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Hornillo de alcohol
El tema de los combustibles utilizables en la naturaleza y sus hornillos asociados es muy extenso y merece un espacio mucho más amplio que los breves comentarios que corresponderían aquí. Es un asunto, además, bastante ignorado en Europa, donde la civilación está siempre demasiado cerca como para que este sea un tema trascendente. No así en América, de donde obtengo buena parte de mi inspiración para estos pequeños enredos, o en otros muchos sitios del mundo, para el caso.
Por el momento, baste decir que el alcohol es uno de los combustibles portátiles más comunes. Los otros combustibles habituales son los hidrocarburos típicos, bien en forma de gas (butano y/o propano) o de líquido (gasolina, keroseno...), obtenidos por los conocidos procesos de extracción y refinamiento.
El alcohol, por contra, se obtiene (creo) por destilación. Su contenido en carbono es lo que le da la posibilidad de combustión y generación de calor. También es un hidrocarburo (grupos CH en su fórmula) pero tiene pegado por ahí algún átomo de oxígeno, que es lo que distingue a los alcoholes.
En comparación con los hidrocarburos mencionados arriba, el alcohol contiene menos energía por unidad de peso, a causa de esos átomos de oxígeno que no sirven para quemar pero aumentan el peso de la molécula; es decir, resulta un combustible menos eficiente. Por contra, es más seguro y sencillo de utilizar, dado que es menos explosivo y su temperatura de ebullición es relativamente alta. Por fin, su gran ventaja: es fácil de encontrar, en contraste con otros combustibles y presentaciones más especializados. Este es un aspecto importante cuando se realizan rutas de larga duración en las que es posible reabastecerse en puntos determinados del camino: habitualmente, las localidades que atravesemos durante un viaje entre montañas no van a ser grandes ciudades con todo tipo de servicios sino, normalmente, pequeños pueblos con facilidades básicas. No es siempre el caso en la hiperpoblada Europa donde, a veces, las mayores mecas del material especializado están junto a las propias montañas pero, en general, a medida que nos alejamos de los grandes núcleos de población, más complicado resulta acceder a bombonas de gas con válvulas auto-selladas. El alcohol y la gasolina, sin embargo, se encuentran en casi cualquier sitio.
La gasolina y otros hidrocarburos líquidos tienen su propia problemática, entre la que destaca la complejidad y peso del hornillo requerido y la peligrosidad inherente a un combustible altamente explosivo.
El alcohol tiene, por tanto, su sitio entre las fuentes de energía cuando estamos ahí fuera.
Una de sus ventajas, ya mecionada, es la facilidad de uso. Prácticamente, basta con verterlo sobre un cuenco metálico y prender fuego; el alcohol se quemará silenciosamente y con una llama casi invisible. Esto hace que sea muy sencillo fabricarse un quemador de alcohol casero.
El mencionado ejemplo de quemador "a cielo abierto" funciona pero no es la forma más eficiente de aprovechar la energía contenida en el combustible. Conviene utilizar un quemador capaz de controlar la combustión de forma que la mayor parte posible del calor generado vaya destinado a calentar lo que queramos calentar y sea lo menos posible del mismo lo que se pierda por disipación.
La literatura al respecto de la construcción de hornillos de alcohol caseros es muy abundante, especialmente en internet y, en mi caso, sirvió, como es habitual, de inspiración para picar mi curiosidad y estimular la imaginación en la búsqueda de ese diseño ideal, teniendo en cuenta las necesidades propias.
En realidad, y en contraste con otros elementos hazlo-tú-mismo, no he dedicado mucha creatividad a los hornillos de alcohol, sólo algún detalle personal (del que no por pequeño dejo de estar menos orgulloso) pero, en general, me he limitado a reproducir, con más o menos suerte, alguno de los diseños disponibles en numerosas webs a lo largo del mundo y a contemplar con cierta satisfacción cómo funcionan y cómo son realmente útiles y, según las circunstancias, competitivos e incluso superiores en prestaciones a cualquier otro.
El mundo de los hornillos de alcohol sigue una etiqueta no escrita en la que, cada diseño nuevo recibe un nombre por parte de su creador por el que pasa a ser conocido en la comunidad. La mayoría de estos hornillos se basa en la utilización de materiales sencillos y fácilmente accesibles, tales como latas de bebidas o alimentos, de las que encontramos en el supermercado, y algún toque más técnico como soldaduras frías para los modelos más sofisticados. En una primera aproximación, me gustaron los modelos Cobra y G. LaMar Kirby, que son los primeros que construí. Son muy sencillos y emplean exclusivamente latas de aluminio de las de refrescos o cerveza y son aproximadamente tan eficientes como cualquier otro.
