, como el descenso de ayer, sino directa por ladera y va ofreciendo vistas amplias del valle del Klamath.

El río Klamath en Seiad Valley

Y se va nublando. Extraño, porque son nubes de tormenta, o eso parecen, pero se empiezan a juntar por la mañana, lo que parece que hace inevitable el chaparrón.

Pasado el límite práctico del poison oak y ya cerca de una nueva cresta, el cielo está negro y empieza a gotear. Por supuesto, basta con parar para proteger la mochila y a uno mismo para que cese la lluvia, que no el nublado, que seguirá ahí todo el día. Por lo menos, no hace calor.

Al rato, alcanzo a Mike y ya camino con él el resto del día. El sendero se mantiene en la cresta o muy cerca de ella, aunque las vistas siguen un tanto chafadas por el humo de los incendios pero tenemos ocasión de volver a ver Shasta, ya bastante lejos pero aún impresionante, destacando sobre todo el universo circundante con su perfecta forma de pirámide.

Ya casi nos habíamos olvidado del asunto del cierre del sendero (ya estamos bien fuera de Marble Mountain Wilderness) pero, al llegar a un collado donde el PCT se cruza con una pista, encontramos un cartel que anuncia que el sendero está cerrado a partir de ahí... es decir, hacia Seiad. ¿Significa esto que, ahora sí, estamos ya en situación legal? Francamente, después de haber visto (o, mejor dicho, no visto) los incendios, me da bastante igual.

Cierres gratuitos

Parecía que el tiempo iba mejorando pero, a última hora, se vuelve a torcer y tenemos que afinar bien para acampar a cubierto. Mike tiene una tienda a prueba de bombas pero yo debo buscar abrigo de los elementos: hace viento, frío y chispea por momentos. Escondo el tarp entre los árboles, preparado para lo que le pueda caer que, al final, no es casi nada.

 

Día 100: Lowdens Cabin site - Grouse Gap Shelter (33.4 m. / 53.8 km.)

Nuevamente, Mike madruga más que yo y sale pronto. Yo le sigo, al rato. El día amanece como terminó el anterior, con tiempo muy revuelto y tormentoso: viento y frío aunque, por el momento, no llueve. Por lo menos, parece que se ha limpiado un poco la atmósfera y ya no hay tanto humo. También debe ser que vamos dejando los incendios atrás.

La idea, tanto de Mike como mía, vuelve a ser acercarnos a Ashland lo más posible para llegar allí mañana por la mañana. Ashland es otra de mis paradas estratégicas, donde recibiré mi caja itinerante y me tomaré un día completo de descanso que considero absolutamente idóneo y merecido, a estas alturas.

El hito de hoy es que, por fin, California se acaba. Mike se alegra cuando, a media mañana, le alcanzo; me dice que, para él, entrar en Oregón es un momento muy significativo, es como volver a casa (él es natural de Oregón) y que esperaba tener compañía en ese momento. Y, claro, ¡qué mejor que la mía! Es broma, pero es cierto que aprecio mucho a Mike y creo que, más o menos, es mutuo. Yo también me alegro de estar con él en tan magno momento.

Magno momento que casi nos perdemos. Literalmente metros antes de la frontera, si se puede llamar así, el sendero pasa por una zona confusa donde, casi por primera vez desde la Alta Sierra, ¡lo perdemos! Y pasamos un rato buscándolo, en un terreno no demasiado fácil de cara a la orientación; intrincado, con numerosas y pequeñas vaguadas, mucho bosque y ningún valle claro.

El caso es que, el sendero, por fin, y por supuesto, lo encontramos pero ¿y la frontera? ¿La hemos pasado ya o no? Visto el mapa, sugiero retroceder, para asegurarnos de no perdérnosla. ¿Hay, a todo esto, algo que la indique? Mike dice que tiene que haberlo pero, a pesar de que avanzamos para atrás, no aparece... nuevo vistazo al mapa: "Vamos hasta ese recodo de ahí y, si no aparece, lo dejamos estar..." "Vale..". Y, ahi, justo tras el recodo, aparece el escueto poste indicador que señala la entrada en Oregón. Aunque hayamos llegado ahí desde el lado equivocado, da igual. A Mike le hace mucha ilusión.

