Glacier Peak desde Liberty Cap, Northern Cascades
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Pacific Crest Trail, 2006: Norte de California

 

Sección 13: Belden - Old Station

 

Día 83: Belden Town - Past Cold Spring (20.7 m. / 33.3 km.)

Los Braaten no nos dan de comer o cenar (de eso, se encarga cada uno; teníamos cocina) pero sí de desayunar. El desayuno es en "familia" y es muy agradable, con una mesa muy bien puesta. Laurie, el patriarca, es pastor y supongo que de ahí el numerito de dar gracias a dios por los alimentos con todos cogidos de la mano de los de al lado... a mí, personalmente, la parte religiosa me sobra pero sí me gusta el concepto de dar gracias por los alimentos; es una de las cosas que tiendes a perder en la vida urbana, donde hay alimentos por todos los lados pero esta es, precisamente, una de las lecciones importantes que aprendes en el monte y, especialmente, en la larga distancia, cuando tienes lo justo y con ello tienes que subsistir: aprendes que los alimentos son algo precioso y muy valioso y yo, personalmente, he adquirido la costumbre de recordar esto en mi vida urbana y de agradecer por ello. Sin religiones ni dioses; digamos que se lo agradezco a la madre naturaleza, por poner un concepto que realmente tampoco es necesario. Supongo que el concepto de dios, bien entendido, vendría a ser eso mismo, en realidad, aunque las religiones organizadas se encargen luego de modelarlo como les parece. En fin, no me gustan las religiones organizadas y podría hablar mucho de ello pero dejémoslo ahí.

Los Braaten me han tratado muy bien y he estado muy a gusto con ellos. Ha sido un placer tomar un descanso aquí.

Uno de los problemas de enviar comida por delante, en lugar de irla comprando, es que no es tan fácil corregir desequilibrios. Yo suelo calcular bien pero quizá arrastro aún el miedo escénico a pasar hambre que me quedó después de la Alta Sierra y estoy tendiendo a llevar de más... sólo así entiendo que, tras vaciar la mochila de lo que me sobraba de la etapa anterior y la caja que envié por correo, me junte con una cantidad exagerada de comida. Ni de coña voy a llevar todo eso.

Podría deshacerme de lo que sobre y dejarlo con los Braaten para que lo usen los que vengan por detrás pero, joder, la mayoría de lo que me sobra es comida liofilizada de la guachis y esa vale un pastón... así que decido meterlo en una caja y mandarlo por delante a algún sitio donde no esperaba hacer envío; sólo como forma de corregir la mala previsión. Consulto si, en seis días, estaría en Barney Falls y me aseguran que sí, así que para allí se va. Me alegro, por otra parte, de haber tenido excusa para una nueva visita a la mejor oficina postal de todo el PCT.

27 Mile Mike está un poco huraño esta mañana y se despide sin más, parece que tiene prisa. Muy diferente de Heike, que se va a quedar a descansar un día, y se despide con un cálido abrazo; si, al final, era un cachopán... me cae bien, Heike.

Antes de salir, re-visito Belden Town para tomar algunas fotos y allí me encuentro por primera vez con Trout, un chaval muy majo, de Oregón, al que veré más veces. Hoy va con prisa.

El día ha empezado extrañamente nublado y hasta han caído algunas gotas. ¿Un frente lluvioso? No es nada común en esta época, me confirman los Braaten, pero tampoco parecen nubes de tormenta, ni es la hora. En fin, un poco de lluvia, con este calor, no puede venir mal.

Lo malo es que, las nubes, lejos de aliviar la sensación de calor, la multiplican; la ruta toma un valle, largo y boscoso, con lo que la sombra no hubiera sido problema pero las nubes crean ese efecto invernadero que, unido a la humedad, hacen de esta subida la experiencia más húmeda de todo el viaje... ni los vadeos de la Alta Sierra ni los pensamientos calenturientos, nada... estoy nadando en mi sudor y, lo peor, estoy muy agobiado por la situación. No estoy nada entusiamado.

En esto, me encuentro a 27 Mile Mike que, a eso de las 10.00 h., ha acampado ya. Dice que, como ayer hizo más millas de las debidas, hoy no necesita ir más allá y que ese era el sitio donde pensaba acampar hoy, de todas formas. Pues no sé por qué parecía esta mañana que tuviera prisa por salir... a lo mejor no pero, desde luego, a mí me lo parecía. Y ha acampado en un sitio que, en fin... no es que esté mal, es el típico campamento en el bosque, cerca del arroyo... pero el lugar está atestado de mosquitos. Se les mantiene a raya a base de caminar pero, en cuanto te paras, se te posan trescientos. En fin, él verá...

