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GR 5: Montañas nuevas en el viejo continente

En el col de Marinet
Me cuesta encontrar motivación para escribir sobre los Alpes... ¿qué puedo decir sobre los Alpes que no sepa todo el mundo ya?
El GR5 no ha sido el más memorable de mis viajes. Los Alpes no son el mejor lugar para lo que yo busco en un viaje o, por lo menos, no la parte de la cordillera que he recorrido. Demasiada humanización.
Cada vez que menciono esto, mis interlocutores sugieren "mucha gente, ¿no?". Y, no, no se trata realmente de eso. Hay mucha gente pero no es ese el elemento distorsionador más importante; es más bien el tiro-porque-me-toca del mundo urbano en el que se convierte una travesía a lo largo del GR5: bajar a un valle es sinónimo de carreteras y pueblos; la dinámica habitual, casi ineludible, significa subir, cruzar y, al rato, descender a un nuevo valle con más carreteras y pueblos. Si no ves la civilización, sabes que está cerca. Así, no hay manera de integrarse en el medio, sentirse parte de él.
Terreno, senderos
El GR5 es, en general, un buen sendero y no recuerdo ningún tramo significativo donde no existiera traza o, al menos, señalización que la sustituyera. La señalización que, por su parte, es casi siempre exquisita, hasta el punto de que mal-acostumbra al viajero a tomarla por garantizada y casi produce enfado cuando, aquí y allá (sucede alguna vez), el estándar baja un poco.
Una parte digna de mención es las empinadas pendientes de algunas secciones. Curiosamente, esto se daba especialmente en caminos amplios y pistas más que en senderos; quizá fuera el efecto psicológico de transitar por un espacio amplio, lo que hace parecer que se consigue poco progreso; quizá en un sendero tradicional una misma pendiente se lleve mejor. En cualquier caso, grandes desniveles que se salvan, a veces, de forma bastante abrupta. Yo creo que nunca en mi vida había sudado tanto en el camino como en estos tramos. Son habituales en los alpes septentrionales y, especialmente, en los primeros días tras salir del lago Leman.
El terreno es muy quebrado... supongo que la magnitud de estas montañas, con relieves muy abruptos y altitud elevada, desaconseja el trazado de senderos que sigan las zonas altas y eviten los valles y, así, lo que nos queda es un constante sube-y-baja con desniveles que habitualmente alcanzan y superan los 1000 m. de una tacada.
Tiempo (atmosférico)
El tiempo se amoldó al mejor de los patrones esperables, es decir, hizo bastante bueno aunque dentro de lo que se puede considerar normal (o yo esperaba como normal). Sólo un par de periodos lluviosos en todo el mes y ninguno demasiado prolongado, además de algún día de condiciones inestables y un poco amenazantes hacia el final del viaje sin consecuencias, a la postre.
El calor llegó a ser intenso en algunos momentos pero, de nuevo, nada
fuera del guión.
Cuando hizo mal tiempo, eso sí, la cosa se llegó a poner bastante
fea en las zonas expuestas, como suele ser habitual en montaña y, en
el GR 5, había que pasar por zonas expuestas casi de continuo: caminar
por una cresta herbosa en condiciones de lluvia, frío, viento y baja
visibilidad a última hora del día fue de lo más lúgubre
y agorero y hasta me puso un poco nervioso... hasta que me crucé con
una familia con niños que volvía de darse un paseo hasta un refugio
cercano. Esto son los Alpes.
El desarrollo de nubes de tormenta vespertinas era bastante habitual; casi diario,
en alguna fase del viaje. También era habitual que esas nubes llegaran
a descargar alguna gota y, desde luego, oscurecían el ambiente del final
de la jornada, física y psicológicamente. También resultó
habitual que hubiera algo de lluvia ligera durante las noches, con lo que prescindir
del toldo no solía ser una opción. Por lo demás, sólo
una vez tuve que caminar debajo de una tormenta de las gordas.
Gente
Desde 2005 en la Alta Ruta Pirenaica, no había caminado en un ambiente tan social e incluso entonces fue muy diferente de lo que he encontrado en los Alpes: esperaba encontrar mucha gente pero me ha sorprendido un tanto el tipo dominante. Así, a lo bruto y sin mucho rigor, diría que casi la mitad de senderistas que me he cruzado eran gente muy mayor; probablemente, jubilados. Y otro porcentaje importante correspondía a familias con niños (a veces, muy pequeños, lo que siempre es una alegría en las montañas). Supongo que el carácter de la ruta, por buenos senderos, exquisitamente señalizados y en rutas troncales entre los valles principales, ha tenido mucho que ver, así como el hecho de que la abundancia de rutas y el propio carácter de las actividades típicas en los Alpes me ha evitado cruzar caminos con los montañeros que realizan actividades más técnicas.

