Viajar
a Pie |
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Pacific Crest Trail, 2006

2620 millas (más de 4200 kms) a lo largo de Calfornia, Oregon y Washington, los estados más occidentales de la unión.Cinco meses de recorrer montañas, desde el árido sur de California hasta las remotas Cascades septentrionales, desde Méjico hasta Canadá. Durante cinco meses, seré un homeless y mi única casa serán las montañas. Viajar a pie cobra todo su sentido.
El Pacific Crest Trail significa algo muy especial para mí. Lo veo como el epítome del viaje a pie tal cual me gusta pensar en él. No es la ruta más larga, ni la más difícil ni la-más-nada pero es la ruta en la que descubrí y aprendí a amar esta actividad: salir a la naturaleza y recorrerla durante días, verla pasar ante mí al ritmo necesariamente lento de mis pasos, alejarme de esa civilización tan contradictoria que nos alimenta y nos mata a la vez, alejarme de ella durante días de forma que no me pueda coger... todo eso es lo que encontré, casi sin esperarlo (aunque algo se cocía ya) en aquel lejano verano de 2001 cuando una presunta visita al parque Yosemite se convirtió en un recorrido de una semana en el John Muir Trail (que comparte buena parte de su traza con el PCT).
Desde entonces, el PCT ha sido ese sueño imposible que me ilusionaba y atormentaba a la vez: ¿cuándo, cómo, iba yo a tener, a buscar, a tomarme el tiempo necesario para recorrer esto? De alguna manera, sin embargo, sabía dentro de mí que esto acabaría sucediendo y que, como suele pasar con todas las cosas de esta vida, cuando llegara el momento, de alguna manera, lo sabría.
Tengo la convicción de que ese momento ha llegado. Es curioso cómo, una vez convencido de que quería hacerlo, todas las demás barreras que parecían tan altas, de repente, se han hecho mucho más pequeñas. Una vez más, la vida me enseña que lo más importante es querer hacer algo. No lo es todo pero es lo más importante. Cuando quieres algo y vas por ello, las barreras se desvanecen. A menudo, se desvanecen solas.
El PCT
La idea de este sendero es crear una ruta pedestre ininterrumpida a lo largo de las montañas occidentales de EE.UU. El nombre es un pelín equívoco y para comprenderlo hace falta mirar las cosas a gran escala, como están acostumbrados a hacerlo en Norteamérica, donde todo es tan grande: la cresta del Pacífico no implica que estés cerca del mar ni nada parecido (muy al contrario, el mar estará siempre lejos) pero, en el conjunto del subcontinente, esto es la zona del Pacífico. Entre la traza del PCT y la costa hay muchos kms. y muchas montañas también pero la ruta discurre por las montañas más grandes, las de amplias extensiones inhabitadas, perfiles alpinos y notables alturas: estas son la Sierra Nevada y las Cascades.
Y digo "Cascades" porque no me gusta traducir nombres propios, mucho menos cuando, aun siendo posible su traducción, esta resulta tan equívoca como que refleja un concepto que no es. No sé de dónde les viene el nombre pero en este espacio web se llamarán Cascades. Y digo "Sierra Nevada" porque ese es su nombre original. California está llena de nombres en castellano.
El PCT recorre las montañas y las zonas semi-desérticas (o no tan semi-) del sur de California para después introducirse en la impresionante Sierra Nevada y enlazar con las Cascades cerca ya del final del estado que no se acaba nunca; Oregon y Washington son más breves, sólo un mes para cada uno. Lo más interesante de este recorrido no es ya la longitud, los paisajes o qué sé yo qué cosa que atraiga a cada uno sino el hecho de que todo esto, la práctica totalidad de los 4000 y pico kms, es naturaleza. No se trata del aislamiento de las regiones inhabitadas del mundo pero digamos que la civilización no está precisamente a la vuelta de cada esquina o, en términos más propios, al fondo de cada valle. A veces, harán falta cientos de kms. para volver a verla.
Recorrer el PCT completo de una sola vez supone un reto logístico tanto como, o casi más, que físico; aunque, en el fondo, vienen a ser dos aspectos de lo mismo: etapas de cinco días entre puntos de reaprovisionamiento serán la norma (casi lo mínimo esperable) y de ahí hasta diez jornadas sin ver otra cosa que montañas. Eso, a un ritmo de unos 30 kms. diarios, el cuasi-estándar requerido para aspirar a llegar al final. Así, durante cinco meses.
En el fondo, el mayor reto es probablemente el psicológico: afrontar varios meses de soledad, de encuentro constante con uno mismo, de soportar el pensamiento abrumador de recordar todo lo que queda por delante... sé lo que son esas sensaciones, he pasado por ahí antes, pero nunca he caminado durante tanto tiempo. Es difícil saber cómo va a sentirse uno ante ello. El sendero dirá si valgo o no para esto.
Thru-hiking
Me gusta esa facilidad del inglés para fabricar términos nuevos y compactos. Dame un concepto, busca las palabras que lo definan, júntalas de alguna forma y voilá!, palabro nuevo. Cuando recorres algo de principio a fin, se dice (en el supuesto de hacerlo a pie) "hike through something"... I hike through, you hike through, everybody hikes through... pues, para representar el concepto de recorrer "algo" en su totalidad, he ahí el término: through-hiking. O, re-compactando la escritura, thru-hiking (la fonética queda igual). Y, claro está, el que practica (o aspira a) el thru-hiking es un thru-hiker. You can thru-hike the PCT.