Yo sigo valle arriba con mi mala gana, deseando salir de este sitio y de la sensación agobiante que me produce. Todo cambia un poco cuando, ya en la cabecera del valle, el bosque se abre un poco y aparece una bonita pradera verde. Así, ya mola más.

Fin de la reclusión del bosque

Sin apenas haber dejado más que unas pocas gotas, las nubes se empiezan a despejar. El valle por el que he estado subiendo todo el día, por fin, se acaba, pero no el ascenso, que prosigue por una de las paredes que lo delimitan, hasta llegar a una planicie de altura donde, a 2000 metros, el bosque deja algo de espacio a las praderas y los panoramas son amplios.

Prados en Milkhouse Flat

El plan básico para hoy incluye llegar a Cold Spring, una buena fuente tras la que hay mucha distancia hasta la siguiente fuente fiable de agua. Llego allí demasiado pronto como para permitirme parar, así que, para evitar tener que cargar demasiada agua, decido cenar allí y, después, continuar un tramo más, hasta que se acabe la luz. En Cold Spring acampa una veterana pareja que tengo la impresión de haber visto antes... parece que el sentimiento era mutuo pero nadie lo decía hasta que uno de ellos lo menciona,empezamos a atar cabos y nos damos cuenta de que, efectivamente, nos habíamos encontrado en el sur de California, tiempo a... Poco después, llega Trout que, por lo que veo, camina deprisa. Él se queda en Cold Spring. Yo termino la cena y continuo un rato más para terminar en un bonito lugar, en plena cresta.

Esa noche, se estaban congregando nubes pero no parecía que fuera a pasar a mayores y no monto el tarp; ya casi nunca lo hago. Cuando ya estoy en el saco, veo un relámpago. Veo que, se desarrolle la tormenta o no, no voy a poder dormir tranquilo y, con fastidio, salgo a montar el tarp en la oscuridad. Cuando vuelvo a la cama, empiezan a caer gotas. Al final, o dormí como un tronco o no llovió más.

 

Día 84: Past Cold Spring - Stover Spring (27.8 m. / 44.7 km.)

Hoy se cumple un hito especial: pasaré por el punto medio del PCT. Antes de eso, una bonita travesía, siempre por la cresta, que ofrece las primeras y gloriosas vistas del monte Lassen, el primer gran volcán que encuentra el PCT. A todo esto, no está muy claro si esto es aún la Sierra Nevada, si son ya las Cascades o si no es ninguna de las dos... a mí, estas cosas, me producen curiosidad y, cuando pregunto por ahí, obtengo respuestas variadas, así que no sé nada. Supongo que no hay una respuesta única.

El volcán Lassen

Históricamente, no había ninguna mención en el sendero al punto medio pero parece que han puesto una recientemente, como también evidencia el hecho de que el pequeño monolito tiene pinta inmaculada. Simbólico momento pero, por lo demás, sin mayor trascendencia. Foto y adelante.

En un breve descanso, me alcanza y adelanta Trout. Nuestros encuentros siguen siendo breves. La ruta sigue siendo bonita mientras continúa por las alturas pero esto no va a durar para siempre. De hecho, empieza a descender. Trout ha parado a coger agua y descansar y ahí sí que podemos departir un rato.

Desde aquí, el PCT sigue descendiendo y, por hoy, se acaba lo bueno y hay que tragar saliva porque lo que viene a continuación es una zona llana y polvorienta que, a pesar de estar cubierta de bosque, resulta tórrida: mucho calor para un tramo realmente duro. Encima, hay que cruzar una carretera, cosa que sólo sienta bien cuando la vas a usar para algo pero no si vas a pasar de largo, que es lo que toca. Hay obras en la carretera y uno de los empleados me pregunta si quiero agua fría... rechazo pero agradezco.

Pedrolos de inequívoco origen volcánico en el valle de Deer Creek

Pasada la carretera, la cosa mejora, sea psicológico o físico, porque el calor remite un poco al avanzar la tarde, aunque la cosa sigue igual: terreno llano, polvoriento, casi arenoso y mucho calor, aunque todo sigue siendo bosque. Cuando, tras una corta subida, llego a una buena fuente, aunque es relativamente pronto, no lo dudo: acampo aquí.

 

Día 85: Stover Spring - Badger Flat (28.4 m. / 45.7 km.)

El discurso de hoy parece querer decir que lo de la tarde de ayer fue un accidente porque el terreno vuelve a hacerse atractivo. Mientras aún no he salido (y eso que yo madrugo), pasa 27 Mile Mike. Es curioso que este hombre no camina especialmente deprisa, cosa que compruebo poco después cuando, en un descanso que se toma, le alcanzo y sigo con él durante un rato. Parece ser que su táctica consiste en madrugar mucho.