Un día cualquiera en el Col de la Vanoise
En cuanto al ámbito temporal del viaje de la gente con la que me encontré, la inmensa mayoría estaban realizando rutas de un sólo día; esto es de esperar en un sitio tan accesible y en un sendero donde nunca se está a más de unas pocas horas de un acceso motorizado.
En todo el viaje, sólo me encontré con un caminante más de quien llegué a ser consciente que estaba haciendo la ruta completa (léase, la misma que yo); es posible que me haya cruzado con alguien más en la misma situación sin haber llegado a saberlo pero intuyo que no muchos; posiblemente, ninguno.
No muy abundante pero tampoco extraño era encontrar grupos en rutas de varios días. La mayoría de estos, aparentemente, utilizaban la infraestructura de alojamientos para pasar las noches. Encontré a muy poca gente acampada o con signos evidentes en su material de pretender acampar.
Muy poca gente caminando en solitario. Era relativamente frecuente encontrar grupos relativamente grandes o, incluso, muy grandes.
Mucha gente pero escasa interacción. Esto es algo esperable y, de hecho, constituye una de las grandes desventajas, para mi gusto, de este tipo de recorridos: en las rutas más aisladas, encontrarse con alguien más es algo que promueve el intercambio de algo más que un simple saludo. Además, es más probable que el resto de caminantes sean gente con quien me puedo identificar, en el sentido de que estarán haciendo una actividad muy similar a la mía, con lo que existe una cierta conexión inmediata. En una ruta como este GR 5, resultaría impensable pararse a charlar con cada persona que te encuentras pero es que, además, con muchos de ellos no tendría mucho de que hablar, más allá del tópico. Es por todo esto que, en el fondo, el GR 5 me ha resultado una experiencia muy poco social. A pesar de la aparente paradoja, era algo esperado.
Poblaciones
En un viaje con tanta interacción urbana, parece inmediato hacer un poco de historia al respecto. A título totalmente subjetivo y en unas pocas líneas:
Reyvroz
Pequeña aldea en las laderas de los montes al sur del lago Leman. Iglesia, fuente... primeros contactos con lo que será el leit-motiv en las semanas por venir.
La Chapelle D'Abondance
Bucólico pueblo en el fondo del Valle de la Abundancia pero dispuesto mayormente a lo largo de una carretera que ejerce efecto barrera.
Samoens
Tuve que pasar allí un día completo por problemas de salud. El lugar es agradable aunque muy turístico. Camping, dos albergues (gites d'etape), una fastuosa boulangerie y un bonito entorno de montañas grandes.

Les Houches
En el valle de Chamonix pero lejos del gran bullicio aunque atravesado por carretera troncal. Agradable pero sin nota.
Les Contamines-Montjoie
Otro caso de pueblo bucólico-turístico estropeado porque su calle principal es una carretera. El entorno es bonito y el valle, amplio. Buenas boulangeries.

Valezan
Aire casi alpujarreño para un pueblo en medio de una ladera. Todo son cuestas en Valezan. Por fin, una localidad con aire rural y auténtico, lejos de la aséptica perfección de los enclaves turísticos. Atractivo albergue.

Todo son cuestas en Valezan
Bellentre
Fondo de valle del Iseran, Bellentre se queda casi con lo peor de ambos mundos: ni es turística ni tiene mucho encanto rural (pero sólo es una impresión de pasada).
Montchavin
En la otra ladera del valle y con casi tantas cuestas como Valezan, vuelta a la calculada perfección del turismo; aún así, el casco viejo conserva ecos del pasado en sus piedras. Tienda, boulangerie, helados muy ricos y camping.

Se me coló la furgoneta
Tignes-le-Lac / Val Claret
El ejemplo perfecto de cómo arruinar un entorno de montaña. Engendro urbano en un circo glacial, ahora reconvertido en circo humano. El sitio es precioso pero bajar de las alturas para encontrarme aquello me dio ganas de llorar. Mega-estación de esquí con vida estival.

