Glacier Peak desde Liberty Cap, Northern Cascades
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Pacific Crest Trail, 2006: Norte de California

 

Sección 12: Truckee - Belden

 

Día 77: Pooh Corner - Pond before Milton Creek (31.3 m. / 50.4 km.)

Pedazo de madrugón; Tom no bromeaba y está de pie y listo cuando yo todavía tengo los ojos medio cerrados. Bill sigue siendo el anfitrión más abnegado: ¡se levanta a esta intenpestiva hora para preparame algo de desayunar! y un par de bocatas para el camino.

Tom me deja en el PCT con las primeras luces del día. Me sigo sintiendo un poco culpable por el descanso extra y, además, descansado y bien alimentado, así que camino a buen ritmo y sin parar; tengo las fuerzas y la motivación.

Ya en lo profundo de las montañas, me encuentro con Adam "Listo". Camina con una mochila de día y me dice que hoy piensa llegar a Sierra City, nada menos, lo cual le obliga a caminar más de 38 millas, o más de 60 kms. Allí le recoje su compañera, de ahí la mini-mochila que, sin duda (el hecho de no llevar la grande), le ayudará en la empresa pero no le envidio, es un pedazo de caminata. El PCT es sencillo pero no deja de ser un sendero de montaña.

Montaña que, por cierto, continúa en la tónica de ayer; al menos, mientras la cosa se mantiene por encima de los 2000 metros, con un intrincado terreno, cubierto de bosque (qué novedad), algún lago y alguna pradera llenos de mosquitos (qué pesados). También alguna sección de cresta donde el bosque da paso a esas hierbas tan simpáticas que aquí llaman mule's ears (orejas de mula); grandes extensiones de ellas.

Mule's Ears

Me encuentro a Adam una segunda vez; Adam, mejor te apresuras o se hace de noche. El PCT empieza a descender y a acercarse a civilización y será meramente psicológico pero el ambiente ya no me gusta tanto. O a lo mejor no es sólo psicológico: me da la impresión de que el bosque es menos acogedor, con un suelo lleno de ramas caídas, muy lejos del suelo limpio de los bosques hasta ahora. No sé el porqué de esta diferencia.

Pasada una carretera y una fea presa, la cosa mejora un poco según el sendero gana una cresta. Ahí, justo antes del largo descenso hacia un profundo valle, acampo con vistas.

Precioso campamento en la Sierra Norte

 

Día 78: Pond before Milton Creek - Sierra City - Ridge over Packer Lake (19 m. / 30.6 km.)

Hoy empiezo por bajar a uno de los profundos valles del norte de California. Un descenso que me llevará por debajo de los 1400 metros, algo tan inédito, desde hace tanto tiempo, que parece casi inimaginable. Allí, el PCT cruza una carretera entre montañas y, cerca, el pequeño pueblo de Sierra City.

Técnicamente, no necesito ir a Sierra City; tengo provisiones para llegar a Belden pero, de alguna forma, me apetece ir; está cerca y tengo curiosidad por conocer el lugar. Quizá no muy en sintonía con mi planteamiento general para el viaje pero, no sé... serán las referencias positivas sobre el lugar o sobre ese nombre que siempre me gustó pero el caso es que me acercaré hasta allí, me daré algún capricho y saldré a media tarde.

El descenso a tierras más bajas trae novedades en el ambiente: mucho calor, un primer encuentro con las mini-moscas y la aparición de ¡robles! que sustituyen, aquí "abajo" a las omnipresentes coníferas. Lo de los robles está bien pero parece ser que son precisamente ellos los que alojan a las mini-moscas estas, que son, en cierto modo, peor que los mosquitos; no pican y uno podría pensar que, si no pican, no hay problema... pero si la expresión "moscas cojoneras" se hizo para alguien, fue para estas: moscas de tamaño cabeza de alfiler, o poco más, que revolotean eternamente a tu alrededor, intentando colarse en las mucosas, boca, nariz y ojos. Los ojos parece que les atraen especialmente. Caminas con una permanente constelación de estos bichos alrededor de la cara. Habrá más.