Cuando decidí el nombre para este espacio web, no era del todo consciente de que, en cierto modo, era algo así lo que quería representar. Thru-hiking es algo así como Viajar a Pie. Si bien Viajar a Pie carece de la connotación de completar un cierto recorrido, en realidad esta acaba siendo una parte marginal del concepto de thru-hiking porque, a fin de cuentas, como casi todos los senderistas estarán de acuerdo en afirmar, el objetivo no está en la meta sino en el viaje. No caminamos para llegar a un sitio sino para ver qué nos pasa durante el camino.
The Class
Históricamente, en los últimos años, se estima (no parece que nadie tenga un número concreto) que alrededor de 300 senderistas intentan, cada año, completar el PCT de una tirada. Aspiring thru-hikers. Se estima (de nuevo, no hay datos concretos) que un 60% llegan a terminarlo. En cualquier caso, hay un cierto vínculo que une a todas esas personas anónimas y no interrelacionadas: ellos forman la clase del 2006 (o 05, 04...). En castellano diríamos más bien "la quinta" pero no me gusta el término por la connotación militar (¿o es denotación?). En cualquier caso, tendré el honor de formar parte de ese concepto en 2006.
La Ventana
La ventana para recorrer el PCT completo es muy ajustada: se necesitan alrededor de cinco meses; si bien es posible hacerlo en menos, no es algo ya al alcance de cualquiera (menos aún si pretende disfrutar por el camino). Y más vale no tardar más. La distribución de los cinco meses tampoco da mucho juego: de sur a norte (el sentido habitual), el sur de California no suele ser practicable antes de abril (nieve en las montañas y posibilidad de tiempo violentamente malo) pero tampoco después de mayo, a causa del excesivo calor. En la Sierra Nevada, sería impensable adentrarse antes de junio sin ir preparado para condiciones invernales serias (nieve, hielo, etc.) y las mejores condiciones no llegan hasta agosto pero ¡no se puede esperar tanto! porque en las Cascades septentrionales el invierno llega habitualmente en algún momento de octubre; se considera muy aconsejable no demorar la finalización más allá del final de septiembre.
De norte a sur es notablemente más complicado, razón por la que poca gente lo intenta siquiera: las Cascades reciben cantidades enormes de nieve anualmente, por lo que no se suele poder comenzar a caminar por ellas hasta julio; y, en esa situación, hay que darse prisa por llegar a la Sierra Nevada lo antes posible y esperar que las primeras nevadas serias no lleguen antes de finales de octubre... lo cual puede ser mucho esperar.
El sendero. Secciones
Ante una ruta tan larga, es necesario acudir, de nuevo, a la gran escala para intentar describirla en unos pocos párrafos. A grandes rasgos, se pueden distinguir las siguientes secciones, de sur a norte:
El sur de California
aridez extrema y calor intenso en las zonas bajas, con algunas secciones de auténtico desierto, junto con ciertos grupos de montañas de altitud notable donde las tornas cambian completamente. A primera vista, puede parecer una especie de trámite en espera de lo que está por llegar pero mucha gente afirma, en retrospectiva, haberse visto gratamente sorprendido por la belleza de la primavera en este área, cuando hasta el desierto florece, siquiera por un breve periodo, y todo se llena de color. El sur de California es una tierra de clima tortuoso y grandes contrastes: calor diurno intenso pero noches aún frías. Las montañas, paradójicamente, reciben apreciables cantidades de nieve en invierno y si bien mayo (cuando la mayoría de los senderistas estáran por allí) es ya bastante estable, no es extraño algún coletazo invernal que traiga incluso nieve a las zonas altas. Cuidado con el sur de California: no es un trámite.
El gran reto es el abastecimiento de agua, muy escasa, con secciones de más de 40 kms. en las que no es posible encontrarla de forma natural aunque, en años recientes, la creciente popularidad del sendero y de su legión de seguidores ha contribuido a facilitar un poco la vida al senderista en forma de contenedores de agua en puntos clave, abastecidos desinteresadamente por almas generosas (de las que hablo más adelante).
La Sierra Nevada
Las grandes montañas en medio de la cálida California. Sin duda, debía ser (y aún debe serlo) impactante contemplar los enormes y nevados picos desde las llanuras circundantes. No me cabe duda que de ahí le viene el nombre, del hecho de poder contemplar nieve desde donde uno no esperaría poder hacerlo.
Multitud de picos por encima de los 4000 m. (por los que no pasa el PCT), varios pasos por encima de los 3000 (por los que sí hay que cruzar: el PCT toca su techo rozando los 4000 m. en el paso Forester, a 3954 m.) y un desvío opcional para subir el monte Whitney, de 4350 m. la montaña más alta del país tras el Denali de Alaska. La Sierra Nevada supone probablemente (al menos, a priori) el mayor reto de todo el PCT: es necesario cruzarla cuando aún hay mucha nieve en los pasos y presenta la que habitualmente suele ser la sección más larga sin abastecimiento, 277 kms. que se suelen recorrer en no menos de 10 días (el terreno y las condiciones imponen bajar un poco el pistón).
Las Cascades tendrán montañas muy grandes también pero en ningún lugar del PCT como en la Sierra Nevada se presentará esta concentración de grandes picos, en ningún otro lugar el sendero discurrirá por terrenos tan escarpados. La Sierra es la parte más alta de la cresta.
El norte de California
La Sierra Nevada continúa y transiciona hacia las estribaciones meridionales de las Cascades. Las montañas son más modestas y el hecho de que sea julio provoca que esta sección se torne calurosa, seca y polvorienta. Afortunadamente, el bosque cubre grandes extensiones. El PCT empieza a pisar territorios más remotos, donde la civilización no sólo no se presenta sobre el sendero (hasta aquí, tampoco lo hacía) sino que empieza a encontrarse cada vez más lejos de él, cada vez más escasa.