Extraña morrena en Tignes
Val D'Isere
Más turismo de masas. El ambiente oscuro de una tarde nublada le dio un punto tétrico a un emporio invernal medio vacío en medio del verano. No me sentí a gusto allí pero el camping era agradable, siquiera por lo simple y espartano.
Bonneval Sur Arc
Sólo lo vi desde las alturas de la ladera pero lo menciono porque eché de menos haber bajado hasta allí; un pueblo pequeño con aura auténtica en el fondo de lo que en su día debió ser la cabecera de un valle perdido. Ya no, pero espero verlo un día más de cerca y comprobar que el turismo no lo ha terminado de pervertir. Ojalá no.
Bessans
Más abajo en el valle del Arc y aún lo suficientemente rural como para ser un sitio con encanto.

Pralognan-La Vanoise
Me gustó Pralognan, a pesar de que es un sitio más, otro más, hipotecado al turismo pero, al menos, han hecho un esfuerzo por facilitar la vida a la gente de a pie y no tanto a sus coches. El entorno es encantador.
Modane
Modane era un punto previsto de parada, descanso y reaprovisionamiento y, en cierto modo, no pude elegir peor... localidad industrial en decadencia, nudo de comunicaciones venido a menos; edificios ajados, comercios cerrados por falta de vida y lo peor de ambos mundos: ni encanto rural ni asepsia turística. Al menos, el supermercado era grande y tenía de todo así que, como mínimo, fue perfecto para reaprovisionar; y el camping resultó una isla de paz en medio de tanta vía de tren y tanto asfalto.

Ajado Modane
Montgenevre
Otra estación invernal, tan pulcra que da grima. El entorno es bonito pero prefiero pasar corriendo, no es mi lugar.
Briançon
Única localidad en el recorrido con tamaño de auténtica ciudad. El casco antiguo es espectacular, amurallado y evidenciando su pasado estratégico. Ni siquiera el inevitable aspecto turístico le hace perder del todo el atractivo, es un lugar que merece la pena visitar y un buen sitio para hacer un paréntesis si su ambiente urbano no es óbice.

Briançon, casco viejo
Brunissard
Pequeño y más vacacional que rural pero, al menos, tranquilo. Bonito entorno montañés en un valle amplio.

La Chalp
Tan cercano a Brunissard que casi están juntos. Aún más vacacional y menos rural y cruzado por la carretera principal. Mejor el anterior.
Chateau-Queyras
El castillo es algo digno de ver; el valle es estrecho y carece de la grandeza de las vistas de grandes picos. El lugar es turístico pero su atractivo está en lo tradicional.

Ceillac
Me gustó Ceillac: aceptable mezcla de ambiente turístico y tradicional en un valle hermoso entre grandes montañas. Camping, albergue y estupenda boulangerie (va a ser eso y las dos visitas que le hice lo que me hizo sentirme tan bien en este sitio).

Maljasset
Lugar con auténtico encanto en el que tuve ocasión de pasar una tarde "gracias" al espantoso tiempo que hacía cuando llegué. Cuatro casas, todas en piedra, y un agradable refugio CAF en un valle bonito y recluído a la vera de fantásticas zonas de montaña.

Larche
Tranquilo pero impersonal y cruzado por una carretera secundaria pero también transfronteriza, lo que le hace tener bastante tráfico.
Bousieyas
Minúscula aldea donde lo único medio llano es el asfalto de la carretera. Uno se pregunta por qué no la pusieron un poco más aguas arriba, donde el valle es más plano. La gite parece agradable.

St. Dalmas le Selvage
Bonito pueblo, pétreo y abigarrado en un entorno con ya claro tinte mediterráneo y la dosis justa de hostelería para no ser demasiado intrusiva. La tiendita es muy pequeña pero cubriría un capricho.
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St. Etienne de Tinée
Localidad de buen tamaño en el alto Tinée. Aunque sigue siendo rural, su ruralidad es más urbana que la de las aldeas alpinas. Me pareció un sitio agradable. Aquí ya sí, la vegetación deja claro que el profundo valle del Tinée es eminentemente mediterráneo.