Alcanzo la carretera y camino hasta el pueblo, a donde llego a tiempo del mayor placer de este humilde senderista: un desayuno tamaño XL. Sólo por esto ya habría merecido la pena venir hasta aquí pero, ya que estoy, me paso por la célebre tienda y echo el rato en el porche.

Desayuno rico en un sitio bonito

Sierra City es poco más que un par de filas de casas a lo largo de la carretera que recorre el valle y tiene más pinta de pueblo del oeste que ningún otro que haya visto hasta ahora. A estas altitudes, y de cara a sitios similares en las semanas que siguen, hay que enfrentarse a un nuevo problema, ya presente en el sur de California pero al que entonces no hice mucho caso: el Poison Oak.

Esta es una planta tóxica; algo así como la ortiga pero en hijoputa... porque no se me ocurre otro calificativo para una planta cuya toxicidad no sirve para protegerse de contacto ya que el agente tóxico tiene un efecto retardado, no inmediato, lo cual lo hace, si cabe, más grave, porque puedes estar frotándote en esa cosa sin darte cuenta de nada.

El agente tóxico es un aceite, el urushoil (que no sé si tiene equivalente en castellano) y tiene simpáticas características como transmitirse a todo lo que toca: puedes mancharte con él el pantalón y no te enteras y no pasa nada... hasta que cualquier parte de tu piel toca el pantalón. Y, no, no se cae ni se evapora ni nada. Sólo se elimina lavando con jabón, como con cualquier otro aceite. El efecto del urushoil es una irritación y enrojecimiento de la piel que puede ser muy localizado o generalizado. No duele pero la zona tiene una pinta horrible y tarda bastantes días en curar.

Menciono esto aquí porque, ya digo, a partir de aquí, y en estas zonas bajas (en general, por debajo de 1500 metros), el Poison Oak está presente en abundancia. La planta es un arbusto; en general, no suele encontrársele en tamaños grandes pero puede suceder. El nombre le viene del supuesto parecido de sus hojas con las del roble (oak) pero hasta en eso es capulla la planta esta porque no siempre es el caso; se presenta en formas diversas, para complicar más su reconocimiento.

Se hace mucha literatura sobre esto en el PCT y, parte de ella, un poco catastrofista. Lo fundamental es aprender a reconocer la planta y evitar el contacto pero, debo decir, es difícil aprender a reconocer una planta hasta que la ves en su entorno, por muchas fotos que hayas visto. Yo aún no sé. En el almacén de Sierra City, pregunto por alguno de los posibles remedios que alivian el enrojecimiento de la piel y, supuestamente, aceleran la curación, en caso de contacto, y pregunto por ayuda para reconocer la cosa. Me dicen que sí tienen dos de los remedios típicos pero me indican que, realmente, no merece la pena cargar con ello:

- ¿Puedes reconocer el arbusto Manzanita?
- Sí (y así es; es un arbusto muy bonito y muy abundante en todo el sur de California)
- Pues, si tienes problemas con el Poison Oak, te haces una infusión con hojas de Manzanita y te la aplicas en la piel afectada. Es lo mejor.

Pues le agradezco la sinceridad a la dueña del almacén, que es la que me cuenta esto. Me gusta mucho más esa idea, poder utilizar cosas del entorno para arreglar un eventual problema. Problema que, por encima de todo, espero no tener. También me explican, más o menos, cómo reconocer y dónde esperar encontrar el Poison Oak aunque sé que no aprenderé hasta que lo vea en directo.

Me permito un lapsus temporal para ilustrar la pinta de esta cosa; una vez que aprendí a reconocerla:

Poison Oak

Paso un rato viendo pasar la vida desde el acogedor porche del almacén. Allí se juntan locales y turistas y, a veces, algún thru-hiker. La gente me pregunta y se interesa; me gusta ser la estrella, es lo que siempre quise ser, joi, joi... Me cuentan que ayer había aquí hasta 20 thru-hikers. Hago cuentas de los que espero que estén delante de mí y no me salen del todo, pero creo que tengo identificados a bastantes de ellos; mayormente, lo que va quedando de la Dirty Dozen.

