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Pacific Crest Trail, 2006: Norte de California

 

Sección 15: Castella - Etna

 

Día 92: Castella - Ridge after Sulphur Creek (6.4 m. / 10.3 km.)

Ayer no tuve ni tiempo ni ganas de hacer los deberes pero hoy no pienso ni madrugar ni salir pronto; de hecho, hoy va a ser mi día de casi-descanso. Saldré por la tarde, pero prometo no dejarme llevar y, de verdad, salir por la tarde.

Esta mañana, necesito la chaqueta aislante por primera vez en ni se sabe cuánto tiempo. Hace frío, lo cual evidencia el cambio de tiempo, habida cuenta de que, aquí, estamos muy bajos en altitud: 640 metros al nivel del río (un poco más en el camping) en lo que constituye, creo, el punto más bajo del PCT hasta la fecha; un nuevo record de "profundidad".

El cambio de decorado, de todas formas, no implica mal tiempo, ni mucho menos: siguen los cielos azules; sólo es que ya no hace tanto calor y eso, por mi parte, es bienvenido, a pesar de la chaqueta por la mañana. Eso no importa.

La tienda es limitada pero más que suficiente para mis también limitadas necesidades de reaprovisionamiento. Es curioso cómo estas mini-tiendas tienen prácticamente todo lo que busco; que no es que me acople a lo que hay sino que, con contadas excepciones, encuentro lo que quiero.

El resto del día es de descanso. Peter, Tyler y Molly son una compañía muy agradable y me lo paso muy bien con ellos. Están de descanso porque necesitan la oficina postal y hoy es domingo; tienen que esperar a mañana. Esta es la parte buena de no depender de las oficinas postales; no he utilizado la de Castella.

Peter, Molly y Tyler en el camping de Castle Crags, Castella

La anécdota curiosa del día es el añadido inesperado a mi dieta: una avispa.

¿Alguien se ha preguntado a qué saben las avispas? Pues yo diría que a nada. Está crujiente. La cosa va como sigue: me estoy comiendo un bocata. Las avispas empiezan a rodear el bocata. Yo les dejo hacer, tampoco hay mucho más que hacer... si las espanto, vuelven... el caso es que están muy agresivas; no conmigo, sino con el bocata, hasta el punto de que las puedo ver masticando el jamón y han cogido tanta confianza que cuesta que lo suelten: agitar la mano ya no sirve, hace falta darles un buen cate. Pero vuelven.

Bueno, no me apuro; me limito a espantarlas antes de dar mi bocado y luego les dejo hacer. Comparto mi bocata. Bueno... pues llego al último pedazo; espanto todas las avispas, verifico que no queda ninguna y me lo meto a la boca. Según mastico, noto un pinchazo en la parte interior del labio y no tardo muchos nanosegundos en darme cuenta que se me ha debido colar alguna y está haciendo de las suyas dentro de mi boca. Pobrecilla, yo le comprendo... no lo debe estar pasando nada bien y se defiende pero, claro, yo tengo que mirar por mí... ¿qué hago??? Un primer impulso me dice que "escupir" pero ¿y si no sale con eso y me pica más??? Ante la duda, decido... masticar, lo más deprisa que pueda. ¡Todo por que no me pique más!

Sentí crujir el bicho y eso es lo último que supe de la avispa. Yo seguí masticando, por si acaso y, claro, no lo iba a escupir... tampoco tenía razón para ello y, a fin de cuentas, ¡era mi bocata! Así que, una vez seguro de que la avispa ya era parte del bolo alimenticio, para dentro fue. Lo sentí por la pobre avispa pero nadie le mandó meterse ahí.

Todavía me duele el picotazo y no sé muy bien qué puede pasar después de que una avispa te pique ahí así que, con calma, pregunto a los presentes: "¿Alguien sabe de picotazos de avispas???"