Ambos son quemadores presurizados y constan, básicamente, de dos fondos de lata cortados a medida y unidos encajados de forma que formen un sellado estanco. Basta, después, con practicar unos finos orificios por donde escapará el alcohol en ebullición y otros, más finos aún, que se utilizarán para el llenado del hornillo. El alcohol contenido en el quemador, conveniente precalentado, entrará en ebullición y saldrá, como consecuencia, por los mencionados orificios, practicados en la periferia del quemador, de forma similar a como se disponen en los quemadores de las ya antiguas (pero aún en uso) cocinas de gas domésticas, donde, en contacto con oxígeno, entrará en combustión, produciendo una llama de color azul apenas visible bajo luz ambiente (perfectamente visible en la oscuridad).
Existen hornillos de alcohol comerciales específicos para aire libre; los populares Trangia son, probablemente, los únicos que podemos encontrar localmente en las tiendas especializadas de montaña. Son muy cucos y funcionan bien pero, en mi opinión (y en la de mucha más gente que sabe más de esto que yo), están bastante sobrediseñados y, como consecuencia, resultan muy pesados, negando así una de las mayores ventajas del alcohol como combustible. Los diseños caseros, prácticamente todos los disponibles en Internet, se centran en ligereza y simplicidad, en una aproximación, a mi modo de ver, mucho más racional y eficaz aunque, probablemente, poco rentable para los fabricantes industriales. Nuevamente, una de las razones de ser del hazlo-tú-mismo
El quemador ilustrado a continuación ha resultado en 20 gramos. Junto con el elemento que funciona como soporte del cazo y bandeja de precalentamiento (42 gramos; aún tengo que trabajar en esto) y la pantalla anti-viento (32 gramos), tengo una cocina integrada por el módico precio de (sumando) 94 gramos, construída en un pequeño rato, toda ella con materiales reciclados y pasándolo muy bien en el proceso. El combustible, el alcohol, se puede comprar en cualquier supermercado y se puede transportar en una simple botella de plástico barato. Puedo elegir cuánto llevo según lo que prevea necesitar. Para salidas cortas y, especialmente, rutas en solitario, puede resultar mucho más ligero, en conjunto, que el gas o los hidrocarburos líquidos pesados.
El soporte y la pantalla anti-viento son dos elementos adicionales al quemador. Ambos se pueden improvisar sobre la marcha pero conviene tenerlos ya construìdos, de forma que nuestra cocina sea más funcional, compacta y fácil de usar. En el caso de los quemadores Cobra o G. LaMar Kirby mencionados, que necesitan de un precalentamiento inicial antes de funcionar (análogo al que necesitan los hornillos de hidrocarburos líquidos pesados, a causa, en ambos casos, de la elevada temperatura de ebullición de los respectivos combustibles), el soporte hace también las veces de bandeja de precalentamiento, para lo que basta con derramar un poco de alcohol y prenderlo; esto calentará el alcohol contenido dentro del hornillo y lo hará hervir. Mi soporte, en concreto, ha sido fabricado con una lata de leche en polvo, de un diámetro perfecto para esa función, de la que he conservado la base y la parte de las paredes que necesitaba para sostener el cazo a la altura precisa (dos o tres centímetros por encima del quemador) y he cortado lo demás.
La pantalla anti-viento es fundamental en un hornillo de alcohol dado que la llama producida por el alcohol es muy "pacífica" y muy sensible al viento. Una pequeña, simple y obvia idea para fabricarla consiste en usar la parte cilíndrica de tres latas de refresco/cerveza (el cuerpo de aluminio de la lata sin las estrecheces superior e inferior) cortada y desplegada en forma de rectángulo con unas muescas que permitan encajar las tres piezas y, aprovechando su curvatura natural, formar un cuasi-círculo de la altura exacta para cubrir el quemador y parte de la base del cazo. La idea no es nueva pero sí el material utilizado y la implementación y nace de pura necesidad: en los espacios web americanos me hablan de materiales que no he podido encontrar localmente y he recurrido a lo que tenía a mano y un poco de imaginación. Ha quedado muy bien.