Uno de los personajes que me da conversación es John, un empleado forestal jubilado que vive en Sierra City. Me cuenta historias de osos, de incendios... y acaba ofreciéndome quedarme en su casa, si quiero. Me dice que lo hace habitualmente: sentarse en el porche del almacén y recolectar thru-hikers. Qué majo. Cuando le anuncio que no me quedo en el lugar esta noche, me dice que, por lo menos, necesitaré un viaje hasta el sendero... y, hombre, aunque está cerca, eso no me viene mal; sobre todo, con el calor que hace a estas horas. John, otro entrañable personaje de los que uno se encuentra al viajar en el PCT.

John posa para la posteridad en el porche del almacén en Sierra City

Una de las cosas que tiene bajar a estos valles profundos es que, después, hay que subir, y subir mucho. Con un ojo, o los dos, puestos en el suelo en busca del poison oak, voy recorriendo los trescientos y pico zigzags con los que el PCT salva el desnivel entre el fondo del valle y la cresta que lo delimita por el norte, hasta la base de esos prominentes picos que llaman Sierra Buttes, verticales moles graníticas que se elevan sobre todo lo que les rodea, visibles desde mucha distancia y que constituyen un emplazamiento singular para la torre de vigilancia de incendios más famosa de todo el PCT: en una aérea arista, localización de arduo acceso pero, sin duda, inmejorables vistas, que es de lo que se trata. Aquí, en el norte de California, el verano es seco y caluroso y los incendios son el pan suyo de cada temporada estival. Sin el dramatismo con que los vivimos en Europa, ya que allí hay tanto bosque que el hecho de que se les queme un trozo no es tan grave e, incluso, se considera parte del ciclo natural pero, dado que la industria maderera es aún parte del sustento local, vigilan y apagan los que pueden.

La primera parte de la subida es, por fortuna, bajo la sombra de los árboles. Según avanzo, me cruzo con una pareja que baja y me dicen, con cierto tono de compasión, que debo estar loco para estar subiendo ahora, con el calor que hace... ellos vienen bastante afectados, y lo entiendo, pero yo lo llevo bastante bien, quizá gracias al rato de relax y buenos alimentos en el pueblo esta mañana e, incluso cuando salgo del bosque y paso a las peladas laderas, el calor se me hace llevadero. Camino tranquilo y contento.

Los zigzags del PCT

Alcanzada la cresta, el PCT bordea una hermosa cuenca con numerosos lagos que, como la guía menciona, acertadamente, son de "ver y no tocar": el sendero sigue una ruta donde priman las vistas sobre el abastecimiento de agua, sea para beber o para meterse en ella, y hay que planificar bien las necesidades hídricas. Acampar en la cresta es una bonita experiencia pero hay que llegar con las botellas llenas.

 

Día 79: Ridge over Packer Lake - Unnamed lake under Bunker Hill Ridge (24.4 m. / 39.3 km.)

El hecho de que el Pacific Crest Trail se mantenga, en esta sección, fiel a su nombre redunda en el comentario con el que acababa el párrafo anterior: vistas extensas pero limitada disponibilidad de agua; hay que planificar bien este tema pero para eso tenemos estas guías tan chulas que nos lo ponen tan fácil a los thru-hikers. Muchos lagos, sí, en lontananza pero, personalmente, creo que me siento más a gusto aquí arriba, atrincherado bajo mi sombrero de ala ancha y usando mucha protección labial pero disfrutando de lo que sólo pueden ofrecer los paseos por las alturas bajo los cielos eternamente azules de California.