Molly me dice que estaba pendiente de tanta avispa, pensando si no me iba a meter alguna a la boca... pero que, lo mismo que yo, tampoco vio ninguna cuando di el último bocado. No sé dónde estaba metida la maldita avispa... el caso es que el labio se me está empezando a hinchar pero me dicen que, a no ser que sea alérgico o algo así, no debería pasarme nada serio. Los chavales llevan antihistamínicos (yo llevo casi de todo pero, precisamente, eso no) y me tomo uno... o dos, ya no recuerdo; lo que sí recuerdo es que, al rato, me estaba quedando dormido hasta de pie.

El labio se me puso como un globo pero la cosa no fue a mayores. Al loro con el careto:

Adivínenme en qué parte ha sido el picotazo...

Al rato, la hinchazón empezó a bajar mientras yo daba cabezazos al aire, intentando no quedarme dormido. Hoy habrá sido el día que me comí una avispa.

Reconozco que, por un momento, flaqueé pero fui fuerte y, a eso de las cinco, pasadas la somnolencia y la hinchazón, conseguí recoger y decidirme a marchar. Me despido de los tres y les deseo buen viaje.

A la hora que es, el día no va a dar para mucho más pero necesito avanzar un poco. No por prisa sino porque siento que necesito moverme hoy. Al poco de salir, un encuentro inesperado: ¡Smiley! A este no le veía desde nada menos que Kennedy Meadows, ¡hace casi dos meses!

Smiley me cayó muy bien, en su momento, aunque hablé poco con él. Este tío sí que es hardcore... y perdón por el anglicismo pero es que este palabro me viene perfecto aquí y no encuentro uno equivalente y tan descriptivo en castellano: acaba de escalar Shasta. Escalada técnica; fácil pero con piolet y crampones y, además, muy larga, que la gente suele hacer en dos jornadas... él se la ha hecho en una pero lo que más me alucina es que, después, ni se ha tomado un día de descanso, ni tan sólo esa noche... ¡ha hecho auto-stop y se ha vuelto directamente al sendero! Y me dice que está un poco cansado... ya puedes estarlo, compañero...

Le dejo haciéndose la cena mientras avanzo un poco más, hasta encontrar un bonito emplazamiento con vistas en lo alto de una pequeña cresta. Duermo muy bien.

 

Día 93: Ridge after Sulphur Creek - Deadfall Lakes (28.5 m. / 45.9 km.)

Largo ascenso en un sendero muy bien trazado y cómodo pero, sea como sea, merece la pena subir: los Trinity Alps devuelven al PCT a las grandes montañas: moles de granito, lagos, restos glaciares, crestas aéreas y prados de altura, todo eso me espera ahí arriba.

Muy bonita, esta sección. Especialmente, después de tanto terreno de "rutina" que no es que fuera feo pero, ya comentado, escaso en paisajes de los que causan impresión y con la civilización siempre acechando. Hoy, vuelvo a altitudes considerables y, sin llegar, quizá, al límite estricto del bosque, las crestas están casi despejadas y eso posibilita las vistas extensas.

Monte Shasta; esta vez, desde el oeste

Una vez alcanzada la cresta, el sendero la sigue durante prácticamente lo que queda de día; sólo la abandona para los inevitables flanqueos cuando el terreno es demasiado accidentado.

Por fin, también, dentro de los límites de un área Wilderness, que siempre es una garantía de no ingerencia humana; Castle Crags Wilderness, que no es muy grande pero lo que viene después continúa la tónica: preciosos prados de altura, innumerables lagos que los glaciares dejaron a su paso... una Alta Sierra en pequeñito.

Un día muy solitario, además; no me encuentro con nadie hasta que, a media tarde, me cruzo con un grupo que está haciendo una ruta de fin de semana; más o menos al mismo tiempo que las nubes se empiezan a juntar... ¡si no hace calor...! Son, de todas formas, nubes de tormenta que, afortunadamente, no llegarán a mayores.

Tras un largo pero estimulante día, acampo junto al precioso lago Deadfall. Esta vez, monto el tarp, por si acaso esas nubes acaban dejando algún regalo. Hace frío.