Para mí, esta es un área largamente desconocida y, en cierto modo, me alegro de que sea así: caminaré sin saber lo que esperar.
Hacia el final del estado que no se acaba nunca, el PCT se apiada de los sedientos senderistas y gira hacia el oeste en busca de aires más húmedos.
Oregón
Las Cascades de Oregón son una extensa pero dispersa cordillera en la que el PCT circunnavega los grandes picos para ofrecer una cómoda traza donde poder cubrir largas distancias. No sé mucho de Oregón. Sé que, hacia finales de julio, hace calor y hay poca agua corriente pero los abundantes lagos salvan esta papeleta. Al menos, la mayoría de los insectos habrán desaparecido ya.
En Oregón, el reaprovisionamiento se empieza a poner complicado. Algunos encuentros fugaces con una civilización testimonial y muchos kms. de carretera para encontrar poblaciones dignas de tal nombre.
Dicen que es la sección más solitaria. El pelotón thru-hiker ya está definitivamente disperso y el PCT está lo suficientemente lejos de todo como para que no sea raro caminar durante días sin encontrarse a nadie. O eso he leído. Ya veré...
Washington
Las Cascades se concentran y escarpan un poco y la influencia oceánica se empieza a dejar notar. Es ya el final de agosto o el principio de septiembre cuando los senderistas llegan al estado siempre-verde y el clima empieza a dar señales de cambio. La lluvia, intensa y de larga duración, es un suceso habitual en cualquier época en las Cascades de Washington pero, además, según termina el verano, puede empezar a llegar en forma sólida.
Podría parecer que, después de tanto tiempo y tanta distancia, esto ya es el sprint final y no hay quien lo pare pero las Cascades de Washington son el otro punto caliente del PCT: terreno exigente, climatología dura, secciones largas y reaprovisionamientos complicados. Las Cascades septentrionales son una sucesión inacabable de valles glaciares, bosques inmensos y grandes picos cubiertos de glaciares. Es, probablemente, el área más salvaje e inalterada de todo el PCT y un broche final inmejorable, uno que impone respeto.
Trail Angels
Un curioso fenómeno surgido en torno al PCT (como en torno a otros de los grandes senderos del país): gente que se dedica a ayudar a los senderistas. Desde ofrecer alojamiento, transporte entre el sendero y poblaciones, recibir y guardar paquetes de correo... hasta rellenar los tanques de agua de las secciones desérticas o llevar alguna provisión rica a un punto del sendero para regalar al que pase.
Lo hacen por nada y sin esperar nada a cambio. Cada uno tendrá sus razones: algunos son senderistas, a su vez, y es su forma de implicarse en el PCT cuando no pueden estar recorriéndolo. Otros, simplemente, disfrutan de la compañia de gente tan diversa como la que se puede llegar a cruzar en sus vidas cuando reciben a los que recorren el PCT. Yo qué sé... el caso es que los Trail Angels son parte de ese aura mágica de un sendero como el PCT; probablemente, son conceptos que se retroalimentan mutuamente pero los Trail Angels, en definitiva, ofrecen a los senderistas no ya el apoyo físico sino, especialmente, colaboran a crear el ambiente especial que, al final, formará parte de lo mejor de nuestros recuerdos.
La escena social; ese ambiente especial
El PCT es una ruta profundamente remota, desde un punto de vista europeo, al menos. Muy poca gente y, la poca que hay, invariablemente equipada con una buena mochila y pertrechos para varios días. Salvo en puntos concretos, no es habitual encontrar otra cosa que no sean senderistas multi-día. Ni excursionistas, ni escaladores, ni ningún otro bicho habitual en nuestras euro-montañas. Aquí se viene a caminar y a acampar, esto está demasiado lejos de todo para hacer cualquier otra cosa. Esto crea un cierto ambiente especial. Es fácil sentir un cierto vínculo con la gente que uno se encuentra en el camino. Durante nuestras experiencias previas en el PCT, este factor nos impactó profundamente y nos hizo sentirnos muy bien. Era como si la raza humana hubiera cambiado hasta el punto de que ya no sientes a los otros seres humanos como algo ajeno, prescindible o hasta indeseado, muy al contrario, ¡siempre era una alegría encontrarse a alguien! y, lo mejor, el sentimiento era mutuo. Debo decir que, con esto, no pretendo en absoluto despreciar a otro tipo de "usuarios" o como lo queramos llamar; que, por supuesto, todo el mundo tiene su sitio y mientras seamos respetuosos con el medio, cabemos todos. Sí es cierto que el filtro que impone el relativo aislamiento hace que hasta el PCT no llegue cualquiera y eso evita de un plumazo a casi todos los indeseables, que los hay por todos los sitios, también entre los montañeros/senderistas/xxx, independientemente de la actividad que practiquen.
Adicionalmente, el hecho de acometer la travesía completa del sendero crea un vínculo especialmente intenso con el resto de gente que va a intentar lo mismo. Son pocos, cada año, pero es fácil identificarse con quien ha sentido el mismo impulso que te ha llevado ahí.
La mayoría de los thru-hikers caminan en solitario. Algunos lo hacen en pareja (sentimental o no); es muy extraño encontrar grupos de más de dos. Es comprensible: el compromiso personal necesario para caminar durante meses y miles de kms. es suficientemente difícil de alcanzar con uno mismo como para, además, hacerlo coincidir con el de alguien más. Y supongo que vivir en tan estrecha comunidad durante tanto tiempo es toda una prueba para la relación más solida; hay que tener mucha sintonía con el compañero para que el equipo funcione.