La hermosa rutina de la Sierra Norte

De hecho, cuando la cresta cae sobre algún collado, veo claras dos buenas razones para este trazado: el calor aplasta mucho más; y, además, en esta zona es relativamente fácil encontrarse con pistas forestales que me recuerdan que su no-presencia es una de las mejores razones para estar caminando por aquí. No es que haya mucha población en la región pero el mencionado aspecto de la explotación forestal provoca que se hayan construido múltiples accesos. Prefiero no verlos.

La práctica totalidad del día se mantiene en alto, sobre un mundo de montes del verde oscuro de las coníferas, hasta donde alcanza la vista; y alcanza mucho. Aprovecho el escaso desnivel acumulado para hacer muchos kilómetros y, en un momento de lucidez, re-reparar el bastón que resultó dañado en la Alta Sierra; un tronquito del tamaño, forma y diámetro justos, unas vueltas de cinta americana y mi bastón está casi como nuevo otra vez.

Un día solitario, no me he encontrado con nadie, a pesar de la relativa cercanía de accesos motorizados pero en esta región de población dispersa, poca gente hay en el sendero salvo los thru-hikers. Mosquitos sí que hay pero, de nuevo, la cresta no es su lugar favorito.... había una tercera razón para no salir de ella.

Mi campamento hoy no es tan idílico como otros días pero tengo agua aunque, debo decir, ese pequeño y estancado laguito es, probablemente, el agua más sospechosa que he bebido nunca. Es lo que había. No hubo consecuencias.

 

Día 80: Unnamed lake under Bunker Hill ridge - Bear Creek (23 m. / 37 km.)

El gran obstáculo de esta sección es el middle fork del río Feather o, mejor dicho, su valle, que supone un auténtico descenso a las profundidades: ¡por debajo de 1000 metros! Y todo lo que viene con ello: calor, serpientes y poison oak.

Lo del middle fork es porque, en América, como tienen tanta geografía y tan poca gente para poblarla (al menos, aquí, en el oeste), reaprovechan los nombres. Esto es, en el caso del Feather, como en el de tantos otros, el río principal discurrirá por los grandes valles, lejos ya de las montañas y del ámbito de mis mapas pero, aquí, en plena cordillera, lo que cruzamos son las diferentes ramas que darán lugar al cauce final. En Europa, cada rama tendría un nombre diferente pero aquí, ya digo, usan el mismo, con lo que, para el Feather, tendremos un south fork, middle fork y north fork. Y, debo decir, las dos ramas que cruza el PCT son dos pedazo de ríos ya.

El otro obstáculo, sobrevenido, es un incendio, del que tuve noticias hace unos días, en Pooh Corner, y que, supuestamente, está ardiendo sobre la misma traza del PCT y ha provocado un desvío, que el servicio forestal, supuestamente, ha señalizado y que implica un buen rodeo. Afortunadamente, la mayor parte de dicho desvío, milagrosamente, cae dentro de los límites de mis exhiguos mapas.

Llego a media mañana al cruce con la pista a partir de donde el PCT debería estar cerrado y me alegro de no ver ninguna señal. Asumo que el fuego ha sido extinguido y sigo adelante, con el río Feather como siguiente hito.

Paro a comer en un pequeño lago que me exige un corto desvío pero merece la pena. Insisto, el agua es un bien escaso en las crestas. Mientras remojo los pies, me fijo en que los pececillos, lejos de huír, parecen atraídos por mi presencia, hasta el punto de que llegan a darme algún besito en el dedo gordo... yo les dejo hacer, no tienen dientes, pero me llama la atención esta actitud. No sé si esperaban que yo fuera comestible o era curiosidad.

Por fin, llego al enorme talud que ha excavado el Feather. Todo es bosque y las vistas son limitadas pero el mapa revela claramente dónde me estoy metiendo: todas esas curvas de nivel tan juntitas, un auténtico Gran Cañón cubierto de verde. Según bajo, el calor se va haciendo más y más agobiante, hasta que empiezan a aparecer los robles y, cómo no, las mini-moscas. Caminar con estos bichos revoloteando alrededor es una auténtica tortura, especialmente cuando te vuelves medio paranoico ante la perspectiva del poison oak y te obligas a ir atento a cualquier planta que responda, más o menos, a la descripción, sin saber seguro si es o no es.