Hice la foto buena antes de montar el tarp

 

Día 94: Deadfall Lakes - Mosquito Lake Creek (30.1 m. / 48.5 km.)

Hoy continúa la travesía de las montañas Klamath, la unidad de mayor orden de la que forman parte los Trinity Alps. En la primera parte del día, hay que cruzar una pista y hay alguna otra a la vista; no muy estimulante. Algo muy interesante que empieza a notarse es la presencia de esas rocas herrumbrosas que, si no me equivoco y estoy interpretando bien las descripciones, son las mismas que formaban montañas enteras en la costa oeste de Terranova. Qué tiempos...

Estas rocas son muy densas y de color oscuro... al principio; contienen mucho hierro y, con la exposición a los elementos, ¡se oxidan! y se quedan de color oxidado. Es curioso ver cómo, por ejemplo, cuando una de estas rocas se ha fracturado recientemente, se ve aún el color oscuro original en la parte que aún no ha tenido tiempo de oxidarse. Resulta que las piedras también se oxidan.

Superficie herrumbrosa, superficie por oxidar

No serán las únicas rocas curiosas de hoy. Recuerdo también esas tan bonitas con vetas de colores verde-azulados.

Esta, ni idea de cómo se llama

La novedad negativa es la escasa visibilidad y, sobre todo, la razón que, por entonces, sólo sospecho pero más tarde confirmaría: es humo y está causado por incendios forestales. Los incendios, en esta región tan boscosa, son parte del paisaje estival. Normalmente, de causas naturales; rayos, sobre todo. Desde luego, no tienen el tinte dramático de la península Ibérica o Europa y la mayor preocupación suele ser evitar que se extiendan a las poblaciones y acaben quemando la casa de alguien, cosa nada difícil dado que los pueblos vienen a ser, muchas veces, poco más que un conjunto disjunto de cajas en medio de un bosque. Por el momento, no hay incendios en lontananza pero sí mucho humo en el ambiente y eso es señal de que los habrá.

Mi plan para las próximas jornadas no incluye días de descanso estricto pero sí una visita al último pueblo que tocaré en California: Etna, de bien ganada fama en los círculos senderistas por ser un lugar muy agradable. Intentaré llegar allí por la mañana para poder descansar el resto del día y ello implica caminar muchas millas ahora. Tengo claro que no me gusta caminar más deprisa de lo que me pide el cuerpo pero no me importa caminar todo el día; empezar pronto y acabar tarde, y ese es mi camino para sumar distancia.

Por las montañas Klamath

A media mañana, me alcanzan otros que llevan otra estrategia distinta: Pecheur, a quien no conocía, y Smiley, de quien sabía que venía detrás. Me cuentan que Herman viene también.

Pecheur es el típico ejemplo del senderista ultraligero, ultrarápido, ultrafibroso; de los que no hay muchos en el PCT, en contra de lo que yo hubiera esperado. Camina rápido, camina muchas horas y hace distancias enormes. Su mochila es ligera de verdad, bastante más que la mía. Smiley es más como yo y no va a viajar con Pecheur regularmente pero me cuenta que hoy le está siguiendo porque se ha marcado como objetivo hacer un día de 40 millas (64.4 kms.) y la compañía le ayuda. El caso de Herman es más único, como todo en este hombre: se ha marcado como objetivo llegar mañana a Etna y está caminando alrededor de 35 millas todos los días. Cuando me le encuentro, un poco más adelante, me cuenta que quiere ver si se puede hacer... que su nueva táctica es caminar mucha distancia y luego tomarse largos descansos en los pueblos. Herman, te vas a pasar más tiempo en los pueblos que en el sendero, a este paso.

Bull Lake y el humo emborronando el paisaje de fondo

Camino cerca de esta gente durante el resto del día; y no sé si por cierta presión que me pongo a mí mismo por estar alrededor de ellos o si por propia tozudez pero cometo un error que tendrá alguna que otra consecuencia: descuido un poco mis pies.