No hay que ascender mucho para que el terreno se vuelva más atractivo y, una vez cambiada la vertiente, aparece en el horizonte cercano, espléndido, Mount Lassen, elevándose sobre el mar verde de los omnipresentes bosques. Hermosa y estimulante vista.

Mount Lassen, más cerca

Tras un corto descenso, cruzo, por última vez, el río Feather; en esta ocasión, la misma rama que pasa por Belden pero en su curso alto y, tras una breve subida, el PCT entra en los límites del parque nacional Lassen Volcanic. De nuevo en bosque pero en un ambiente muy agradable, sin polvo y sin calor agobiante. Un bosque muy bonito, además, con un suelo relativamente limpio y acogedor, como no lo veía desde la Alta Sierra.

El terreno es netamente volcánico. Un breve desvío da acceso a un geyser; modesto, en comparación con los de otras partes del mundo, pero el agua hirviendo es siempre un espectáculo digno de ver, y de oler.

Un poco más allá, un espectacular lago de aguas blanquecinas, rodeado de surgencias hirvientes. A pesar de todo, los irreductibles abetos se atreven a vivir a su alrededor.

No hay baño en este lago

Ssiempre me ha atraído la belleza extraña de los paisajes volcánicos. Me gusta pensar en los fenómenos derivados como una manifestación de la vida de nuestro planeta. No de la vida alojada en él sino de la propia, intrínseca, de esa especie de entidad superior que es nuestro hogar.

Un breve encuentro con testimonial civilización en el siguiente valle, donde llega una carretera y hay un pequeño establecimiento rústico-turístico apoyado en las aguas termales. Paso de largo y vuelvo a subir hacia una divisoria de amplia cresta. El ambiente, a pesar del interludio, sigue siendo bonito y con una especie de aura especial que me hace sentir bien. El siguiente tramo, tras descender a un valle, es en ascenso a lo largo de un arroyo. Es bienvenida la presencia del agua pero no la de sus acompañantes habituales, los insufribles mosquitos, que tienen momentos serios en esta zona.

Por fin, la que creo que es, a la postre, la mejor parte de toda la travesía del parque Lassen: una alta meseta delimitada por conos volcánicos y adornada por numerosos y preciosos lagos. Los volcanes no son apenas visibles desde el terreno a causa del bosque y de que estos montes tienen laderas tendidas pero resulta emocionante echar un vistazo al mapa, comprobar su casi perfecta forma cónica y pensar que estás en medio de estas cosas.

La única mala noticia es que se están congregando nubes. Veo inminente la tormenta pero, mientras no suceda, aún hay esperanza de no mojarse. De todas formas, por lo que respecta a mojarme, decido hacerlo... pero sin ropa, en uno de los lagos del camino. El lugar es precioso y el agua está sorprendentemente templada.

Lower Twin Lake y esas nubes negras...

Mientras me seco al sol (que aún brilla, a pesar de las nubes), pasa Trout. Cuando le digo que el agua está calentita, no se lo piensa más y se baña también. Claro, con ese trail name... Creo que disfruta del baño tanto como yo. Salimos casi a la vez y, ahora sí, tengo ocasión de comprobar que este tío camina a toda leche. Intento seguirle, casi por ver si puedo, y... técnicamente, puedo pero al precio de caminar mucho más deprisa de lo que para mí es natural. Él parece que ni se esfuerza.

El piso se vuelve un tanto polvoriento, otra vez, pero, en ligera cuesta abajo, se camina bien. Llego a Badger Flat, una pequeña pradera drenada por un arroyo, donde pensaba acampar y, al parecer, también es el sitio donde le tocaba a 27 Mile Mike, que ya está allí. Trout decide continuar pero, a pesar de que no es tarde, yo estoy ya muy cansado y ya he llegado lo suficientemente cerca del final de la sección como para darme por satisfecho.

Durante el resto de la tarde, tengo ocasión de compartir un rato con Mike y esta vez me parece algo más agradable, aunque sigue siendo un tío bastante seco pero siempre correcto. Hace algunas cosas un tanto peculiares: aparte de su exigente calendario (caminar 27 millas en un día no es difícil pero hacerlo todos los días, sin descanso... yo diría que sí lo es; y ¡sé de lo que hablo!), su estrategia consiste en madrugar mucho y, luego, acaba los días relativamente pronto. No lleva hornillo y hace un pequeño fuego todas las noches, donde cocina. Yo soy muy torpe para hacer fuegos, admiro a los que saben construírlos con facilidad.

Aunque ha habido algún trueno, la tormenta parece que no ha progresado y las nubes se van disipando pero, recordando lo de hace unos días, decido montar el tarp y olvidarme del tema; si llueve, me pilla protegido.