Manto verde y laderas empinadas: valle del río Feather

Cerca del fondo, empiezo a ver pequeñas zonas un poco chamuscadas que, entiendo, corresponden al anunciado incendio; afortunadamente, está claro que ya ha sido apagado. El área, como decían las noticias, es muy escarpada y de difícil acceso pero el fuego apenas ha llegado a afectar a los árboles, sólo a los arbustos. Así es como, dicen, el poison oak, entre otros, no suele llegar a crecer demasiado: los incendios naturales se encargan de cargarse los arbustos; a veces, sin llegar a afectar a los árboles. Está bien comprender el papel que hasta un elemento aparentemente tan negativo como el fuego tiene en el medio natural y darse cuenta de hasta qué punto hemos alterado nuestro medio ambiente en Europa, de forma que nuestros incendios ya no tienen ese papel; hay demasiado poco bosque.

El Feather es un gran río pero, a estas alturas del año, su caudal es relativamente modesto. Sería vadeable pero, en este caso, hay un gran puente. Puedo entender que, en primavera, sea fundamental.

Mid Fork Feather River

Acometo la subida con poca gana: el calor es realmente aplastante, una especie de calor húmedo que me provoca las sudadas más copiosas de todo el viaje. Me lo tomo con calma y con la fe que me da el que, al menos, estoy saliendo de este pequeño infierno. Y el lugar es bonito pero no para caminar con una mochila.

Hacia el final de la tarde, llego a un cañon lateral donde la guía anuncia que se puede acampar... pues no se ve dónde, todo es muy empinado y está lleno de bosque pero, efectivamente, aparece un minúsculo claro que es, en realidad, bastante oscuro, bajo la densa cobertura vegetal, pero hay suelo libre suficiente para dormir y un arroyo cercano. Lo peor del lugar son los mosquitos que, a esta hora, hacen imposible la vida en campamento. Me paso un buen rato entretenido intentando conseguir un montaje presentable de mi mini-red, en su versión nocturna... aunque sólo sea para poder sacarle una foto.

Recluso del bosque y de los mosquitos

 

Día 81: Bear Creek - Knoll on ridge before Mt. Pleasant (22 m. / 35.4 km.)

El día comienza retomando el ascenso desde las profundidades. Es un placer ir dejando atrás las moscas y la sensación general de opresión. Al poco de subida, me encuentro con Adam "Listo". Es uno de estos casos en que uno no sabe si referirse al tipo por el nombre de pila o el alias; parece que el alias funciona mejor cuando es lo único que hay. Él mismo se presenta como lo uno o lo otro, según ocasión. Creo que responde más a Adam.

Adam es otro carácter controvertido; a veces, se muestra arisco pero otras, como ahora, aparece como un tipo tranquilo y sensible con el que es muy agradable conversar. Acabamos pasando un rato largo de charla y, cuando le menciono el tema del poison oak y la dificultad para reconocerlo, se levanta y dice "seguro que hay algo por aquí..." Y, efectivamente, en tres pasos encuentra una mata. Nada como saber lo que buscar. Resulta ser eso que yo tenía ya identificado como altamente sospechoso. Ya no lo olvidaré.

El inocente aspecto de la planta horribilis

Adam es de Alaska y me cuenta muchas cosas interesantes. A veces, tiene actitudes muy asociales (lo digo sin sentido peyorativo) y huye del contacto con la gente pero otras, en cambio, es al contrario. Creo que no le gusta tener mucha gente alrededor pero sí encontrarse con alguien y conversar. Me parece un personaje un tanto contradictorio pero me cae bien. Nos veremos más veces.

El sendero vuelve a las alturas, desde donde uno mira al sur y sólo ve el ya conocido mar de picos boscosos. Parece difícil creer que, ahí enfrente, haya una hendidura tan profunda como la que acabo de cruzar.