A estas alturas, uno ya se cree indestructible; ya has probado todo: largas distancias, prisas, calor, frío, humedad... y no cuentas con que puedan surgir problemas físicos que no sean traumáticos. Hoy es un día caluroso, polvoriento, largo... nada que no haya hecho antes pero, hoy, descuido un poco los pies. Normalmente, les aireo, limpio e incluso lavo, si tengo ocasión, un par de veces o tres a lo largo de cada jornada y, por supuesto, al final. Cuando hoy hago mi único descanso descalzo, ya he empezado a notar una pequeña molestia que me dará mucho que pensar y que preocupar en el futuro. Supongo que no ha sido sólo hoy el maltrato, de todas formas.

Alcanzo a Smiley y Pecheur una última vez. A Pecheur no le volveré a ver.

Tras un día menos atractivo que ayer, a través de terreno no tan elevado, el PCT vuelve a ascender, alcanza una cresta y entra en Trinity Alps Wilderness; todo ello, buenas noticias, aunque hoy no voy a tener mucho tiempo de disfrutar del nuevo entorno porque el día ya toca a su fin. Me vuelvo a encontrar a Smiley que, al parecer, siempre cena en el sendero y luego continúa caminando un rato más; me confirma que así es. Está cerca de su objetivo de las 40 millas. Yo prosigo sólo unos minutos más hasta encontrar un buen campamento, junto a un arroyo. Hoy necesito agua cerca: tengo que cuidar mis pies. Esto me cuesta una buena concentración de mosquitos. El arroyo en cuestión se llama Mosquito Creek así que no diré que no estaba avisado...

 

Día 95: Mosquito Lake Creek - Paynes Lake (28.1 m. / 45.2 km.)

Si quiero llegar a Etna mañana por la mañana, tengo que volver a afrontar un largo día. No hay problema, ¿cuánto hay que andar?

El día de hoy tiene una especie de dos partes: dos travesías por las alturas, divididas por un collado por el que pasa una carretera... no todo iba a ser perfecto.

La primera mitad, en Trinity Alps Wilderness, es muy bonita, con el sendero trazado sobre la misma cresta de unas montañas majestuosas, bordeando las hoyas glaciales que, invariablemente, alojan lagos. El ambiente sigue estando brumoso y eso afecta a la visibilidad en la distancia; y es una pena porque estamos en la cima del mundo visible pero eso no impide disfrutar de la vista de los prados de altura, las laderas boscosas y la serie de lagos.

Trinity Alps Wilderness

La carretera es minúscula y desierta pero siempre supone un cierto bajón. Lo mejor de América es no tener que pasar por una de estas cada día, aunque camines más de 40 kms... pero, a veces, sucede y hay que aguantarse.

El PCT vuelve a subir para entrar en una zona espectacular: Russian Wilderness, donde el sendero está excavado en la vertiginosa ladera de un estrecho valle flanqueado por moles de granito como no las recordaba desde la Alta Sierra. Qué lástima de humo: en este valle, se ha concentrado, de forma que no se ve ni torta; y es una pena porque el paisaje es realmente extremo y espectacular.

Aéreo sendero en Russian Wilderness

El sendero escala la ladera para alcanzar la cresta y cambiar de valle y, allí delante, a lo lejos, veo una figura que identifico con Smiley. Le alcanzo en la cima, donde ha parado a cenar. A mí, ya me queda poco y, mayormente, cuesta abajo, para llegar al lago Paynes, encajado en su anfiteatro. Esa noche oiré las pisadas de un animal bastante grande (¿cuánto? no sé... pero sonaban fuertes) pero, después de tantas noches en el monte, uno ya ni se inmuta; media vuelta y a dormir.

 

Día 96: Paynes Lake - Etna Summit (-> Etna) (5.9 m. / 9.5 km.)

Objetivo cumplido; ya sólo queda un paseo hasta Etna Summit, el puerto de carretera que da acceso a la pequeña localidad, a 17 kms. hacia el este. A pesar de la corta distancia, las ganas de llegar me lo hacen largo. Alcanzo a Smiley, otra vez, que había acampado en un expuestísimo pero precioso lugar en plena cresta y aún no ha terminado de recoger campamento.