Auron
Clásica estación de esquí, pulcra pero aséptica e impersonal. Tiene un buen supermercado y mucha restauración.
Roya
Pueblito con sabor, pequeño, de piedra y apartado en el fondo de su recóndito valle. El bar tiene una hermosa terraza.
Roure
Increíble lugar, siquiera por el sitio: en medio de una ladera considerablemente empinada. En Roure, algunas calles necesitan cuerda y arnés para progresar. Hermosa arquitectura en piedra, un sitio muy especial.
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St. Sauveur sur Tinée
Me recordó a algunos pueblos de los valles cantábricos industriosos (pero en medio de la vegetación mediterránea): urbanismo serpenteante a lo largo de una carretera en el fondo de un valle estrecho. Un tanto gris y recluído.

Rimplas
Otra localización pintoresca, en el mini-llano de un collado y presidido por un castillo que mira al valle. El centro es muy bonito; las construcciones nuevas, un horror.
St. Dalmas
Encantador monumento pétreo de calles estrechas. La carretera es lo suficientemente tranquila para no ser un elemento demasiado distorsionador. Muy agradable.

Sospel
Es casi una pequeña ciudad, con sus rincones con encanto y, a la vez, sus edicificaciones impersonales, además de mucho tráfico; pero, en general, me pareció agradable, dadas las circunstancias, estando ya tan cerca del final.

Menton
Localidad turística. El casco viejo tiene su encanto; el resto, pues depende... al menos, no es tan grande como para abrumar al caminante desacostumbrado a la gran urbe tras un mes de montañas.

Cosas del Sendero
Refugios
Los refugios en los Alpes son el epítome de las sensaciones encontradas: confortable puerto en la tempestad y, a la vez, intrusiva y permanente presencia que te recuerda que aquí nunca estás lejos de las comodidades urbanas. No voy a reproducir recurrentes argumentaciones sobre cómo la sola existencia de estas cosas nos roba una parte de la experiencia de estar en las montañas, en la naturaleza... simplemente, comentar que, en los Alpes (al menos, a lo largo del arco occidental), el aspecto intrusivo de los refugios es especialmente notorio y (permítaseme el juicio de valor) grave.
Tanto por cantidad como por calidad; la densidad de estos edificios es abrumadora en algunas zonas pero es casi más impactante el tipo de servicio que ofrecen: llamémosles refugios pero muchos son más bien hoteles. Hoteles rústicos pero hoteles. O quizá mejor llamémosles albergues, que es el concepto al que más se aproximan ciertos edificios que no por estar en las montañas carecen de acceso motorizado, agua caliente y restauración a la carta.
Me gusta el concepto de "refugio". Me gusta ese edificio que te ofrece abrigo en un momento en que quizá lo necesitas: porque hace malo, porque te sientes débil, física o psicológicamente... pero me sobra esa reproducción del mundo urbano en que han convertido a muchos de estos lugares que yo ya no llamaría "refugios". Un refugio es otra cosa. O eso espero...
Utilicé algunos de los que me crucé en el GR 5; fuera por elección o por obligación (en La Vanoise no se puede ni siquiera vivaquear...) y mi experiencia fue desigual. El refugio, sea del tipo que sea, sirve, en cierto modo, de punto de encuentro y, como tal, significa un cierto valor añadido. A veces, el carácter urbanita era tal que perdía hasta ese pequeño valor (no quiero acordarme del engendro de Péclet-Polset...). A veces, me sirvió para levantar el aislamiento al que en cierto modo te sometes cuando lo que haces no es compartido por casi nadie de quien te encuentras y ahí encontré momentos agradables cuyo valor no desprecio. Hablaba yo de sensaciones encontradas...