Sacamos las fotos y firmamos el libro de registro. Ya sólo quedan dos estados; chupado.

Pues eso, welcome to Oregon

El tiempo está mejorando y las nubes se empiezan a abrir. Si es que va a hacer bueno y todo. Paramos a comer. Mike me cuenta que en Ashland se va a encontrar con su mujer, que viene a visitarle. Y que, si coincidimos en la llegada, tengo coche garantizado (Ashland está a 20 kms.)... ¡esto es un amigo! Nada, nada... contigo hasta el fin del mundo, hombre... o, por lo menos, hasta el final de esta sección.

El caso es que, justo después, retomamos el camino y nos separamos; no sé por qué, pero el cuerpo me pide ir más rápido. Da igual, supongo que coincideremos en campamento esta noche.

Lo de la mejora del tiempo ha sido un espejismo y el cielo se vuelve a cubrir mientras el viento sopla fuerte y frío. El ambiente es tormentoso y hay una zona del cielo con nubes negro sólido, mientras empiezan a sonar truenos. Es cuestión de tiempo que el marrón llegue aquí y decido ir lo más deprisa posible para llegar a algún lugar resguardado antes de que empiece lo peor.

Veo en el mapa que, unos kilómetros más alante, bastantes aún, aparece señalado un refugio... un rara avis en estas montañas pero está casi al lado del sendero. No tengo ni idea de qué tipo de refugio es o en qué estado está pero, dadas las circunstancias, me vendría genial dormir bajo techo. La zona no parece demasiado expuesta y supongo que, si no hay refugio o no está en condiciones, siempre podré acampar por allí. La única pega es que está muy lejos aún y me arriesgo a que la tormenta me alcance antes de llegar.

El PCT atraviesa laderas sin lugares planos, que sólo se encuentran en los collados; en uno de ellos, me encuentro acampado a un trío que no esperaba: Flow Easy, Puff Puff y Snappy, a quienes no veía desde hace meses, en el sur de California. Su campamento está en un sitio relativamente bueno, bastante resguardado y a punto estoy de quedarme con ellos pero mi mente estaba puesta ya en el siguiente objetivo.

La última parte del día se convierte en una auténtica carrera, mientras los truenos suenan cada vez más cerca. Llego a la zona donde debería estar el refugio; al menos, hay buenos árboles y el lugar está resguardado pero, un poco más allá, aparece el edificio: de piedra, en perfecto estado aparente y con humo saliendo por la chimenea. Resulta ser un refugio libre, de sólo dos paredes y donde ya están instalados otros dos senderistas, responsables del humo de la chimenea. Qué bien; no sólo tengo techo sino que, además, tengo también compañía. Están haciendo una ruta de unos pocos días y, como de costumbre, alucinan con el tema este de caminar de Méjico a Canadá... que no es para tanto, hombre...

Llega a caer alguna gota y estoy encantado de estar bajo techo aunque, al rato, se abren claros y puedo ver la luna. El tiempo sigue revuelto pero ya me da todo igual, mañana llego a Ashland.

Fotografiar la luna con una compacta...

 

Día 101: Grouse Gap Shelter - I5 (-> Ashland) (3.5 m. / 5.6 km.)

Mis compañeros de refugio me invitan a café... ¡me vais a estropear el momento ese especial del primer café en el pueblo! pero cómo negarse, con el olorcillo ese.

El tiempo continúa tormentoso y, al poco de salir, me caen algunas gotas pero la mayor parte de la humedad que me llevo viene de los arbustos mojados. Y eso será todo porque, al rato, se empiezan a abrir claros.

Primeros encuentros con los bosques de Oregón

A pesar de haber acampado más atrás que yo, Mike ha vuelto a madrugar más y a adelantarme, y yo a alcanzarle, a poco de llegar a la carretera. Allí le esperaba Naomi, su mujer, que ha venido a visitarle en Ashland. Como no podía ser de otra forma, Naomi es otro encanto de persona (no podría ser de otra forma, siendo la pareja de Mike) y, además, y por supuesto, comprende perfectamente las necesidades senderistas y no hay discusión, por muy sucios que estemos, que lo primero es un gran desayuno; estamos justo a tiempo.