Sin perder apenas altura, el sendero se acerca a un gran lago, accesible por carretera, asfaltada y todo, esta vez; asfaltada pero desierta. Pasada ésta, vuelta a subir para cruzar un gran macizo que me separa de la siguiente estación, Belden Town, a donde espero llegar mañana. Estas montañas devuelven un cierto ambiente alpino a la ruta, una novedad bienvenida. Justo por encima de 2000 metros, el bosque aún es denso; en los troncos de los árboles se encuentra "escrito" un curioso dato: la altura que alcanza la nieve durante el invierno, marcada por la ausencia de ese musgo verdoso en los tres metros inferiores:

Al musgo no le gusta la nieve

Parece difícil imaginar tanta nieve aquí, ahora que hace tanto calor y todo está tan seco pero, como digo, estos montes destacan sobre los de las dos últimas jornadas y el ambiente es un poco más extremo. Un poco más de subida y el PCT emerge en una espléndida cresta con preciosas vistas hacia el este. A estas alturas (orográficas y temporales), ya no hace tanto calor y esta sección es muy agradable. Tanto es así que me está dando lástima pasar por todos estos preciosos balcones sobre el valle y no quedarme. El plan inicial era continuar un poco más allá del punto donde se inicia el descenso hacia Belden, hasta un arroyo fiable pero, habida cuenta de que llevo agua suficiente, decido quedarme en la cresta y acampo encima de una losa de granito. El bosque está unos metros más allá, por si necesito cobijo... y las nubes que se están concentrando me dicen que quizá lo necesite pero son nubes de tormenta y confío en que no lleguen a mayores; al menos, no hoy. Hacia el otro lado, el panorama es muy bonito. Esto es lo bueno de acampar en las crestas; el mejor sitio, cuando el tiempo lo permite. Hoy, espero que sí. La puesta de sol es preciosa; el amanecer será lo mejor.

Luces de atardecer bajo las nubes de tormenta

 

Día 82: Knoll on ridge before Mt. Pleasant - Belden town (12 m. / 19.3 km.)

Hoy es corto y todo cuesta abajo. Belden Town está en el fondo de otro valle: North Fork Feather River que, a la postre, es el brazo principal; y su valle, el más profundo. Agárrenseme: 700 metros de altitud. No estaba tan bajo desde que salí de San Diego, hace más de dos meses. No sé qué voy a hacer con tanto oxígeno.

El día comienza con el encuentro más esperado y, casi, de la forma mejor posible: recién comenzado el descenso y en una zona boscosa muy bonita, cerca de donde esperaba haber acampado anoche, oigo un ruido a mi izquierda; miro hacia allí a tiempo de ver una figura oscura encaramándose al tronco de un árbol. Mi mente tarda un eterno instante en reconocer qué es eso: ¡un oso! Y, no sólo eso, es una cría de oso. Supongo que los oseznos tienen orden de subirse a los árboles cuando intuyan peligro y, obviamente, mi presencia significa peligro.

Los osos no son agresivos en esta región pero, como en tantas otras especies, una mamá enfadada puede serlo... y ¿dónde está mamá? Sin dejar de caminar, tardo otro eterno instante en ver a esa preciosa osa de color canela que me observa desde un poco más allá.

Osos en su hábitat; en su casa. Me hubiera gustado poder pararme a contemplarles pero soy consciente de que la situación es un pelín delicada, con el osezno entre su madre y yo. En el fondo, eso es lo que me posibilitó poder verles durante un ratito; normalmente, los osos huyen inmediatamente (como tuve ocasión de comprobar en un par de ocasiones, más adelante en el viaje) pero el hecho de que estuviera la cría ahí les hizo quedarse quietos. Yo seguí caminando, un poco tenso por la situación, pero esperando que, al seguir adelante, la madre no me tomara como intruso y, mientras, disfrutando de poder contemplarles y sintiéndome afortunado de poder ver estos animales tan impresionantes. Estarían como a 20 metros de mí.