El PCT tiene, para los que lo recorren completo, mucho de viaje personal y de viaje interior. Estar solo durante largos periodos es habitual pero no necesariamente algo inevitable. Ese vínculo inherente al hecho de estar metidos en la misma empresa (aunque sea de forma disjunta), contribuye a unir a la gente. Encontrar apoyo, físico y moral, suele ser una opción y lo mejor es, precisamente, que es nada más que eso, una opción, nunca una obligación, de forma que se evita que la posible compañía se convierta en la trampa insoportable que a veces puede llegar a ser (algo que a mí, afortunadamente, no me ha pasado).
ADZPCTKO: the Kick-Off
Ese pedazo de impronunciable acrónimo significa Annual Day Zero Pacific Crest Trail Kick Off y se trata de un pequeño evento de lanzamiento para la nueva temporada. Se concibe como un encuentro de nuevos y antiguos senderistas donde la gente se ve las caras, se intercambia información y se comparte la expectación que precede al recorrido. Dada la especial idiosincrasia de todo lo que rodea al PCT, el Kick-Off es el lugar donde puedes conocer al que ha escrito el libro que te has comprado o al que ha fabricado la tienda de campaña que vas a llevar.
Se celebra el último fin de semana de abril, cerca del punto de inicio del PCT en su extremo sur, en el momento habitualmente considerado como idóneo para partir hacia Canadá. En los últimos años, han surgido algunas voces discrepantes, ante el aumento del número de senderistas, tanto en el evento como, posteriormente, en el sendero, anormalmente concentrados en torno a unos recursos a veces escasos y pervirtiendo, quizá, al menos en parte (aunque esto es muy subjetivo) el carácter personal e intransferible de la experiencia... pero, por otro lado, el Kick-Off supone una ocasión especial para conocer gente afín y compartir algo intenso. Yo estaré allí: ADZPCTKO
Infraestructuras
A lo largo del PCT, no hay refugios. Tampoco es posible llegar a una población o algo que se le parezca al final de cada día, ni siquiera a una carretera que dé acceso a algo así; de hecho, lo habitual es que se tarde varios días entre cada punto que permite esto y el siguiente. Eso es: a lo largo de varios meses, uno ha de estar acampando durante la mayoría de las noches. Es especialmente importante recordar que acampar no será una opción: durante la mayoría de esas noches, no habrá otra posibilidad, por lo que es fundamental llevar un equipo de acampada en el que confiemos de cara a las condiciones razonablemente peores posible porque es muy probable que cuando sucedan no tengamos alternativa.
El PCT, en general, se mantiene alejado de poblaciones pero a veces cruza carreteras; éstas posibilitan acceso a núcleos de población que, a veces, están a distancias considerables (20 kms. no son raros; y eso, para llegar a algún lugar bastante minúsculo). Ocasionalmente, el sendero pasa junto a una población pero esto es poco frecuente. Lo que sí sucede con cierta periodicidad es que el PCT cruce algún pequeño establecimiento turístico en las montañas; estos están pensados para estancias vacacionales y suelen consistir de algún tipo de alojamiento (hotel, bungalows, camping...) y una serie de servicios básicos entre los que suelen contarse algún restaurante o bar, oficina postal, lavandería y tienda básica. Lo básico de la tienda define si se puede repostar o no en estos lugares pero no suele ser posible. Por lo demás, si tienen un sitio donde comer (mucho), oficina postal y lavandería, son sitios muy interesantes porque permiten descansar y relajarse sin apenas salir del sendero.
El PCT está, en general, muy bien trazado. Fue ideado para poder ser recorrido a caballo (algo que en Europa puede sonar un poco marciano pero en América es muy habitual; algo queda de los tiempos de las pelis del oeste) y los grandes desniveles los resuelve a base de dar muchas vueltas. No obstante, al ser tan largo, no es raro que alguna sección esté a falta de una buena mano de mantenimiento.
Normalmente, hay puentes sobre los ríos más importantes, pero no es raro tener que vadear alguno, así como es habitual tener que vadear los arroyos, cosa que, dependiendo de la zona y la época, se puede hacer sin mojarse o se puede incluso llegar a tener que postponer hasta un momento de menor caudal. Según condiciones (y según los puentes sobrevivan a la primavera), puede haber vadeos con cierto riesgo en los que hace falta ir con cuidado.
La señalización depende mucho de la zona; comprensible, en un sendero tan largo. En general, no hay precisamente sobrecarga de señales pero tampoco hay tantos cruces como podemos estar acostumbrados a ver en Europa. La orientación no se suele considerar un problema en el PCT aunque, como de costumbre, mapa y brújula no deben faltar.
Estrategias
Hay muchas formas de afrontar un viaje tan largo, todas válidas y ninguna realmente mejor que otra. Depende del planteamiento de cada uno. caminar a más o menos ritmo, recurrir a la civilización y sus cosas más o menos a menudo, reaprovisionarse lo más posible sobre la marcha o prever envíos postales, disponer de apoyo exterior o hacerlo todo uno mismo (incluídos los envíos postales)... hay muchos aspectos sobre los que planificar y cada uno tiene su conjunto de opciones.
En el PCT, la logística tiene cierta complicación; nada por lo que preocuparse pero sí hace falta un cierto esfuerzo de planificación, no basta con plantarse en el metro cero, empezar a andar y ya se irá viendo...