En Etna Summit, me encuentro a una cuadrilla de forestales que, en lugar de buenos días, me saludan con esto: "These trails are closed".

Supongo que se quieren asegurar de que no voy a continuar en el PCT pero no lo pretendía (al menos, no hoy), en cualquier caso, así que me sobra su anuncio grosero. No necesito preguntar para saber que es a causa de los incendios; el humo sigue en el aire. De todas formas, y por supuesto, pregunto por el estado de la siguiente sección de sendero y no me dan apenas información. Tampoco me importa; en Etna la encontraré. De momento, me parece muy sospechoso que estén cerrando también la sección hacia el sur, por la que yo acabo de venir y en la que, me consta, no hay ningún incendio.

La carretera está desierta. No me cabe duda de que será fácil encontrar quien me lleve... si pasa alguien. Paso un rato sin que haya tráfico. Llega Smiley y, al poco, pasa un coche que, por supuesto, para y nos recoge. Es una señora mayor, muy simpática, a la que preguntamos lo que ahora mismo es lo más importante: ¿algún buen sitio para desayunar en el pueblo? "No os preocupéis, yo os llevo al mejor".

Y nos deja en un local a las afueras, después de hacernos una ronda por el lugar (que es, básicamente, una calle y poco más) y contarnos qué hay en cada sitio.

El desayuno hace justicia a nuestra hambre. Siempre es un momento sublime, el mejor; llegar a civilización y disfrutar de una gran comida. El desayuno es mi favorita: huevos, hash browns (algo así como patatas fritas), fruta, pancakes... adoro los pancakes.

¿Dije que Smiley era hardcore? Sí, lo dije. Y me ratifico. Ahora mismo, no puedo pensar en otra cosa que pasarme aquí el resto del día; descansar, relajarme... Smiley sí que puede y, de hecho, se pira en cuanto compre provisiones. Un monstruo.

En Etna no hay trail angels; o, mejor dicho, hay trail angels de pago. Alderbrook Manor es un bed & breakfast muy coqueto, con un barracón reconvertido en albergue que no es tan coqueto pero sí muy cómodo y agradable... y barato. Y los dueños, Dave & Becky Harrison, son tan amables que el ambiente es casi como en casa de alguien. Lo de "trail angels de pago" era un cumplido.

Pero estoy adelantando acontecimientos. ¡Aún no he llegado a Alderbrook Manor! Para ello, tengo que cruzar todo el pueblo, cosa que hago en 10 minutos, y salirme de él, que me lleva otros cinco. Antes, me despido de Smiley. Es un buen tío; nos volveremos a ver.

En el albergue, me encuentro con Herman, a quien esperaba. Al final, consiguió llegar ayer y ahora afronta su periodo de descanso, dos días. Herman es siempre una compañía entretenida. Tiene esa forma de ser afable, espontánea y entrañablemente rara y, sobre todo, esa gracia innata que hace que te rías con él aunque no haga chistes.

Mencioné mis incipientes problemas de pies: aún no sé qué es pero tengo una pequeña molestia en la planta de uno de ellos y asumo que me vendrá bien librarme de las zapatillas, siquiera por unas horas, y pregunto a Dave si me puede dejar unas sandalias: me deja las suyas. A todo esto, y en pura tradición trail angel, ya nos había dejado a Herman y a mí ropas que vestir mientras hacíamos la colada. Está claro que en Alderbrook Manor comprenden a los thru-hikers.

Y no es todo: también nos dejan una bici para ir al pueblo; cambio 10 minutos por 3 y hago mis compras, envío para casa los mapas usados... lo que yo suelo llamar "hacer los deberes".