El "hotel" de Pléclet-Polset, con su "carretera". 2474 m. Obligado cautiverio en La Vanoise
Chalets d'alpage
Una interesante consecuencia de la tradición pastoril alpina es la posibilidad
de avituallamiento en el mismo sendero; al menos, de queso.
En verano, los caseríos de altura (chalets d'alpage) están
habitados por quienes se dedican al pastoreo de las vacas y ovejas y, allí
mismo, ordeñan y elaboran el queso. Y, ya que están, también
lo venden a quien pase. Y ¿quién pasa? Pues, allá donde
cruce un sendero, los senderistas.
Personalmente, durante el viaje prefiero llevar quesos más curados (más
secos y energéticos en relación a su peso) que los que se pueden
encontrar en estos sitios pero esto de poder comprar beaufortain recién
hecho junto al propio GR es un valor añadido brutal. Además, puedes
saludar, al pasar, a las vacas próximas sabiendo que el queso que te
vas a comer está hecho con su leche y sentir que las boñigas que
pisas no han sido en vano.
Los chalets d'alpage son especialmente abundantes en los Alpes septentrionales.
Si empezáis a caminar en el lago Leman, no llevéis mucho queso
desde casa.
Boulangeries
La boulangerie (o sus matizados refinamientos patisserie y vienoasserie) es una de las piezas basales de la cultura gastronómica francesa y una de especial interés para el montañero: suele conllevar una cierta dosis de dolor el placer de estar en uno de estos establecimientos y sentir el tirón de lo prohibido... por lo mismo por lo que resulta casi orgásmico entrar en una panadería bien provista (y ¿cuál no lo está en Francia?) y saber que tienes permiso para comer todo lo que quieras. Sí, el senderismo de largo recorrido tiene sus partes triunfales.
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En el pueblo más pequeño. Los mejores pasteles
La bollería francesa es algo especial, tanto en cantidad
como en calidad. Imposible probar todos los especímenes, por muy senderista
hambriento que uno sea; y con la garantía de que están todos exquisitos.
Desde lo más simple y austero a lo más refinado o colorista, esas
combinaciones de masas esponjosas u hojaldradas, cremas, mermeladas y compotas
hacen de la boulangerie el paraíso. Mi favorito, el chausson
aux pommes; a poder ser, por la mañana pronto, aún caliente
tras salir del horno.
La auténtica importancia de la boulangerie como templo está
en que nunca falta. Si el pueblo más pequeño tiene una tienda,
será una boulangerie. Y, si no hay boulangerie, vienen
a traértela, como en esta mañana de agosto en el camping de Val
d'Isere:

Tele-panadería en Val d'Isere
Conflictos con la fauna
En los Alpes (por desgracia) no hay osos ni otros animales de estos poderosos que, sólo con su presencia invisible, contribuyen a ponernos en nuestro sitio pero esto son las montañas y, por definición, necesidad y no más remedio, los animales no humanos están por ahí y, tarde o temprano, interaccionamos con ellos. Chamois, bouquetin... marmottes!!!
Mi historia simpática con la fauna alpina tiene muy poco glamour pero bastante gracia; pongamos que sigo mi dinámica diaria habitual: subir a las alturas para pasar la noche en alguna pradera alpina cerca del siguiente collado. Campamento idílico bajo las torres imponentes que flanquean el Col du Fromage. Duermo muy bien.

Campamento bajo la Roche des Glots
Por la mañana, echo mano de mi calzado para salir del capullo nocturno y ponerme en marcha... hay dos zapatillas (correcto) y, junto a cada una, debería haber un calcetín... pues falta uno. ¿???
Siempre pongo los calcetines junto a las zapatillas. No está ahí. No está alrededor. ¡Falta uno!
Después de tantas horas de dormir, hay una buena razón para levantarse (bastante vulgar pero inevitable: tengo ganas de mear) y me calzo con un calcetín de menos pensando que algo raro ha pasado durante la noche... los calcetines no andan solos.
Mientras cubro necesidades básicas, pienso dónde puede estar mi calcetín perdido y qué puede haberle hecho ir ahí... pienso en quién puede haber estado por ahí e, inmediatamente, me acuerdo del inquilino obvio de las alturas alpinas: ¿hay madrigueras de marmotas por aquí cerca?
Pues... ahí mismo hay una... me acerco sin esperar nada y.... ¡bingo! esa cosa azul que asoma es mi calcetín perdido
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A la derecha, el calcetín, posando para la foto; estaba un poco más adentro...
Es, en cierto modo, reconfortante saber que una marmota ha estado rondando mi vivac nocturno y yo ni me he enterado; eso es que he dormido bien. Las marmotas son animales de lo más pacífico e inofensivo y no quieren nada conmigo pero quizá sí con mis calcetines... no por el calcetín pero sí, intuyo, por el sudor acumulado en él y las sales que van con él.
Sonrío mientras recupero mi calcetín y echo una tenue bronca a la marmota responsable a la vez que entiendo que esto me convierte en parte del paisaje. A la marmota le falta sal y a mí me sobra. Es un buen trato.