En mi caso, tengo claro cuál es el valor añadido que busco al irme tan lejos y mi planteamiento estará dirigido a potenciar ese valor añadido. Me explico: lo que el PCT aporta, en relación a lo que tengo alrededor, es la posibilidad de viajar por la naturaleza sin ingerencias del mundo civilizado por largas secciones y, al mismo tiempo, mantener la civilización relativamente cerca para no convertir esto en una expedición a tierras realmente remotas para la que ni estoy preparado ni es lo que quiero hacer. Puede parecer extraño pero esto no es, en absoluto, fácil de encontrar: el mundo está, por casi todos los sitios, densamente poblado (demasiada ingerencia) y, donde no lo está, es porque el ambiente es demasiado inhóspito para el tipo de actividad que quiero hacer. Esto es, está claro que si me voy a la antártida no voy a encontrar mucha civilización pero, obviamente, no es esa la idea.
Con esto, para mí, no tendría sentido irme al PCT para procurar allanar el camino a base de recurrir a la civilización tan frecuentemente como sea posible, aunque implique alejarme periódicamente del sendero. No digo que esto me parezca mal, hay quienes lo prefieren así y me parece perfecto pero para un plan así probablemente no me merece la pena salir de Europa. Es esa combinación de grandes espacios abiertos y civilización relativamente accesible (¡pero no demasiado!) que se da en Norteamérica lo que le hace tan especial. La existencia de un sendero y un concepto que me atraen hacen el resto.
Mi planteamiento consistirá en intentar permanecer en el sendero lo más posible e intentar ser lo más autosuficiente e independiente posible. Viajar ligero de peso y viajar rápido, pero sin olvidar que lo que me ha traído aquí implica disfrutar de la experiencia, no padecerla. Me pararé lo que haga falta para admirar un paisaje o bañarme en un río pero caminaré con la ligereza que sólo permiten un buen sendero (el PCT lo es), una carga mínima y mucho ánimo.
Los conceptos de autosuficiencia e independencia aplican especialmente a la estrategia de reaprovisionamiento: esos elementos consumibles que hay que reponer cada cierto tiempo; fundamentalmente, comida y combustible. El agua se recoge del entorno (no puede ser de otra forma) pero la comida hay que llevarla. En esto, hay varias opciones: se puede ir comprando por el camino y se puede recurrir a los envíos postales (dirigidos a uno mismo). A la hora de comprar provisiones sobre la marcha, se puede optar por hacerlo en los lugares por los que pasa el sendero, cuando es posible, o en los que queden más cerca; normalmente, estos suelen ser sitios muy pequeños con posibilidades limitadas. La otra opción es alejarse más, en busca de poblaciones de más entidad.
En cuanto a los envíos postales, hay muchas posibilidades: puede hacerlos un apoyo exterior, que libere al senderista de esa tarea; puede hacerlos uno mismo, aprovechando un punto de reaprovisionamiento no sólo para comprar lo que se va a llevar en la siguiente sección sino también lo que se va a enviar por delante para secciones siguientes. Los envíos postales se pueden realizar a oficinas postales o a negocios privados (alojamientos o comercios) que los acepten. La ventaja de estos últimos es que no suelen cerrar en fines de semana y en el caso de enviar un paquete a un lugar en el que nos vamos a alojar, podemos considerar que está abierto siempre. En las oficinas postales, se depende de su horario.
La gran potencia del envío por correo es que, si bien muchas de las poblaciones que quedan cerca del sendero son tan pequeñas que no tienen ni tiendas (y, por tanto, comprar comida resulta complicado o hasta imposible), casi todas tienen una oficina postal o, en su defecto, algún negocio privado que acepta paquetes. El envío de paquetes postales facilita al senderista el reaprovisionamiento sin alejarse del sendero pero, por otro lado, le resta independencia, ya que le obliga a recoger ese paquete (y a comerse lo que hay en él).
Comprar sobre la marcha obliga a veces a largos viajes que, invariablemente, se hacen a base de hacer dedo en la carretera, ya que el transporte público apenas llega a las zonas por las que pasa el PCT (en EE.UU. no hay mucho transporte público, en cualquier caso); esto es más o menos del gusto de cada uno según carácter; hay quien tiene mucho arte y desparpajo para lo de hacer dedo, hay quien lo odia; y cualquier cosa en medio. A veces, también, comprar sobre la marcha obliga a no ser muy picajoso con las comidas, si se reaprovisiona uno en alguna de las minúsculas tiendas que se suelen encontrar: se compra lo que hay y eso será lo que se coma durante los siguientes días. Esto puede llegar a conformar un menú un tanto curioso, a veces.
En la práctica, todo el mundo usa una combinación de estas estrategias, según preferencias y posibilidades sobre el terreno. Hay ocasiones en las que un envío postal es preferido por todo el mundo (porque hay un lugar donde hacerlo, no hay una tienda en condiciones y la más cercana está lejos). Cuando el sendero pasa por algún lugar con una buena tienda o supermercado, suele ser la opción más popular. El correo te posibilita elegir más lo que vas a comer (especialmente, si tienes a alguien que te haga los envíos desde casa) pero también te obliga a comer eso (de lo que quizá te hayas cansado ya, si la decisión la tomaste tiempo ha...).
Es curioso cómo el servicio postal está tan extendido y llega a rincones recónditos donde puede no haber ni una tienda pero casi siempre hay una oficina postal. Quizá por la propia estructura de un país tan grande y disperso que el servicio postal es una herramienta importante para que la gente que vive en sitios apartados tenga acceso exterior sin moverse de su lugar. Es relativamente frecuente que algunas de las minúsculas localidades por las que pasa el PCT sean, en realidad, una oficina postal y cuatro casas más.