Campamento listo para la tormenta que nunca llegó

 

Día 86: Badger Flat - Old Station (10.3 m. / 16.6 km.)

Día corto, con la intención de que se convierta en, casi, un día de descanso. En Old Station también hay trail angels, los Heitman. El norte de California tiene parte de su gran atractivo en las pequeñas poblaciones por las que se pasa regularmente y en los trail angels que hay en casi todas.

27 Mile Mike se levanta y se pira cuando aún es de noche. No sabría decir a qué hora pero sí sé que le sentí marchar mucho antes de que yo me levantara, y eso que yo madrugo... me levanto poco antes del amanecer, cuando ya hay algo de luz, e intento estar en camino cuanto antes.

Al poco de salir, una última y muy cercana vista del nevado Lassen, justo antes de emprender un prolongado descenso que me deposita en un terreno que recuerda peligrosamente a la tarde de anteayer: llano, seco y polvoriento y con un calor que se va haciendo fuerte según avanza la mañana. Menos mal que sigue estando todo cubierto de bosque.

Lassen, cara norte

Me alcanza Trout que, por lo que veo, no madruga mucho pero que camina como un tiro. Esta vez, renuncio a jugar a seguirle. No me siento muy animoso hoy.

El terreno, como digo, no es demasiado agradable y ya sólo pienso en llegar a Old Station, cosa que sucede pronto. Old Station es otro lugar minúsculo, apenas un motel, una oficina postal y una gasolinera con tienda junto a una carretera. Las casas, al parecer, están por ahí, desperdigadas por el bosque. Según el mapa, hay otro núcleo un poco más alante pero ahí no necesitamos ir. De momento, esas primeras necesidades tan urgentes se satisfacen en la tienda de la gasolinera. No es que haya mucha variedad pero es suficiente. No tengo paquete postal aquí y mi reaprovisionamiento es, también, en dicha tienda.

Trout y 27 Mile Mike, recién llegados a Old Station

Me acerco a la oficina postal para mandar mapas usados a casa; la empleada está inmediatamente detrás, y a poca distancia de su compañera en Belden en cuanto a amabilidad; conoce el PCT, los thru-hikers y a los Heitman y se ofrece a llamarles para que nos vengan a buscar; parece ser que su casa no está cerca y, sobre todo, no es fácil de encontrar si no te sabes el camino. Y, por supuesto, no nos sabemos el camino.

Trout decía que pensaba seguir adelante sin parar aquí pero se ve sentado a la mesa, a la sombra, delante de la tienda, mientras esperamos a los Heitman y decide que se queda también. Al rato, llega Georgi Heitman que, a pesar del nombre, es una señora. Nos lleva a su casa, una enorme (para nuestros estándares) propiedad con una gran casa de madera y un barracón, más una serie de tiendas ya pinchadas por ahí para que los huéspedes no tengamos que usar la nuestra.

En casa de los Heitman, encontramos todo un ambiente: está allí el núcleo resistente de lo que fue la Dirty Dozen que, hasta aquí, marchaba dividida en más o menos dos grupos, unidos aquí por problema físico de un miembro de cada. Go-Big tiene una infección generalizada provocada por una herida y le esperan Suggar Daddy, Rita, Pang y Swiss Miss. Tadpole no sé que tiene pero tampoco se encuentra bien y aguardan a que se recupere su compañero, Sunny, y Rolling Thunder, que sigue viajando con ellos. Parece que todos los damnificados están mejor y esperan salir mañana. Más tarde, aparecen Heike y su nuevo cómplice en barrabasadas senderistas que, en esta ocasión, es nada menos que el inimitable Herman. La barrabasada a la que me refiero es una divertida anéctoda según la cual se saltan, por error, una fuente de agua y acaban caminando hasta varias horas tras el anochecer para conseguir llegar a la siguiente. Por eso han llegado aquí tan pronto (Heike salió un día más tarde que yo de Belden). Tom, el amigo de Heike, también está por aquí, aunque ha llegado conduciendo su coche.

Relax en el porche de los Heitman

Los Heitman son un encanto, otra vez. Va a sonar repetitivo pero supongo que el hecho de abrir tu casa a toda esta gente es algo que no se hace si no eres un encanto. Georgi (ella) y Dennis (él; con esos nombres tan equívocos, creo necesario especificar) son dos jubilados, retirados aquí, en las montañas, que ponen todo su esfuerzo y buen ánimo para hacer que nos sintamos cómodos.

Muy a última hora, aparecen también otros dos viejos conocidos, Larry y Sandy y esto ya parece un cuartel, pero uno muy divertido, con cena multitudinaria en perolo gigante. Nos lo pasamos muy bien.