Otro aspecto interesante es la modularidad a la hora de almacenar. Interesa que unas piezas encajen dentro de las otras, de forma que el bulto resultante sea lo más compacto posible. Se suele intentar emplear el cazo para contener todo lo demás. En el caso que ilustro a continuación, me ha cabido todo menos las piezas que componen la pantalla anti-viento, que resultaban demasiado altas para mi cazo de 1 litro, como se aprecia a continuación:
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Cocina ultraligera integrada
A la izquierda, el bulto recién sacado de su bolsa. La pantalla anti-viento está desmontada y sus tres piezas, apiladas contra el borde del cazo. A la derecha, el quemador y el soporte, dentro del cazo durante el almacenaje.
Debajo, la pantalla anti-viento, ya ensamblada, con el soporte y el quemador en su interior. Obsérvense los orificios de ventilación de la pantalla anti-viento, a lo largo de su perímetro, junto a la base: permitirán la entrada del oxígeno imprescindible para la combustión.
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Cocina y cazo
El quemador es el corazón de todo el invento. Los orificios periféricos han sido practicados con un alfiler (clavado en un corcho para poder recibir golpes de martillo con seguridad y precisión) y luego agrandados con un punzón de mayor diámetro. Hay un total de 32. Nótense los minúsculos orificios de llenado, en el centro del cuenco, cinco pequeños agujeros (practicados con el mismo alfiler pero no agrandados posteriormente). Para llenar el quemador, basta con verter el alcohol sobre el cuenco central. La limitada tensión superficial del alcohol provoca que él solo, por gravedad, se cuele por los pequeños agujeros (el agua no lo haría).

Quemador de alcohol
La siguiente imagen muestra el quemador colocado en el interior del soporte (sobre el que está destinado a situarse el cazo).

Quemador y soporte
Con la pantalla anti-viento ensamblada y colocada en su sitio y el cazo sobre el conjunto, el aspecto sería como sigue. Queda claro de qué están hechos los paneles de la pantalla anti-viento (no me gusta ser un anuncio ambulante pero lijar todo eso es más de lo que estoy dispuesto a hacer):
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Cocina montada y lista
Finalmente, dos instantáneas del invento en acción, con y sin el cazo. Se ha retirado la pantalla anti-viento por razones obvias y se ha colocado una pieza aislante como base que, al estar recubierta de material aluminizado, contribuirá, además, siquiera marginalmente, a reflejar parte del calor generado. La base aislante es de espuma de alta densidad y permite aislar el conjunto del terreno que, a menudo, actúa como sumidero de calor. En casa, además, sirve para no fundir ni quemar nada. La luz ambiente ha sido intencionadamente disminuída ya que, bajo ella, la llama proviniente de la combustión del alcohol es casi invisible.
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Cocinando
Una llama de color azul es sinónimo de buena combustión. Si la llama se torna anaranjada, total o parcialmente, la combustión está siendo menos eficiente y, posiblemente, se está produciendo monóxido de carbono (CO, tóxico; atención en ambientes cerrados).
Finalmente: ¿qué pasa si, en vez de latas de cerveza o refresco usamos esas estrechas y alargadas de las bebidas "energéticas", o como se llamen? Pues que sale un quemador aún más pequeño y ligero pero que, por lo demás, funciona igual:
8 gramos. Y, encima, pone "burn"...
Lo único malo de estas latas es que la bebida esa sabe igual que un jarabe que tomaba de pequeño y como me da pena tirarla... la cerveza, por lo menos, está buena.
Aquí, más que nunca, si cabe, debo todo lo que sé a los espacios web de donde he aprendido tantas cosas. Sería imposible citarlos todos pero, a modo ilustrativo, no me puedo dejar los que siguen a continuación.
Referencias
Zen Stoves
Cuando mi página web sea mayor, querrá ser como ésta. Me descubro y hago reverencias. No tengo palabras para describir lo que pienso de este excepcional espacio web. zenstoves.net
Wings - the home made stove archives
Compilación de mucho lo que hay por ahí sobre hornillos de alcohol auto-fabricados; entre ellos, el mencionado G. LaMar Kirby: wings.interfree.it
Cobra's stove
No está en el Wings Archive y no podía dejar de mencionarlo: el que uso actualmente es heredero directo de este: www.boblog.org/at/cobrastove
Garlington YACC stove
De este he hecho unos cuantos y me gusta, muy ingenioso diseño. Es muy rápido: Garlington YACC (Yet Another Coke Can)