Dientes de marmota en mi calcetín
Material
Zapatillas - Inov8 Terroc 330
Éste era un test importante; Inov8 está creando una pequeña revolución en el (minúsculo) mundo del senderismo ultraligero con sus zapatillas que no sólo son más livianas que la media sino que están diseñadas, o esa es la idea, para favorecer la mecánica natural del pie y evitar, en la medida de lo posible, ejercer de elemento barrera. Un cambio de concepto interesante en un mundo, el del calzado, dominado por la idea de la protección como único camino. Resulta, por tanto, refrescante que un fabricante llegue con la idea de que el pie está bien como está y funciona bien como funciona; y que vamos a intentar diseñar una zapatilla que potencie esa idea.

Terrocs tras la batalla
Las Terroc son, probablemente, las zapatillas más cómodas que he tenido. Me es difícil evaluar algo así con precisión, haría falta un plan de pruebas sistemático, pero es la impresión con que la que me he quedado. Es de esperar que esos 150 gr. (por par) de peso que me ahorran en los pies (sobre modelos anteriormente usados) tengan también su influencia pero esto es, si cabe, aún más difícil de afirmar en base a la percepción subjetiva del uso.
El agarre de la suela me ha parecido correcto, similar al resto de zapatillas que he ido utilizando. El cuerpo de la zapatilla es casi todo "aire", una rejilla densa, y la transpiración es, por tanto, tan buena como pueda llegar a ser. Similarmente a como ocurre con otros modelos similares en concepto, esta construcción permite la entrada de polvo y suciedad. El refuerzo de la puntera (importante para proteger los dedos de golpes) es adecuado.
Hasta aquí, todo bien, pero hay un problema, en cierto modo esperado
y revelado en el test de la larga distancia: la longevidad.
Es un hecho conocido que, en general, las zapatillas de Inov8 duran relativamente
poco; probablemente, el precio que se paga por un peso más bajo, pero
necesitaba comprobarlo yo mismo a lo largo de un periodo que pretendo sea el
estándar por el que mido mi calzado: una temporada de uso. En este caso,
estrenando las zapatillas en los viajes de otoño y culminando con la
larga distancia en verano.
El veredicto es negativo. Las Terroc llegaron al mediterráneo porque yo me empeñé en hacerlas llegar pero lo hicieron en un estado tan precario que rallaba la indigencia. El cuello de botella se ha encontrado en las suelas; el resto de la zapatilla estaba aún en estado aceptable pero las suelas, demasiado desgastadas y una de ellas empezó a rajarse tras una semana en el GR5. Desde entonces, me dediqué a pisar con cuidado y vigilar la evolución de esa grieta transversal que, para el final del viaje, llegaba casi de lado a lado de la parte frontal de la zapatilla derecha. La izquierda (¿cuestión de oportunidad?) aguantó de forma mucho más digna, bastante apaleada pero sin ningún roto significativo. Si esa fuera la experiencia estándar, la daría por bastante buena pero no puedo olvidar lo que pasaba en el otro pie y no ya el roto en sí y la cierta posibilidad (que, afortundamente, no llegó) de rotura catastrófica sino lo que esto llegó a condicionar hasta mi forma de pisar. Tenía que cuidar de mis zapatillas.

A pocos días del final, suela en estado precario
La conclusión es que dudo que vuelva a usar las Terroc. Echaré de menos lo que me aportaron sobre el resto de zapatillas que había usado hasta ahora pero creo que no es suficiente para justificar que duren tan poco. En parte por razones de logística, quiero unas zapatillas que, al menos, me duren una temporada entera para llegar al verano ya acomodadas a mi pie pero aún en buen estado de uso y no es el caso. Muy probablemente, volveré a modelos que me dieron buen resultado en todos los aspectos en el pasado.
Sistema de acampada
En los Alpes, repetí la fórmula que tan bien me funcionó en el Pacific Crest Trail o la Alta Ruta Pirenaica: un sistema modular cuya pieza básica es un toldo amplio sin estructura. Adicionalmente, una funda de vivac no impermeable y una lámina de plástico fino para el suelo.