Les saludé con cariño y les deseé buen día según mamá osa no me quitaba ojo y, en el momento en que el sendero me hizo desaparecer de su vista, oí el ruido que hicieron en la vegetación al salir corriendo.

Lamenté no haber tenido más tiempo con ellos pero disfruté del que tuve. Durante el resto del viaje, vi algún oso más pero nunca uno tan bonito como esa gran osa de pelaje dorado. Sentí haberles molestado pero, el resto del día, caminé feliz de haber tenido esa ocasión. Son animales fantásticos. Aún hoy, según escribo esto, siento la emoción especial de aquel momento.

Aún sobre la cresta, salgo del bosque y llego al borde del talud que supone la bajada al valle de la última rama del río Feather; north fork, en este caso. Este es un valle con marcada forma de V, angosto en su fondo y necesariamente sinuoso pero, al parecer, es el valle de menor altitud en la zona y, como cruza las montañas transversalmente, de este a oeste, ha debido resultar el sitio ideal para las vías de comunicación, así que, ahí abajo, me esperan una carretera y una vía de tren.

Lo de la forma de V es algo más que una frase hecha

El descenso se hace eterno, como pasa especialmente cuando desciendes para llegar a algún sitio, no con intención de seguir adelante. Y, más especialmente aún, cuando el sitio al que llegas significa comida rica.

Belden es uno de los sitios más pequeños por los que pasa el PCT pero no hace falta desvío alguno; el PCT cruza el río por el puente que hay, que es el de Belden Town. Apenas hay nada aquí: una especie de camping desierto, un lúgubre hotel que ni siquiera parece abierto (aunque lo está) y unas pocas casas. Hasta hace pocos años, lo único que interesaba a los thru-hikers aquí era la oficina postal que, encima, está algo así como 1 km. carretera abajo. Todo cambió cuando aparecieron los Braaten que, según me contaron, buscaron un lugar específicamente pensando en ejercer de trail angels, esto es: alojar senderistas del PCT. Compraron un terreno, se construyeron una casa y lo llamaron Little Haven.

Little Haven en Belden

Los Braaten viven 1 ó 2 kms. carretera arriba y su presencia ha convertido la semi-fantasma Belden en una agradable parada en el PCT. Un poco más lejos aún, medio km. más, se encuentra un agradable bar de carretera, el Caribou Crossroad; entre la hospitalidad de unos y la comida de los otros, esta será una estancia muy agradable.

Como es habitual, cuando llego a un sitio, no sé muy bien qué esperar. En Belden, resulta curioso: paso de largo del "camping" y del hotel sin darme cuenta de que eso es ello; sigo adelante hasta que veo que no hay más, que eso era todo.

El hotel ha de ser mi primera cita. Teóricamente, mi caja de reaprovisionamiento debe estar ahí. Belden es uno de los pocos sitios donde he decidido reaprovisionarme vía envío postal. A la postre, puedo decir que, sin ser picajoso, era posible comprar lo necesario en la mayoría de los sitios a los que mandé cajas... salvo, probablemente, Belden. Hay dos "tiendas": una en el hotel y otra en el Caribou Crossroads pero son demasiado limitadas.

Y decía, sobre mi caja, que "teóricamente" debería estar aquí, en el hotel, porque aquí la había mandado pero no me di cuenta (o lo hice después de haberla mandado) que requerían UPS... yo la mandé vía USPS (esto es, el servicio de correos) y ahora no sé si estará aquí o no.

El hotel es un edificio de madera de los del oeste y, de verdad, parecería cerrado de no ser porque, en una ventana, hay un típicamente americano neón rojo y azul que pone "open" y porque, efectivamente, si empujas la puerta, se abre (y no exagero; yo estaba por pensar que se habían dejado el neón encendido). El interior está oscuro y vacío y tiene una pinta bastante siniestra. Por fin, aparece alguien y yo ya estaba esperando que me recibieran a gruñidos pero no, muy al contrario, la señora que me atiende es muy amable. Busca mi caja y no la encuentra. Le cuento mi error y me dice que es posible que esté en la oficina postal. El caso es que la dirección es muy parecida: como esto es tan pequeño, no hay ni calles; fulanito de tal, Belden Town.