En mi caso, pretendo recurrir al correo lo justo... pero también prefiero recurrir lo justo a abandonar el sendero para visitar poblaciones, algo que, a menudo, entra en contradicción con lo anterior. Compraré sobre la marcha siempre que pueda y, cuando realmente no sea posible, espero primar el correo a los desplazamientos largos. Hay algunas localidades por las que merece la pena desplazarse, por su situación estratégica, en algún punto en el que uno puede esperar necesitar un poco de descanso en civilización, antes y/o después de alguna larga sección sin posibilidad semejante... por su oferta de servicios, carácter compacto (que a veces en este país las poblaciones son muy dispersas) o buen ambiente general, desde el punto de vista de un senderista. Hay poblaciones con Trail Angels que todo el mundo visita... y, sobre todo, hay que tener muy claro que una cosa son los planes que uno hace desde casa y otra cómo salen las cosas después. Las circunstancias te pueden hacer cambiar de idea muchas veces; es bueno ser flexible.
Desde el punto de vista de la división de las secciones, mi idea es tender a hacerlas largas; la longitud media vendrá a ser de unos 150 kms. Hay ocasiones en que no hay realmente alternativa razonable y otras en las que sería relativamente fácil partir la sección en trozos más pequeños pero digamos que hasta 5 días de autonomía (que es lo que se puede esperar tardar en recorrer 150 kms.), es aceptable como media. Puntualmente, habrá secciones más cortas o largas.
La caja itinerante
Un elemento habitual utilizado por los senderistas del PCT, sobre todo por parte de aquellos que recorran el sendero sin apoyo exterior, es lo que se viene a llamar bounce box, o drift box y que creo que es bastante correcto traducir como caja itinerante. Se trata de un envío de correo un tanto particular y que no tiene nada que ver con los ya comentados envíos de reaprovisionamiento de comida (aunque, ocasionalmente, se pueda incluir comida en este envío): la idea es tener una caja que viaja todo el tiempo por delante del senderista, que la recibe y reenvía en ciertos puntos a lo largo del trayecto.
Se usa para contener elementos que vamos a necesitar a lo largo del recorrido pero (y aquí vienen los factores clave) sólo en tramos concretos y que *no* vamos a poder comprar sobre la marcha.
El ejemplo número uno y contenido estrella de la caja itinerante es mapas y guías. Para un sendero de más de 4000 kms. sería ridículo (además de bastante impensable) salir del metro cero con todas las guías y mapas necesarios; ¡sólo las guías son tres tomos de los gordos! Pero esto es algo que, definitivamente, no vamos a poder comprar por el camino. ¿Solución? Si quieres ser autónomo (o no te queda más remedio que serlo), pones todo ello en una caja itinerante; todo salvo lo que necesites para llegar al punto donde envías la caja. Una vez allí, sacas el material de la siguiente sección (el de la que ya has recorrido, lo mandas para casa; hay quien lo tira...) y reenvías la caja por delante una vez más. Y así una y otra vez.
Como en todo, hay quien prefiere contactar muy a menudo con su caja itinerante y quien prefiere hacerlo lo menos posible. Cuantas menos veces la recibas, tienes más independencia pero tienes que llevar más peso entre "contactos". El compromiso habitual.
Otros contenidos típicos de la caja itinerante suelen comprender cosas que, de nuevo, se van a necesitar en algún momento dado pero no durante el resto del tiempo y que no suele ser fácil encontrar sobre la marcha: pilas raras (CR-V3, L544 o cualquier cosa que no sea AA o AAA, en realidad), medicinas específicas, recambios para los bastones (puntas, la pieza de plástico que hace de bloqueador...). También, cantidades pequeñas de cosas que, si bien se suelen poder comprar, se venden en cantidades demasiado grandes (y luego hay que dejar atrás la mayor parte): crema solar, gel desinfectante, jabón... Hay quien incluye ropa de recambio, para sustituír a la que se va degradando (calcetines, sobre todo) o para usar en ciudad mientras lava todo lo demás (los que no hacemos esto solemos tener una pinta muy curiosa mientras hacemos la colada...).
Es importante enviar la caja itinerante sólo a sitios desde los que se pueda reenviar después; esto es, hay que mandarla a lugares con oficina postal. Hay muchos establecimientos (hosteleros o comercios) que admiten recepcionar paquetes para el senderista y guardarlos hasta que éste llegue y los recoja pero no admiten envíos; si enviamos la caja itinerante a uno de estos, nos la comemos con patatas hasta la siguiente oficina postal.
Espero utilizar una caja itinerante, aunque sólo sea para los mapas y guías; es posible que no incluya nada más pero, desde luego, no la voy a utilizar como almacén ambulante de miles de cosas que como realmente no necesito, no quiero cargar a la espalda... si no las necesito, no las llevo en ningún sitio y punto. Es fácil caer en empezar a meter cosas y cosas en la caja itinerante.

Esta será mi caja itinerante
Plan de viaje
El plan refleja lo comentado en los apartados precedentes: la longitud de las etapas está condicionada por enclaves situados en el mismo sendero o muy cerca (accesibles a pie), reaprovisionamiento en el sendero siempre que sea posible y, cuando no lo sea, preferencia por el uso del servicio de correos sobre alejarme del sendero. Incluyo la parte más básica de la información logística, la referente a reaprovisionamientos, porque es un factor que condiciona fuertemente la distribución de las etapas, sería imposible entender la una sin la otra. Helo aquí: plan PCT 06.
Notas.
Un viaje tan largo es un arma de doble filo en lo que se refiere a la elección de material: por un lado, es la mejor ocasión posible para afinar en el ahorro de peso ya que el efecto de dicho ahorro es proporcional a la duración del viaje; por otro, si pretendemos que el material dure de principio a fin, suele ser buena idea recurrir a materias primas algo más duraderas que algunas de las que se usan para el material ultraligero. Por fin, es fácil caer en el por-si-acaso y acabar llevando más cosas de las que necesitamos, por mucha experiencia que tengamos en evitarlo, porque la ruta es larga y marea un poco.