Atardecer en la Combe de Crousette
El sistema está ya más que probado y confío plénamente en él, con la salvedad de que sé que no es lo más funcional en zonas expuestas en condiciones de mal tiempo; y el problema es que, a lo largo del GR5, podía esperar acampar muchas noches en zonas expuestas. El mal tiempo es algo que ya no estaba en mi mano...
El salto es con red; en los Alpes, la civilización siempre está cerca. Lo que en Norteamérica, por ejemplo, se hubiera solucionado buscando resguardo en el bosque o en cotas bajas, en Europa se resuelve recurriendo a un refugio o, directamente, a un pueblo.
Usar un toldo sin estructura en el medio alpino es posible pero requiere cierta práctica y alguna que otra dosis de serenidad cuando las cosas se tuercen. El problema, en montañas como los Alpes y en las montañas de nuestro entorno, en general, es que el campamento habitual va a ser ahí arriba, donde ya no hay árboles y el viento, cuando sopla, sopla fuerte; donde la lluvia viene de todos los costados a la vez y la visibilidad se torna poco visible. Donde todo está mojado y no hay abrigo salvo el que seas capaz de montar con tus instrumentos.
Aún así, el atractivo del sistema es múltiple: peso ridículo, volumen empaquetado aún más ridículo; versátil; y, por qué no decirlo, elegante.

Listos para aguantar el viento en el Col de la Sauce
Una de las cosas que me gusta del toldo en cuestión usado esta vez (un modelo comercial ya descatalogado, el Cave 2 de Golite) es que es muy adaptable a las condiciones y es perfectamente posible usarlo en el medio alpino (en el amplio sentido de la expresión) a base de unos buenos anclajes. Eso me hace sentir seguro. En varias ocasiones, tuve que acampar en condiciones de viento; fijado directamente al suelo y con un perfil discreto, este toldo es a prueba de bombas y siempre me sentí seguro. Por otra parte, en alguno de esos episodios de tiempo realmente disuasorio (viento, lluvia, niebla, todo mojado, todo junto...), no tuve problema en recurrir a un refugio; acampar en esas condiciones es perfectamente posible y seguro que habría estado cómodo pero resulta duro y hace falta un cierto acto de fe para no caer en el desánimo o en el pánico. En Europa, es fácil tirar por el camino más sencillo.
El Cave 2 es un toldo muy sólido, construído con una versión de silnylon algo más resistente (y pesada) que la estándar y no hay problema en darle tensión para montar un abrigo bajo el que capear tiempo del malo... pero hace falta esa cierta dosis de fe. Es fácil decirlo desde el sofá, la teoría cuadra enseguida... pero, en las montañas, es otra cosa. Hace falta ese extra de confianza.
La funda de vivac es un complemento muy útil por un peso muy escaso; tiene un cierto punto de redundancia funcional con el toldo pero añade versatilidad, contribuye a proteger el saco de humedad y suciedad y añade un poco de margen térmico. Son sólo 200 gr.

Laderas de La Diosaz: uno de los pocos vivacs en mi GR 5
Para cubrir el suelo, y pese al incidente del año anterior, volví
a llevar una lámina de plástico de esas tan finas como el del
rollo de cocina para envolver alimentos. Normalmente, preferiría un suelo
más clásico, de algún tipo de nylon, pero eso es, precisamente,
lo que me aporta la funda de vivac en su mitad inferior así que, para
evitar redundancias y, a la vez, minimizar peso, uso esta cosa. Aporta, sobre
todo, garantía de impermeabilidad en suelos muy húmedos porque,
en esas condiciones, el silnylon de la funda de vivac no es del todo impermeable.
Escuetos 38 gr. Esta lámina de plástico es frágil pero,
bien cuidada, resulta bastante más resistente de lo que pudiera parecer.
En esta ocasión, sufrió un agujero pero la cosa se quedó
ahí porque el boquete no progresó. Aguantó perfectamente
montajes sobre suelos bastante poco amigables. Por este lado, acabé satisfecho.
Lo que no me gusta de esta pieza es su escasa consistencia y la dificultad de
manejo que esto provoca. Pesa tan poco que la más mínima brisa
la mueve de sitio y a veces era un poco desesperante, tanto para montar campamento
como para desmontarlo. Es un problema conocido y esperado y que tiene bastante
de psicológico y, por tanto, de subsanable, a base de mentalización
y un poco de paciencia, pero no pude evitar acabar un poco harto.
Mochila - Golite Pinnacle
Esta ha sido una relativa novedad obligada por las circunstancias. Normalmente, habría veinti-petido con mi fiel y favorita Virga, de Granite Gear, la que ha sido mi mochila de preferencia durante ni sé ya cuántos kms., días y senderos... pero la pobre está ya muy viejita y, literalmente, el día antes de partir, mientras la cargaba, pegué un tirón más fuerte de la cuenta y le hice un desgarrón grande en un sitio delicado. Lo reparé con un buen parche cosido pero el siete estaba demasiado cerca de una costura troncal y no era fácil hacer un buen trabajo. Tenía mis dudas y decidí no llevármela. La alternativa obvia estaba en el arcón de las mochilas...