Estampas de Alderbrook Manor: el barracón reconvertido en albergue y la bici comunal

Etna es un encanto de lugar. Muy pequeñito, se puede ir andando a todos los sitios. Muy tranquilo, se puede dejar la bici tranquilamente sin candado. Es como un pueblo del oeste... pero es que, es así: es un pueblo del oeste. Me refiero, por supuesto, a que se parece a los de las pelis; cambias el asfalto de la calle principal (y casi única) por la típica tierra de aquellos y ya casi está: las casas de madera, los porches... y algunos locales interesantes: un café, un lugar especializado en helados y batidos, un restaurante de nombre "The Trailhead" y, al loro, una cervecera. Esto, al parecer, es una tradición local, no ya en Etna sino a lo largo de todo el oeste: pequeñas cerveceras que fabrican su propia cerveza. Esta es la auténtica cerveza americana; nada que ver con las que puedan llegarnos a Europa. Tienen bar/restaurante adosado y ya sé dónde voy a ir a cenar. Lo siento por "The Trailhead".

Estampas, ahora, de Etna; típico pueblito del oeste

En Alderbrook Manor está también Mike, a quien también esperaba encontrar, aunque él se aloja en el B&B, no en el albergue. Según apatruyo las calles, me encuentro con Go-Big que, me cuenta, ha dejado la compañía y ahora viaja solo; por probar una experiencia diferente. También aparecen por allí Larry y Sandy, de los que sabía que venían detrás, y compartimos un enorme batido de esos tan ricos que ponen aquí. Bueno, compartimos la mesa, no el batido; cada uno toma el suyo.

Go-Big ha hablado con algún forestal sobre el tema de los incendios: al parecer, hay varios en la zona (no hay más que ver el horizonte, lleno de humo) y han decidido cerrar la totalidad de Marble Mountain Wilderness; vamos, por poner un ejemplo: como si en España cerraran un parque nacional entero... a pesar de que, dice el forestal, los incendios no amenazan el PCT. Pero como el PCT cruza Marble Mountain Wilderness, está cerrado al norte de Etna Summit.

Según leo en las noticias, es la primera vez que cierran un área Wilderness completa y, por mucho incendio que haya, la medida parece desproporcionada. Go-Big nos cuenta lo que ha hablado con el forestal: "Pero, si los incendios no afectan al PCT... ¿podemos pasar?" Y, el forestal: "Nadie os lo va a impedir".

Durante el resto de la tarde, el consenso general entre la comunidad senderista reunida en Etna es que esa frase del forestal significa "vía libre". Desde luego, para nosotros tiene mucho más peso lo que nos diga un guarda forestal que trabaja en la zona que lo que decida un político desde su despacho.

Mike es aficionado a la cerveza, así que no tengo que convencerle de ir a cenar a la cervecera; de hecho, me lo sugiere él. A mí tampoco me tiene que insistir. Al final, se apunta todo el mundo y nos juntamos un buen grupo; una vez allí, aparecen otros tres, a dos de los cuales no conozco; la tercera es Heike, que siempre acaba apareciendo donde y cuando menos la espero. Está entusiasmada porque se aloja en un sitio donde no les cobran nada, una especie de entidad benéfica y, según dice, hay un dvd y miles de pelis.

La cena es unas risas; acostumbrados ya a los alias, los usamos, casi sin querer, para hacer las peticiones y la camarera se parte la caja; cuando le decimos que igual mejor utilizamos los nombres de verdad, dice que no, que le mola eso de los alias... "A ver, tú... ¿cómo decías? ¿Sexy... qué?" "Sexy Otter" (camarera por los suelos...).

La cerveza no sólo está muy buena sino que está hecha ahí mismo y tienen un montón de variedades. Se puede pedir un muestrario, que consiste en una bandeja de chupitos, todos diferentes. Me quedo con un concepto que utilizaré mucho; de aquí en adelante, ya no pediré "una birra" sino una IPA (India Pale Ale). Qué buena. Ya sé que EE.UU. no es la reserva espiritual de la gastronomía occidental pero hay tantas cosas que no sabemos...

De vuelta a Alderbrook, y ya de noche, aparecen por allí Rolling Thunder, Tadpole y Sunny, que siguen juntos. Como de costumbre, en estas situaciones, muchas historias que contar y que oír. Muy divertido todo.