La experiencia me ha enseñado que cuidar al detalle cada elemento, según su funcionalidad y su peso, evaluar con lupa cada gramo invertido, es mucho más que un pasatiempo: tiene efectos demoledores sobre el peso final. Merece la pena hacerlo.
También soy consciente que hay elementos del ajuar ultraligero que probablemente no sobrevivirían cinco meses de trote... o a lo mejor sí pero sólo la espada de damocles que supondría el temor al hipotético momento en que se rompan quizá no nos deje vivir tranquilos. Siempre hay posibilidad de reponer sobre la marcha lo que se vaya rompiendo pero así como encontrar unos calcetines o un pantalón puede ser sencillo, reponer una mochila o una tienda ya se complica.
En aras de la autonomía y la independencia, pienso que merece la pena utilizar material con el que se pueda razonablemente esperar llegar al final sin tener que sustituirlo. Obviamente, no hay calcetines o zapatillas que duren tanto, eso habrá que cambiarlo sobre la marcha, pero mi idea general es evitarme el trasiego de material y, sobre todo, evitarme la incertidumbre de saber hasta cuándo va a durar. Aunque sea a costa de unos gramos más.
Otro aspecto importante para mi elección de material es que una ruta de este tipo no me parece el mejor momento para empezar a probar cosas. Utilizaré preferentemente (en realidad, casi exclusivamente) elementos ya probados y en los que confío plenamente. Es mejor evitar sorpresas.
La versatilidad es un factor más importante que nunca. Si en varias semanas (lo que estoy acostumbrado a hacer hasta el momento) ya puede pasar cualquier cosa, es fácil imaginar que, en cinco meses, no sólo puede pasar sino que pasará seguro; y varias veces. Es fundamental utilizar material versátil que nos sirva en todas las circunstancias esperables sin demolernos la espalda durante el trayecto.
Aquí se puede ver la lista de material preliminar.
No se diferencia mucho de aquella que utilicé, hace menos de un año, de cara a la HRP; de hecho, es prácticamente igual, con sólo alguna pequeña concesión a material algo más duradero, por lo expuesto arriba, y el añadido de algún elemento que, por época (anti-mosquitos) o fauna específica (Ursack, Bearvault...) no necesité en los Pirineos.
El aspecto técnico
El PCT es muy sencillo de recorrer: bien trazado, sin muchos cruces, no tiene mucha pérdida ni grandes cuestas. Las dificultades empiezan cuando se considera el relativo aislamiento de las zonas por las que pasa, las grandes distancias entre puntos sucesivos desde donde sea posible acceder a la civilización, así como la escasez de vías de escape y su longitud, en caso de planes de contingencia.Es habitual afrontar un mínimo de 100 kms. cada vez que uno se mete en una sección, especialmente según se va viajando hacia el norte.
Durante estos tramos, es necesario ser autosuficiente, lo cual implica llevar comida para unos cuantos días... si conseguimos mantener un ritmo adecuado; si no, los días se empiezan a sumar y todo se complica.
Es aquí donde las filosofías ultraligeras empiezan a cobrar más sentido que nunca. Los senderistas tradicionales suelen pasar más de un mal rato en el PCT, particularmente si pretenden recorrerlo entero. Con un peso considerable, es muy difícil mantener el ritmo necesario y el problema que esto trae es que, como se tarda más en llegar al siguiente punto de reaprovisionamiento, se necesita llevar más comida y esto se convierte en un círculo vicioso en el que el peso se empieza a multiplicar: más peso implica una mochila más grande, que también pesa más, a su vez, y que necesita un armazón más robusto, que también pesa más... con tanto peso, ya no me atrevo a caminar con zapatillas, llevo botas y, claro, necesito un calzado adicional para descansar los pies en campamento...
Son sólo ejemplos, típicos aunque no siempre presentes, cada persona es un mundo. El mensaje es que mantener una carga ligera es fundamental para aspirar a completar el PCT y, sobre todo (que a fin de cuentas es lo que importa) para disfrutar por el camino.
En el aspecto técnico, esto implica no sólo sentarse a hacer números con los pesos del material sino aprender a salir adelante con menos: es importante tener en cuenta que no basta un equipo que sólo funcione bien cuando las condiciones son benignas. Cuando las cosas se tuerzan, tiene que seguir funcionando: no habrá alternativa y pueden pasar días hasta que la haya. Las botas no son adecuadas; las tiendas tradicionales, tampoco, así como no lo son las mochilas grandes, de materiales pesados o llenas de gadgets. Es más importante que nunca conseguir un equipamiento integrado y versátil.
Las Cascades de Washington ponen a prueba especialmente estos aspectos, con secciones largas, civilización escasa y probabilidades crecientes de mal tiempo, tanto porque avanza la época como por la propia climatología del lugar.
El terreno y circunstancias más técnicos, sin duda, se dan en la Sierra Nevada: en junio de un año normal, aún habrá mucha nieve. Será nieve primaveral, bastante húmeda, dura por la mañana y blanda a partir de mediodía. No es de esperar riesgo de avalanchas y el PCT no cruza por terreno demasiado empinado con lo que no es nada del otro jueves desde el punto de vista montañero pero el problema es que habrá que negociar esto con medios un tanto precarios. Hacerse con equipo invernal adecuado sería posible pero, en la práctica, casi nadie lo hace: cruzar la Sierra Nevada con las limitaciones que impone un thru-hike forma parte de la épica del PCT. Además, muchos senderistas no practican montañismo invernal y no tienen mucha idea al respecto. Puede sonar un poco raro que alguien capaz de caminar durante meses acampando cada noche y a quien, por tanto, se le supone cierta formación y capacidad, no se haya puesto nunca unos crampones pero en América no lo es; el senderismo, entendido de esta forma, da tanto juego que se convierte en todo un mundo en sí mismo; mundo del que mucha gente no siente la necesidad de salir.