Pinnacle, al rescate
La Pinnacle de Golite es mi mochila invernal. Algo más grande y resistente que la Virga pero muy simple y ligera, es perfecta para ese volumen adicional que suele hacer falta en las acampadas invernales y su cuerpo de nylon resistente es imprescindible para poder cargar crampones o esquís. Aún así, su extrema simpleza y escaso peso hacen que sea perfectamente utilizable en senderismo estival.
La Pinnacle ha funcionado muy bien, cumplido expectativas y su único problema es uno que, lógicamente, ya conozco: el sistema de porteado deja un poco que desear. Básicamente, echo de menos un mejor acolchado en las hombreras y, quizá, un cinturón lumbar un poco más amplio y consistente. Sé que estos elementos no saldrían gratis y harían aumentar un poco el peso pero creo que merecería la pena. Tal cual es, la Pinnacle castiga los hombros más de lo imprescindible. Nada que no se pueda asumir pero podría ser una mochila más cómoda y funcional. Por lo demás, sigo pensando que me sobra ese bolsillo frontal, prácticamente el único detalle que le saca de su espíritu espartano y que yo apenas uso; sería una forma de compensar el aumento de peso sugerido.
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Pinnacle en los Alpes: Créte de Gittes; Col de Chavière
Gas
Por primera vez, y tras haber hecho algunas cuentas, he optado por usar una bombona de gas de tamaño pequeño (125 gr. de gas) con la intención de hacerla durar todo el viaje. Otro salto con red porque, en los Alpes, quedarse sin gas no sería muy grave... hay alternativas. Y, por ello, un sitio perfecto para verificar que esas cuentas estaban bien y que no necesito una bombona mediana para asegurarme el suministro mensual.
El problema del test es que, con tanta civilización alrededor, no he usado el hornillo todas las noches; varias veces, el final de jornada coincidió con el paso por un pueblo con tienda de comestibles abierta y preferí comprar unos caprichos para la cena en lugar de cocinar la pasta de cada noche. Aún así, hay un dato revelador: al final de viaje y tras calentar agua para 17 cenas y 2 cafés, me recorrí medio Menton hasta encontrar un sitio donde pesar la bombona en su estado final: 165 gr. totales, lo que significa que, de los 125 iniciales, aún quedaban aproximadamente 45 gr. de gas. Aparte de lo gracioso que fue ir preguntando en los comercios si alguien tenía una balanza para pesar mi bombona (imaginaos las caras...) el dato es significativo: gasté dos tercios del gas. La conclusión es clara: la bombona pequeña da para un mes ahí fuera. Con un poco disciplina, eso sí.
Cocina óptima junto al Lac de Lauzanier, en los confines septentrionales del Mercantour
Hazlo tú mismo: el monedero perfecto
Uno de los grandes atractivos del "hazlo tú mismo" es conseguir esa pieza de material ajustada a tus propias especificaciones: exactamente como tú la quieres. Esto es aplicable tanto a lo grande (tiendas, sacos, mochilas...) como a lo pequeño... y no por ello menos interesante. Para las empresas comerciales, es inmediato acordarse de las grandes cosas pero no tanto de las pequeñas... y los viajeros a pie también necesitamos, por ejemplo, un bolsito donde llevar documentación y monedas.
Éste era un pequeño asunto no del todo bien resuelto para mí. En el largo recorrido o, al menos, en mi versión de él, es habitual alguna parada en civilización donde necesito que mi "kit" del sendero funcione también en versión urbana. Harto estaba de farragosos arreglos para mal-llevar tarjetas, billetes y, sobre todo, las dichosas monedas...
No sé si alguien hace un monedero como el que yo quería pero yo no lo he encontrado. Nada más fácil; sólo cuidar unos pocos aspectos básicos:
Un trozo de tela impermeable, un par de costuras y dos tiras pareadas de velcro: voilá, monedero perfecto:

Voilá, monedero perfecto
Valga decir que me ha gustado tanto el chisme éste que ahora lo uso también en la ciudad.