Ashland es muy bonito; el pueblo más grande por el que he pasado en todo el viaje, aunque tampoco demasiado y, además, bastante compacto; se puede ir andando a todos los sitios. Tiene relativa fama su festival de Shakespeare, que consiste en representaciones de las obras del sujeto y que trae muchos visitantes durante los meses de verano. Es por eso que parece difícil encontrar alojamiento a corto plazo, como nos cuenta Naomi. Yo tengo claro dónde voy a ir: al albergue, donde espero que no haya problema; no es el tipo de sitio al que van los turistas estándar.

Tras el desayuno, me despido de Mike y Naomi, acordando vernos en algún otro momento; yo voy a estar en Ashland hoy y mañana; ellos, también, por lo menos.

El albergue no abre la oficina hasta las 17.00 y no puedo incorporarme hasta entonces, lo que me fastidia porque estoy sucio, cansado y necesitaba una ducha antes de ponerme con mis tareas. Es más, quiero quitármelas de encima hoy para que mañana pueda ser un día de descanso de verdad, así que decido hacer las tareas sucio y con la mochila encima. Me aguanto.

Lo más importante es recibir la caja itinerante, sacar lo necesario, mandar adelante de nuevo el resto y, lo más trabajoso: hacer las compras; para la siguiente etapa y para dos cajas que mandaré por delante para cubrir mis provisiones a lo largo de Oregón.

Siempre está latente el miedo a que se pierda alguna caja en el correo; nada grave, si sólo es comida, no tan trivial si se trata de la itinerante, que guarda material costoso de reemplazar (guías y mapas, básicamente). Pues me dan un pequeño susto cuando no encuentran mi caja en la oficina postal... hasta que les pido buscar por esta otra letra y ahí aparece. No os preocupéis, si estoy acostumbrado... en mi país me pasa igual... (cosas de tener apellidos compuestos).

Una cosa que noto, según avanza el viaje, es que hacer las compras es cada vez más fácil: ya tengo claro lo que voy a comprar y en qué cantidades así que voy a tiro hecho. Incluso en esta ocasión, con ronda para tres etapas diferentes, voy todo seguido y sin dudar, ni en el qué, ni en el cuánto.

Salgo del supermercado con un carrito lleno, directo a la oficina de paquetería que hay enfrente. Lleno dos cajas que van hacia Shelter Cove y Big Lake; no hay apenas nada en esos sitios pero están casi junto al sendero.

Ya más tranquilo, vuelvo al albergue y tomo posesión de mi litera, de la ducha y de la lavadora. Una de las partes más divertidas de las estancias en los pueblos es el contacto con la gente y, especialmente en un albergue, donde todo el mundo es viajero, de algún tipo u otro. Mientras reempaqueto las compras, aparece un tipo diciéndome que necesita información sobre el PCT (va a recorrer una sección) y que el del albergue le ha mandado aquí: "Tiene" (por mí) "un acento un poco raro... como árabe... pero se le entiende bien..."

Pues no sé en qué se parece mi acento al árabe... ¡a lo mejor sí!... bueno; el caso es que el hombre este está bastante despistado con respecto a la sección de PCT que quiere hacer y tengo mucho que contarle. Lo gracioso es que, en algún momento, me pregunta mi nombre... "pero, entonces... ¿tú eres de España?"

Resulta que el colega era mejicano. A algunos mejicanos se les nota, físicamente, pero a este no. No es muy usual encontrar a un mejicano que haga senderismo pero creo que es aún más raro encontrar a un thru-hiker que venga de España. Dios los cría y el PCT los junta...

Él se llama Raúl y le pregunto cómo pronuncian eso aquí... "hmm... algo así como "Rol"..." (pronúnciese con "R"... bueno, anglo-americana).

El albergue en Ashland

No aparece ningún thru-hiker más en el albergue hoy y acabo cenando solo pero me pongo las botas igual. Me ha costado hacer hambre desde el desayuno.

 

Día 102: Ashland (0 m. / 0 km.)