El hotel en Belden Town. ¿Es o no es directamente salido de las pelis del oeste?

En esto aparece Adam, a quien me crucé ayer por última vez cuando yo estaba acampando; él tenía intención de acampar donde yo inicialmente había pensado pero, al llegar allí y comprobar que era el infierno de los mosquitos, decidió continuar y llegó a Belden de noche.

Adam cometió el mismo error que yo con su caja y me confirma que la suya estaba en la oficina postal y la mía (preguntó por ella porque habíamos hablado de esto antes), también.

Los Braaten desrecomiendan caminar por la carretera y prefieren que les llames para venir a recogerte. Es cierto que la carretera no es muy recomendable: me recuerda a muchas carreteras de los valles en el Cantábrico, sinuosa y estrecha. Pero también es verdad que, para ir al Caribou Crossroads hay que caminar medio km. y ahí no te dicen nada. Sospecho que prefieren tener cierto control sobre la gente que llega a su casa; que no se presenten sin más. Es lo mismo que hace Bill Person en Pooh Corner, sólo que él lo dice abiertamente. Supongo que los Braaten intentan ser más políticamente correctos. Prefiero la sinceridad de los Person pero comprendo los motivos, en cualquier caso, y me parece perfectamente razonable.

Llamo, pues, a los Braaten y me dicen que vienen ahora mismo. Se presenta un señor mayor muy simpático al que ni siquiera tengo que pedir que me lleve a la oficina postal, me pregunta él mismo si lo necesito.

La visita a la oficina postal es todo un episodio en sí mismo. Es una sala en el bajo de una casa junto a la carretera y todo en ella, desde la estética del lugar hasta la de la simpática empleada, sabe a hippismo del de los 60. El lugar es un encanto pero lo mejor es la señora que lo lleva, súper cálida y amable. Así da gusto recibir cajas.

Los Braaten tienen 4 generaciones bajo el mismo techo ahora mismo y el que mejor me cae es el abuelo (bisabuelo, ya), el que me ha recogido, no porque los demás no; son todos muy amables y agradables. Tienen un anexo específico para los thru-hikers. Hoy, por el momento, soy el único aquí.

El resto del día es de descanso y relax, con un par de visitas al Caribou Crossroads, localmente famoso por sus batidos. La comida es muy básica pero está buena. Allí, me vuelvo a encontrar a Adam, con el que comparto mesa y le compadezco: va a salir ahora, con el calor aplastante que hace.

No he mencionado, por cierto, que, en esta zona relativamente baja, el calor es más fuerte que nunca. Adam es un valiente.

Los Braaten son una gente muy agradable y, aunque ellos continúan con sus cosas, dejando a los senderistas con las suyas, aprovecho las ocasiones que tengo para conversar con ellos; ayuda el hecho de que estoy solo. Vamos al río a por un baño y aprovecho para, entre otras cosas, hacer preguntas con base sobre el poison oak, ahora que ya me lo conozco.

Cuando ya no esperaba ver más senderistas hoy, aparecen, a últimísima hora, Heike y 27 Mile Mike, a quien no conocía. Ya decía que a Heike le gusta caminar con alguien y, aunque ella sigue su viaje, se va buscando compañía según coincide con gente. Mike iría siendo conocido como "27 Mile" porque está intentando hacer el PCT en 100 días y eso le obliga a una media diaria de 27 millas (43.5 kms.) pero lo bueno es que el tío lo lleva a rajatabla: se hace 27 millas por día y, si hoy se hace 30, mañana lo deja en 24. Qué curioso... es un tío un poco frío, no muy cordial. No puedo decir nada negativo de él pero no me terminaba de caer bien, lo que tampoco es malo: no a todo el mundo le gusta todo el mundo.