Es común portar un piolet (ligero, de aluminio) pero casi nadie lleva crampones y, de hecho, lo habitual es que nadie cambie de calzado, casi todo el mundo continua con las zapatillas. Casi nadie cambia de tienda, de saco o de ropa. En estas circunstancias, se trata de ascender un collado por día (de los de 3000+, se entiende), hacerlo cuando la nieve ya no está petrificada pero antes de que se ablande demasiado y descender lo suficiente como para acampar en seco.
En toda esta sección, y hacia el norte (hasta, más o menos, el final de julio), el otro gran problema son los insectos. Puede parecer un problema menor pero no lo es. En un año intenso en chupa-sangres, pedirás la eutanasia al primer senderista que te encuentres por el camino. Los insectos pueden llegar a ser un calvario insufrible del que no hay escapatoria.
Diario
Mucha gente mantiene un diario de su viaje en el PCT, con el propósito habitual de perpetuar los recuerdos y las vivencias. En los últimos años, se han popularizado los diarios públicos en tiempo cuasi-real, popularmente alojados en webs específicas (trailjournals) o en webs personales, para quienes las tengan (¡yo tengo una!). Para lograr la periodicidad adecuada en un sendero como el PCT, la gente suele usar la estrategia tradicional (escribir en papel y mandarlo por correo a una persona previamente comprometida en transcribir) o la opción tecnológica, con esos cacharritos con mini-tecladito que permiten escribir sobre la marcha y mandar el texto por teléfono, directo a la web correspondiente.
Muchos de los diarios de 2006, como en otros años, estarán disponibles en la sección PCT de Trailjournals. El culebrón del PCT, en vivo.
A mí me cuesta mucho comprometerme conmigo mismo a escribir un diario. Llevaré un diario en papel aunque me temo que, como de costumbre, mis mensajes serán bastante telegráficos, aunque quizá las circunstancias de un viaje tan largo me lleven a animarme a escribir más. No voy a recurrir a ninguna de las estrategias mencionadas para mantener un diario público en tiempo cuasi-real pero sí me gustaría ir anotando mi progreso, siquiera telegráficamente, cuando tenga acceso a alguna esquina de internet. Para ello, y como tengo una web toda para mí, me tomo la libertad de dedicar una página en exclusiva para mis registros: Viajando en el PCT
Las preparaciones
Según va quedando poco tiempo, la espera se hace tensa, frenética carrera por intentar atar todos los cabos y que no se escape ninguno mezclada con la expectación lógica y las ganas de que llegue el momento cuanto antes: por un lado, porque sí; por otro, porque se vuelve uno loco intentando cuidar cada detalle y se va haciendo necesario acabar con la agonía que supone el *saber* que algo se te va a olvidar. Lo bueno es que, una vez en el metro cero, nada importa.
Eso no quita para que no merezca la pena hacer lo posible por organizarse y hacer las cosas bien: listas de cosas por hacer, cosas por recordar... cosas bien guardadas para que no se olviden, cosas demasiado bien guardadas que luego es imposible encontrar... si nos pasa de cara a un fin de semana, qué no va a pasar de cara a varios meses... pero el final de la agonía está cerca.
Una de las tareas típicas es preparar la documentación del sendero: guías y mapas, con la particularidad de que para un sendero de más de 4000 kms. hacen falta muchas guías y muchos mapas. Es necesario organizar todo bien, prescindir de todo lo prescindible, llevar sólo lo imprescindible y repartir la cosa en secciones adaptadas al plan de la caja itinerante. De hecho, este será el contenido estrella y fundamental razón de ser de mi caja itinerante: mandar por delante las guías y mapas que no necesito inmediatamente.

Mientras sigan sin hacer los libros de canutillo, los seguiremos destripando

Las tres guías gordas y las dos accesorias, todas destripadas

25 secciones, 25 bloques
Cinco paquetes para las cinco etapas de la caja itinerante que iré enviando a Agua Dulce, South Lake Tahoe, Ashland y Cascade Locks |
1785 gr. de papeleo |
A vueltas con la nieve
Lo que a finales de febrero era un año normal, en cuanto a innivación se refiere, se ha convertido en uno de los más problemáticos de la historia reciente, gracias a las nevedas record durante marzo y abril. Mi aproximación a la nueva situación va a ser mantener los planes en cuanto a fechas y afrontar mucha más nieve de la esperada inicialmente durante, al menos, la parte central de la Sierra Nevada.
Para ello, no me queda más remedio que pervertir parcialmente mi idea de mantener el mismo juego material de principio a fin... pero es una perversión menor y que acepto de buen grado. Tengo la suficiente experiencia en nieve como para saber lo complicado que es moverse por terreno nevado por periodos extendidos y lo importante que es contar con el material imprescindible, así que he preparado una caja adicional, que enviaré al punto a partir del cual es esperable encontrar nieve abundante: piolet, crampones, raquetas, plumífero, dos pares de manoplas (aislantes e impermeables, respectivamente), calcetines impermeables, calcetines aislantes extra... y el GPS.
Las zapatillas permanecen y todo el material para los pies deberá ser compatible con ellas. De ahí estos crampones tan graciosos:

Camp 6 Punte Light, 230 gramos el par
Si el calzado es flexible y no puede ser de otra forma, usemos crampones cortos que puedan apoyarse integramente sobre una zona de la suela que no va ser flexionada.
Por lo demás, he aquí la caja adicional:

La caja de material invernal