Si es que no hay manera... hoy quería yo un día relajado pero, para un par de cosas que tengo que hacer, una se me complica... y de qué manera.

Por la mañana, me encuentro por ahí a Mike y Naomi. Estoy un rato con ellos y quedamos para cenar.

La mañana sí es relajada, disfrutando del agradable ambiente de Ashland y el soleado tiempo, sin mucho calor. Tengo que enviar mi caja itinerante y, muy importante, he llegado al lugar donde esperaba, y espero, descargar mis tarjetas de memoria... bueno, no las mías, las de la cámara de fotos; ponerlo todo en CDs y mandarlo para casa. Operación sencilla, toda ella, pero extremadamente delicada, por razones obvias.

Parto del precedente de Echo Lake, donde también descargué tarjetas, grabé CDs y mandé a casa una caja que, 40 días después, aún no ha llegado... y que, por supuesto, doy por perdida (nota: se había extraviado, por error, pero acabó llegando, mucho tiempo después...).

Afortunadamente, aún no he tenido que reutilizar ninguna de las tarjetas de memoria (llevo un total de 3 Gb) y todas mis fotos están intactas todavía. Primer asalto: en la única tienda del pueblo, la máquina está estropeada. Me mandan al centro comercial, que está a tomar por saco, pero me lo tomo con filosofía y voy para allí. En una de las mega-tiendas, tienen una máquina auto-servicio y empiezo a procesar pero, dado su penoso sistema de navegación y la cantidad de fotos (cerca de ¡dos mil!) tengo que reconocerme a mí mismo que tardaría varios días en acabar (literal...) y pregunto por alguna otra opción. Me mandan a una tienda en otro centro comercial, a tomar por saco, también, pero otro saco distinto y ya me empiezo a poner nervioso...

Voy para allí, rezando porque esta vez todo vaya bien (no parece que quede más opción...) y, sí, tienen todo en orden y me hacen el trabajo. Quiero dos copias de todo, por si alguna no llega a su destino y, aparte del dineral que me va a costar una operación tan tonta, me dicen que tardan dos horas...

La pega de esto es que no me va a dar tiempo a mandar los CDs por correo hoy (cierran la oficina postal) y mañana quería salir pronto... tras mucho rato de zozobra, veo que no va a dar tiempo y les pido que, al menos, me den la primera copia, con la que salgo corriendo hacia la oficina postal. Veo que no llego y acabo haciendo algo que yo no haría nunca pero, en esta situación, me sale natural: aprovecho un semáforo en rojo y un coche parado, enfilado en la dirección correcta, para pedirle a la conductora que me lleve hasta la oficina postal; que, si no, no llego...

En estos pueblos pequeños y tranquilos, se pueden hacer estas cosas; nadie sale corriendo antes de dejarte terminar de preguntar, muy al contrario: la señora se implica con mi problema y me lleva hasta la misma puerta de la oficina postal, a la que llego cinco minutos antes de la hora de cierre. Envío la caja itinerante, por delante, y una copia de los CDs, a casa; esperando que esta vez sí lleguen.

Ahora me queda volver a la tienda a por la otra copia y ya estoy empezando a hartarme de tanto viaje (tengo que coger un autobús cada vez, a no ser que asalte coches parados en los semáforos). Me hacen esperar un buen rato más hasta que, por fin, salgo de allí con la segunda serie de CDs. Con la oficina postal cerrada, hago un intento en el local de UPS, desde donde envié las cajas con comida, pero está cerrado también. Tendré que llevarme los CDs conmigo o esperar a que abran mañana. Tras tanto jaleo, éxito sólo parcial. Arf, arf...

Acabo llegando tarde a la cita con Mike y Naomi pero, por lo menos, ya me puedo relajar. Me caen genial y estoy muy a gusto con ellos. Buena cena, buena cerveza y buena compañía, ahora sí que estoy contento.

Cuando salimos de cenar, nos encontramos a Herman, que acaba de llegar al pueblo, y nos tomamos unas cervezas. Herman es un personaje de lo más entretenido. Ya sé que ya lo habia dicho pero es que lo pienso cada vez que me encuentro con él.

Estampas de Ashland: aparca-bicis